Oponerse a la privatización del petróleo, sea abierta o encubierta, con rango constitucional o simplemente reglamentario, no es mero capricho ni es producto de la ignorancia, como tanto insisten algunos comunicadores. En este país por experiencia se sabe que la distancia entre lo dicho y lo hecho es prácticamente insalvable cuando de políticos y empresarios se trata. Mal que le pese a cualquiera que se tenga memoria de los múltiples atracos arropados de promisorios futuros que ha padecido este país. Memoria sí. Es por eso que se desconfía de lo que dice Felipe Calderón y todos los defensores de la reforma petrolera. ¿Cómo no desconfiar si el mismo Calderón dio muestra palmaria del uso de recursos públicos para intereses privados en Banobras?, ¿se nos puede culpar de recordar que como su titular se autoprestó tres millones 100 mil pesos a mediados de julio de 2003?
Sin ánimo de eximir a Calderón, entre otras cosas porque no hay manera, su proceder en aquel entonces fue, digamos, estructural. Así es el capital y así es la iniciativa privada. El beneficio propio es su sino. Al capital no le interesa otra cosa que no sea el capital. Al dinero le interesa el dinero. Por eso desde antaño el ladrón y el comerciante son la versión más antigua que se conoce del Dr. Jekyll y Mr. Hyde: comparten un mismo cuerpo y pasan de la legalidad al delito en un santiamén.
Hay que recordar que en este país no ha habido un solo proceso exitoso de privatización: el Estado ha acabado siempre por imponer condiciones de privilegio a la iniciativa privada, cuando no ha tenido que recurrir obsequiosamente a su rescate. Así fue con las carreteras, los bancos, Telmex, Aeroméxico… La experiencia muestra que la iniciativa privada es tan fraudulenta y corrupta como lo es el Estado en manos del PRI. Oponerse a la privatización del petróleo en México es, por un lado, negarse a aceptar las “supuestas” bondades de la iniciativa privada, cuyos servicios en México son de los más caros del mundo y de los menos eficientes, pero por otro, es negarse a aceptar que la administración estatal corporativa y corrupta impuesta por el PRI en el país sea la correcta.
Que el PRI y el PAN compartan la idea de privatizar el petróleo resulta explicable por el mismo abrevadero que poseen: la corrupción y la ineficacia. Que el FAP encabece la oposición a esta medida también es explicable, no sólo por obstinación o por terca memoria nacionalista. Sin embargo, lo que importa en verdad, además de negarse a aceptar la privatización, es preguntarse qué hacer con la administración de PEMEX. ¿Cómo liberarle del lastre corporativo en que la sumió el PRI y que tan útil resulta para el PAN? Allí el FAP no parece tener respuesta… La izquierda ha de elaborar esta respuesta.
Dice Tabucchi: los libros de viaje "poseen la virtud de ofrecer un doquier teórico y plausible a nuestro donde imprescindible y rotundo". Hay muchos tipos de viajes: los internos, los externos, los marginales. Este blog quiere llenarse de estos viajes, e invita a que otros sean también, con sus viajes, un doquier para mi donde.
miércoles, abril 30, 2008
domingo, abril 27, 2008
Hender
Es ese tu nítido perfil el que ahora hiende mi afán. Su filo, tras cortar el aire, va tras los poros de mi piel, mis venas, el flujo de mi sangre. Por donde pasa mata. Tiempo ha que haces lo mismo. Como si no bastara el haber matado algo de mí la primera vez, regresas obsesionada al lugar del crimen. Es ese tu nítido perfil, que a fuerza de retorno, no deja rastro ni forma aceptable de mí. Al final del día, tu fuerza criminal ya no lastima, pues no da tiempo: cuando pienso en esto ya estás partiendo este corazón del que sólo quedan remedos y cicatrices merced de ese impulso que hace a tu nítido perfil hendir mi afán.
martes, abril 22, 2008
Espejos para el PAN
Con azoro escucho al líder del PAN. ¿Dónde quedó aquel político cuya mesura otorgaba cierta confianza en su decir? Desde la campaña presidencial, su actitud y discurso han subido de tono. La eficacia del argumento, si es que alguna vez la tuvo, sucumbe ahora ante el manoteo y la pontificación. Su enojo ahora es, además de notable, muy visible. Su diatriba contra López Obrador y el FAP es torpe. ¿Quién le ha dicho a Germán Martínez que la clave del diálogo es que se produzca entre quienes tienen ideas similares? Eso se llama soliloquio y es lo que sorprendentemente exige: “El PAN dialoga con quien está dispuesto a aceptar que PEMEX necesita cambiar; el PAN está dispuesto a dialogar con quien acepta que tiene ceder?”. Para Germán Martínez el diálogo sólo es posible dentro del soliloquio del PAN; lo contrario es necedad. Quien tiene que ceder son los otros, no el PAN. Pocas veces se ha visto tan reducido el significado del “diálogo”, que entre otras cosas supone la discrepancia. El totalitarismo anida en estas ideas disfrazadas de solemnidad democrática; el desdén se hace patente cuando el mundo se tiñe de maniqueísmos, como el que maneja Germán Martínez: por México (privatizar el petróleo), en contra de México (negarse a su privatización). ¿Habrá alguien que le recuerde a este individuo lo que significa la política y el diálogo? ¿Habrá alguien cercano que le instruya en lo más elemental: que la virtud del diálogo se da entre quienes discrepan? En épocas menos sabias que las de ahora, un ingeniero ensalzaba la discrepancia como esencia de la universidad: es decir, la diferencia como fundamento de la universalidad. En épocas más cercanas, reputadas como sabias, especialistas del gobierno ensalzan los soliloquios como fuente indiscutible de su saber y acierto. Propongo que inundemos la sede del PAN con espejos. Sus líderes serán felices al verse reproducidos al infinito y seguramente, con la inteligencia que les caracteriza, afirmarán que son la imagen misma de la democracia: pues se verán a sí mismos achaparrados, alargados, deformados, fielmente reflejados, y dirán con inspiración cuasi divina para sus adentros: "mira, soy yo que soy todos; todos estamos de acuerdo conmigo: nosotros tenemos la razón. Este país es tan democrático como lo indica mi imagen reflejada en estos cientos de espejos".
jueves, abril 17, 2008
Petróleo, petróleo
1. Lo que sorprende es que el FAP hubiese podido actuar de modo coordinado si se considera la crisis interna del PRD.
2. La medida de tomar tribunas ha resultado efectiva, no sólo para evitar la aprobación fastrack de la reforma energética, circunscrita al petróleo, sino para evidenciar la inutilidad misma del poder legislativo.
3. Inutilidad porque lejos de la “pureza” del debate legislativo, que tanto exaltan medios de comunicación masiva y senadores y diputados priistas y panistas (reconocidísimos fieles del logos), se ha puesto en evidencia que en el poder legislativo lo que se vive es una lucha atroz entre poderes económicos y sociales, en el que no cabe razón alguna. Una lucha que hoy hace de la "representación" popular un escarnio.
4. Al contrario de lo que señala un “comunicador”, no es el interés económico lo que mueve e la gente del FAP. Ese interés, por el contrario, se halla claramente del lado de los ínclitos senadores y diputados priistas y panistas. Hoy tan defensores de lo que han violado sistemáticamente, unos desde hace 70 años, otros desde hace 20.
5. Cierto es que vivimos en un golpe de Estado. No por las razones que aducen los detractores del FAP, sino porque el capital ha secuestrado al Estado desde hace tiempo. Lo que de una manera muy conciente intenta evitar el FAP es que ese golpe de Estado se consuma. En ese sentido, les asiste la razón.
6. Por eso no deja de ser paradójica la postura de la mayoría de los medios de comunicación masiva: ofrecen argumentos y legitimidad a ese golpe de Estado. De migajas autoritarias se puede vivir muy bien, particularmente cuando lo hacen "modernamente".
7. Independientemente de la opinión que varios senadores y diputados del FAP me merecen, en esta coyuntura política no se puede condenarlos por su actuar, que se inserta en la defensa de una mínima independencia para el país.
8. No a la reforma energética, sí a la transformación del Estado mexicano para que deje de verse a sí mismo como “dependiente pero con dignidad”.
2. La medida de tomar tribunas ha resultado efectiva, no sólo para evitar la aprobación fastrack de la reforma energética, circunscrita al petróleo, sino para evidenciar la inutilidad misma del poder legislativo.
3. Inutilidad porque lejos de la “pureza” del debate legislativo, que tanto exaltan medios de comunicación masiva y senadores y diputados priistas y panistas (reconocidísimos fieles del logos), se ha puesto en evidencia que en el poder legislativo lo que se vive es una lucha atroz entre poderes económicos y sociales, en el que no cabe razón alguna. Una lucha que hoy hace de la "representación" popular un escarnio.
4. Al contrario de lo que señala un “comunicador”, no es el interés económico lo que mueve e la gente del FAP. Ese interés, por el contrario, se halla claramente del lado de los ínclitos senadores y diputados priistas y panistas. Hoy tan defensores de lo que han violado sistemáticamente, unos desde hace 70 años, otros desde hace 20.
5. Cierto es que vivimos en un golpe de Estado. No por las razones que aducen los detractores del FAP, sino porque el capital ha secuestrado al Estado desde hace tiempo. Lo que de una manera muy conciente intenta evitar el FAP es que ese golpe de Estado se consuma. En ese sentido, les asiste la razón.
6. Por eso no deja de ser paradójica la postura de la mayoría de los medios de comunicación masiva: ofrecen argumentos y legitimidad a ese golpe de Estado. De migajas autoritarias se puede vivir muy bien, particularmente cuando lo hacen "modernamente".
7. Independientemente de la opinión que varios senadores y diputados del FAP me merecen, en esta coyuntura política no se puede condenarlos por su actuar, que se inserta en la defensa de una mínima independencia para el país.
8. No a la reforma energética, sí a la transformación del Estado mexicano para que deje de verse a sí mismo como “dependiente pero con dignidad”.
viernes, abril 04, 2008
Escombros
Me gustan los escombros, los espacios derruidos. Concitan la certeza y la duda al mismo tiempo, e impiden cualquier respuesta afable. Quiero decir: al observar escombros se sabe que son restos de algo, pero no de qué ni mucho menos por qué dejo de ser lo que solía ser. Más que metáfora de mi vida y la de mi generación, encuentro en ellos la pregunta que la realidad me escupe una y otra vez al rostro: sabemos que algo fueron pero no lo que fueron ni por qué acabaron siendo el escombro que hoy son. Hay algo de cierto en esta recriminación: nos busco y sólo encuentro los escombros de nosotros.
miércoles, marzo 26, 2008
Lo magnifican
Con ternura leo declaraciones de perredistas a diestra y siniestra. Me matan de ternura. Las cosas se están magnificando, dice alguno, y yo, que casi siempre había reservado la sorpresa para la derecha y el PRI, hasta ahora fuentes inagotables para la crítica, la burla y el sarcasmo, me encuentro con esta declaración que me saca lágrimas de compasión. Porque según tal declaración no es que en el sol azteca haya prácticas repudiables, sino que se magnifican. Es decir, si no se magnificaran serían como tropiezos nimios simpáticos y lindos para la anécdota de cantina.
Se magnifiquen o no, lo que nuestros ínclitos perredistas pierden de vista es que para un simple mortal es probable que todo lo que se dicen en acusaciones de diverso tono los punkcinas y los emortegas sea real. Y esto no quiere decir en modo alguno que por tal motivo se piense que el PRI o el PAN sean mejores: quiere decir que el PRD es tan “pior” como los otros.
Se magnifiquen o no, lo que nuestros ínclitos perredistas pierden de vista es que para un simple mortal es probable que todo lo que se dicen en acusaciones de diverso tono los punkcinas y los emortegas sea real. Y esto no quiere decir en modo alguno que por tal motivo se piense que el PRI o el PAN sean mejores: quiere decir que el PRD es tan “pior” como los otros.
domingo, marzo 23, 2008
Una glorieta para el PRD
Me parece que el partido del sol azteca bien podría imitar a las tribus urbanas: irse a una glorieta y firmar la paz entre los punkcinas y los emortegas, para gritar, con entusiasmo: "!ora sí, lucharemos contra el gobierno!". Digo, no más para tomar ejemplos inmediatos...
sábado, marzo 22, 2008
José Joaquín Blanco. Frases. Quijotes
"En una realidad solemne donde los malos ganan con tecnología, contratos, leyes, computadoras, pistolas y bancos, la lona [de la lucha libre] es una bella comedia de caballeros andantes e irremediablemente adolescentes, sin otra lid imparcial que el nostálgico pleito de escuincles a la salida de la escuela"
Semana Santa
jueves, febrero 21, 2008
Propuesta para nombrar a Bolívar Echeverría Profesor Emérito
El siguiente texto fungió como carta colectiva para solicitar se otorgue el nombramiento de Profesor Emérito al Dr. Bolívar Echeverría Andrade, de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.
Dr. Ambrosio Velasco Gómez
Director
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Presente
Estimado Dr. Velasco,
Acorde con el artículo 5º del Reglamento del Reconocimiento al Mérito Universitario de la legislación vigente de la UNAM, que se refiere a la candidatura de Profesor Emérito, le solicitamos someter a la consideración del Consejo Técnico de la Facultad la propuesta que hacemos un grupo de profesores para que el doctor Bolívar Echeverría Andrade sea designado profesor emérito de la Facultad.
La Facultad de Filosofía y Letras es sin duda alguna pilar nodal de nuestra máxima casa de estudios. En sus aulas la investigación y la reflexión sobre el ser humano y sus procesos no sólo es un deber sino su razón de ser. En ella la palabra es algo más que un instrumento: es un tesoro que se cuida, se alimenta, y se transforma. En nuestra facultad ser humano y palabra son una y la misma cosa.
Con la investigación, la reflexión y la palabra, el Dr. Bolívar Echeverría lleva en la UNAM más de tres décadas construyendo un “mirador” desde el ámbito de la Filosofía con el cual poder observar y comprender la realidad, particularmente la latinoamericana. La importancia de su propuesta ha sido ampliamente reconocida no sólo en el campo de la Filosofía sino también en el de las Ciencias Sociales. Prueba de ello son los premios y distinciones que ha recibido entre los que destacan: Premio Universidad Nacional en Docencia en el área de Ciencias Sociales (México, 1997), Premio Pio Jaramillo Alvarado (FLACSO-Quito, Ecuador, 2004) y Premio Libertador al Pensamiento Crítico (Caracas, Venezuela, 2007). Por otra parte, el doctor Juan Ramón de la Fuente, rector de nuestra universidad, lo distinguió nombrándolo coordinador del Seminario Universitario “La modernidad: versiones y dimensiones” (desde 2004 a la fecha).
Esta propuesta, pacientemente construida a partir de un estudio crítico de las mejores tradiciones filosóficas, pero sobre todo del atento análisis de la obra de Karl Marx y de la Teoría Crítica, inaugurada por la Escuela de Frankfurt, ha dado lugar a libros que hoy figuran como indispensables para el estudio de la cultura, la civilización occidental, la modernidad (en la que su propuesta de un cuádruple ethos ha generado discusiones teóricas muy importantes tanto en Latinoamérica y Estados Unidos como en Europa) y el hecho mismo de la expansión del capitalismo. Cabe destacar que el Fondo de Cultura Económica publicó este año el libro Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría del investigador Stefan Gandler en el que se analiza la obra de estos filósofos como dos de las figuras centrales del pensamiento crítico en América Latina.
En su carrera académica el Dr. Bolívar Echeverría ha publicado como compilador: Modernidad, mestizaje y ethos barroco (1994); La mirada del ángel. Sobre el concepto de historia de Walter Benjamin.
Como autor: El discurso crítico de Marx (1986), La modernidad del barroco (1988), Conversaciones sobre lo barroco (1993), Circulación capitalista y reproducción de la riqueza social (1994), Las ilusiones de la modernidad (1995), Valor de uso y utopía (1998), Vuelta de siglo (2006).
Su labor en nuestra universidad, sus inquietudes académicas y su compromiso con los universitarios, han sido motivo para que diversas casas editoriales lo inviten a publicar sus investigaciones o a colaborar con ellas: ya sea como traductor para sellos editoriales de relevancia como Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, ERA, El Equilibrista e Ítaca, o bien como parte de consejos editoriales de revistas como Pucuna (Quito, 1961-1964), Latinoamérica (Berlín, 1962-1967), Cuadernos Políticos (México, 1974-1989), Palos (México, 1980-1981), Economía Política (México, 1976-1985) y Ensayos (México, 1980-1988) y Theoría (México, desde 1991).
Asimismo, su palabra tan leída ha sido exigida en presencia física en las más diversas instituciones académicas en el Viejo y Nuevo Mundo como la Fundación Quito (1987), el Centro de Investigaciones y Estudios Sociales del Ecuador (CIESE, Quito, 1992), el Religionswissenschaftliches Institut (Freie Universität Berlin, 1993), el Centro de Estudios Economicos e Sociais (Universidad de Coimbra, 1996), la Universidad Autónoma de Puebla (1997, 1998), la Universidad Andina “Simón Bolívar” (1995, 1999), la University of New York, “Fernand Braudel Center” (1998), el Lateinamerika Institut (Freie Universität Berlin, 2000), la University of Pittsburgh (2001), La Salle University of New Orleans (2001), el Kunsthochschule Braunschweig (2002), Harvard University (2004) y West Ontario University (2006).
