lunes, julio 02, 2012

A vuelo de pájaro y desvelado


1.- De perfección a perfección. La idea no es mía pero me convence: el PRI pasó de la dictadura perfecta a la máquina electoral perfecta. Sin haber sido partido político hoy se comporta como tal. Su triunfo hace patente el éxito de su transformación.




2.- De la desaparición de los políticos. Visto de conjunto, lo que parece desterrado es el político. La quintaesencia de ellos, representada por AMLO y por Beatriz Paredes, sucumbe ante los “nuevos” representantes: los perfumados, los juniors, los copetones, producto de los poderes fácticos y de la “envoltura” de toda mercancía. Lo que se observa es una peligrosa vinculación entre éstos nuevos representantes y los integrantes de ciertas movilizaciones sociales. En forma hablan el mismo lenguaje, aunque en contenido haya distancia. Pero hoy, al parecer, eso es irrelevante.




3.- Del voto de castigo. Entender la elección como un voto de castigo al PAN implica reconocer el fracaso y la ineptitud de los últimos dos gobiernos mexicanos. Inflación, desempleo, muerte, desigualdad, elitismo, racismo, etcétera, son su legado. En este sentido, habría que reconocer una peculiar conciencia en el electorado mexicano. Ni modo de descalificar a quienes votaron por EPN. Siempre y cuando, claro, se esté convencido de que lo que ayer sucedió fue un voto de castigo.




4.- De la incapacidad de articulación. Hay un conjunto de elementos que no pueden desestimarse: el voto de castigo no lo capitaliza un “político” ni una “opción” que se proclama como cambio verdadero. En buena medida ello se debe a la incapacidad de articulación de lo que podría llamarse un “frente opositor”. Razones sobran. El puritanismo de un movimiento que no supo asumir en su dimensión adecuada la coyuntura electoral. Un candidato que pese a haber recibido respiración de boca a boca por una creciente inconformidad no pudo contener sus oscilaciones ni desatinos. El entusiasmo de los partidarios confinados a burbujas de iguales. Y un largo etcétera.




5.- Del nuevo absolutismo. Según se mire puede intuirse que el voto de castigo es en cierto sentido un voto a favor de los “poderes absolutos” dentro de la “democracia” mexicana. El DF y el Estado de México son síntomas particulares. Al parecer los electores desestiman las discrepancias. No tanto porque entorpezcan los procesos sino porque la razón de ser y meta de esas discrepancias es el beneficio particular de quien está en el poder. Quizá los electores mexicanos hicieron un cálculo: el robo y el reparto es más útil que el robo sin reparto. La preocupación por el interés particular y el entorno inmediato tuvieron un peso decisivo en la reciente elección.




6.- De la inoperancia democrática en el capitalismo. Por debajo de los colores y el ruido lo que sucede es la reiteración formal y legal del capitalismo más voraz y menos productivo. Voto por voto y casilla por casilla triunfan el entretenimiento, las finanzas, la apertura al capital extranjero, el tráfico de drogas, etcétera. El elector interioriza esto. Ya le es imposible imaginarse como un ciudadano no capitalista y opta por vivir como mercancía: venderse al mejor postor, venderse en cuanto pueda y en el precio que sea. Quiere gozar de las migajas que ofrece el sistema. Hace con su escasa voluntad un signo de dólar para ir a voz de cuello ofreciéndose y solicitando un poquito de beneficio. Su conservadurismo es atroz porque lo que intenta es conservarse como cosa en un sistema de cosas que otorga a las cosas el dominio de la escasa vida humana que le queda.




7.- De la necesidad de repensar la democracia. ¿Y si lo que no sirve es la democracia dentro de y en el capitalismo?

lunes, junio 25, 2012

Razones desesperadas

Me dices que ninguna de las razones esgrimidas te alcanza para votar por AMLO: ni el voto por convicción, ni el voto útil, ni el voto cívico que propongo. Lo comprendo. En los últimos días me he encontrado a muchas personas que afirman lo mismo. Personas sensatas para las que votar por el PRI o el PAN es impensable. Y AMLO no les convence. De Cuadrado ni hablar.

Me quedan dos razones por las que quizá puedas decidir tu voto en favor de AMLO. Son razones absurdas y desesperadas, quizá incluso irracionales. Pero creo que todos estos calificativos son irrelevantes dada la circunstancia electoral en la que nos encontramos.

La primera es tener la posibilidad de presenciar un fenómeno extraordianario y poco frecuente: la ironía del destino. Piénsalo: si llegase a ganar AMLO, el señor Calderón deberá entregar la banda presidencial a quien no sólo considera su enemigo acérrimo, sino contra quien hizo fraude, según una creencia muy extendida. Pero lo más irónico es que ese señor Calderón, que entró por la puerta trasera para tomar el poder, saldrá por la puerta delantera y grande al entregar el poder.

¿No te parece suficiente?

La segunda es más difícil porque exige gran disciplina. Consiste en aceptar a AMLO como idea solamente. Para ello hay que borrar todo cuanto se sepa sobre él. Sobre todo hay que evitar ir a sus cierres de campaña y leer o escuchar cuanta opinión docta o militante hay sobre él. En otras palabras, apagar radio, televisión e internet, evitar las reuniones sociales, no leer los periódicos, y ocuparse hasta lo imposible en cualquier cosa de aquí al 1o de Julio. Llegar a ese día con una saludable cabeza vacía, sin otra reflexión que un mantra: AMLO como idea es bueno.

¿Tampoco?

Si ninguna de estas razones desesperadas te convence, pues anula tu voto con la tranquilidad de quien hizo lo humanamente posible para convencerse a sí mismo de votar por uno de los actuales contendientes a la presidencia de la República.

domingo, junio 24, 2012

Cachitos de ciudad

Mientras espero, escucho a la gente mayor hablar de la elección. Todos a favor de Vázquez Mota. Nadie les objeta. Me sorprende que el respeto a la edad signifique condescendiente asunción de sus afirmaciones.
Una de estas personas me pregunta mi opinión. “Coincido con su análisis pero no con su punto de partida. Está equivocada. Eso sucede porque a menudo es mejor repetir, sacar el sentimiento a flote, que pensar. Lo primero, querida señora, es hacer a un lado la valoración de género. Lo segundo, las telenovelas. Lo tercero, sus frustraciones. Lo cuarto, ejercer algo parecido al sentido común que vuelve evidente el fangoso sustento de toda promesa electoral y de toda propaganda. Luego, vote”. Sonrío y sigo leyendo el Proceso. Estoy harto de este periodo y lógica electoral.