Todo ello, libros, traducciones, revistas, visitas de investigación, lo ha hecho teniendo como eje articulador la docencia. Para el Dr. Bolívar Echeverría el salón de clase es el lugar en que sus reflexiones y propuestas se exponen, hallan validez y se nutren. Quienes han asistido a sus clases saben de su generosidad y del cuidado que pone en la formación de los alumnos, no sólo respondiendo a sus preguntas, sino participando entusiastamente en las actividades que los alumnos organizan o promueven, buscando crear siempre un diálogo fructífero. A través de esta intensa y dedicada labor docente el doctor Bolívar Echeverría Andrade ha formado decenas de generaciones en nuestra Facultad y muchos de sus alumnos son ya destacados académicos. La relevancia y alta calidad de sus trabajos le han hecho merecedor del más alto nivel como investigador nacional (SNI 3).
Por todo lo anterior, nos permitimos proponer el Dr. Bolívar Echeverría Andrade como candidato a Profesor Emérito por parte de la Facultad de Filosofía y Letras, a la que pertenece desde 1988 como profesor titular de tiempo completo.
Ciudad Universitaria, 29 de octubre de 2007
Dr. Ambrosio Velasco Gómez
Director
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Presente
Estimado Dr. Velasco,
Acorde con el artículo 5º del Reglamento del Reconocimiento al Mérito Universitario de la legislación vigente de la UNAM, que se refiere a la candidatura de Profesor Emérito, le solicitamos someter a la consideración del Consejo Técnico de la Facultad la propuesta que hacemos un grupo de profesores para que el doctor Bolívar Echeverría Andrade sea designado profesor emérito de la Facultad.
La Facultad de Filosofía y Letras es sin duda alguna pilar nodal de nuestra máxima casa de estudios. En sus aulas la investigación y la reflexión sobre el ser humano y sus procesos no sólo es un deber sino su razón de ser. En ella la palabra es algo más que un instrumento: es un tesoro que se cuida, se alimenta, y se transforma. En nuestra facultad ser humano y palabra son una y la misma cosa.
Con la investigación, la reflexión y la palabra, el Dr. Bolívar Echeverría lleva en la UNAM más de tres décadas construyendo un “mirador” desde el ámbito de la Filosofía con el cual poder observar y comprender la realidad, particularmente la latinoamericana. La importancia de su propuesta ha sido ampliamente reconocida no sólo en el campo de la Filosofía sino también en el de las Ciencias Sociales. Prueba de ello son los premios y distinciones que ha recibido entre los que destacan: Premio Universidad Nacional en Docencia en el área de Ciencias Sociales (México, 1997), Premio Pio Jaramillo Alvarado (FLACSO-Quito, Ecuador, 2004) y Premio Libertador al Pensamiento Crítico (Caracas, Venezuela, 2007). Por otra parte, el doctor Juan Ramón de la Fuente, rector de nuestra universidad, lo distinguió nombrándolo coordinador del Seminario Universitario “La modernidad: versiones y dimensiones” (desde 2004 a la fecha).
Esta propuesta, pacientemente construida a partir de un estudio crítico de las mejores tradiciones filosóficas, pero sobre todo del atento análisis de la obra de Karl Marx y de la Teoría Crítica, inaugurada por la Escuela de Frankfurt, ha dado lugar a libros que hoy figuran como indispensables para el estudio de la cultura, la civilización occidental, la modernidad (en la que su propuesta de un cuádruple ethos ha generado discusiones teóricas muy importantes tanto en Latinoamérica y Estados Unidos como en Europa) y el hecho mismo de la expansión del capitalismo. Cabe destacar que el Fondo de Cultura Económica publicó este año el libro Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría del investigador Stefan Gandler en el que se analiza la obra de estos filósofos como dos de las figuras centrales del pensamiento crítico en América Latina.
En su carrera académica el Dr. Bolívar Echeverría ha publicado como compilador: Modernidad, mestizaje y ethos barroco (1994); La mirada del ángel. Sobre el concepto de historia de Walter Benjamin.
Como autor: El discurso crítico de Marx (1986), La modernidad del barroco (1988), Conversaciones sobre lo barroco (1993), Circulación capitalista y reproducción de la riqueza social (1994), Las ilusiones de la modernidad (1995), Valor de uso y utopía (1998), Vuelta de siglo (2006).
Su labor en nuestra universidad, sus inquietudes académicas y su compromiso con los universitarios, han sido motivo para que diversas casas editoriales lo inviten a publicar sus investigaciones o a colaborar con ellas: ya sea como traductor para sellos editoriales de relevancia como Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, ERA, El Equilibrista e Ítaca, o bien como parte de consejos editoriales de revistas como Pucuna (Quito, 1961-1964), Latinoamérica (Berlín, 1962-1967), Cuadernos Políticos (México, 1974-1989), Palos (México, 1980-1981), Economía Política (México, 1976-1985) y Ensayos (México, 1980-1988) y Theoría (México, desde 1991).
Asimismo, su palabra tan leída ha sido exigida en presencia física en las más diversas instituciones académicas en el Viejo y Nuevo Mundo como la Fundación Quito (1987), el Centro de Investigaciones y Estudios Sociales del Ecuador (CIESE, Quito, 1992), el Religionswissenschaftliches Institut (Freie Universität Berlin, 1993), el Centro de Estudios Economicos e Sociais (Universidad de Coimbra, 1996), la Universidad Autónoma de Puebla (1997, 1998), la Universidad Andina “Simón Bolívar” (1995, 1999), la University of New York, “Fernand Braudel Center” (1998), el Lateinamerika Institut (Freie Universität Berlin, 2000), la University of Pittsburgh (2001), La Salle University of New Orleans (2001), el Kunsthochschule Braunschweig (2002), Harvard University (2004) y West Ontario University (2006).
Todo ello, libros, traducciones, revistas, visitas de investigación, lo ha hecho teniendo como eje articulador la docencia. Para el Dr. Bolívar Echeverría el salón de clase es el lugar en que sus reflexiones y propuestas se exponen, hallan validez y se nutren. Quienes han asistido a sus clases saben de su generosidad y del cuidado que pone en la formación de los alumnos, no sólo respondiendo a sus preguntas, sino participando entusiastamente en las actividades que los alumnos organizan o promueven, buscando crear siempre un diálogo fructífero. A través de esta intensa y dedicada labor docente el doctor Bolívar Echeverría Andrade ha formado decenas de generaciones en nuestra Facultad y muchos de sus alumnos son ya destacados académicos. La relevancia y alta calidad de sus trabajos le han hecho merecedor del más alto nivel como investigador nacional (SNI 3).
Por todo lo anterior, nos permitimos proponer el Dr. Bolívar Echeverría Andrade como candidato a Profesor Emérito por parte de la Facultad de Filosofía y Letras, a la que pertenece desde 1988 como profesor titular de tiempo completo.
Ciudad Universitaria, 29 de octubre de 2007
martes, febrero 12, 2008
Trastocado
Arrobado miraba a la Diosa. Su silueta enmarcada le daba la certeza de su existencia como súbdito. Dueña y señora del territorio del imaginario y del deseo, de la aspiraciones y de los rezos, él sólo podía adorarla como lo hacen los súbditos, de manera reverencial.
Pero la vida, que siempre tiene su ironía, le obsequió la posibilidad de lo impensable: acercarse a la Diosa, estrecharla, besarla, olerla, penetrarla. El súbdito supo entonces que se hallaba en el paraíso.
Un paraíso ciertamente efímero que sin embargo lo trastocó para siempre.
Desde entonces ya no sabe de su existencia ni como súbdito ni como Dios. Vive sin vivir.
Pero la vida, que siempre tiene su ironía, le obsequió la posibilidad de lo impensable: acercarse a la Diosa, estrecharla, besarla, olerla, penetrarla. El súbdito supo entonces que se hallaba en el paraíso.
Un paraíso ciertamente efímero que sin embargo lo trastocó para siempre.
Desde entonces ya no sabe de su existencia ni como súbdito ni como Dios. Vive sin vivir.
domingo, febrero 03, 2008
Pieza de museo (Tercera parte)

Centro del mundo
De estos secretos el del hombre como centro del mundo es el más interesante. Se trata de un antropocentrismo que es posible ver como una pretensión exagerada inexistente en épocas anteriores. No obstante, si resulta familiar, es porque se trata de un aspecto propio del pensamiento moderno. Este antropocentrismo se encuentra ya en un texto que precede en más de 300 años a las ideas expresadas por Paine: Discurso sobre la dignidad del hombre de Giovanni Pico della Mirandola.
Pico della Mirandola (1463-1494) fue un clásico erudito italiano renacentista que desde los 14 años estudió teología, filosofía, griego, latín, hebreo, árabe y sirio. En su vida tuvo contacto estrecho con gente que marcó el rumbo de la vida italiana como Girolamo Savonarola, aquel monje dominico que caló hondo con sus hogueras de vanidad y sus radicales críticas al lujo, el beneficio personal, y la depravación de los poderosos y la Iglesia, y Marsilio Ficino, el filósofo florentino que hizo renacer el neoplatonismo. Uno fue su confesor; el otro su mentor y amigo.
Pese a toda su erudición, Pico della Mirandola fue víctima de una mala jugada del destino: un impostor le vendió 60 escritos hebreos supuestamente pertenecientes a Esdras que contenían los secretos de la naturaleza y la religión. Estudió la cábala e intentó lo imposible: conciliar la filosofía y la religión de todas partes del mundo. Con esta convicción invitó a eruditos europeos a un debate público en Roma en el que, a sus 23 años, habría de dar a conocer 900 tesis que conciliaban e integraban, según su parecer, el saber griego, hebreo, árabe y latino. Como exordio a este debate ofreció el Discurso sobre la dignidad del hombre (1486).
El desenlace de su audacia no fue halagador. El papa Inocencio VIII lo condenó, por lo que Pico tuvo que huir a París, donde pese a todo fue apresado y encarcelado por un año. Después, Lorenzo de Medici lo invitó a Florencia y como su protegido Pico pudo dedicarse a recorrer bibliotecas y estudiar. Gracias a esta protección, el papa Alejandro VI lo absolvió de la acusación de herejía a la que se había hecho acreedor en 1486.
Recurrir a Pico della Mirándola resulta útil por su modo de concebir al hombre. En su discurso, el erudito italiano dijo coincidir con quien sostuvo antes que él que lo más grande del mundo es el hombre. Sin embargo, difería de todos por los motivos que hallaba para considerarlo así. Escribió Pico:
"Pero, finalmente, me parece haber comprendido por qué es el hombre el más afortunado de todos los seres animados y digno, por lo tanto, de toda admiración; comprendí en qué consiste la suerte que le ha tocado en el orden universal, no sólo envidiable para las bestias, sino para los astros y los espíritus ultramundanos".
Según el filósofo italiano, cuando Dios culminó la creación del mundo y del universo, deseó que alguien “comprendiera la razón de una obra tan grande, amara su belleza y admirara la vastedad inmensa”. Entonces pensó en el hombre. No obstante, existía un problema: “Todo –escribió Mirandola– estaba distribuido y lleno en los sumos, en los medios y en los ínfimos grados”. La solución de Dios a este problema colocó al ser humano, desde su creación, en una condición excepcional, única:
"Estableció por lo tanto el óptimo artífice [Dios] que aquel a quien no podía dotar de nada propio le fuese común todo cuanto le había sido dado separadamente a los otros. Tomó por consiguiente al hombre así construido, obra de naturaleza indefinida, y habiéndolo puesto en el centro del mundo, le habló de esta manera: Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que concientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves. La naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí prescritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado. Te he puesto en el centro del mundo para que más cómodamente observes cuanto en él existe. No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y soberano artífice de ti mismo, te informases y plasmases en la obra que prefirieses. Podrás degenerar en los seres inferiores que son las bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en las realidades superiores que son divinas".
La visión que sobre el hombre poseía Mirandola es totalmente afirmativa e incluso militante: el hombre es pura voluntad creativa, ya que puede darse a sí mismo el lugar, el aspecto y la prerrogativa que elija de manera conciente. Mas lo importante es que este acto creativo se da sin necesidad de atenerse a ninguna determinación, es decir, la naturaleza humana es una creación ex nihilo, dada su indefinición originaria. El hombre es, como dice Mirandola, árbitro y soberano artífice de sí mismo.
Sin duda, en este texto se encuentra ya definido el antropocentrismo que resulta central para el pensamiento moderno y que, como se ha visto, se halla en el núcleo mismo de la idea y el mito de la revolución. Por eso, no es mera coincidencia encontrar tanto en Pico como en Paine alusión a la regeneración del hombre. Concepto éste por cierto que sirvió de título para un periódico que, dirigido por los hermanos Flores Magón –Jesús, Enrique y Ricardo–, abogaría por una revolución en México desde 1900.
sábado, enero 26, 2008
Pieza de museo (Segunda parte)

Lo que muere con la revolución
Pero en realidad ¿qué es lo que se muere de “muerte natural”? En otras palabras, ¿qué se llevan la idea y el mito de la revolución a la tumba?, ¿qué “secretos” perecen con ellos y qué nos dicen esos secretos sobre nuestra época tan refractaria a la revolución? Preguntas nada ociosas si se repara en las lapidaras frases que cantan felizmente la muerte de la revolución –su idea, su mito, su concreción.
Se recordará que Thomas Paine afirmaba haber sido testigo de una escena tan nueva que no cabía comparación con lo sucedido anteriormente en el mundo europeo; una escena cuya magnitud era tal que planteaba la regeneración del hombre. Reflexionando sobre su “era”, y pese a estar en prisión por orden de Robespierre debido a su oposición al régimen del Terror, Paine escribió en otro de sus muy recordados textos, La Edad de la Razón (1793-1794), lo siguiente: “La era actual merecerá a partir de ahora el nombre de Edad de la Razón, y la generación actual será para el futuro el Adán del nuevo mundo”. En estas sucintas afirmaciones hay indicios suficientes para desentrañar aquellos “secretos” que fallecen con la idea y el mito de la revolución.
Si como lo ha demostrado José Antonio Maravall (Antiguos y modernos), en España, y por lo tanto en el resto de Europa, la noción de progreso aparece en el siglo XIII como un concepto que expresa el cambio sin connotaciones positivas o negativas, es decir, como movimiento, para el Siglo más Ilustrado –Voltaire dixit– la percepción se transforma radicalmente: se cambia para mejorar. Desde entonces, el cambio posee una fuerte carga positiva que rebasa por mucho la sola noción de movimiento. En las afirmaciones de Paine esto es evidente: es inocultable la exaltación que hace de lo nuevo y de lo inédito frente a lo viejo y tradicional (“escena tan nueva y tan alejada de toda comparación con el mundo europeo”).
Desde esta perspectiva, retornar, regresar, no sólo se muestra de suyo imposible habida cuenta la dinámica implícita del cambio, sino que, además, se revela como un acto demencial al negar el profundo sentido de lo nuevo y lo inédito: la posibilidad de regenerar al hombre. Con ello Paine aludía a la reconstitución del hombre antes que a su renovación; en otras palabras: a la posibilidad del hombre de reconstruirse, de volver a hacerse, de crearse de nueva cuenta a partir de su propio actuar, de su propia voluntad, de su propia razón.
He aquí que el hombre usurpa el papel de Dios al convertirse en demiurgo de sí mismo. Si alguna transformación radical generó la percepción secular de la realidad, no cabe duda que ésta consistió en el hecho de trasladar los actos creativos de la mano de Dios al hacer y pensar del hombre. Por ello Paine afirmaba que su generación sería vista como el Adán del Nuevo Mundo; en otras palabras: el primer hombre creado por el hombre. Una creación que inevitablemente da origen a un “nuevo” mundo, uno que por fuerza tiene que ser distinto al “viejo” mundo, a aquel que se pensaba desde los inescrutables designios de Dios. Un mundo mejor.
El nuevo mundo pregonado por Paine habría de ser mejor no solamente por lo inédito de su factura o por su oposición radical a lo tradicional; también porque su fundamento se encuentra en la razón y sus métodos, y ya no más en la fe ni en la revelación. De alguna manera, el nuevo mundo de Paine sería la concreción del proyecto ilustrado resumido por Kant en su inolvidable máxima sobre la Ilustración:
"La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía del otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro".
De tal suerte que algunos de los “secretos” que mueren con la revolución son la trascendencia de lo nuevo y lo inédito, o en otras palabras, la convicción de que todo cambio lleva implícito una inevitable mejoría con respecto al pasado; la regeneración del hombre, o en otras palabras, el hombre como demiurgo de sí mismo; y la razón como fundamento de un mundo mejor.
viernes, enero 25, 2008
Prueba
A menudo pienso que, aceptando sin conceder la existencia de Dios, la única prueba real que en verdad impuso a la humanidad es la existencia misma de sus creyentes y seguidores, de sus feligreses y de su burocracia. El misterio reside en que teniendo evidencias del resultado desastroso de su prueba, los continúe solapando. Sin duda es demasiado misericordioso consigo mismo.
miércoles, enero 23, 2008
Insuficiencia
Vi la película de Mel Gibson, Apocalypto, más por morbo que por convicción. Debo confesar que todo lo que despierta tan apasionados y sesudos debates nacionalistas me provoca un morbo malicioso. En este caso, me resultaba desmesurado debido a que algunos académicos y gente del común vieron en esta película una denigrante reconstrucción de nuestro pasado prehispánico. Vi a más de uno desgarrarse las vestiduras, y escuché a muchos hablar de boicots, de protestas, de acciones “contundentes” en contra de la película y su director y guionista Mel Gibson. Como siempre sucede con este tipo de planteamientos, no pude hacer otra cosa que esbozar una sonrisa sarcástica y gastar un poco de dinero para ponerme al día.