La fragilidad que somos

No hay “callada manera” en el interior. Allí siempre es bulla. Todos los pensamientos que puedo ser allí se juntan libremente. Hacia afuera llega, siempre, la versión disminuida de mí. La frágil versión de mí. Eso nos pasa a todos. Te pasa a ti, a ti, a ti y a mí también. La única diferencia es atreverse a ver esos pensamientos por más desconcertantes que sean. Es la única manera de conocer nuestras orillas, nuestros suburbios, nuestros horizontes desagradables, la nada que ocultamos. Nuestra fragilidad de afuera adquiere de allí su muy escasa consistencia.

lunes, junio 18, 2012

Y la duda cruzando por el camino...


Viajas y llegas a conclusiones en este momento “indecibles”. Regresas al ajetreo citadino, a las noticias, a la venta de análisis para cualquier gusto. Te reciben unas preguntas y unas encuestas. Te dices que es mejor no decir, pero sabes que lo dirás. Porque si la rabia ajena te orilla a guardar tu opinión, ello significaría una íntima derrota. Sabes que no estás dispuesto a eso. Por eso opinas.
Pongamos por caso, te dices, que las encuestas afirman en verdad algo: una disputa política entre tres candidatos. Te dices que lo sorprendente no es que un día y otro el segundo lugar sea para uno u otro candidato, sino que en el primer lugar siga el mismo candidato. Quizá por eso, como sin querer, le preguntaste inopinadamente a distintas personas sobre la realidad de aquel pueblo, de aquel estado, de aquel país que desde allí se ve. Las respuestas confirman la tendencia general de las encuestas.
Te dices, además, que lo que sospechabas parece cierto: las movilizaciones recientes han hecho visibles a quienes ya tenían una definición previa, a quienes al menos ya habían decidido votar en contra de alguien. Sabes que no te ganas buenas miradas cuando te refieres a la espuma de leche que hierve. Pero piensas que es cierto: no logra convencer sino a los ya convencidos. No articula ni convoca: la relación entre número de manifestantes y cantidad de quienes convocan arroja promedios ínfimos. Preguntas por aquí y por allá y recibes la misma respuesta: unos cuantos.
Piensas que es incorrecto partir del supuesto de la imbecilidad de la gente. Lo de la manipulación hay que repensarlo, meditas. A nadie preguntas por las razones de sus inclinaciones electorales. Pero insistentemente rebota en tu cabeza lo que dijo el artesano: “No es que negocien, la cosa es quién sabe y quién  no. Nuestra experiencia nos dice que los otros partidos no saben. Son como niños”. El guía, que lee a Benedetti, que es abierto, inteligente, que quiere estudiar filosofía apenas termine la preparatoria, lo reitera: “Aquí estamos tranquilos porque estamos cerca del Estado de México”. Es el tono con que lo dice lo que da cuenta de lo que piensa. No necesita guiñar el ojo ni justificarse.
Tienes ganas de creer, como los cientos, como los miles que creen. Pero algo en el fondo te dice que no, que aunque maravilloso, ese canto de sirena no ayuda. Traes la deuda pendiente que platicaste con la periodista antes de partir y antes de regresar: hay que prepararlos para después, hay que forjarlos “porque tú y yo sabemos lo que es una derrota de esas dimensiones”, dijo la periodista. Los años como aplanadora te pasan encima. Menudo referente, piensas.
Regreso. Me acosan preguntas y encuestas. Y este dudar si escribir o no.

jueves, junio 07, 2012

Acto cívico


Haciendo un esfuerzo supremo logré sentarme a ver por un rato el programa Tercer Grado. Debo decir que desde hace tiempo no veo los programas de Televisa ni de TV Azteca. Ninguno logra mantenerme atento más de 1 minuto. Pero ayer, ante la retahíla de mensajes en las redes sociales sobre la terrible dinámica del programa, y en buena medida gracias a que traía varias cervezas encima, me instalé cómodamente y sintonicé el programa.


Debo confesar que Maerker y Trujillo no me parecen tan estultos como "aparecen" en ese programa. No opino lo mismo de los demás. Creo que Gómez Leyva y Riva Palacio potencializan su enorme capacidad de ser anodinos, y que el resto son más entusiastas que inteligentes, más esforzados que sagaces. De aquí que el programa sea indigesto. Pero seamos justos: el programa no está hecho para generar ideas, mucho menos para informar. Lo que ese programa busca es "posicionar" a sus "periodistas" y a la televisora ante una audiencia que, atiborrada de discursos vacuos sobre la democracia, quiere creer en la seriedad de 8 periodistas que lanzan cualquier cantidad de lugares comunes disfrazados de preguntas.


Lo que alcancé a ver el día de ayer fue algo parecido a un circo. No había "toma y daca" sino interrupciones sin cesar, respuestas elusivas, posturas encontradas, rencores. Eso es lo que desató tanto mensaje en las redes sociales. Pero más allá de eso, lo que allí se vio fue a un candidato haciendo política. Sabía que la audiencia del programa es enorme y que era una oportunidad para, como él dice, "informar". En este sentido, pese a la tensión del encuentro, el candidato acabó usando a su modo ese espacio. Hábil hasta el tuétano, hizo con el programa lo que quiso. Probablemente los periodistas se dieron cuenta de ello y eso acrecentó su enojo. Después de todo no supieron jugar en su propia cancha. Su habilidad frente a cámaras se mostró inferior frente a un candidato que no respondía directamente las preguntas que se le hacían, que "informó" lo que quiso, que no perdió los estribos, y que hizo de la tautología núcleo de no pocas de sus afirmaciones (si gano reconozco el resultado).


Desde otra perspectiva, no cabe duda que este programa "posiciona" a la televisora ante un discurso vacuo sobre la democracia: promueve la discusión, informa, y permite que un candidato haga uso de su espacio como le venga en gana. Es decir, con programas como estos se cura en salud y sale al paso de las acusaciones que se le hacen sobre "parcialidad". De hecho, esta televisora ha hecho lo mismo tiempo ha: desde 1985 ha generado este tipo de espacios por los que han desfilado todas las oposicioines habidas y por haber. La televisora sabe que para ella todo suma. Suma el que venda una actitud a sus televidentes (periodistas que gracias a la magia del "look" se venden como "carne fresca" de la "inteligencia"); suma el que abra sus puertas a un "candidato" con el que no simpatiza; suma el que se exalten, se interrumpan, se digan cosas fuertes, cual Talk Show. Suma porque ya se aprobó la unión entre Iusacell y Televisa, según se rumora. Ellos están en lo suyo, el negocio, mismo que esperan doblegue a cualquier candidato que gane la elección presidencial este 1o. de julio.