Si se repasa la filmografía más conocida de Mel Gibson, me refiero a la sagas de acción de Mad Max (1979, 1981 y 1985), y de Arma Mortal (1987, 1989, 1992 y 1998), a las películas de época como Maverick (1994), Corazón Valiente (1995) o El Patriota (2000), y la película con la que se estrenó como director, Pasión de Cristo (2004), se sabe qué esperar en cualquier otra película en la que Mel Gibson actúe o dirija: mucha sangre, héroes solitarios, luchas justas, y la exaltación de valores como la libertad, la moral, el amor, y el necesario cumplimiento del destino. En este sentido, Apocalypto no se desvía un ápice de la fórmula que le ha dado tanto éxito a Mel Gibson.
La trama de la película es por demás simple: la lucha de un hombre, hijo del dirigente de una tribu, por sacar el miedo de su corazón, rescatar a su mujer, y en ese sentido a su estirpe, de las garras inclementes de otra tribu más poderosa que para ahuyentar las enfermedades y las malas cosechas, realiza sacrificios constantes a un Dios llamado Kukulkán. En otras palabras, es la historia de un Mad Max prehispánico, de un William Wallece maya, de un valeroso e imbatible Martin Riggs premoderno, de un Benjamin Martin mesoamericano, de un mesías maya que cumple los augurios del destino. Para decirlo de manera concreta: es la reiteración de las historias que tanto gustan a Mel Gibson en un supuesto escenario maya.
Digo “supuesto” porque en Apocalypto no hay pretensión de fidelidad histórica; no se trata en modo alguno de un documental que aspire a la reconstrucción precisa de los tiempos anteriores a la conquista española de México (además de que eso es imposible). Cierto que en la película hay ambientación, pero en tanto que tal no requiere exactitud ni validez histórica alguna, como lo demostró el mismo Mel Gibson en películas anteriores como Corazón Valiente o Pasión de Cristo. Se trata en estricto sentido de una película de ficción.
Tal vez por ello, algunos estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, cuya tipología presentaba alguna similitud con los estereotipos mayas que todos tenemos en la cabeza, se prestaron a participar como extras en la película de Gibson, filmada por cierto en su mayor parte en zonas veracruzanas. Además de tipología, estos extras de la ENAH debían contar con una característica más: tatuajes. Resulta difícil imaginar a estos estudiantes participando en tan fallidas reconstrucciones históricas del mundo prehispánico. Lo tomaron como un acto de diversión, porque la ficción divierte.
Probablemente lo que hiere las susceptibilidades de muchos es el fanatismo y la violencia (ya sea como esclavitud o como sacrificios) de la que hace gala la elite maya en esta película. Ambas actitudes contrastan con la idílica imagen que se tiene de los mayas como sabios matemáticos, observadores acuciosos del cielo, extraordinarios arquitectos, pacíficos filósofos anteriores a Descartes o Bacon. El problema, como siempre, es que a menudo se olvida que entre los mayas efectivamente hubo esclavitud, violencia y sacrificios. Los últimos estudios sobre los mayas explican con claridad que su declive y cuasi desaparición tuvo como una de sus causas fundamentales las luchas intestinas que protagonizaron diversas ciudades-reinos mayas. Es más, se olvida que para cuando los españoles se aparecieron por la península de Yucatán, la zona se encontraba dividida en 13 reinos que no necesariamente se llevaban armónicamente. En fin, las pirámides que tanto nos maravillan no se hicieron con el “entusiasta favor” de talladores y obreros a los que la elite maya les solicitaba de la manera más atenta construir enormes estructuras. Como bien lo decía Walter Benjamin, todo documento de cultura es al mismo tiempo un documento de barbarie: en cada relieve maya hay arte y opresión, creación y sangre.
Reconocer lo anterior no significa otorgarle razón alguna a Apocalypto. Probablemente una de sus debilidades más notorias es precisamente la insuficiencia de pensar estas relaciones de poder y sometimiento desde una perspectiva que no fuera específicamente norteamericana y católica. En efecto, las escenas de violencia que se perciben en la película son escenas dantescas y desconcertantes en tanto que son las mismas que se pueden encontrar en Irak y Afganistán. Y la “escenificación” de la ciudad maya que se presenta en la película, con su templo principal recién acabado de construir, en cuya cima un sacerdote enloquecido realiza sacrificios de manera “fordiana”, recurre a los estereotipos con que siempre se presenta el Templo de Jerusalén cuando Jesús increpó su transformación en mercado y lugar de perversión. La fealdad del poder, manifiesta en miradas estrábicas, gente enloquecida y envilecida, deformes, enanos, lisiados y gordos, no es otra que la fealdad de los judíos que olvidándose de su Dios se habían entregado con pasión a la lógica del intercambio.
Las películas son, además de negocio y diversión, síntomas de una coyuntura. Lo que necesita ser desentrañado es el motivo por el que Gibson hizo una película de esta naturaleza. Me parece que la clave se encuentra en el epígrafe con que comienza la película y que hace referencia no precisamente a la conquista de México, sino a un peligro que un sector muy conservador de la sociedad norteamericana percibe: la falta de unidad en torno a la lucha contra el mal. Según este epígrafe, lo que fundamentalmente posibilita la conquista y el sometimiento de un pueblo es su división interna. Apocalypto es solamente la metáfora de esta afirmación y la advertencia que Gibson lanza al pueblo norteamericano: o nos unimos contra el mal o éste nos puede conquistar, no por la capacidad de quienes encarnan al mal, sino precisamente por no presentarles cara de manera unánime. El mensaje político de Gibson es radical: el peor enemigo de la sociedad nortemaricana es su división, su discrepancia, la crítica que en su seno, y de manera creciente, se hace a la lucha contra Irak, y que se palpa en el desplome de la popularidad de Bush y los recientes resultados electorales en aquel país.
Apocalypto me deja efectivamente una sonrisa, como también me la deja el nacionalismo de los que a falta de argumento se regodean en el puro sentimiento patriótico. Pienso que aquellos que propusieron un boicot debieron proponerlo bien: no ver el cine hollywoodense, que siempre presenta a los latinos como cascarones en los que habita el mal y la decadencia, siempre proclives al sometimiento y a la humillación, con su característica falta de valores y ausencia de cualquier moral a cuestas. Si se hubiese tratado de un boicot, hubiera sido necesario hacerlo bien: no ir nunca más al cine, menos en esas cadenas trasnacionales que inundan al país. Pero esos patrioteros padecen del mismo mal que la película de Gibson: insuficiencia de radicalidad.
Si se repasa la filmografía más conocida de Mel Gibson, me refiero a la sagas de acción de Mad Max (1979, 1981 y 1985), y de Arma Mortal (1987, 1989, 1992 y 1998), a las películas de época como Maverick (1994), Corazón Valiente (1995) o El Patriota (2000), y la película con la que se estrenó como director, Pasión de Cristo (2004), se sabe qué esperar en cualquier otra película en la que Mel Gibson actúe o dirija: mucha sangre, héroes solitarios, luchas justas, y la exaltación de valores como la libertad, la moral, el amor, y el necesario cumplimiento del destino. En este sentido, Apocalypto no se desvía un ápice de la fórmula que le ha dado tanto éxito a Mel Gibson.
La trama de la película es por demás simple: la lucha de un hombre, hijo del dirigente de una tribu, por sacar el miedo de su corazón, rescatar a su mujer, y en ese sentido a su estirpe, de las garras inclementes de otra tribu más poderosa que para ahuyentar las enfermedades y las malas cosechas, realiza sacrificios constantes a un Dios llamado Kukulkán. En otras palabras, es la historia de un Mad Max prehispánico, de un William Wallece maya, de un valeroso e imbatible Martin Riggs premoderno, de un Benjamin Martin mesoamericano, de un mesías maya que cumple los augurios del destino. Para decirlo de manera concreta: es la reiteración de las historias que tanto gustan a Mel Gibson en un supuesto escenario maya.
Digo “supuesto” porque en Apocalypto no hay pretensión de fidelidad histórica; no se trata en modo alguno de un documental que aspire a la reconstrucción precisa de los tiempos anteriores a la conquista española de México (además de que eso es imposible). Cierto que en la película hay ambientación, pero en tanto que tal no requiere exactitud ni validez histórica alguna, como lo demostró el mismo Mel Gibson en películas anteriores como Corazón Valiente o Pasión de Cristo. Se trata en estricto sentido de una película de ficción.
Tal vez por ello, algunos estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, cuya tipología presentaba alguna similitud con los estereotipos mayas que todos tenemos en la cabeza, se prestaron a participar como extras en la película de Gibson, filmada por cierto en su mayor parte en zonas veracruzanas. Además de tipología, estos extras de la ENAH debían contar con una característica más: tatuajes. Resulta difícil imaginar a estos estudiantes participando en tan fallidas reconstrucciones históricas del mundo prehispánico. Lo tomaron como un acto de diversión, porque la ficción divierte.
Probablemente lo que hiere las susceptibilidades de muchos es el fanatismo y la violencia (ya sea como esclavitud o como sacrificios) de la que hace gala la elite maya en esta película. Ambas actitudes contrastan con la idílica imagen que se tiene de los mayas como sabios matemáticos, observadores acuciosos del cielo, extraordinarios arquitectos, pacíficos filósofos anteriores a Descartes o Bacon. El problema, como siempre, es que a menudo se olvida que entre los mayas efectivamente hubo esclavitud, violencia y sacrificios. Los últimos estudios sobre los mayas explican con claridad que su declive y cuasi desaparición tuvo como una de sus causas fundamentales las luchas intestinas que protagonizaron diversas ciudades-reinos mayas. Es más, se olvida que para cuando los españoles se aparecieron por la península de Yucatán, la zona se encontraba dividida en 13 reinos que no necesariamente se llevaban armónicamente. En fin, las pirámides que tanto nos maravillan no se hicieron con el “entusiasta favor” de talladores y obreros a los que la elite maya les solicitaba de la manera más atenta construir enormes estructuras. Como bien lo decía Walter Benjamin, todo documento de cultura es al mismo tiempo un documento de barbarie: en cada relieve maya hay arte y opresión, creación y sangre.
Reconocer lo anterior no significa otorgarle razón alguna a Apocalypto. Probablemente una de sus debilidades más notorias es precisamente la insuficiencia de pensar estas relaciones de poder y sometimiento desde una perspectiva que no fuera específicamente norteamericana y católica. En efecto, las escenas de violencia que se perciben en la película son escenas dantescas y desconcertantes en tanto que son las mismas que se pueden encontrar en Irak y Afganistán. Y la “escenificación” de la ciudad maya que se presenta en la película, con su templo principal recién acabado de construir, en cuya cima un sacerdote enloquecido realiza sacrificios de manera “fordiana”, recurre a los estereotipos con que siempre se presenta el Templo de Jerusalén cuando Jesús increpó su transformación en mercado y lugar de perversión. La fealdad del poder, manifiesta en miradas estrábicas, gente enloquecida y envilecida, deformes, enanos, lisiados y gordos, no es otra que la fealdad de los judíos que olvidándose de su Dios se habían entregado con pasión a la lógica del intercambio.
Las películas son, además de negocio y diversión, síntomas de una coyuntura. Lo que necesita ser desentrañado es el motivo por el que Gibson hizo una película de esta naturaleza. Me parece que la clave se encuentra en el epígrafe con que comienza la película y que hace referencia no precisamente a la conquista de México, sino a un peligro que un sector muy conservador de la sociedad norteamericana percibe: la falta de unidad en torno a la lucha contra el mal. Según este epígrafe, lo que fundamentalmente posibilita la conquista y el sometimiento de un pueblo es su división interna. Apocalypto es solamente la metáfora de esta afirmación y la advertencia que Gibson lanza al pueblo norteamericano: o nos unimos contra el mal o éste nos puede conquistar, no por la capacidad de quienes encarnan al mal, sino precisamente por no presentarles cara de manera unánime. El mensaje político de Gibson es radical: el peor enemigo de la sociedad nortemaricana es su división, su discrepancia, la crítica que en su seno, y de manera creciente, se hace a la lucha contra Irak, y que se palpa en el desplome de la popularidad de Bush y los recientes resultados electorales en aquel país.
Apocalypto me deja efectivamente una sonrisa, como también me la deja el nacionalismo de los que a falta de argumento se regodean en el puro sentimiento patriótico. Pienso que aquellos que propusieron un boicot debieron proponerlo bien: no ver el cine hollywoodense, que siempre presenta a los latinos como cascarones en los que habita el mal y la decadencia, siempre proclives al sometimiento y a la humillación, con su característica falta de valores y ausencia de cualquier moral a cuestas. Si se hubiese tratado de un boicot, hubiera sido necesario hacerlo bien: no ir nunca más al cine, menos en esas cadenas trasnacionales que inundan al país. Pero esos patrioteros padecen del mismo mal que la película de Gibson: insuficiencia de radicalidad.
martes, enero 22, 2008
Pieza de Museo (Primera parte)

Olvido y memoria
Preservar, recordar, mostrar: ejes sobre los que se articula un museo. Visitar cualquier museo es caminar por los senderos de una memoria particular: aquella que un país o una institución ha decidido rescatar del olvido. Sí, rescatar, porque en la vida humana hay más olvido que memoria. Ésta, particularmente la que llamamos historia, consiste en proceder a tientas en el manto de alquitrán del olvido.
De aquí que historiadores y colegas sean muy parecidos a esos mineros que en tierras profundas iluminan con las lámparas de sus cascos ricas vetas que explotan con zapapicos y palas. Pero las minas, esas enormes cavernas de profundidades insondables, son más amplias y oscuras que las vetas encontradas y explotadas (como lo es el olvido frente a la memoria); éstas son las que se agotan, no aquellas. Lo de ellas extraído se exhibe orgullosamente y se utiliza en tratados, libros, películas y museos.
Pero no todos los olvidos son iguales. Algunos surgen de una necesidad, e incluso, de una necedad. En este sentido, por ejemplo, el inevitable olvido en el que yacían los dinosaurios es muy distinto al que se fomenta sobre la idea de la revolución; no tal o cual revolución, sino su idea: a ésta le falta su Steven Spilberg y la euforia desatada por aquellos esqueletos que todavía hoy alcanza exposiciones y museos en las más diversas partes del mundo. La idea de la revolución no sólo se ha dado por muerta sino que se le condena a un olvido progresivo y calculado: de su esqueleto no se quiere ni se pretende siquiera su resucitación virtual en una suerte de Jurasic Park. Y es que, dicen, al igual que un Velociraptor la revolución es peligrosa.
Rotaciones
Hay hombres que al mismo tiempo que encarnan su época son sus voceros esclarecidos. Thomas Paine (1737-1809) es un ejemplo que descuella. Sobre él Michelet escribió en su Historia de la Revolución Francesa (1867): “tenía nada menos que tres patrias: Inglaterra, América y Francia; pero en realidad sólo tenía una, los derechos humanos, la justicia”. La afirmación del historiador francés debe entenderse como el reconocimiento necesario a un hombre cuya fama residía, entre otras cosas, en haber escrito los dos textos probablemente más leídos de su época: El sentido común (1776), que inspiró la independencia norteamericana, y Los Derechos del hombre (1791-92), publicado primero en Inglaterra y posteriormente en Francia, que generó reconocimientos y rencores. Si algún guiño merecía Paine, como ha escrito Hobsbawm, era el ser visto y recordado como el prototipo del revolucionario en aquellos años convulsos de finales del siglo XVIII.
El pensador británico era consciente de su posición. Por ello escribió a George Washington: “Participar en dos revoluciones [la norteamericana y la francesa] significa vivir para algo”. Pero ¿qué era ese “algo” al que se refería Paine? Según sus propias palabras, consistía en el hecho de vivir en una era “en la que cabe esperarlo todo”. Tuvo el privilegio de contemplar, afirmaba, “una escena tan nueva y tan alejada de toda comparación con el mundo europeo, que el nombre de revolución no logra expresar la magnitud de su carácter, y que lleva a plantearse como una regeneración del hombre”. Si bien Paine hallaba en el “nombre de revolución” una insuficiencia para expresar la magnitud de lo presenciado, lo cierto es que establecía inequívocamente una relación directa entre revolución y regeneración. Precisamente por ello cabía “esperarlo todo”. El tono de esta valoración, positivo y aun festivo, se echa de menos en nuestra época.
En efecto, así como puede verse en Thomas Paine al prototipo del revolucionario, probablemente no exista revolución alguna que encarne su idea de manera más precisa que la sucedida en Francia en 1789. Tan es así que su segundo centenario dio lugar a múltiples debates allende las fronteras galas. Lo interesante de aquella celebración fue que Michel Rocard, el primer ministro francés de filiación socialista, declaró al periódico Le Monde (11 de enero de 1988) que dicha celebración era buena porque convencería a “mucha gente de que la revolución es peligrosa y que si puede evitarse, tanto mejor”.
Que la revolución, cualquiera que ésta sea, tenga sus detractores no es novedad; pero sí lo fue que haya sido un socialista francés el que hubiese trazado nítidamente un desprestigio tan radical de la idea de la revolución, particularmente de la francesa. Para Rocard la revolución no era otra cosa que la expresión de peligro a todas luces evitable, y el bicentenario la memoria de ese peligro. La distancia entre Rocard y Paine se revelaba como insalvable (no solamente por el lapso de 200 años que media entre una opinión y otra). Y eso que la apreciación del primer ministro francés fue anterior a la “cuarta ola de revoluciones” de 1989-1991, como las llamaron Ágnes Héller y Ferenc Feher, que marcaron el punto final de los regímenes de Europa del Este con sus dos acontecimientos fundamentales: la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, esta última nacida de otra revolución.
Es imposible sostener que la posición de Rocard fuese motivada por un desvarío, un dislate o un prejuicio estrictamente personal. Se trata, por el contrario, de una posición de época. La opinión del primer ministro francés fue, en su momento, eco de un decir generalizado, como también lo fue la posición expresada por el poeta mexicano Octavio Paz seis meses después de lo declarado por Rocard.
En junio de 1989, un mes escaso antes de la simbólica fecha del 14 de julio de 1989, Octavio Paz recibió en Francia el premio Alexis de Toqueville de manos del presidente Francois Mitterand. En su intervención Paz sostuvo con la vehemencia que le caracterizaba:
"Presenciamos el crepúsculo de la idea de Revolución en su última y desventurada encarnación, la versión bolchevique. Es una idea que únicamente sobrevive en algunas regiones de la periferia y entre sectas enloquecidas como la de los terroristas peruanos. Ignoramos qué reserva el porvenir [...] En todo caso, el mito revolucionario se muere. ¿Resucitará? No lo creo. No lo mata una Santa Alianza: muere de muerte natural".
La afirmación de Paz es de claridad meridiana: la revolución, el mito e idea de la revolución, llegaron a su fin. Un fin absoluto, indiscutible, irreversible, que alcanza tanto la dimensión de “lo posible” de la revolución como a cualquiera de sus concreciones históricas, desde la francesa hasta la rusa, desde la mexicana hasta la nicaragüense. Como se puede inferir con facilidad, el laureado poeta mexicano se hallaba en las antípodas de Paine, o mejor dicho, desde entonces nuestra época se encuentra en las antípodas de la del pensador británico. La rotación ha dado un giro de 180 grados.
lunes, enero 21, 2008
Actualización
Es curiosa esta actualización de los espacios sagrados. En un lugar de la India, un restaurante se erige sobre un antiguo cementerio musulmán. Allí la gente convive felizmente. El intercambio de la palabra, alimento y monedas se complementa con la convivencia con los muertos; el espacio de los vivos (el marcado) y de los muertos (cementerio), se mezclan sin mayores aspavientos. Como si fuese cosa natural, al lado de las mesas se hallan las tumbas. Que con los muertos también hay un intercambio lo indica el nombre del restaurante: Buena Suerte. Uno de los encargados de la administración, Krishan Kuti Fair, sostiene que “el cementerio trae buena suerte […] Nuestro negocio es mejor gracias al panteón”. Así pues, en aquel país de convulsiones culturales, un pequeño espacio sintetiza milenios de historia humana. En esas mesas lo vivos se ofrecen humanidad, se articula la economía, y se actualiza el diálogo con los muertos.
jueves, enero 10, 2008
Rutas
Yo sé que es malévolo, pero a veces hay que atender lo que otros dicen. Por ejemplo, este textito hallado en los papeles de un ocioso observador de la realidad nacional. Que se trata de un observador no se infiere de la profundidad de su decir, sino de la circunstancia de su decir. Haciendo a un lado su humor negro, bien podría aceptarse que su descripción tiene algo de cierta:
¿Cuál es el mejor camino para la victoria electoral de la “izquieda” y su permanencia en el consentimiento de los ciudadanos?
1.- Dejar a un lado la reflexión y la discusión ideológica sobre un mundo mejor porque eso está ya pasado de moda. Hasta la palabrita alienación suena a programa de televisión de cuatro temporadas en Sony Entretainmeint. En todo caso, lo más que se puede hacer, es “humanizar” la explotación, es decir, ponerle rostro humano a la pobreza.
2.- Una vez desechados lastres inútiles, el siguiente paso es afanarse en la gestión. Ésta siempre da resultado en votos concretos. Que se llame corporativismo o no, es un asunto ideológico, es decir, hoy en día carece de importancia. Todas esas abstracciones nada son frente al muy concreto voto y el más concreto sueldo que del voto deriva.
3.- Cuando la gestión –que de suyo es complicada, porque al menos hay que tener un plan– falla, queda el remedio universal: el entretenimiento, que también gana votos, éstos sí mayoritarios, porque se suman a aquella maravilla acuñada por Jimmy Carter: tittytainment. ¡También hay tetas y entretenimiento de “izquierda”, como no!
¿Cuál es el mejor camino para la victoria electoral de la “izquieda” y su permanencia en el consentimiento de los ciudadanos?
1.- Dejar a un lado la reflexión y la discusión ideológica sobre un mundo mejor porque eso está ya pasado de moda. Hasta la palabrita alienación suena a programa de televisión de cuatro temporadas en Sony Entretainmeint. En todo caso, lo más que se puede hacer, es “humanizar” la explotación, es decir, ponerle rostro humano a la pobreza.
2.- Una vez desechados lastres inútiles, el siguiente paso es afanarse en la gestión. Ésta siempre da resultado en votos concretos. Que se llame corporativismo o no, es un asunto ideológico, es decir, hoy en día carece de importancia. Todas esas abstracciones nada son frente al muy concreto voto y el más concreto sueldo que del voto deriva.
3.- Cuando la gestión –que de suyo es complicada, porque al menos hay que tener un plan– falla, queda el remedio universal: el entretenimiento, que también gana votos, éstos sí mayoritarios, porque se suman a aquella maravilla acuñada por Jimmy Carter: tittytainment. ¡También hay tetas y entretenimiento de “izquierda”, como no!
Trascendencia
Para no extrañar los intrascendentes debates de la izquierda mexicana (cuando lo hacía y cuando no se definía "electoral" ni pensaba en el "centro" para atraer electores) tenemos el nuevo sucedáneo, este sí, trascendente: al menos contribuye a romper un récord guiness :225 individuos entre 8 y 25 años de edad patinaron "en cadena" por más de tres minutos en la gran contribución del Jefe de Gobierno al entretenimiento mundial, la pista de hielo del Zócalo. Regocijarse ante tal logro es el "spirit" de esta nueva izquierda electoral tan fascinada con el centro y el entretenimiento. Al menos tiene un punto a su favor: no se requieren grandes debates ni esfuerzos mentales ni abstracciones para comprenderle. Seamos felices.
lunes, enero 07, 2008
Barbarie
No es que ande en busca de la desolación; sucede que me la encuentro constantemente. Por ejemplo, las declaraciones de José Manuel Capellín, español radicado en Honduras, cuyo trabajo es de índole humanitario. Dice el señor que al mes fallecen en Honduras aproximadamente 42 jóvenes y menores de edad; que en Guatemala son asesinados cerca de 50 jóvenes y menores de edad mensualmente; y que en El Salvador la cifra puede ser igual. Pero el dato más terrible es el siguiente: entre 1998 y 2007 en Honduras han sido asesinados tres mil 993 jóvenes y menores de edad. Su explicación, verosímil, da cuenta de la lógica de la barbarie: para frenar la proliferación de bandas juveniles, los escuadrones de la muerte, patrocinados por militares y empresarios ubicados en la derecha del espectro político, los tortura y ejecuta, dejando los cuerpos en las carreteras y caminos, con advertencias sobre el particular.
Aun cuando el número eriza los cabellos, lo que desconcierta es que el narcotráfico y estos escuadrones de la muerte operen de la misma forma. Las casualidades no existen en los fenómenos sociales. Así que visto diacrónicamente, no puede pasar inadvertida la similitud con el fascismo alemán particularmente ni con lo sucedido en la Europa del Este, en África, y recientemente en Kenia. La barbarie no es excepción; es constante. Lo trágico es que la barbarie sucede para que las cosas sigan exactamente igual. Ergo, es un elemento indispensable para el sistema funcione. Y el sistema funciona con dos constantes: pobreza y barbarie. Ser anticapitalista hoy en día es un asunto de sentido común.
Aun cuando el número eriza los cabellos, lo que desconcierta es que el narcotráfico y estos escuadrones de la muerte operen de la misma forma. Las casualidades no existen en los fenómenos sociales. Así que visto diacrónicamente, no puede pasar inadvertida la similitud con el fascismo alemán particularmente ni con lo sucedido en la Europa del Este, en África, y recientemente en Kenia. La barbarie no es excepción; es constante. Lo trágico es que la barbarie sucede para que las cosas sigan exactamente igual. Ergo, es un elemento indispensable para el sistema funcione. Y el sistema funciona con dos constantes: pobreza y barbarie. Ser anticapitalista hoy en día es un asunto de sentido común.
domingo, enero 06, 2008
Here comes the sun
Este año, como cualquier otro, es de pronóstico reservado. Revisiones impresionistas de noticias dan lo siguiente: Kenia, proceso electoral estadunidense, inflación, reivindicaciones zapatistas, ejecuciones del narcotráfico, las FARC, el ADN y Emmanuel... Al parecer este mundo dislocado deja ver su rostro desolador y poco, muy poco esperanzador. En particular lo de Kenia sintetiza todo: la democracia capitalista no sirve de nada. Su reivindicación no es otra cosa que una mera loa al bárbaro rostro que presenta el capitalismo como tal. Ayer en las noticias escuchaba a un nuevo especialista sobre la mercadotecnia política: "para nosotros –decía– es evidente que la política ya no se centra en el candidato, ni siquiera en sus propuestas. Ahora se centra en el elector, que es un consumidor. Las estrategias políticas hoy consisten en la venta de productos focalizados para consumidores específicos". ¿Qué más se puede decir? La mercancía lo ha inundado todo. Here comes the sun: para enseñarnos ese rostros que ni con espejuelos negros puede uno ver de otra forma, a menos que se sea un optimista que prescinde de la realidad para ser feliz.
martes, enero 01, 2008
Año nuevo en el mar
Del rumor del mar en año nuevo se aprende que la vida es un dulce romper olas en puertos distantes. Caminar, como dijo el poeta, son estelas sobre la mar. Recordar es eregir los puertos íntimos. Mirar en lontananza nocturna es no saber nada del futuro, salvo la certeza de la propia mirada.
martes, diciembre 25, 2007
Sigmund Freud. Frases. Pusilanimidad
Haríamos bien en recordarlo:
"... no me gusta ceder a la pusilanimidad. Nunca se sabe a dónde puede llevarle a uno tal camino; se empieza por ceder en las palabras y se acaba a veces por ceder en las cosas".
Psicología de las masas
"... no me gusta ceder a la pusilanimidad. Nunca se sabe a dónde puede llevarle a uno tal camino; se empieza por ceder en las palabras y se acaba a veces por ceder en las cosas".
Psicología de las masas
lunes, diciembre 10, 2007
Pintas urbanas
En un camión de redilas:
"No te preocupes a dónde vas que morirás donde debes"
En una barda:
"No es necesario morir para estar muerto".
"No te preocupes a dónde vas que morirás donde debes"
En una barda:
"No es necesario morir para estar muerto".
Fastidio
Es un fastidio esto de la inexistencia evidente, pero no hay de otra. Nuestro silencio no quiere decir que seamos tan parcos con nosotros mismos; que no me escuches no significa que sea silente para mí mismo. Yo me escucho y escucho la de cosas que te digo a ti sin que me prestes atención. No creas que tengo demasiada fe en que tú hagas lo mismo. Yo creo que te dices cosas en las que yo no estoy incluido. Pero en mi decir estás aunque ese yo exterior se resista a siquiera enlazar las sílabas de tu nombre. Este que sí existe de manera evidente también es un fastidio. Su voluntad es prodigiosa y arrinconó tu ser a un espacio tan oscuro que mi decir apenas dibuja tu silueta en desvanecimiento. Yo soy el explorador de los tiraderos de la vida luminosa, de esa que sí se ve. Y aquí encuentro los rastros y restos de ti. Si me escucharas seguramente pensarías que estoy mal, que no entiendes este monólogo absurdo, pero es que probablemente no te has dado cuenta de lo evidente, que también es un fastidio: soy un fantasma de palabra fantasmagórica hablándole a otro fantasma que se desvanece con celeridad.
lunes, diciembre 03, 2007
De negro: sumarse a la marcha
Entre eclesiásticos pederastas, pederastas civiles, y ministros que de la justicia retoman la balanza de pagos, justo es vivir de negro, marchar de negro, tener humor negro. Pederastas de un lado, pederastas del otro, y en el centro, los signos de pesos. La justicia mexicana es efectivamente ciega: pero a su propia razón de ser, y con ojo claro sobre lo que en verdad le interesa. Por eso, a marchar el domingo 16 de diciembre, todos de negro, el señal de luto por lo sucedido con Lydia Cacho.
Isaac
Isaac
lunes, noviembre 26, 2007
viernes, noviembre 23, 2007
2. Alain Finkielkraut. Frases

"Así pues, la barbarie ha acabado por apoderarse de la cultura. A la sombra de esa gran palabra, crece la intolerancia, al mismo tiempo que el infantilismo. Cuando no es la identidad cultural la que encierra al individuo en su ámbito cultural y, bajo pena de alta taición, le rechaza el acceso a la duda, a la ironía, a la razón –a todo lo que podría sustraerle de la matriz colectiva–, es la industria del ocio, esa creación de la era técnica que reduce a pacotilla las obras del espíritu (o, como se dice en América, de entertainment). Y la vida guiada por el pensamiento cede suavamente su lugar al terrible y ridículo cara a cara del fanático y del zombie".
sábado, noviembre 17, 2007
1. Giovanni Papini. Frases
"...y todos los locos, todos los idealistas, todos los héroes, todos los mártires del mundo, deben maldecir, bajo el nombre de Sansón Carrasco, a aquellos que, contra los vuelos del sueño y del genio, levantan las barreras de la prudencia".
"Los libros más profundos y a la vez más populares son los de viaje [...] Porque todo gran libro es un tímido anticipo del juicio final, y, para juzgar a todas las clases de hombres, no hay mejor forma que el viaje. Viaje: diversidad, posibilidad. Mil veces se ha representado al hombre como peregrino; un peregrino que tiene la culpa por alforjas y la muerte por meta".
Don Quijote "Había reflexionado en la soledad, y, por fin, los había conocido [a los hombres]: como todos los que saben, por último, de qué especie de semejantes estamos rodeados, no le quedó otra elección que odiarlos o divertirse a su costa. Prefirió, héroe flaco, reír y burlarse. E imaginó ser caballero para que los demás, creyendo que se reían de él, le sirvieran de diversión; su ficción fue su venganza sobre la vida. Venganza conseguida porque ha permanecido oculta hasta nosotros. Pero Don Quijote había nacido para ser hemano mío hasta lo último; primero, según la letra; ahora, según el espíritu. Él y no nos entendemos".
Sobre Don Quijote (1916) en el libro Retratos
"Los libros más profundos y a la vez más populares son los de viaje [...] Porque todo gran libro es un tímido anticipo del juicio final, y, para juzgar a todas las clases de hombres, no hay mejor forma que el viaje. Viaje: diversidad, posibilidad. Mil veces se ha representado al hombre como peregrino; un peregrino que tiene la culpa por alforjas y la muerte por meta".
Don Quijote "Había reflexionado en la soledad, y, por fin, los había conocido [a los hombres]: como todos los que saben, por último, de qué especie de semejantes estamos rodeados, no le quedó otra elección que odiarlos o divertirse a su costa. Prefirió, héroe flaco, reír y burlarse. E imaginó ser caballero para que los demás, creyendo que se reían de él, le sirvieran de diversión; su ficción fue su venganza sobre la vida. Venganza conseguida porque ha permanecido oculta hasta nosotros. Pero Don Quijote había nacido para ser hemano mío hasta lo último; primero, según la letra; ahora, según el espíritu. Él y no nos entendemos".
Sobre Don Quijote (1916) en el libro Retratos
viernes, noviembre 16, 2007
El escritor y la palabra
La película, comercial e intrascendente, le provoca algunas lágrimas. Quien lo conoce sabe que no se trata de la película, sino de esa profunda y dolorosa tristeza que en su interior nace y se esparce por todos lados de su cuerpo, hasta que en ocasiones llega a sus ojos cual tsunami. La soledad es ese mar que en su interior se agita. Quizá por eso vive agradecido cuando alguien decide acercarse para con su sola presencia tranquilizar ese mar. Cuando nadie hay, escribe. Lo que ojos ávidos leen no es otra cosa que esas profundidades dolientes que le exigen una sensibilidad tan acendrada que una trivial película le hace derramar algunas lágrimas. Pero de eso casi nadie sabe. Para la mayoría, él tan sólo es palabra excelsa. Y la excelsitud que otros celebran es la dimensión misma de lo que ignoran. Ni siquiera cuando el escritor se ahogue hallarán el motivo real por el que tanto celebran sus palabras.
miércoles, octubre 24, 2007
jueves, octubre 18, 2007
Agradecimiento a Vicente Fox
Señor Vicente Fox:
Quiero extenderle una muy sincera felicitación por su preclaro proceder ante un periodista impertinente. Se lo agradezco de corazón, porque usted, cual mejor galgo, siempre va más allá de las metas que su propio actuar impone.
Durante seis años pensé que su talento demagógico, verdadero arte “chesperitiano”, era lo más acabado que usted podía ofrecer. Sin embargo, usted, como siempre, me ha pillado en mi conformismo; siempre hay que esperar más. Y es que yo pensé, mi estimado émulo masculino de la chilindrina, que usted era adicto a las cabales formas del diálogo “chespiritiano” porque hallaba en ellas una cualidad insuperable para no comprometerse seriamente con lo que le resultara inconveniente. Pero usted, ahora, me demuestra con creces que la estulticia es una de sus virtudes centrales (porque en efecto, sólo con usted un defecto puede elevarse en rigor a rango de virtud).