Mucho se discute si el programa de ayer es parte de una estrategia de la televisora en contra de AMLO. Me parece que para discenir esto hay que tomar en cuenta la conjunción de varias actitudes que coinciden en refutar la honestidad de este candidato y que, adicionalmente, intentan contener el "respiro" que le ha dado la movilización del 132. Como se sabe, la política formal electoral se define en la articulación de datos duros y percepción. Al PRI le preocupa sobre todo el asunto de la percepción, en donde es evidente el crecimiento de AMLO y la caída de Peña Nieto. No deja de ser interesante que al PAN también le preocupe esta situación. La aparición de spots similares, tanto por parte del PRI como del PAN, indican en dónde se encuentra la percepción sobre AMLO. De aquí que efectivamente, lo de la televisora parece formar parte de una estrategia contra AMLO.


Sin embargo, no hay que incurrir en el error de suponer que los adversarios de AMLO son tan ingenuos. Es evidente que no esperan que los spots o los programas contengan su avance en cuanto a percepción se refiere. Lo que buscan, y creo que con efectivadad creciente, es potencializar el encono entre los seguidores de AMLO. Porque el encono facilita su filtración, su provocación. Basta ver la cantidad de mensajes que se mandan por las redes sociales para darse cuenta la efectividad de este proceso. Atacar, descalificar, etcétera, mina cualquier ejercicio reflexivo serio, cualquier argumento mínimamente razonable, y paulatinamente se va correspondiendo con confrontaciones verbales y físicas muy reales, como ya sucedió en Coyoacán, en la UAM, y en algunos estados de la República. Esto es lo que en realidad puede contribuir a destrozar cualquier percepción.


En cuanto a los datos duros no hay mucho qué decir. Las encuestas se han vuelto un tema controvertido. No sabremos nada hasta el día de la elección. A diferencia de lo que sucedió en 2006, lo único que puede volver reconocible el triunfo de tal o cual candidato será una diferencia de votos aceptable. De lo contrario, el país se verá inmerso en una situación complicada y riesgosa.


La circunstancia, que para muchos es angustiante, obliga a preguntarse por quién votar. En varios lados esucho esta inquietud. Encuentro a muchos que afirman anularán su voto. Otros muchos dicen que votarán en contra de Peña Nieto y Vázquez Mota, "por lo que representan". Otros muchos son convencidos partidarios de AMLO. Los que me preguntan, haciendo a un lado los votos por convicción (entre los que cuento anularán su voto) hablan sobre todo del voto de castigo o el voto útil (que por supuesto no están dentro de los votos por convicción). Me piden, a veces me exigen incluso, que les diga si no haré uso de alguno de estos votos.


Primero, me parece impensable un voto que no sea por convicción. Por tanto, desecho la posibilidad del voto útil o el voto de castigo. Segundo, aunque no lo parezca, hay una diferencia entre la cualidad de un voto y la cantidad que ese voto suma (+1). Por ejemplo, el voto útil supone cualitativamente votar en contra de Peña Nieto aunque cuantitativamente sea un voto en favor de algún otro candidato, digamos que de AMLO. Su valor cuantitativo no implica un apoyo convencido e incondicional a AMLO, sino un NO a Peña Nieto, que es en verdad su dimensión cualitativa.


Desde esta perspectiva, me parece que dadas las  circunstancias, puede hablarse de la necesidad de una actitud cívica más que de un voto útil o de castigo. Una actitud cívica que se funda en la idea de que el proceso democrático no puede ni debe cimentarse en la confabulación de los poderes fácticos que exigen al ciudadano definir su voto a partir de la provocación, la amenaza y el miedo. Un proceso democrático que para dar como resultado la elección de un candidato se basa en estas estrategias irracionales no sólo mutila al ciudadano sino que abjura de su propia calidad democrática. En este sentido, adquiere relevancia un movimiento apartidista que exije un voto razonado. El problema es que la coyuntura electoral allí está, no se puede soslayar. Por tanto, un acto cívico en este momento es votar en contra de quienes escamotean la democracia al promover irracionalmente la provocación, la amenaza y el miedo para definir una elección. En este momento, votar a favor de un candidato quiere decir poder ubicarlo como alguien que si no promueve grandes y espectaculares transformaciones, por lo menos, y esto ya es decisivo, no contribuye a que el proceso democrático muera por suicidio. Hay que decirlo claro: en este momento ese voto convertido en acto cívico sólo puede ser por AMLO.


Esto no significa en modo alguno confundir la dimensión cualitativa con la dimensión cuantitativa del voto. El +1 para AMLO no implica estar de acuerdo con él ni concederle lo que no tiene (basta su reticencia a aceptar y promover el aborto para dudar de su supuesta adscripción a la "izquierda"). Por más que sus adoradores se enojen, lo que AMLO ofrece es "detener" la caída libre en la que está el país. Eso, evidentemente, es mucho y muy valioso. Pero de allí a esperar un cambio fundamental es hacerse el ciego ante todas sus contradicciones, limitaciones, y demás cosas que, ya sé, de decirlas ahorita, se me acusaría de cualquier cantidad de sandeces. Por fortuna, desde hace muchos años las he señalado. Así que no tiene sentido enumerar de nueva cuenta.


En conclusión, la única razón por la que podría votar por AMLO sería por considerarlo un acto cívico. Pero aún falta mucho para la elección. Los escenarios electorales, por coyunturales, cambian con celeridad. Es probable que siga firme en mi idea de anular el voto como el único modo legal de rechazar a todos los partidos por su demostrada incapacidad para plantear y promover un cambio de sistema.


martes, junio 05, 2012

¡Al carajo!


Para Raquel.


En el calendario hay días que destilan punzadas de dolor. Hoy es uno de ellos. Pocas veces el correr de los días y las manecillas del reloj parecen confabular para conducir al callejón sin salida de la pérdida. Cierto es que el mundo en general está constituido por todas las pérdidas de todos los tiempos y de todas las personas. Sin embargo, eso no consuela. Porque de todo ese cúmulo infinito de pérdidas a cada uno nos corresponde alguna vital, alguna que nos dificulta el respirar, el ver, el escribir.


Hoy, exactamente igual que hace dos años, estuve nadando. Me gusta hacerlo; me subyugan las burbujas debajo del agua; me fascina el ritmo que supone desplazarse por la superficie del agua que a cambio prodiga la apacible caricia de quien pudiendo no es mortal. Pero hoy nadé con furia. La furia que cabe en un duelo nunca concluido; la furia de quien lamenta que los buenos estén desapareciendo con celeridad; la furia de la derrota.


Abajo del agua recordé parte de la última conversación personal que tuvimos. La ingenuidad que ve en el reformismo algún tipo de revolución. Las notables tendencias conservadoras de una parte importante de eso llamado pueblo. “La revolución tiene que ser de otra manera”, me dijo. Quedamos en seguir esa conversación en otro momento. Ya no hubo tiempo; tendrá que ser en otro mundo. Recordé también que aquel día, antes de recibir la funesta llamada, mientras nadaba, pasaba lista a la de cosas que debía comentarle: las lecturas hechas, el hallazgo de uno que otro artículo interesante sobre el nacionalsocialismo, y la propuesta de comenzar a grabar las entrevistas en cantina, recopilar sus materiales. Me vi sentado frente a mi computadora intentando escribir cuando aquella llamada me lanzó al abismo de la nada.