No crea usted, mi estimado de apellido de cadena televisiva, que me da por ofenderlo; no, lejos de mí esa intención. Al contrario, lo veo a usted como una inigualable oportunidad de estudiar un nuevo espécimen social, improductivo a todas luces, como son los gerentes; ignaro, como son los de su estatus; y fascinantemente estulto. Santo y seña, por lo visto, del nuevo animal político mexicano, en el que al parecer impera la primera parte de la fórmula sobre la segunda y, lo que es más sorprendente, gana votos.
En fin mi estimado ex, mi nunca bien ponderado y sublime “chesperitiano”, le reitero mi agradecimiento. ¿Qué infortunio de la vida nos privaría de sus extraordinarias ocurrencias?
Isaac García Venegas
Quiero extenderle una muy sincera felicitación por su preclaro proceder ante un periodista impertinente. Se lo agradezco de corazón, porque usted, cual mejor galgo, siempre va más allá de las metas que su propio actuar impone.
Durante seis años pensé que su talento demagógico, verdadero arte “chesperitiano”, era lo más acabado que usted podía ofrecer. Sin embargo, usted, como siempre, me ha pillado en mi conformismo; siempre hay que esperar más. Y es que yo pensé, mi estimado émulo masculino de la chilindrina, que usted era adicto a las cabales formas del diálogo “chespiritiano” porque hallaba en ellas una cualidad insuperable para no comprometerse seriamente con lo que le resultara inconveniente. Pero usted, ahora, me demuestra con creces que la estulticia es una de sus virtudes centrales (porque en efecto, sólo con usted un defecto puede elevarse en rigor a rango de virtud).
No crea usted, mi estimado de apellido de cadena televisiva, que me da por ofenderlo; no, lejos de mí esa intención. Al contrario, lo veo a usted como una inigualable oportunidad de estudiar un nuevo espécimen social, improductivo a todas luces, como son los gerentes; ignaro, como son los de su estatus; y fascinantemente estulto. Santo y seña, por lo visto, del nuevo animal político mexicano, en el que al parecer impera la primera parte de la fórmula sobre la segunda y, lo que es más sorprendente, gana votos.
En fin mi estimado ex, mi nunca bien ponderado y sublime “chesperitiano”, le reitero mi agradecimiento. ¿Qué infortunio de la vida nos privaría de sus extraordinarias ocurrencias?
Isaac García Venegas
martes, octubre 16, 2007
Pelota (respuesta)
Me preguntas sobre la pelota. Me temo que mi respuesta no tiene otro origen que la experiencia personal. Una pelota es la figura geométrica perfecta, de fuertes reminiscencias platónicas. Es más perfecta que la tierra, que se sabe no es una esfera, pero al igual que ella un mundo en tanto que distracción e instrumento de juego. Con una pelota se aprende a caminar y a correr, es decir, se aprende que todo tiene un ritmo. Con ella también se aprende a ser en equipo, quiero decir, que la posición individual resulta relevante cuando se halla inserta en una colectividad. Es compañera indispensable de otra lección fundamental de vida: la alegría de la victoria, pero sobre todo, la asimilación de la derrota, que no es otra cosa que forjar la personalidad en la adversidad. La pelota merece un monumento.
lunes, octubre 15, 2007
Cadalso
¿No te cansa? Me refiero a esa manía de vivir como juez, repartiendo culpas y exoneraciones a diestra y siniestra. Tu balanza de justicia es tu exiguo sentido común. La estrechez de tu universo no da para mucho. Esa rapidez con que juzgas me parece simplemente el reconocimiento inmediato de los tropiezos que tienes para comprender y explicar. Tu atalaya es una ilusión; la “pureza” de tus juicios, simples coronas de tu ignorancia. ¿No te cansa? Vivir como juez no lleva a ningún otro lado que no sea al cadalso. Y créeme, no sólo posibilita llevar allí a los otros.
domingo, octubre 14, 2007
Sin mano
...sin cabeza, sin pies, sin sentido. Porque esto de la estatua en Boca del Río, Veracruz, es una muestra evidente de la ausencia de cualquier razonamiento posible. No sólo resulta de suyo evidente que el acto, a estas alturas ya obstinado, del alcalde Francisco Gutiérrez, es oportunista a más no poder, con esa inocultable lógica de congraciarse con quien poder ostenta (aunque quien sabe si lo tenga en verdad, por más que el de apellido de canal de televisión insista en llamarse a sí mismo "presidente"). También demuestra cuán anclada se halla nuestra clase política a un proceder que no es exclusivo de los priistas. "Agradecer" el hacer de un gobierno es poner de relieve, por un lado, lo "excepcional" de ese hacer, y por el otro, reconocer la "discrecionalidad" de ese hacer. La única diferencia entre los tlatoanis de antaño y los de hoy, es que ahora ostentan títulos de gerentes (antes eran de licenciados).
martes, octubre 09, 2007
Cabalístico
Hoy 9 de octubre, John Lennon cumpliría 67 años de no haber sido asesinado en 1980. Este número, el 67, habría que llenarlo de significados cabalísticos, al menos por hoy. El 9 de octubre de 1967 fue asesinado Ernesto Che Guevara. Entre el Che y Lennon hay un puente bajo el cual numerosas utopías se cobijan aún. Vida y muerte, dos asesinatos, un 9 y múltiples esperanzas hechas música y balas. Futuros y sueños mejores. Sea pues día de utopías.
miércoles, septiembre 12, 2007
Libertad de expresión
En lo personal estoy fascinado: ayer los adalides de la “libertad de expresión” se confrontaron con eso que ellos llaman “partidocracia”. Una “partidocracia” con la que, por cierto, estuvieron de acuerdo hasta el día de ayer, dado que ofrecía abundantes ganancias para estos quijotillos que, como todo mundo puede constatar, hacen un uso “extraordinario” de la libertad de expresión (La participación de Paty Chapoy fue luminosa: su “temor” por no poder calificar a un gobernador de “guapo” es el tope máximo de esa capacidad crítica que tanto defiende López Dóriga).
Sin embargo, no hay mala voluntad en estos adalides de las buenas y justas causas; su aparente confusión entre “libertad de expresión” y “ganancias” es en realidad el eje central de su decir, de su pensar, de su actuar: a mayor ganancia, mayor libertad de expresión. Precisamente por eso les parece natural el monopolio de los medios de comunicación masiva, porque el valor agregado de las empresas monopólicas ofrece, según ellos, un valor agregadísimo, cercano a la sabiduría, a su libertad de expresión.
El espectáculo de ayer fue extraordinario. Al menos a la supuesta “democracia” que vivimos hay que agradecerle algo fundamental: el espectáculo sin tapujos de la lógica capitalista.
Sin embargo, no hay mala voluntad en estos adalides de las buenas y justas causas; su aparente confusión entre “libertad de expresión” y “ganancias” es en realidad el eje central de su decir, de su pensar, de su actuar: a mayor ganancia, mayor libertad de expresión. Precisamente por eso les parece natural el monopolio de los medios de comunicación masiva, porque el valor agregado de las empresas monopólicas ofrece, según ellos, un valor agregadísimo, cercano a la sabiduría, a su libertad de expresión.
El espectáculo de ayer fue extraordinario. Al menos a la supuesta “democracia” que vivimos hay que agradecerle algo fundamental: el espectáculo sin tapujos de la lógica capitalista.
martes, septiembre 11, 2007
Informe (respuesta tardía)
Partamos de un hecho concreto: lo que ha sucedido en México después de la revolución es una teatralización de un mandato constitucional. El presidente asiste al Congreso con el fin de presenciar la inauguración del periodo ordinario de sesiones del poder legislativo y, además, entregar un informe sobre el “estado que guarda la nación”. Como no hay teatralización sin libreto, se aprovecha la ocasión para ofrecer un mensaje de carácter político que lejos de “informar”, posiciona y casi siempre defiende al ejecutivo de ataques y dudas que su gestión provoca.
Ningún mensaje político de esta índole puede ser analizando pretendiendo hallar veracidad. En realidad, lo único que nos es posible hacer es “leerlo” tal cual es: una pieza, a veces magistral, de propaganda. Y la propaganda, como tal, enarbola “su verdad” sin que ello exija los criterios que supone un “informe”: la valoración de avances, retrocesos, aciertos, incertidumbres y francos equívocos. Por eso, los mensajes políticos ofrecidos con motivo del “informe” son siempre tan claridosos evidentemente en cuanto a la fantasía gubernamental, o para ser más preciso, referidos a la interpretación gubernamental de la realidad que gusta ver.
En cuanto al informe, resulta muy difícil evaluarlo para la mayoría de los ciudadanos. En primer lugar, porque nos resulta prácticamente inaccesible. En segundo, porque su lenguaje esotérico requiere un cierto grado de especialización que no es asequible para la mayoría de los mortales. En tercero, porque sus datos están inmersos en una “interpretación” propia del ejecutivo que para desmontarla requiere un largo y paciente trabajo que la ciudadanía en general no está dispuesta a hacer. Y en cuarto lugar, porque la comprobación misma de los datos duros enfrenta una serie de dificultades en tanto que son proporcionados por instituciones oficiales.
Sin embargo, el mensaje político no resulta inútil. En tanto que interpretación de la realidad parte de una serie de supuestos que sin duda resultan significativamente reveladores y que, leídos adecuadamente, iluminan precisamente aquello que el mensaje político intenta ocultar con maquillaje supuestamente fáctico.
El mensaje de FCH llama poderosamente la atención por su tono salvífico. En efecto, se trata de un decir que de manera persistente alude a un salvador que no ofrece los cielos sino que anuncia ya su cercanía. Lo interesante es que este camino de pirules y certezas está siendo desbrozado, primero, por un valeroso ejército que lucha contra el “mal” con tal de que el “pueblo” de México lo camine con la tranquilidad propia de una vida civilizada que, como lo han demostrado los cinco siglos pasados, para nada incluye pobreza ni violencia. Y después, que este camino es el escogido por un mesías real, mezcla de educación formal, inspiración católica, y compromiso moral del susodicho con dos entidades tan inasibles como el viento: Dios y la Nación.
Así pues, el mensaje político de FCH es en realidad el nuevo sermón que disfrazado de civil alude a las realidades intangibles de un reino no sólo prometido, sino muy pero muy cercano. Es el reino del muy muy cercano. Sin Shrek por supuesto.
Ningún mensaje político de esta índole puede ser analizando pretendiendo hallar veracidad. En realidad, lo único que nos es posible hacer es “leerlo” tal cual es: una pieza, a veces magistral, de propaganda. Y la propaganda, como tal, enarbola “su verdad” sin que ello exija los criterios que supone un “informe”: la valoración de avances, retrocesos, aciertos, incertidumbres y francos equívocos. Por eso, los mensajes políticos ofrecidos con motivo del “informe” son siempre tan claridosos evidentemente en cuanto a la fantasía gubernamental, o para ser más preciso, referidos a la interpretación gubernamental de la realidad que gusta ver.
En cuanto al informe, resulta muy difícil evaluarlo para la mayoría de los ciudadanos. En primer lugar, porque nos resulta prácticamente inaccesible. En segundo, porque su lenguaje esotérico requiere un cierto grado de especialización que no es asequible para la mayoría de los mortales. En tercero, porque sus datos están inmersos en una “interpretación” propia del ejecutivo que para desmontarla requiere un largo y paciente trabajo que la ciudadanía en general no está dispuesta a hacer. Y en cuarto lugar, porque la comprobación misma de los datos duros enfrenta una serie de dificultades en tanto que son proporcionados por instituciones oficiales.
Sin embargo, el mensaje político no resulta inútil. En tanto que interpretación de la realidad parte de una serie de supuestos que sin duda resultan significativamente reveladores y que, leídos adecuadamente, iluminan precisamente aquello que el mensaje político intenta ocultar con maquillaje supuestamente fáctico.
El mensaje de FCH llama poderosamente la atención por su tono salvífico. En efecto, se trata de un decir que de manera persistente alude a un salvador que no ofrece los cielos sino que anuncia ya su cercanía. Lo interesante es que este camino de pirules y certezas está siendo desbrozado, primero, por un valeroso ejército que lucha contra el “mal” con tal de que el “pueblo” de México lo camine con la tranquilidad propia de una vida civilizada que, como lo han demostrado los cinco siglos pasados, para nada incluye pobreza ni violencia. Y después, que este camino es el escogido por un mesías real, mezcla de educación formal, inspiración católica, y compromiso moral del susodicho con dos entidades tan inasibles como el viento: Dios y la Nación.
Así pues, el mensaje político de FCH es en realidad el nuevo sermón que disfrazado de civil alude a las realidades intangibles de un reino no sólo prometido, sino muy pero muy cercano. Es el reino del muy muy cercano. Sin Shrek por supuesto.
miércoles, agosto 29, 2007
Políticos Maruchan
Viejas consignas: los nuevos tiempos exigen nuevas definiciones. Tomando al pie de la letra estos reiterados decires en corrillos políticos, habría que considerarlos seriamente y acuñar un nuevo concepto que defina a nuestros políticos. Estas líneas son un intento y una propuesta.
Hubo un tiempo en que a los políticos se les acusó de ser dinosaurios: su permanencia en el escenario político se perdía en los remotos orígenes de los tiempos. Curiosamente, el concepto servía para calificar a los políticos del régimen pero no a los que en escenarios propios de la “oposición” llevaban largos años monopolizando sus espacios. Hoy los “dinos” parecen haberse extinguido producto de la vida y la “incipiente” democracia que vivimos. Su muerte ha despejado el camino para la aparición del político de nuevo tipo, que no obstante parece vieja consigna.
Se trata de un político cuya característica principal es ser “instantáneo”. Lo es no sólo por comparación con la longeva vida de los “dinos”, sino porque le basta organizar festivales, juntar unas cuantas sillas, crear una pequeña red de “amigos” basada por lo general en el clientelismo de viejo y nuevo cuño, para reivindicar la necesidad de ocupar un espacio para “representar” a sus “interesados”.
Comparte con sus predecesores una sólida ignorancia que, a su juicio, es involuntaria y hasta cierto punto bien intencionada, puesto que las exhaustivas tareas de organización le impiden no digamos ya estudiar, sino leer algo más que los periódicos afines al partido de su interés. No es capaz de quemar libros al estilo de los fascistas (sabe que precisa de guardar las formas), pero gusta de encasillarlos y amontonarlos lejos de la palestra del debate político. La eficacia de su analfabetismo funcional es tal que no encuentra la ventaja de gastar preciosas horas frente a hojas llenas de símbolos.
En suma, está convencido de que la política no es un asunto de estudio, sino de “intuición”. Su negativa a profesionalizar la política, correcta en más de un sentido, es la otra cara de la afirmación de una peculiar virtud innata: se es “animal político” o no se es. Pero la “animalidad política” que reivindica no es la aristotélica, sino la de la praxis informal en los espacios de la política formal. La contradicción, aunque obvia, le pasa inadvertida: lo que niega es la “profesionalización política” que le excluye, pero defiende la “animalidad política” que le permite excluir a los que, según su leal juicio, carecen de ella. Sea cual fuere la vía, la profesionalización o la virtud innata, la política es su habitat y consta de ciertas parcelas exclusivas a las que no todos tienen acceso.
Le preocupa la contaminación, pero menos por motivos ecológicos que por conveniente “memoria histórica”: no quiere que le pase como a los dinosaurios. Para evitar la posibilidad de su extinción, prefiere acotar perfectamente sus parcelas (de feraz retribución económica), y exige a quienes desean entrar a “su mundo” una serie de actitudes “políticamente correctas” acorde con los nuevos tiempos democráticos.
Básicamente, ha llevado la maestría del disfraz a alturas nunca antes vistas: al servilismo hoy lo llama servicio; sabe que es el nuevo modo de moldear a los neófitos para que no sean un riesgo para el habitat que les da sustento y prestigio.
El nuevo servicio contiene los mismos elementos que antaño sólo que con nuevo atuendo: a la actitud sumisa, que por definición resulta acrítica, le llama “formación”; a la creación de un espectro ideal deseable para el neófito no le llama teatralización, sino “representación” de una vida mejor; a la codicia hoy le llama “retribución”; al fracaso lo sublima como “aprendizaje”; el corporativismo lo trasmuta en “cuatitud”; y a la connivencia le llama trabajo en equipo. Pero sobre todo, a la “putería” de antaño hoy la asume como “liberación” y “ejercicio volutario” del cuerpo cuya finalidad no es “escalar” sino “compartir”.
Sus decisiones, más reacciones que acciones (las primeras suponen más pasión que inteligencia, más fe que convicción), poseen el halo de la calentura. Si antes se mataba “en caliente” para saldar disputas, ahora se responde “en caliente” a cualquier circunstancia respetando la “calentura” de los demás. Lo peculiar es que el punto de ebullición no culmina un largo proceso de “cocina”, sino que acaba por ablandar la lógica insípida con la que se conducen. Una lógica hecha de conceptos vacuos que en otros ámbitos se acuñaron para explicar la complejidad de la vida social. Así, lo multi, lo relativo, lo diverso, son en su decir simplemente muletillas para justificar su posición privilegiada en estos nuevos mundos democráticos en los que, por arte de magia y gracias a su miopía, desaparece el mercado capitalista.
Así es pues el político maruchan: instantáneo, caliente e insípido.
(Publicado originalmente en el blog Con los pies en el fango el 17 de julio de 2007)
Isaac García Venegas
Hubo un tiempo en que a los políticos se les acusó de ser dinosaurios: su permanencia en el escenario político se perdía en los remotos orígenes de los tiempos. Curiosamente, el concepto servía para calificar a los políticos del régimen pero no a los que en escenarios propios de la “oposición” llevaban largos años monopolizando sus espacios. Hoy los “dinos” parecen haberse extinguido producto de la vida y la “incipiente” democracia que vivimos. Su muerte ha despejado el camino para la aparición del político de nuevo tipo, que no obstante parece vieja consigna.
Se trata de un político cuya característica principal es ser “instantáneo”. Lo es no sólo por comparación con la longeva vida de los “dinos”, sino porque le basta organizar festivales, juntar unas cuantas sillas, crear una pequeña red de “amigos” basada por lo general en el clientelismo de viejo y nuevo cuño, para reivindicar la necesidad de ocupar un espacio para “representar” a sus “interesados”.
Comparte con sus predecesores una sólida ignorancia que, a su juicio, es involuntaria y hasta cierto punto bien intencionada, puesto que las exhaustivas tareas de organización le impiden no digamos ya estudiar, sino leer algo más que los periódicos afines al partido de su interés. No es capaz de quemar libros al estilo de los fascistas (sabe que precisa de guardar las formas), pero gusta de encasillarlos y amontonarlos lejos de la palestra del debate político. La eficacia de su analfabetismo funcional es tal que no encuentra la ventaja de gastar preciosas horas frente a hojas llenas de símbolos.
En suma, está convencido de que la política no es un asunto de estudio, sino de “intuición”. Su negativa a profesionalizar la política, correcta en más de un sentido, es la otra cara de la afirmación de una peculiar virtud innata: se es “animal político” o no se es. Pero la “animalidad política” que reivindica no es la aristotélica, sino la de la praxis informal en los espacios de la política formal. La contradicción, aunque obvia, le pasa inadvertida: lo que niega es la “profesionalización política” que le excluye, pero defiende la “animalidad política” que le permite excluir a los que, según su leal juicio, carecen de ella. Sea cual fuere la vía, la profesionalización o la virtud innata, la política es su habitat y consta de ciertas parcelas exclusivas a las que no todos tienen acceso.
Le preocupa la contaminación, pero menos por motivos ecológicos que por conveniente “memoria histórica”: no quiere que le pase como a los dinosaurios. Para evitar la posibilidad de su extinción, prefiere acotar perfectamente sus parcelas (de feraz retribución económica), y exige a quienes desean entrar a “su mundo” una serie de actitudes “políticamente correctas” acorde con los nuevos tiempos democráticos.
Básicamente, ha llevado la maestría del disfraz a alturas nunca antes vistas: al servilismo hoy lo llama servicio; sabe que es el nuevo modo de moldear a los neófitos para que no sean un riesgo para el habitat que les da sustento y prestigio.
El nuevo servicio contiene los mismos elementos que antaño sólo que con nuevo atuendo: a la actitud sumisa, que por definición resulta acrítica, le llama “formación”; a la creación de un espectro ideal deseable para el neófito no le llama teatralización, sino “representación” de una vida mejor; a la codicia hoy le llama “retribución”; al fracaso lo sublima como “aprendizaje”; el corporativismo lo trasmuta en “cuatitud”; y a la connivencia le llama trabajo en equipo. Pero sobre todo, a la “putería” de antaño hoy la asume como “liberación” y “ejercicio volutario” del cuerpo cuya finalidad no es “escalar” sino “compartir”.
Sus decisiones, más reacciones que acciones (las primeras suponen más pasión que inteligencia, más fe que convicción), poseen el halo de la calentura. Si antes se mataba “en caliente” para saldar disputas, ahora se responde “en caliente” a cualquier circunstancia respetando la “calentura” de los demás. Lo peculiar es que el punto de ebullición no culmina un largo proceso de “cocina”, sino que acaba por ablandar la lógica insípida con la que se conducen. Una lógica hecha de conceptos vacuos que en otros ámbitos se acuñaron para explicar la complejidad de la vida social. Así, lo multi, lo relativo, lo diverso, son en su decir simplemente muletillas para justificar su posición privilegiada en estos nuevos mundos democráticos en los que, por arte de magia y gracias a su miopía, desaparece el mercado capitalista.
Así es pues el político maruchan: instantáneo, caliente e insípido.
(Publicado originalmente en el blog Con los pies en el fango el 17 de julio de 2007)
Isaac García Venegas
domingo, agosto 26, 2007
Dedología
Me sorprende encontrar de nueva cuenta el uso de ciertas expresiones de las manos para denotar estados de ánimo. Si antes era extraño hallar el uso del dedo pulgar hacia arriba en lugares que no fueran hangares o donde la comunicación a señas era indispensable, hoy este uso se extiende de manera natural. Lo he visto en EU y aquí en México. El caso me resulta curioso.
Cielo e infiernos
El dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo definía vida o muerte. La seña, quizá trivializada por todas las historias que nos han contado sobre Nerón, particularmente en celuloide, muy probable implicaba algo más. Arriba y abajo son dos referentes culturales casi universales. Por eso no es extraño que la seña que otorgaba vida o que hoy designa algo “correcto”, apunte hacia arriba. Tampoco lo es que el signo de muerte apunte hacia abajo, hacia la tierra, hacia los infiernos, cualquiera que sea su designación particular. Época de dioses y demonios, cielos e infiernos, se traslada serpenteando por los tiempos, para llegar, truncada, como mero designio de que algo está bien.
Autoritarismo y rumbo
El dedo índice, en cambio, no aprueba ni desaprueba. Al señalar acusa; es propio del emperador o del juez que cree en la infalibilidad de su propia opinión. Por eso no deja de sorprender que aún se utilice en el salón de clase para otorgar la palabra. Símbolo del orden, resulta en cierto modo instrumento del autoritarismo. Pero no sólo. Señalando también sugiere derrotero o anuncia sorpresa. Lo primero es simplemente una modalidad de autoridad; lo segundo, en cambio, apunta al desconcierto. La paradoja es evidente: el índice señalando lo mismo presume de autoridad que de falta de ella.
Pergeñar la democracia
Mas el dedo índice cumple otra función cuando no señala sino hacia los cielos. Agitado, enfatizando el gesto mismo, hay quien hace uso del dedo índice señalando hacia arriba símbolo de adoctrinamiento. Enfatizar lo que se dice con este gesto parece ser un sustituto de la vara que antes fungía como amenaza para quien no aprendía. Blandir la vara y agitar el dedo son transformaciones de un mismo gesto. En cambio, el dedo sin agitar, con brazo estirado, es quizá el símbolo más concreto del proceso democratizador: no sólo es pedir la palabra a una autoridad que la otorga, sino es el reconocimiento mismo de la posibilidad de usar la palabra, y en ese sentido, reafirmar la presencia misma de uno en el mundo. Significativo resulta que sea también señalando al cielo como se procede: tal pareciese que la democracia se asocia con los cielos. ¿Será?
Isaac García Venegas
Cielo e infiernos
El dedo pulgar hacia arriba o hacia abajo definía vida o muerte. La seña, quizá trivializada por todas las historias que nos han contado sobre Nerón, particularmente en celuloide, muy probable implicaba algo más. Arriba y abajo son dos referentes culturales casi universales. Por eso no es extraño que la seña que otorgaba vida o que hoy designa algo “correcto”, apunte hacia arriba. Tampoco lo es que el signo de muerte apunte hacia abajo, hacia la tierra, hacia los infiernos, cualquiera que sea su designación particular. Época de dioses y demonios, cielos e infiernos, se traslada serpenteando por los tiempos, para llegar, truncada, como mero designio de que algo está bien.
Autoritarismo y rumbo
El dedo índice, en cambio, no aprueba ni desaprueba. Al señalar acusa; es propio del emperador o del juez que cree en la infalibilidad de su propia opinión. Por eso no deja de sorprender que aún se utilice en el salón de clase para otorgar la palabra. Símbolo del orden, resulta en cierto modo instrumento del autoritarismo. Pero no sólo. Señalando también sugiere derrotero o anuncia sorpresa. Lo primero es simplemente una modalidad de autoridad; lo segundo, en cambio, apunta al desconcierto. La paradoja es evidente: el índice señalando lo mismo presume de autoridad que de falta de ella.
Pergeñar la democracia
Mas el dedo índice cumple otra función cuando no señala sino hacia los cielos. Agitado, enfatizando el gesto mismo, hay quien hace uso del dedo índice señalando hacia arriba símbolo de adoctrinamiento. Enfatizar lo que se dice con este gesto parece ser un sustituto de la vara que antes fungía como amenaza para quien no aprendía. Blandir la vara y agitar el dedo son transformaciones de un mismo gesto. En cambio, el dedo sin agitar, con brazo estirado, es quizá el símbolo más concreto del proceso democratizador: no sólo es pedir la palabra a una autoridad que la otorga, sino es el reconocimiento mismo de la posibilidad de usar la palabra, y en ese sentido, reafirmar la presencia misma de uno en el mundo. Significativo resulta que sea también señalando al cielo como se procede: tal pareciese que la democracia se asocia con los cielos. ¿Será?
Isaac García Venegas
viernes, agosto 24, 2007
Argüende (Presentación y comentario)
Presentación
Raquel Serur Smeke es para todo fin práctico doctora en todo: en investigación, en docencia, en vida. Lo suyo son las letras, y no sólo las inglesas, como lo demuestra su investigación en curso sobre “La regenta” de Leopoldo Alas Clarín. Sus pasos la han llevado del nuevo al viejo mundo y de regreso. Su decir, que a mí me gusta mucho, ha alcanzado oídos en el norte, particularmente en el Centro Fernand Braudel de la Universidad de Nueva York, donde fue investigadora invitada, y obviamente en el sur. Su palabra, siempre precisa y correcta, ha llenado numerosas páginas de artículos y capítulos que ávidos ojos escudriñan. Sus ideas han contribuido a proyectos tan importantes como la revista Debate Feminista; el Sistema Universidad Abierta de esta facultad, que tanto le debe a su empeño; y este mismo seminario de la modernidad que ha visto gracias a sus esfuerzos compartidos con Ignacio Díaz de la Serna, la realización de este Coloquio “La americanización de la modernidad”.
Comentario
Argüende
En la inauguración de este coloquio, hace dos días, se habló de las “co-madres”, en referencia al diálogo necesario y fructífero entre las ciencias “duras” y las “humanidades”. Ayer esta idea se reiteró en la facultad de Ciencias, sede por un día de este Coloquio. Podría decirse, para no perder el tono “juguetón”, que el argüende ha resultado interesante: riguroso, sabrosamente reflexivo, tenso a veces, y por fortuna hilarante en otras.
En lo personal, me parece una coincidencia afortunada que en su intervención Raquel se haya ocupado de un escritor que en su formación conjuga, precisamente, estas dos “formas” de ver el mundo en apariencia incompatibles: las matemáticas y la literatura, la programación y la escritura. Y digo en “apariencia” porque tanto la obra de Coetzee como la realización misma de este coloquio, echan por tierra superficialidades y apariencias.
Pero en el caso concreto de Coetzee, el “argüende” resultante de este diálogo interno de “co-madres” es, como aquí se ha señalado, dolorosamente nítido, y por supuesto, incómodo (tan lo es que, nos cuenta Raquel, Coetzee padece en su tierra aquel “ninguneo” del que hablaba Octavio Paz como dinámica de nuestro mundo intelectual). Nitidez, por cierto, que también Raquel nos ha obsequiado en el análisis de dos de las obras de Coetzee.
“No soy –declaró Coetzee en alguna ocasión– un heraldo de mi comunidad ni nada parecido. Tan sólo soy alguien que vislumbra la libertad (como cualquier prisionero lo hace) y construye representaciones de personas que sacuden sus cadenas y voltean su cara hacia la luz”. Sin embargo, no cualquier persona proviene de una realidad tan terrible como el apartheid sudafricano; ni tampoco cualquiera, particularmente si es blanco, la padece con tan dolorosa claridad; ni mucho menos cualquiera hace un uso tan espléndido de la lengua para iluminar su profunda injusticia. La tentación de ver un heraldo en quien posee estas características es muy fuerte, y se acrecenta cuando temas como los de la frontera entre la civilización y la barbarie; la abominable institucionalización de un sistema que concibe la separación y la jerarquía racial como naturales; y el futuro posible ante la desaparición de esos ignominiosos referentes, se aluden de manera directa o indirecta en sus obras.
Pero Raquel no sucumbe a esta tentación. No lo enarbola como la “voz de la liberación” ni tampoco lo sugiere como el escritor “llamado” a transformar la realidad de su país siendo electo presidente por la Asamblea Nacional y el Consejo Nacional de Provincias de Sudáfrica. Efectivamente, convertir a Coetzee en “heraldo de su comunidad” sería despojarlo de esa “universalidad” que Raquel le encuentra, de “minimizar” la voz magistral de quien ha vivido y vive un mundo aberrante.
Me parece que Raquel Serur tiene razón al encontrar la clave de la “universalidad” de la literatura de Coetzee en la expansión del capitalismo que, hoy por hoy, lleva la huella indeleble del “modo americano” y su irremediable dinámica, cuya lógica parece cada vez más cierta: la erección de una última frontera entre los “humanos”, claramente reconocibles por el “aura” que les otorga su “éxito económico” , y los “subhumanos” o “no humanos” que, por no ser los elegidos, merecen estar del otro lado, del lado en que se asmilan a naturaleza explotable. O como lo declaró hace algún tiempo el ejecutivo de Sun Microsystems, John Gage: dentro de muy poco el dilema será “To have lunch or to be lunch”, es decir, la frontera entre “comer o ser comido”. Esta abominación no es, por desgracia, ficción, sino programa.
De aquí que la literatura de Coetzee tenga tanta fuerza, sobre todo en países de habla hispana. En este sentido, quizá pueda especularse si el mentado muro en la frontera mexicana no es ya la “piedra” experimental de aquella última frontera. Pero esta literatura y la perspectiva desde la cual es abordada por Raquel, debiera importar también al primer mundo, puesto que ambas pueden muy bien ubicarse en Nueva Orleáns hace prácticamente dos años, cuando el huracán katrina puso en evidencia que esta frontera también cruza por territorios interiores de Estados Unidos.
Pero como bien dice el mismo Coetzee, su literatura también habla de la libertad: es la nobleza de Michael K. con labio leporino en un mundo aberrante, su atarse a la tierra, sus semillas de calabaza; es la vergüenza y el asco convertido en cáncer que a la señora Curren le provoca la realidad de su país y del apartheid, es su negativa a “morir sucia” en La edad de hierro; es en fin Elizabeth Costello diciendo a Paul Reyment en Hombre lento: “No, no […] hay [amor]. Ni en sus manos ni en su corazón. Un corazón escondido, así es como yo lo llamo. ¿Cómo vamos a sacar su corazón de su escondite? Esa es la cuestión”. En efecto, hoy como siempre, hasta el amor, con toda y su bella irracionalidad, es un acto de libertad, y en tanto que tal en un mundo mercantilizado y urgido de fronteras últimas, un acto de resistencia profundamente humano. ¿Cómo le hacemos Raquel, para sacar nuestros corazones del escondite?, ¿cómo le hacemos para derribar aquella frontera última?, ¿cómo le hcemos para sacar a la humanidad acorralada en el orbe inclemente de la mercancía? Tal vez ésta y otras preguntas te quieren hacer y gustes respoder.
Isaac García Venegas. 23 de agosto de 2007. Aula Magna. Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Raquel Serur Smeke es para todo fin práctico doctora en todo: en investigación, en docencia, en vida. Lo suyo son las letras, y no sólo las inglesas, como lo demuestra su investigación en curso sobre “La regenta” de Leopoldo Alas Clarín. Sus pasos la han llevado del nuevo al viejo mundo y de regreso. Su decir, que a mí me gusta mucho, ha alcanzado oídos en el norte, particularmente en el Centro Fernand Braudel de la Universidad de Nueva York, donde fue investigadora invitada, y obviamente en el sur. Su palabra, siempre precisa y correcta, ha llenado numerosas páginas de artículos y capítulos que ávidos ojos escudriñan. Sus ideas han contribuido a proyectos tan importantes como la revista Debate Feminista; el Sistema Universidad Abierta de esta facultad, que tanto le debe a su empeño; y este mismo seminario de la modernidad que ha visto gracias a sus esfuerzos compartidos con Ignacio Díaz de la Serna, la realización de este Coloquio “La americanización de la modernidad”.
Comentario
Argüende
En la inauguración de este coloquio, hace dos días, se habló de las “co-madres”, en referencia al diálogo necesario y fructífero entre las ciencias “duras” y las “humanidades”. Ayer esta idea se reiteró en la facultad de Ciencias, sede por un día de este Coloquio. Podría decirse, para no perder el tono “juguetón”, que el argüende ha resultado interesante: riguroso, sabrosamente reflexivo, tenso a veces, y por fortuna hilarante en otras.
En lo personal, me parece una coincidencia afortunada que en su intervención Raquel se haya ocupado de un escritor que en su formación conjuga, precisamente, estas dos “formas” de ver el mundo en apariencia incompatibles: las matemáticas y la literatura, la programación y la escritura. Y digo en “apariencia” porque tanto la obra de Coetzee como la realización misma de este coloquio, echan por tierra superficialidades y apariencias.