Desde entonces, y de manera intermitente, me duele la mano derecha de un modo peculiar. Hoy duele con mayor intensidad. Se me dificulta escribir, manejar la motocicleta. Es suicida pienso. Tanto lo uno como lo otro, pero sobre todo lo segundo. Sin embargo, sé que los dolores crónicos son, por paradójico que parezca, la contundente presencia de una ausencia. Como sucede con los mutilados. Mutilado estoy desde entonces.¿Hay que amedrentarse por eso?


Rumio en silencio este no hallarme. Como galletas con miel de factura materna. Escucho las noticias. Repaso los pendientes del día. Recibo y contesto mensajes. Pago deudas. Y escribo. Y leo. Evidentemente nada ahuyenta el dolor de la mano, del corazón, de la cabeza. No he dormido. Todo es irreal: los colores, las distancias, las personas. El mundo todo es irreal. Irreal esa mujer que de la nada me abrazó. Irreal esas llamadas provocadoras. Irreal ese árbol que cae bajo la ejecución de la sierra eléctrica.


Un amigo me dijo que debiera ir a terapia. Yo me digo que entre decirle a un desconocido no sé qué, mejor me digo a mí en papel las cosas que sí sé. Es más barato. Menos productivo. Pero por eso mismo más valioso. El día seguirá. Sus horas sucederán. Revisaré al azar algunas páginas de cualquiera de sus libros. Tomaré otra vez la pluma para escibir alguna ocurrencia. Mientras tanto, al son del dolor, me digo en ese tono prosaico que tanto le desagradaba: ¡al carajo con este pinche dolor! ¿De cuándo acá algún dolor es suficiente para no hacer? O como dijo el Che a su subordinado que dormía plácidamente: ¿Quién le ordenó descansar?

domingo, junio 03, 2012

De ciudadano a ciudadano. A propósito del voto informado y razonado

Estimados ciudadanos de los Estados Unidos Mexicanos.

Presente

Actualmente no cabe duda que la democracia es la mejor forma de gobierno. Mucha de la historia reciente del mundo y de este país ha sido la lucha por hacerla realidad. Aunque esto es así, lo paradójico es que, una vez conseguida, tenga que lucharse constantemente por defenderla. Pareciera que hay quien piensa que lo bueno y lo mejor no debe tener cabida en el mundo ni en nuestro país.

¿De qué hay que defender a la democracia? Hay que defenderla del autoritarismo. Antes era sencillo identificar a sus representantes y militantes. Solían usar coronas o condecoraciones militares. Negaban el rango de humano a quien no fuese de ellos o como ellos. Se empeñaban en hacer del mundo y del país uno a su imagen y semejanza: para pocos, sin libertad, sin la posibilidad de discrepar, concentrado la riqueza y los bienes para los suyos.

Si bien coronas y militares ya no gobiernan, el autoritarismo sigue vigente. Pero ahora sus representantes y militantes usan trajes y corbatas o zapatillas y accesorios muy caros. Ellos siguen en los mismo, intentando hacer un mundo a su imagen y semejanza: para pocos, sin libertad, sin la posibilidad de discrepar, concentrado la riqueza y los bienes para los suyos. Hoy utilizan la riqueza para negarse a aceptar como humanos a los que carecen de ella.

Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, que se oponían a la democracia como forma de gobierno, estos autoritarios le ensalzan por un motivo inconfesable públicamente. Para ellos la democracia sirve en tanto que puede ser utilizada en su propio beneficio. Para ello se valen, entre otras cosas, de la mano de las coronas del entretenimiento y las condecoraciones militares obtenidas en guerras provocadas desde las muy elegantes oficinas y yates de estos autoritarios. En sus manos la democracia es una perversión.

De estas perversiones es de lo que hay que defender a la democracia, particularmente en nuestro país. Sus adversarios hoy están ocultos con máscaras que en automático hablan de la democracia. En realidad dicen una cosa pero piensan otra y actúan en consecuencia. La mayor tragedia que puede sucederle a cualquier democracia es que por la vía del voto se elija a quienes la desprecian profundamente, a quienes la pervierten, a quienes la traicionan, a quienes escondidos en ella sólo reconocen como iguales a los que acumulan riqueza a costa del trabajo de los demás.

Este 1o. de julio la democracia mexicana habrá de definirse una vez más. Ejerce tu voto de manera informada y responsable. Analiza las propuestas que los contendientes electorales tienen; evalúa el proceder de los candidatos y sus partidos, lo mismo ahora que antes; atiende a sus actos más que a sus discursos. No elijas a partir del miedo, la ignorancia o la desidia, ni en función de la creencia o de la fe. El norte del voto, de tu voto, está en la respuesta más concreta posible que puedas dar a cada una de las siguientes preguntas: ¿Cuál de los candidatos contribuye a afianzar el autoritarismo y cuál la democracia? ¿Cuál de las plataformas políticas de los partidos y sus candidatos ofrece la posibilidad de depurar de sus perversiones a la democracia? ¿Quién tiene el equipo de personas necesarias para sentar las bases de un país en el que tengan cabida todos y no solamente unos cuantos? Ejerce tu voto respondiendo estas tres preguntas. Seguro no te equivocarás. Confía en tu discernimiento. Confía en ti. Y después, no cejes en el empeño de tener un país mejor.

Atentamente

Un ciudadano mexicano.

jueves, mayo 31, 2012

"¿Y si a esto se referían los mayas?"


El día de ayer, el movimiento #yosoy132 dio un paso importante. Sin dejar su espíritu reformista, planteó los temas que le inquietan. En ello hay que interpretar una visión de país, no una ocurrencia ni una dispersión. El hecho de que su Asamblea General se realizara en la UNAM tuvo una influencia decisiva en cuanto al tono y los temas. Falta por ver lo que cada escuela, ya en su propio ámbito, decida con respecto a los acuerdos de la plenaria realizada el día de ayer. Sea como fuere, a juzgar por quienes hablaron al respecto, la experiencia fue extraordinaria: por el momento se rompieron los límites electorales y se fraguó una fraternidad que al menos en el momento diluyó las fronteras entre universidades privadas y públicas. El orden del principio, que incluía carteles, horarios (en los que se solicitaba puntualidad), servicios de emergencia y de derechos humanos, muy propio de un sector estudiantil particular, se convirtió en enjundia y compromiso festivo estudiantil durante el día y al final. No es poca cosa.