Pero en el caso concreto de Coetzee, el “argüende” resultante de este diálogo interno de “co-madres” es, como aquí se ha señalado, dolorosamente nítido, y por supuesto, incómodo (tan lo es que, nos cuenta Raquel, Coetzee padece en su tierra aquel “ninguneo” del que hablaba Octavio Paz como dinámica de nuestro mundo intelectual). Nitidez, por cierto, que también Raquel nos ha obsequiado en el análisis de dos de las obras de Coetzee.
“No soy –declaró Coetzee en alguna ocasión– un heraldo de mi comunidad ni nada parecido. Tan sólo soy alguien que vislumbra la libertad (como cualquier prisionero lo hace) y construye representaciones de personas que sacuden sus cadenas y voltean su cara hacia la luz”. Sin embargo, no cualquier persona proviene de una realidad tan terrible como el apartheid sudafricano; ni tampoco cualquiera, particularmente si es blanco, la padece con tan dolorosa claridad; ni mucho menos cualquiera hace un uso tan espléndido de la lengua para iluminar su profunda injusticia. La tentación de ver un heraldo en quien posee estas características es muy fuerte, y se acrecenta cuando temas como los de la frontera entre la civilización y la barbarie; la abominable institucionalización de un sistema que concibe la separación y la jerarquía racial como naturales; y el futuro posible ante la desaparición de esos ignominiosos referentes, se aluden de manera directa o indirecta en sus obras.
Pero Raquel no sucumbe a esta tentación. No lo enarbola como la “voz de la liberación” ni tampoco lo sugiere como el escritor “llamado” a transformar la realidad de su país siendo electo presidente por la Asamblea Nacional y el Consejo Nacional de Provincias de Sudáfrica. Efectivamente, convertir a Coetzee en “heraldo de su comunidad” sería despojarlo de esa “universalidad” que Raquel le encuentra, de “minimizar” la voz magistral de quien ha vivido y vive un mundo aberrante.
Me parece que Raquel Serur tiene razón al encontrar la clave de la “universalidad” de la literatura de Coetzee en la expansión del capitalismo que, hoy por hoy, lleva la huella indeleble del “modo americano” y su irremediable dinámica, cuya lógica parece cada vez más cierta: la erección de una última frontera entre los “humanos”, claramente reconocibles por el “aura” que les otorga su “éxito económico” , y los “subhumanos” o “no humanos” que, por no ser los elegidos, merecen estar del otro lado, del lado en que se asmilan a naturaleza explotable. O como lo declaró hace algún tiempo el ejecutivo de Sun Microsystems, John Gage: dentro de muy poco el dilema será “To have lunch or to be lunch”, es decir, la frontera entre “comer o ser comido”. Esta abominación no es, por desgracia, ficción, sino programa.
De aquí que la literatura de Coetzee tenga tanta fuerza, sobre todo en países de habla hispana. En este sentido, quizá pueda especularse si el mentado muro en la frontera mexicana no es ya la “piedra” experimental de aquella última frontera. Pero esta literatura y la perspectiva desde la cual es abordada por Raquel, debiera importar también al primer mundo, puesto que ambas pueden muy bien ubicarse en Nueva Orleáns hace prácticamente dos años, cuando el huracán katrina puso en evidencia que esta frontera también cruza por territorios interiores de Estados Unidos.
Pero como bien dice el mismo Coetzee, su literatura también habla de la libertad: es la nobleza de Michael K. con labio leporino en un mundo aberrante, su atarse a la tierra, sus semillas de calabaza; es la vergüenza y el asco convertido en cáncer que a la señora Curren le provoca la realidad de su país y del apartheid, es su negativa a “morir sucia” en La edad de hierro; es en fin Elizabeth Costello diciendo a Paul Reyment en Hombre lento: “No, no […] hay [amor]. Ni en sus manos ni en su corazón. Un corazón escondido, así es como yo lo llamo. ¿Cómo vamos a sacar su corazón de su escondite? Esa es la cuestión”. En efecto, hoy como siempre, hasta el amor, con toda y su bella irracionalidad, es un acto de libertad, y en tanto que tal en un mundo mercantilizado y urgido de fronteras últimas, un acto de resistencia profundamente humano. ¿Cómo le hacemos Raquel, para sacar nuestros corazones del escondite?, ¿cómo le hacemos para derribar aquella frontera última?, ¿cómo le hcemos para sacar a la humanidad acorralada en el orbe inclemente de la mercancía? Tal vez ésta y otras preguntas te quieren hacer y gustes respoder.
Isaac García Venegas. 23 de agosto de 2007. Aula Magna. Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
domingo, agosto 19, 2007
Autocrítica
El show culmina y uno se queda con una fuerte sensación de vacío. Si lo propio de la izquierda es la crítica de la realidad, y si fuese éste el único distintivo posible de la izquierda en un mundo carente de definiciones, entonces habría que conceder su muerte dados los relatos que existen en torno al partido que se decía a sí mismo de izquierda. A esas banderas negras y amarillas les haría bien atender un poema de JEP:
A la orilla del Ganges aguardé,
por espacio de cuatro siglos,
el cadáver de mi enemigo.
Vi pasar en el agua restos de imperios,
pero no los despojos de mi enemigo.
En el proceso me volví piedra, planta, raíz
y luego un poco de basura flotante
que se llevó entre sus ondas el Ganges.
Qué decepción: jamás me vi pasar,
nunca supe que yo era mi enemigo.
A la orilla del Ganges aguardé,
por espacio de cuatro siglos,
el cadáver de mi enemigo.
Vi pasar en el agua restos de imperios,
pero no los despojos de mi enemigo.
En el proceso me volví piedra, planta, raíz
y luego un poco de basura flotante
que se llevó entre sus ondas el Ganges.
Qué decepción: jamás me vi pasar,
nunca supe que yo era mi enemigo.
martes, agosto 07, 2007
Por calentura
Las urbes son objeto de cualquier tipo de alabanzas y denuestos. Hay quienes viven enamorados de sus “modernidades” y los hay que las padecen añorando bucólicos paisajes. Sea como fuere, las urbes regalan historias dignas de conservarse en la memoria porque en ellas se anudan las numerosas contradicciones de toda urbe. Ésta es una de esas.
Todo comenzó con la calentura propia de dos adolescentes. Y cuando digo propia no me refiero al inevitable privilegio de la hormona durante ese lapso de la vida, sino a otra circunstancia que la acompaña: la falta de recursos económicos para cobijarse en un hotel, por un lado, y por otro, la pena que ello implica, particularmente en la ciudad de México, sobre todo desde que en los puestos ambulantes del Eje Central o Tepito es posible encontrar, por módico precio, clandestinas filmaciones caseras en los hoteles pasionales de Tlalpan, la colonia Doctores, Sullivan y otros más que fungen de niditos sexuales.
Estos adolescentes, sin ganas de ser filmados, sin dinero, y con la pena inmemorial de una cultura católica que condena cualquier acercamiento sexual antes del matrimonio, pero con enormes ganas de gozarse el uno al otro, decidieron inundar con su pasión la fría noche del Parque de los Venados. Las bancas, las veredas, los caminos, recibían con singular alegría la temperatura de sus besos y caricias. Todo era idílico, una maravilla, hasta que llegó una de las realidades citadinas justo para golpear en ese hermoso sueño urbano. Los adolescentes no atinaban qué hacer cuando una voz pastosa les exigió dinero, celulares, y “esa guitarrita” que la chica traía como testimonio de su profesión.
La “guitarrita”, como había llamado el asaltante al instrumento que presumía estaba guardado en un estuche pequeño de curvas similares a las de la chica, no era tal cosa, sino un violín, y probablemente de los más caros que se fabrican en este país. El monto de la “guitarrita” alcanzaba los 40 mil pesos, que tímidas y calenturientas manos de chica desquitaban con gran destreza. Ambos adolescentes estaban convencidos de darlo todo, el dinero, los celulares, incluso la honra de ambos, pero nada más de imaginar el robo de tan delicado instrumento, el estómago se les revolvía con violencia. Por desgracia, no hubo nada que hacer. El asaltante se perdió en la oscuridad con un par de billetes, dos celulares de tarjeta, y la “guitarrita” en cuestión.
Al llegar a casa de su tía, la adolescente recibió una retahíla de reclamos precisamente por andar de calenturienta en un parque, cuya consecuencia había sido tan costosa. Todos los familiares recibieron la consabida llamada que les informó de lo sucedido, previa limpia de la “parte indecorosa” del anécdota. El tío, de dudosa reputación, diestro en los vericuetos de la delincuencia de esta ciudad, inmediatamente llamó al celular de la sobrina para recibir la respuesta de una voz aún pastosa. Tras amable plática que sirvió al tío para evaluar que se hallaba ante un asaltante de poca monta, ofreció a cambio de la “guitarrita” la fabulosa cantidad de 600 pesos. Al otro lado de la línea, la voz pastosa se alegró de la cantidad que habría de recibir e inmediatamente acordó con el tío un punto de entrega.
Ante una situación de desgracia, la familia opera como una nube protectora. Pero en una urbe esta nube se revela como lo que es: humo cuya sombra se evapora con facilidad, particularmente en hogares rotos, cuando la comunicación no es precisamente una virtud. El padre de la adolescente, al enterarse del robo, tuvo exactamente la misma idea que el tío: llamó al celular de la hija y ofreció a la voz pastosa la extraordinaria suma de dos mil pesos. El asaltante, que sin duda era vicioso pero no pendejo, sospechó que se trataba de una trampa o bien que la “guitarrita” valía mucho más de lo que le ofrecían. Sobra decir que no se presentó a la cita ni con el tío ni con el padre. Mientras tanto, a regañadientes y con la resignación de quien no tuvo éxito ante los ojos de su hija, la fallida figura del héroe, el padre, decidió ir a levantar un acta en el tormentoso Ministerio Público de esta ciudad.
Para la adolescente la experiencia fue traumática. En su inconsciente rápidamente se generaba una asociación peligrosa: calentura igual a peligro, pena-robo, culpabilidad en todos los sentidos. Pero el azar, que en cualquier urbe es diosa suprema, vino a restituirle la estima y a liberarla de la culpa por la misma vía que todo había empezado: la calentura.
Aun con su dimensión inasible, la ciudad de México conserva el rastro y la traza de lo que una vez fue una ciudad pequeña. En su primer cuadro los comerciantes se organizan según su especialidad. En una sola calle se concentran las casas de artículos musicales. La comunidad musical no es numerosa en semejante urbe y todos acuden a las mismas tiendas a comprar lo que necesitan.
Tiempo después de aquel robo, a sugerencia de un colega, el padre de la adolescente decidió acudir a una tienda musical en la que la dependiente era una belleza digna de ser conquistada, estrujada, recorrida palmo a palmo en sus curvas. Es difícil saber si lo que imperó en aquel día en particular fue la necesidad musical o la necesidad hormonal que exige sacudirse la soledad de la cama. El padre se paseaba por toda la tienda, con un ojo en los instrumentos y otro en las curvas de la que caminaba tras el mostrador. Eligió una pregunta trivial, de esas de: ¿me puede mostrar esas cuerdas de tripa de gato por favor, que me han dicho que son maravillosas para los violines?, cuando escuchó precisamente el dulce sonido de un violín.
Dicen los que saben que el “sonido” de un instrumento cualquiera es como una huella digital: infalsificable. El padre de la adolescente, músico al fin, reconoció de inmediato el instrumento hurtado a su hija. Cuidadosamente solicitó a la dependiente que le mostrara el violín que alguien probaba en un lugar incierto de la bodega. La dependiente, esperanzada en vender a un precio extraordinariamente elevado aquel violín que recién había adquirido por cinco mil pesos, se lo llevó. Al mostrárselo, con hábil palabra, de conocedora de música, dijo al padre de la adolescente todas las virtudes de aquel violín, a lo que el padre respondió: “sí, lo sé, yo mismo se lo compré a mi hija y recién se lo robaron. Este es el violín de mi hija, devuélvemelo”. La dependiente, sorprendida, hizo sonar alguna alarma silenciosa a la que inmediatamente respondió con su presencia lo que habría de ser su empleado pero que parecía guarura. Tras una larga discusión la dependienta se negó a regresar el violín. Como remota posibilidad, exigió el monto de su inversión para devolver aquel instrumento.
El padre de la adolescente, probablemente meditando en la extraordinaria posibilidad de volver a ser un héroe ante su hija, no transigió. Salió de la tienda con la manida frase de todo héroe que pretende regresar por sus fueros: “¡volveré y se arrepentirán!”. Y efectivamente, volvió horas más tarde con la factura del violín y el acta de robo levantada en el Ministerio Público semanas antes, y con un par de judiciales acompañándolo. Al mostrar la factura y el acta, la dependiente se empecinó en su dicho de que el violín que no era robado y que no estaba dispuesta a devolver nada. Tal vez apostaba a la infalibilidad de su belleza. Por desgracia, ese día en particular, los judiciales estaban dispuestos a cumplir con su deber y sin pestañear se la llevaron al Ministerio Público.
Allí, en esas oficinas ominosas, sucedió lo increíble: dado que el monto estipulado en la factura del violín pasaba con creces la cantidad de 5 mil pesos, el juez decidió que la dependiente, por vender cosas robadas, había de ir a parar a la cárcel sin derecho a fianza. El padre de la hija tuvo entonces un triunfo amargo: llegó a la casa en que su hija vivía con violín en mano, lo cual fue motivo de alegría indecible para todos, pero dejó a la comunidad musical masculina sin el trofeo a conquistar en lance medieval. De la misma forma, el asaltante real, el de la voz pastosa, quedó libre de culpa pues desapareció en las dimensiones inasibles de la ciudad de México. El padre siguió en la soledad de su cama, y la hija, sin dinero y con la misma vergüenza para entrar a un hotel, recuperó su estima y ganó algo más: la prudencia. Ahora se la ve dando calor en ese y otros parques pero ya sin “guitarrita” ni celulares ni dinero. Como dice quien me contó esta historia: todo por calientes. Ni qué decir, así también se mueve el mundo: por calentura.
Isaac García Venegas.
Texto original del blog: con los pies en el fango. Febrero 2007
Todo comenzó con la calentura propia de dos adolescentes. Y cuando digo propia no me refiero al inevitable privilegio de la hormona durante ese lapso de la vida, sino a otra circunstancia que la acompaña: la falta de recursos económicos para cobijarse en un hotel, por un lado, y por otro, la pena que ello implica, particularmente en la ciudad de México, sobre todo desde que en los puestos ambulantes del Eje Central o Tepito es posible encontrar, por módico precio, clandestinas filmaciones caseras en los hoteles pasionales de Tlalpan, la colonia Doctores, Sullivan y otros más que fungen de niditos sexuales.
Estos adolescentes, sin ganas de ser filmados, sin dinero, y con la pena inmemorial de una cultura católica que condena cualquier acercamiento sexual antes del matrimonio, pero con enormes ganas de gozarse el uno al otro, decidieron inundar con su pasión la fría noche del Parque de los Venados. Las bancas, las veredas, los caminos, recibían con singular alegría la temperatura de sus besos y caricias. Todo era idílico, una maravilla, hasta que llegó una de las realidades citadinas justo para golpear en ese hermoso sueño urbano. Los adolescentes no atinaban qué hacer cuando una voz pastosa les exigió dinero, celulares, y “esa guitarrita” que la chica traía como testimonio de su profesión.
La “guitarrita”, como había llamado el asaltante al instrumento que presumía estaba guardado en un estuche pequeño de curvas similares a las de la chica, no era tal cosa, sino un violín, y probablemente de los más caros que se fabrican en este país. El monto de la “guitarrita” alcanzaba los 40 mil pesos, que tímidas y calenturientas manos de chica desquitaban con gran destreza. Ambos adolescentes estaban convencidos de darlo todo, el dinero, los celulares, incluso la honra de ambos, pero nada más de imaginar el robo de tan delicado instrumento, el estómago se les revolvía con violencia. Por desgracia, no hubo nada que hacer. El asaltante se perdió en la oscuridad con un par de billetes, dos celulares de tarjeta, y la “guitarrita” en cuestión.
Al llegar a casa de su tía, la adolescente recibió una retahíla de reclamos precisamente por andar de calenturienta en un parque, cuya consecuencia había sido tan costosa. Todos los familiares recibieron la consabida llamada que les informó de lo sucedido, previa limpia de la “parte indecorosa” del anécdota. El tío, de dudosa reputación, diestro en los vericuetos de la delincuencia de esta ciudad, inmediatamente llamó al celular de la sobrina para recibir la respuesta de una voz aún pastosa. Tras amable plática que sirvió al tío para evaluar que se hallaba ante un asaltante de poca monta, ofreció a cambio de la “guitarrita” la fabulosa cantidad de 600 pesos. Al otro lado de la línea, la voz pastosa se alegró de la cantidad que habría de recibir e inmediatamente acordó con el tío un punto de entrega.
Ante una situación de desgracia, la familia opera como una nube protectora. Pero en una urbe esta nube se revela como lo que es: humo cuya sombra se evapora con facilidad, particularmente en hogares rotos, cuando la comunicación no es precisamente una virtud. El padre de la adolescente, al enterarse del robo, tuvo exactamente la misma idea que el tío: llamó al celular de la hija y ofreció a la voz pastosa la extraordinaria suma de dos mil pesos. El asaltante, que sin duda era vicioso pero no pendejo, sospechó que se trataba de una trampa o bien que la “guitarrita” valía mucho más de lo que le ofrecían. Sobra decir que no se presentó a la cita ni con el tío ni con el padre. Mientras tanto, a regañadientes y con la resignación de quien no tuvo éxito ante los ojos de su hija, la fallida figura del héroe, el padre, decidió ir a levantar un acta en el tormentoso Ministerio Público de esta ciudad.