Habrá que esperar los resolutivos de cada escuela para entonces saber cuáles son las demandas de consenso. Pienso que no estaría mal un esfuerzo de síntesis cabalística: 6 puntos (resultado de la suma de 1+3+2) que aglutinen a todo el movimiento, le permitan posicionarse y extenderse en la sociedad. Sea como fuere, me parece que el campanazo será la marcha del 10 de junio. Allí se darán cita diversas generaciones que llevan muchos años bregando por un país distinto. Apunta a ser una marcha enorme. Y si a alguien se le ocurre poner pantallas gigantes para en el zócalo ver el debate entre los candidatos a la presidencia, los efectos pueden ser en extremo interesantes.


Por lo demás, no puede pasar inadvertida la reacción del poder. No sólo del candidato más cuestionado, sino de Calderón. La movilización ya dirige sus baterías en su contra al poner sobre la mesa una exigencia de juicio político (en estricto sentido al único que en estos momentos se le puede hacer). ¿Qué hará Calderón, o mejor dicho, qué está haciendo? Un político que, según se cuenta, juró ante la tumba de su padre no permitir el regreso del PRI al poder. Un político de venganzas superlativas con un severo padecimiento de salud según cuenta Scherer. El problema es que la candidata de su partido ha sido barrida del escenario electoral en los últimos días. Ya se comenta que quizá Calderón está haciendo el cálculo político de "bajar" a Vázquez Mota de la contienda para favorecer a López Obrador. Sería un paso audaz y hasta sorprendente. Incluso irónico (imaginar a Calderón dando la banda presidencial a López Obrador trasciende cualquier surrealismo, infrarrealismo, ficción, locura, etcétera). Sin embargo, de suceder esto, la sospecha se extendería: ¿a cambio de este "voto útil" se garantizaría la impunidad de Calderón?


Otro escenario, más inquietante, tiene que ver con el Ejército. No puede pasar inadvertido que al mismo tiempo que la agitación juvenil se hace patente, se conmociona la institución armada por la detención de generales acusados de estar vinculados con el narcotráfico y por lo que al parecer fue un "montaje" que tuvo como desgraciado protagonista a otro general. Lo que está saliendo a flote pone en duda la honorabilidad de las fuerzas armadas, su compromiso, y los fundamentos de su muy callada lógica política. Unas fuerzas armadas que a diferencia de otras épocas actualmente cuenta con enormes recursos económicos y militares. Al estar en el ojo del huracán, las fuerzas armadas perecen quedarse solas: el poder ejecutivo ya está profundamente débil, los trazos previos que ofrecían un escenario estable ahora se ven en peligro gracias a las demandas reformistas del movimiento #yosoy132, acosadas por el narcotráfico y sus compromisos, etcétera.


Este escenario, sin duda delicado, coloca a López Obrador en una situación difícil por explosiva. Por un lado, su proceder debe ser lo suficientemente cuidadoso para responder adecuadamente a las exigencias que están planteando los jóvenes. Por otro, su propio discurso le impide llegar a un acuerdo con Calderón y por tanto aceptar públicamente la lógica del "voto últil" promovido desde Los Pinos. No hay amor que exonere pública y políticamente. No cabe duda que López Obrador ha sido muy prudente con respecto al Ejército. Lo necesita tranquilo, sin ideas descabelladas. El debate del 10 de junio puede ser, en este sentido, también el campanzo. Deberá pasar de la "información" al "mensaje" de tranquilidad.


Concluyo con la reproducción de una pregunta hilarante: "¿Y si a esto se referían los mayas?".









miércoles, mayo 30, 2012

Todos contra todos


  1. Hay una diferencia fundamental entre afirmar que el voto propio será nulo y promover el voto nulo como estrategia ciudadana frente el proceso electoral. Hasta donde entiendo Sicilia ha dicho lo primero, no lo segundo. Bien sabe que su “movimiento” no da para articular una actitud de semejante envergadura. Ni siquiera lo pudieron hacer en 2009 los “intelectuales” actualmente ensalzados.
  2. Los vínculos de Sicilia no son tan tenebrosos como los ofendidos “amloves” suponen. De hecho, son muy transparentes y católico-cristianos además. Sicilia es mucho más cercano a Calderón que a Salinas. Pero eso, los hoy muy agraviados “amloves” se lo perdonaron hasta que sonó la campana electoral al son de un 132.
  3. No cabe duda que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad ha tenido el talento de articular movimientos dispersos y plantear críticas severas a los gobiernos de todos los niveles y de todos los partidos. Al menos en lo que se refiere a las víctimas. Lo que en algún momento fue "pivote", por los desatinos del gobierno actual, se convirtió en un lastre crítico difícil de soslayar.
  4. En tiempos electorales, lo “tolerable” y bien visto en algún momento hoy desata persecuciones, descalificaciones y adjetivaciones terribles. Tanto más lamentables cuanto vienen de sectores que dicen querer un “cambio verdadero”.
  5. Y es que las críticas que se le hacen a Sicilia parten de una “memoria selectiva”. Si el hijo de Salinas basta para desacreditarlo, es en extremo difícil explicar cómo es que la  cercanía de Bartlett, Romo o Camacho no desacredita a cierto candidato.
  6. La congruencia del político en elección no es ni puede ser la misma que la de un movimiento social. Confundir una cosa con la otra es uno de los errores más comunes que cometen los que siendo fieles militantes de un político en elección, se meten a los movimientos sociales con la intención de acrecentar el voto en favor de su candidato.
  7. En general, dentro de un movimiento social maduro, estos fieles militantes se vuelven apestados. Su aislamiento es previsible. El movimiento encuentra las maneras de articularse a partir de su propia lógica y congruencia, que resulta muy distinta a la de aquellos.
  8. El 132 tendrá que hallar su propia lógica y salir al paso del nudo gordiano en el que la contienda electoral le quiere meter. Al parecer la demanda de la democratización de los medios de comunicación es la bandera que piensan utilizar para saltar por encima de aquel nudo. Sin embargo, democratizar los medios significa, sobre todo, hacer un reclamo y plantear una exigencia a las instancias legales que permiten y promueven el monopolio de estos medios. De nada sirve intentar una democratización de los medios “desde adentro” de ellos mismos. Como ya se vio, los propietarios de estos medios no tienen problema con eso “si no hay fútbol”. Y lo que es más curioso es que ellos mismos dicen que son democráticos al “ofrecer” distintos modos de entretenimiento.
  9. Desde esta lógica, el 132 se dará de bruces con una realidad atroz: todos los partidos tienen entre sus candidatos miembros vinculados a los intereses de estos monopolios. ¿Qué hacer frente a eso? Me parece, repito, que es necesaria una agenda radical frente a la cual los candidatos se vean obligados a tomar una postura y plantear un compromiso con mecanismos verificables de su cumplimiento. Lo cual, si se traduce en algún voto del movimiento en favor de tal o cual candidato, significaría un apoyo condicionado.
  10. Para el 132 la opción hoy, dicho de manera un tanto simple, es doblegar a los partidos, a sus candidatos, a las instancias legales, al gobierno actual. De lo contrario corre el riesgo de ser doblegado por los que se mueven dentro de la militancia de un político en elección. Si logra no doblegarse corre por supuesto otro riesgo: acabar igual de denostado que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad por fanáticos de todo tipo, pero tendrá a su favor la posibilidad de su tan ansiada reforma.

lunes, mayo 28, 2012

¿Qué cambiar?


Por un momento, déjese de lado el entusiasmo. En este país existen varios movimientos con reclamos en extremo justos: el Ni una más, el No más sangre, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, y el floreciente #Yosoy132. Esto por mencionar tan sólo algunos que, si se hace memoria, pueden sumarse a otros tantos como el del EZLN, los rechazados, los ecologistas, etcétera. Vistos desde el mero entusiasmo, todos ellos parecen significar una insurgencia políico-social que promete nuevos horizontes para el país. Sin embargo, vistos con detenimiento, estos movimientos no son lo mismo ni persiguen los mismos objetivos. No me refiero, por supuesto, a la evidente diferencia de sus consignas o proclamas, sino a algo más trascendente: mientras el EZLN sintetizó en 10 puntos un reclamo que no sólo compete a las comunidades indígenas, los otros sí se centran en demandas o problemáticas concretas: las muertas de Juárez, las víctimas de la llamada guerra contra el narcotráfico, la devastación de la naturaleza, y ahora la democratizaición de los medios de comunicación.


En su mayoría se trata de movimientos de orden democrático-reformista con fuertes dosis de moral cristiana. Unos tienen como fundamento la injusticia y la muerte; otros, un conjunto de valores que reclaman como genuinos y suficientes para hacer que el sistema capitalista funcione "correctamente". Se trata de movimientos que, al parecer, dentro del idílico funcionamiento de un capitalismo democrático desaparecerían porque sus demandas estarían satisfechas: justicia para muertos y víctimas, información para el "empoderamiento del ciudadano", corresponsabiidad con la naturaleza, etcétera.


El problema reside en que el capitalismo no puede otorgar eso que desde el reformismo se busca. Sé bien que se citan cualquier cantidad de ejemplos para demostrar que en países donde la justicia se aplica "sin distingos" los ciudadanos florecen como árboles frutales. También sé de aquellos ejemplos que resaltan la "competencia" como necesaria para el "empoderamiento del cuiudadano" a través de la información, etcétera. Pero eso, bien lo saben quienes lo enarbolan, es mera referencia a lo que "debiera ser" pero que no es. Para comprender bien lo que el capitalismo implica hay que mirar las zonas marginales: esas que no tienen internet, que carecen de servicios, que padecen hambre y enfermedades. Esas zonas en las que las poblaciones viven en el desamparo absoluto y que no merecen otra cosa que misiones, comisiones, golpes de pecho, encendidos discursos y a veces una que otra política pública o un concierto. Zonas de devastación natural y humana en las que no hay hashtag. Habrá quien piense que hablo de África, pero las zonas marginales se encuentran lo mismo en Estados Unidos que en cualquier otro país del mundo. Esas zonas son el verdadero rostro de capitalismo, no son su fracaso; son su oxígeno: necesarias para su funcionamiento adecuado. Eso no tiene salvación dentro del capitalismo, a menos que ofrezca la posiblidad de un negocio y unas ganancias tan redituables como las que de hecho ahora da.


No cabe duda que hay una nobleza infinita en los que participan en los movimientos sociales mexicanos. Preguntarle a un candidato, por ejemplo, si en verdad se va a comprometer con el dolor que siente una madre que ha perdido a una hija es, con lágrimas, otorgar el beneficio de la duda a quien no puede hacer otra cosa que ofrecer discursos y promesas. ¿Cuáles son los mecanismos que se pueden construir para que ese compromiso se honre, con las consecuencias que implican su cumplimiento o no? Exigirle a un par de empresas que se democraticen es en verdad actuar de buena fe. A mí esto es lo que más me conmueve de todos estos movimientos. Su infinta nobleza que, dadas las circunstancias, se enarbola como nueva revolución.


Que esta nobleza infinita puede gestar y precipitar cambios en nuestro país es algo que no admite discusión alguna. Esto es cierto y seguro sucederá. No obstante, estos cambios pueden circunscribirse al "adecuado" funcionamiento del caos y la barbarie (que esto no se viva como tal, que haya toda una legislación a la cual acogerse cuando algo no funcione como "debiera", etcétera), o en verdad bregar porque ni siquiera en el horizonte aparezca el caos y la barbarie. En otras palabras: puede lucharse por un cambio de régimen o por un cambio de sistema.


A mi parecer dentro del "movimiento" #yosoy132 ya está apareciendo esta disyuntiva. Un sector de los jóvenes dirige sus baterías a un cambio de régimen en donde los medios de comunicación, sin dejar de ser empresas, ofrezcan información veraz que haga contrapeso a su propia naturaleza de "cuarto poder". Otro sector comienza a recordar que este país vive en medio de un cúmulo de agravios y que la democratización de los medios no es ni siquiera la parte fundamental para darle solución a esta problemática. ¿Qué es lo que hay que cambiar? ¿El régimen o el sistema?


La disyuntiva, que a fin de cuentas no admite negociación entre uno y otro término, se posterga porque el "movimiento" #yosoy132 nace atado a una coyuntura electoral. Es la elección presidencial la que está dictando el "timing" político y establece sus contornos. Unos se declaran "apartidistas pero no apolíticos"; otros al afirmarse en el antipeñismo abren la posibilidad de un voto masivo en favor de cualquier otro candidato. Lo uno y lo otro andan más por el cambio de régimen que por el cambio de sistema. Ambos se mueven frente a la "urgencia" electoral.


Como los movilizados se dan cuenta de esto, se proponen promover el voto razonado como objetivo central. A su parecer es lo único que mantendrá unido el "movimiento". Lo cierto es que la circuntancia a la que nació atada este "movimiento" hará pedazos este precario compromiso de unidad. Razonar el voto, como proponen, supone al menos dos cosas: tener la información pertinente para votar por cualquier otro candidato que no sea Peña Nieto, o por el contrario, organizar un voto nulo masivo. La primera opción dará rienda suelta el voto comprometido y al voto útil en favor del PAN y del PRD. La segunda, la menos probable, provocaría un serio revés tanto al régimen como a los partidos políticos actualmente contendientes, porque daría cuenta de la nula credibilidad que tienen frente al sector electoral mayoritario.