Para la adolescente la experiencia fue traumática. En su inconsciente rápidamente se generaba una asociación peligrosa: calentura igual a peligro, pena-robo, culpabilidad en todos los sentidos. Pero el azar, que en cualquier urbe es diosa suprema, vino a restituirle la estima y a liberarla de la culpa por la misma vía que todo había empezado: la calentura.
Aun con su dimensión inasible, la ciudad de México conserva el rastro y la traza de lo que una vez fue una ciudad pequeña. En su primer cuadro los comerciantes se organizan según su especialidad. En una sola calle se concentran las casas de artículos musicales. La comunidad musical no es numerosa en semejante urbe y todos acuden a las mismas tiendas a comprar lo que necesitan.
Tiempo después de aquel robo, a sugerencia de un colega, el padre de la adolescente decidió acudir a una tienda musical en la que la dependiente era una belleza digna de ser conquistada, estrujada, recorrida palmo a palmo en sus curvas. Es difícil saber si lo que imperó en aquel día en particular fue la necesidad musical o la necesidad hormonal que exige sacudirse la soledad de la cama. El padre se paseaba por toda la tienda, con un ojo en los instrumentos y otro en las curvas de la que caminaba tras el mostrador. Eligió una pregunta trivial, de esas de: ¿me puede mostrar esas cuerdas de tripa de gato por favor, que me han dicho que son maravillosas para los violines?, cuando escuchó precisamente el dulce sonido de un violín.
Dicen los que saben que el “sonido” de un instrumento cualquiera es como una huella digital: infalsificable. El padre de la adolescente, músico al fin, reconoció de inmediato el instrumento hurtado a su hija. Cuidadosamente solicitó a la dependiente que le mostrara el violín que alguien probaba en un lugar incierto de la bodega. La dependiente, esperanzada en vender a un precio extraordinariamente elevado aquel violín que recién había adquirido por cinco mil pesos, se lo llevó. Al mostrárselo, con hábil palabra, de conocedora de música, dijo al padre de la adolescente todas las virtudes de aquel violín, a lo que el padre respondió: “sí, lo sé, yo mismo se lo compré a mi hija y recién se lo robaron. Este es el violín de mi hija, devuélvemelo”. La dependiente, sorprendida, hizo sonar alguna alarma silenciosa a la que inmediatamente respondió con su presencia lo que habría de ser su empleado pero que parecía guarura. Tras una larga discusión la dependienta se negó a regresar el violín. Como remota posibilidad, exigió el monto de su inversión para devolver aquel instrumento.
El padre de la adolescente, probablemente meditando en la extraordinaria posibilidad de volver a ser un héroe ante su hija, no transigió. Salió de la tienda con la manida frase de todo héroe que pretende regresar por sus fueros: “¡volveré y se arrepentirán!”. Y efectivamente, volvió horas más tarde con la factura del violín y el acta de robo levantada en el Ministerio Público semanas antes, y con un par de judiciales acompañándolo. Al mostrar la factura y el acta, la dependiente se empecinó en su dicho de que el violín que no era robado y que no estaba dispuesta a devolver nada. Tal vez apostaba a la infalibilidad de su belleza. Por desgracia, ese día en particular, los judiciales estaban dispuestos a cumplir con su deber y sin pestañear se la llevaron al Ministerio Público.
Allí, en esas oficinas ominosas, sucedió lo increíble: dado que el monto estipulado en la factura del violín pasaba con creces la cantidad de 5 mil pesos, el juez decidió que la dependiente, por vender cosas robadas, había de ir a parar a la cárcel sin derecho a fianza. El padre de la hija tuvo entonces un triunfo amargo: llegó a la casa en que su hija vivía con violín en mano, lo cual fue motivo de alegría indecible para todos, pero dejó a la comunidad musical masculina sin el trofeo a conquistar en lance medieval. De la misma forma, el asaltante real, el de la voz pastosa, quedó libre de culpa pues desapareció en las dimensiones inasibles de la ciudad de México. El padre siguió en la soledad de su cama, y la hija, sin dinero y con la misma vergüenza para entrar a un hotel, recuperó su estima y ganó algo más: la prudencia. Ahora se la ve dando calor en ese y otros parques pero ya sin “guitarrita” ni celulares ni dinero. Como dice quien me contó esta historia: todo por calientes. Ni qué decir, así también se mueve el mundo: por calentura.
Isaac García Venegas.
Texto original del blog: con los pies en el fango. Febrero 2007
domingo, agosto 05, 2007
Para ti, José Cruz
La vida es la bronca, dices, y uno asiente sintiendo todas las cicatrices del cuerpo, del alma, de la mirada. Pero tú bien sabes el secreto: con música la bronca se sublima y deja de ser solo padecimiento; se vuelve habitable, quiero decir, vivible. Invitándonos a tu nave de blues nos has hecho comprenderlo. Por eso, de la nostalgia a la alegría del momento irrepetible, del encuentro amoroso que naufraga en la piel al desencuentro tortuoso que navega en el alcohol, tu música, tus arreglos, tus composiciones, tus letras, nos han salvado con la bendición de fuego propia de letra y música que de alma negra llega por barcos y trenes, esclavitud y exploración, ansiedad de libertad y necesidad de amor.
No sé, José, de música y poco de palabras. Sin embargo, te veo y te escucho, y me digo que esta bronca letal que te invade es también tu decisión de volverte completamente música. Veo tu cuerpo hecho de notas ondulantes que asidas del aire se dispersan, tocando cada poro de piel que te escucha. Eres voz, eres palabra, eres compás y ritmo, eres estado de ánimo, eres parte de aquella nota más alta que buscaba la luna como realización. Si la vida es la bronca, la tuya es hoy poesía y ganas de vida, es amor y desamor, encuentros y desencuentros. ¿Hay alguna respuesta más serena para la eterna pregunta de qué es la vida?
Así es José: hay quien da a tu bronca el nombre de una enfermedad; yo, que soy incapaz de hacerlo, la miento como música vuelto cuerpo. Eso eres José: la nota precisa que ya alcanzó eternidad.
Isaac García Venegas
Ciudad de México
5 de agosto de 2007
No sé, José, de música y poco de palabras. Sin embargo, te veo y te escucho, y me digo que esta bronca letal que te invade es también tu decisión de volverte completamente música. Veo tu cuerpo hecho de notas ondulantes que asidas del aire se dispersan, tocando cada poro de piel que te escucha. Eres voz, eres palabra, eres compás y ritmo, eres estado de ánimo, eres parte de aquella nota más alta que buscaba la luna como realización. Si la vida es la bronca, la tuya es hoy poesía y ganas de vida, es amor y desamor, encuentros y desencuentros. ¿Hay alguna respuesta más serena para la eterna pregunta de qué es la vida?
Así es José: hay quien da a tu bronca el nombre de una enfermedad; yo, que soy incapaz de hacerlo, la miento como música vuelto cuerpo. Eso eres José: la nota precisa que ya alcanzó eternidad.
Isaac García Venegas
Ciudad de México
5 de agosto de 2007
martes, julio 24, 2007
Majestuosidad
Ir al correo y encontrarse un toro de lidia vigilando la entrada. Por este inesperado encuentro, ser consciente de su majestuosidad. Hallar en su pétrea mirada la bravura de la que abusan valientes bípedos. Tener ganas, entonces, de disculparse por tanta sangre, por tanto abuso, por convertirlo en adorno de ruedo vociferante. Hincarse para reconocer un lejano pariente de minotauro y observar en las sombras que le bañan la constelación de sagitario en los cielos terrestres. Añorar el laberinto y dudar de la heroicidad de Teseo. Desear por un momento ser toro de lidia para mirar este mundo antropocéntrico, esta desviación de la naturaleza. Ser presa del solo instinto sin darle razones. Regresar a la realidad y percatarse que aquí esta naturaleza está acorralada por paralelográmicos pensamientos. Razón instrumental que nos degrada. Mirar en derredor para topar de frente con el desierto. Hasta que una sonrisa conocida rompe el hechizo de este viaje sin sentido.
Isaac García Venegas
lunes, julio 02, 2007
Hipótesis
En ese ejercicio tan común y hasta cierto punto banal de hacer comparaciones y hallar diferencias, propongo la siguiente hipótesis de trabajo que habré de desarrollar con el tiempo:
A. México y América Latina vivimos teatralizando: jugamos un juego de gestualidad que sublima las contradicciones.
B. Estados Unidos vive en la más plena artificialidad: creen haber anulado las contradicciones con el artificio del gadget, cuya primera fuente es el orden en lo exterior, la represión y el miedo en el interior.
A. México y América Latina vivimos teatralizando: jugamos un juego de gestualidad que sublima las contradicciones.
B. Estados Unidos vive en la más plena artificialidad: creen haber anulado las contradicciones con el artificio del gadget, cuya primera fuente es el orden en lo exterior, la represión y el miedo en el interior.
jueves, junio 07, 2007
Basura
“Somos basura” dice la madre de una de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez. Es decir, la mujer despojada de su humanidad, objeto desechable que está allí para “adquirirse” y “usarse” sin mayor trascendencia que la satisfacción del goloso. Así, la mujer-objeto ha sufrido una mutación: se ha vuelto provisional, con fecha de caducidad inserta en la satisfacción de un deseo. Se le tira porque una vez cumplido su “papel” de satisfacción se impone otra exigencia: “la novedad”. En este nuevo derrotero, el amor se torna ya en vieja usanza para los que no saben vivir con las exigencias de lo nuevo. La estabilidad no está en la compañía, sino en la superlativa individualidad que halla su identificación en el desenfrenado goce de la acumulación desechable.
Precisamente por lo anterior, resulta absurdo ver lo que ocurre en Juárez como una “excepción”, como una “locura”, como una simple “saña” que cometen pervertidos y anormales. Se trata de la desnuda y brutal lógica de un “sistema” que ha eliminado todas las fronteras entre lo humano y la mercancía, que desde el poder del dinero (vieja fórmula: D-M-D) asimila lo “humano” a la “naturaleza”, y por tanto, lo encuentra como objeto a ser explotado y usado en beneficio propio, como se ha hecho desde hace cinco siglos. Lo que sucede en Juárez no es una “rareza”, por el contrario, es el desenlace lógico de un sistema cuyo éxito es haberlo mercantilizado prácticamente todo, incluido el cuerpo humano.
En este sentido, lo que sucede en Juárez es la expresión de una lógica que se manifiesta brutalmente en todos los espacios posibles: la venta de órganos, no ya por unos que les extraen a otros sus perlas vitales, sino por los mismos individuos que deciden vender un riñón, una córnea, sangre o médula espinal; la persecución y asesinato de homosexuales y transexuales; la ejecución y desmenuzamiento corporal de narcotraficantes y camellos; las relaciones sociales que se circunscriben a ser meros “contactos” estilo “chat” en el mundo; los noviazgos y el sexo cibernético… Es aquí, en este enorme proceso mercantil, de “desechamiento” y “novedad”, de “provisionalidad” de las objetos, que lo de Juárez adquiere su verdadera dimensión.
Por supuesto, la aplicación de la justicia es necesaria y urgente. No hay acción que sobre en este sentido. Pero tan exigente como ello es la urgencia de cambiar este sistema. Aun la justicia hecha en este mundo de mercancías es, simplemente, una mercancía más.
Precisamente por lo anterior, resulta absurdo ver lo que ocurre en Juárez como una “excepción”, como una “locura”, como una simple “saña” que cometen pervertidos y anormales. Se trata de la desnuda y brutal lógica de un “sistema” que ha eliminado todas las fronteras entre lo humano y la mercancía, que desde el poder del dinero (vieja fórmula: D-M-D) asimila lo “humano” a la “naturaleza”, y por tanto, lo encuentra como objeto a ser explotado y usado en beneficio propio, como se ha hecho desde hace cinco siglos. Lo que sucede en Juárez no es una “rareza”, por el contrario, es el desenlace lógico de un sistema cuyo éxito es haberlo mercantilizado prácticamente todo, incluido el cuerpo humano.
En este sentido, lo que sucede en Juárez es la expresión de una lógica que se manifiesta brutalmente en todos los espacios posibles: la venta de órganos, no ya por unos que les extraen a otros sus perlas vitales, sino por los mismos individuos que deciden vender un riñón, una córnea, sangre o médula espinal; la persecución y asesinato de homosexuales y transexuales; la ejecución y desmenuzamiento corporal de narcotraficantes y camellos; las relaciones sociales que se circunscriben a ser meros “contactos” estilo “chat” en el mundo; los noviazgos y el sexo cibernético… Es aquí, en este enorme proceso mercantil, de “desechamiento” y “novedad”, de “provisionalidad” de las objetos, que lo de Juárez adquiere su verdadera dimensión.
Por supuesto, la aplicación de la justicia es necesaria y urgente. No hay acción que sobre en este sentido. Pero tan exigente como ello es la urgencia de cambiar este sistema. Aun la justicia hecha en este mundo de mercancías es, simplemente, una mercancía más.
lunes, junio 04, 2007
miércoles, mayo 30, 2007
Parafraseando
Leo a Harold Bloom. Me pierdo en sus eruditas elucubraciones. Sólo se me ocurre hacer algo parecido a una paráfrasis, de muy mala factura por cierto:
Vida: don que mengua; dejemos como única herencia el regocijo de no pretender atrapar vientos.
Vida: don que mengua; dejemos como única herencia el regocijo de no pretender atrapar vientos.
sábado, marzo 10, 2007
Los impresentables
Desde las alturas cualquier inferioridad resulta impresentable. Desde el poder lo único presentable son las “nubes celestiales” de su propio autoelogio, mientras que los márgenes y las inferioridades son siempre los infiernos que, por definición, le son impresentables. Desde el privilegio únicamente su propia realidad es presentable. Y los privilegios no son exclusivos de las derechas; también, por desgracia, existen entre las que se autodefinen “izquierdas”.
Impresentable fue la “chusma” que hizo la independencia, que luchó contra las invasiones extranjeras, que vertió su sangre en la revolución. Impresentables también fueron los jóvenes que se opusieron a la “dictadura perfecta” y que por eso padecieron el fuego, la sangre y la represión. Impresentables para la irracional opresión masculina son las mujeres que se niegan a cumplir su “histórico papel” de sumisión y de objeto sexual. Impresentables para los burgueses son los obreros y campesinos. Siempre impresentables para los ricos son los pobres. Impresentable para la “alta cultura” es la “cultura popular”.
Pero son esos impresentables los que le dan sentido a este país, los que alimentan las elucubraciones sofisticadas de la “alta cultura”, los que generan el plusvalor que permite a unos cuantos vivir parasitariamente en nuestro país y en el mundo. Esos impresentables son los que hoy ya no parecen estar de acuerdo con la “normalidad del silencio”, con el rezo de que unos cuantos saben mejor que ellos lo que merecen y les conviene, con la “tranquila idea” de delegar en esos pocos lo que su propio andar marca como horizonte.
A nadie debe asustar que sean ellos, los impresentables, los que hoy irrumpen en el escenario nacional y citadino para decir sus verdades y para gobernarse a sí mismos. Lo que horroriza es que entre los que se dicen de “izquierda” haya quien utilice este epíteto para descalificar a los que han demostrado con creces que el Faro de Oriente no depende ni de títulos ni de apellidos ni del abolengo del que supone ser presentable.
Los impresentables están del lado de las mejores causas, del lado izquierdo. Felicitémonos porque el Faro de Oriente continúa del lado que vale la pena.
Texto en apoyo al nombramiento de Agustín Estrada como director del Faro de Oriente
Impresentable fue la “chusma” que hizo la independencia, que luchó contra las invasiones extranjeras, que vertió su sangre en la revolución. Impresentables también fueron los jóvenes que se opusieron a la “dictadura perfecta” y que por eso padecieron el fuego, la sangre y la represión. Impresentables para la irracional opresión masculina son las mujeres que se niegan a cumplir su “histórico papel” de sumisión y de objeto sexual. Impresentables para los burgueses son los obreros y campesinos. Siempre impresentables para los ricos son los pobres. Impresentable para la “alta cultura” es la “cultura popular”.
Pero son esos impresentables los que le dan sentido a este país, los que alimentan las elucubraciones sofisticadas de la “alta cultura”, los que generan el plusvalor que permite a unos cuantos vivir parasitariamente en nuestro país y en el mundo. Esos impresentables son los que hoy ya no parecen estar de acuerdo con la “normalidad del silencio”, con el rezo de que unos cuantos saben mejor que ellos lo que merecen y les conviene, con la “tranquila idea” de delegar en esos pocos lo que su propio andar marca como horizonte.
A nadie debe asustar que sean ellos, los impresentables, los que hoy irrumpen en el escenario nacional y citadino para decir sus verdades y para gobernarse a sí mismos. Lo que horroriza es que entre los que se dicen de “izquierda” haya quien utilice este epíteto para descalificar a los que han demostrado con creces que el Faro de Oriente no depende ni de títulos ni de apellidos ni del abolengo del que supone ser presentable.
Los impresentables están del lado de las mejores causas, del lado izquierdo. Felicitémonos porque el Faro de Oriente continúa del lado que vale la pena.
Texto en apoyo al nombramiento de Agustín Estrada como director del Faro de Oriente
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