Sea cual fuere el camino a tomar por el "movimiento", lo cierto es que hasta ahora parece no movilizarse más allá de la idea de un cambio de régimen. Sobre el particular vale la pena hacer una adevertencia, no tanto para los jóvenes movilizados, sino para el candidato que resulte beneficiado por el voto masivo de aquellos. Estos "jóvenes" no llegarán a la elección desgastados. Todo lo que se les diga y prometa, lo tendrán presente. No lo olvidarán. Si quien resulte ganador de la elección no cumple con las expectativas reformistas de estos jóvenes movilizados, no habrá ya oportunidad para la credulidad, la nobleza infinita, el beneficio de la duda. Aunque #yosoy132 no está por un cambio de sistema, defraudarlos los arrojará a un descontento que, sumado al de otras generaciones anteriores, quizá nos coloque ante la posibilidad real de un cambio de sistema.

miércoles, mayo 23, 2012

Juventud y expectativas


Una de las características más evidentes de todo movimiento social es mirarse de manera entusiasta y exagerada. No podría ser de otro modo. Los que participan en él sienten y viven una transformación cualitativa de sí mismos y del mundo que habitan. Sucede ahora mismo con los jóvenes: desde las muy vehementes advertencias de la posibilidad de una revolución si hay imposición hasta la “primavera” mexicana cuya inspiración es lo que pasó en países como Egipto. Diversos analistas, infectados con este virus, hablan de “un despertar”, y abundan los que le comparan con el 68. Me parece que hay motivo para tales obnubilaciones: el país, aletargado hasta la médula, se sacude bajo el impulso jovial y desenfadado de estos ciudadanos por derecho propio. Comparto la alegría y la expectación.
Sin embargo, al son de las veloces consignas que estos jóvenes construyen, cabe la duda. ¿Cuál es la eficacia de una postura moral frente al sistema capitalista como tal? Me parece que desde hace años la crítica política anda por este camino, en gran medida inaugurado por el zapatismo. No obstante, a diferencia del EZLN, cuyos argumentos morales tenían un claro fundamento político y en su caso militar,   las “moralidades” de hoy carecen de semejante sustento, y lo que es peor, prescinden deliberadamente de tal sustento. Cuando se escucha, por ejemplo, a los coordinadores de las respectivas campañas presidenciales de los tres partidos políticos más importantes, es evidente el uso correcto de las palabras, la precisión del discurso, la puntualidad de las exigencias en torno a la honestidad, la trasparencia, la información, el compromiso, etcétera, pero sin conexión alguna con la realidad que dicen querer cambiar o que dicen ver. Lo mismo pienso sucede con la exigencia de “veracidad” informativa de las cadenas televisoras mexicanas hechas por los jóvenes. ¿La veracidad es compatible con el negocio? Porque seamos claros: para estas televisoras de lo que se trata es de acumular capital, y de ninguna otra cosa. Para ellos, la información es una mercancía más. De tal manera que llevada a su extremo, la exigencia de veracidad tendría que ir vinculada a una postura política: la anulación de los contratos actualmente vigentes que otorgan a particulares bienes de la nación. Los bienes de la nación deben generar bienes públicos no privados. Sólo allí puede existir algún atisbo de veracidad.
Pienso en otras de las consignas en torno a la que se aglutina esta emergencia juvenil: no a la imposición. Por un lado, me parece extraordinario cómo en un país de manipulación masiva a través de los medios, esta idea, que se ha estudiado y demostrado en medios marginales, tenga tanta presencia entre estos jóvenes. Habría que estudiar y repensar la “manipulación” como tal. Pero por otro, lo cierto es que si de la ecuación se quitan nombres, es decir, se quita EPN y Televisa, lo que se tiene es político-empresa, o en otras palabras, política y lógica capitalista. Desde esta perspectiva, mucho más profunda y menos coyuntural, la “imposición” no es de un solo candidato ni de una sola empresa. Bastaría revisar los vínculos de la mayoría de las candidaturas a los diversos puestos de elección popular para darse cuenta de esta grave y ominosa vigencia.
Los ejemplos pueden multiplicarse con el fin de señalar algo que es fundamental. Lo que están llamando de manera muy entusiasta “primavera” tiene en efecto la posibilidad de transformar la realidad nacional, pero a condición de que pase de la indignación y la efervescencia a la ofensiva. No puede ocultarse ni olvidarse un hecho singular: el proceso electoral, particularmente el que tiene que ver con el poder ejecutivo, se está centrando mediática y socialmente en la oposición a un candidato, con el consabido riesgo de olvidar la realidad nacional llena de muertos, corrupción, desdén, represión. Y eso no es el resultado de la gestión del PRI exclusivamente. Es poco alentador que ahora sea cuando Calderón pueda respirar mejor y más tranquilo; tan es así que se siente con la fuerza suficiente de, en plena veda electoral, plantear “retos” a los candidatos a la presidencia de la República. Me parece que la profundidad y vigencia de la emergencia juvenil sólo se alcanzará si estos jóvenes son capaces no sólo de oponerse a un candidato sino de plantear una agenda radical a todos los candidatos a cualquier puesto electoral. Si lo logran en poco menos de un mes, entones, y sólo entonces, creo se podrá hablar de algo remotamente parecido a una “primavera”, y quizá entonces también puedan influir en el resultado de las elecciones de este 1 de julio de 2012. Y también quizá entonces pueda hacerse alguna comparación con lo sucedido en el 68, cuando 6 puntos de un pliego petitorio pusieron en jaque a un régimen porque dinamitaba el núcleo de su estabilidad.

martes, mayo 22, 2012

Sobre mi "rezago". Respuesta.


Estimada: agradezco tu mail y doy por recibida tu “gran preocupación” porque “yo y otros como yo” estamos “quedándonos rezagados en la historia”. Debo insistir en que no formo parte de ningún grupo o asociación. Por tanto sólo puedo hablar por mí. Ignoro a quiénes te refieres con los “otros como yo”. Sean quienes fueren, que ellos respondan por sus actos, como yo por los míos.

Creo que en tu apreciación hay gran confusión. La gente, aunque sea solamente entusiasta, tiene todo mi respeto y mi apoyo. Eso no quiere decir que automáticamente apoye a tal o cual candidato. Si se es sincero con aquello de “abajo y a la izquierda” se comprende que lo de “arriba”, aunque esté a la izquierda, o se diga estarlo, es por definición algo distante y diferente. Por estar arriba tiene más similitud y hasta hermandad con lo de arriba que con lo de abajo. Esto es lo que afirmaron los zapatistas y merecieron la exclusión.

No cabe duda que hay momentos en la historia que lo de abajo irrumpe en lo de arriba y lo trastoca todo. Se trata de revoluciones, no de primaveras. Pero eso sucede cada vez con menos frecuencia. Lo que actualmente hay son correas de transmisión corporativas entre lo de arriba y lo de abajo. Eso, si acaso, aspira a reformas, a primaveras pues. Por supuesto que dadas las actuales circunstancias, hasta las reformas se perciben como lo mejor, lo más deseable. Sin embargo, las reformas tan sólo son eso: no cambian nada pero ofrecen modos que vuelven más tolerable lo que de otra forma sería imposible de tolerar.

Reconozco que este “espíritu reformista” se vive de distinta manera entre la gente en general y los grupos políticos en particular. Para los primeros se vive como victoria, para los segundos como certeza de respaldo electoral. En lo personal, mis simpatías y apoyos están con los primeros, no necesariamente con los segundos. Me verás allí donde prevalezca la gente sobre los políticos. No al revés.

Pero como se trata de “espíritu reformista” me parece indispensable no renunciar al espíritu crítico, y sobre todo no confundir la experiencia de abajo con la de arriba. De lo contrario, la posibilidad de un mundo mejor se agota en “grados de tolerancia” hacia lo mismo por imposibilidad de en verdad cambiarlo.

La crítica, en mi opinión, ha de ser contundente cuando se trata de derechas o “centro derechas”. Pero no puede serlo menos para la autodenominada izquierda desde arriba. Contra ella, además, la crítica ha de ser vigilante. No puede darle descanso ni permitirle el más mínimo error o abuso. De lo contrario, se incurre en traición por acomodo; traición a la utopía, acomodo en la visión reformista de la realidad.

Espero que estas líneas respondan a tu inquietud y sean útiles para aminorar tu preocupación por “mi rezago”, que insisto agradezco.

martes, mayo 15, 2012

A los que siempre llevo


Alguien ya fallecido me enseñó que asistir a clases no lo hace a uno “alumno” del “maestro”. En su momento su decir me pareció enigmático. Luego, tiempo después, tuve el privilegio de ver a quien había dicho esto siendo anfitrión de un profesor alemán al que él llamaba “maestro”. Éste, tan solemne como lo permitía su vejez y su saber, le profesaba un discreto tratamiento de cercanía que, me quedaba claro, a ninguno de los allí presentes nos sería dado. Andando el tiempo, al morir aquella persona, se esclareció lo escuchado tantos años ha. Supe en ese momento que sin pretenderlo había sido mi maestro y que tuve una cercanía particular con él pese a que nunca asistí a sus clases. Después de todo a él le parecía suficiente que tuviéramos un seminario quincenal en el marco de un proyecto de investigación y que compartiéramos comidas y bebidas. Pero allí estaba el discreto tratamiento de cercanía para conmigo. En retrospectiva comprendí que en esos momentos nos compartió lo esencial: la duda, la construcción del argumento, el hallazgo de la idea. Esa es la imagen que tengo del maestro; no el de las verdades, sino el de las aproximaciones, el de las hipótesis, el de las preguntas, el de quien sabe que todo se construye de manera conjunta y libertaria. Hubo de morir ese maestro para que me enterara del privilegio que tengo. Todos los que considero maestros me han obsequiado su amistad sin que eso signifique complicidad alguna. Con ellos he compartido largas horas –nunca las suficientes por supuesto– de conversación, de risas, de extrañamientos. Nunca he pretendido su aprobación y ellos muy probablemente nunca han aceptado la idea de que soy “su alumno” (creo que todos han coincidido en decirme: “tú ya estabas formadito”). No comparten mi rebeldía ni mi perspectiva, pero eso sí, pese a todo, tienen la disposición de compartir parte de su tiempo conmigo. Sus palabras están allí cuando me aproximo con las más diversas dudas o comentarios. Siempre con ese discreto tratamiento de cercanía que alguna vez vi entre quienes ya entonces me producían enorme admiración. A ellos siempre los pienso: Carmen de Luna Moreno, Norma de los Ríos Méndez, María Alba Pastor Llaneza, Raquel Serur Smeke, Alfredo López Austin, Ricardo Pérez Montfort, Román Piña Chán, Bolívar Echeverría. Siempre.

sábado, mayo 12, 2012

La ciudad a cachitos

—¿Qué pasión lo acongoja mi vizcaíno? —dice el recién llegado a mi interlocutor. Yo intento contener la carcajada.

—Tssssss, mi estimado centauro, le tengo a usted una consulta que sólo un dios con su nítida mirada puede resolver —responde mi interlocutor al recién llegado, que es tuerto.

—Desembuche mi vizcaíno —dice entusiasmado el centauro—, no vaya ser que con la duda se me vaya a quedar pa'siempre con esa mirada de bizco.

—Psssss, aquí el brody —dice el vizcaíno señalándome—, que quiere saber cuál es el camino más corto al metro Anaya...

—Utssss esa pregunta sí está de oráculo —afirma el centauro, viendo a derecha e izquierda—. Pero pos según mi mirar es pa’llá —termina afirmando exultante el centauro.

Les agradecí la información haciendo un esfuerzo supremo para no doblarme de la risa. Se dieron cuenta. Ambos se abrazaron y me dijeron: “No sea cábula, que aquí en el barrio somos leyenda”. Hice la mejor caravana que pude, y me fui riéndome bastante.

jueves, mayo 10, 2012

Eso de tener muchas madres

Mi vida está llena de ustedes. Por mero azar y por elección. Cuando hago el recuento encuentro que he sido adoptado tantas veces que no me alcanzarían todas las intenciones para felicitarlas en este o cualquier otro día.


Andar por la vida protegido y acosado por sus palabras, sonrisas y preocupaciones es toda una experiencia. Siempre supe que uno no se asoma al mundo a solas. Pero hoy sé que a cada paso me siguen desesperadas porque a su parecar no hallo lugar en el mundo. Quisiera que supieran que ese es precisamente el camino elegido. Agradezco sus rezos. Sé bien que en este no hallar lugar en el mundo poco de agradable habría si no fuera por esos susurros que a la distancia repiten una y otra vez.

De vez en vez me detengo en este andar extraño. Cansancio y fascinación se mezclan. Por muy extraño que parezca a veces logro poner todo en orden y en silencio. Entonces cada uno de sus rostros pasan ante mí. Incluso puedo reproducir el tono de cada una de sus voces, lo cual no deja de desconcertarme. Las miro detenidamente como mujeres. Las quiero infinitamente. Sin pretenderlo han sido las interlocutoras privilegiadas de mis pasos, de mis pensamientos, de mis dolores.

Rumiando la vida, los camellos viven en el desierto. No me he cansado de comparar la realidad real con el desierto. Al igual que los camellos, rumio sus nombres. Porque hasta la fecha no encuentro algo más divino que ustedes. Lo digo sin ánimo de loa fácil. Lo son porque son dadoras de vida y también de muerte. Para ustedes, como dioses, no hay parcialidad posible.¿Cómo podrían? Aman o no aman, quieren o no quieren, se ocupan o no se ocupan. Pero yo, queridas, soy parcial, insidiosamente parcial. Me he negado a gestar vida, me niego a aceptar que solamente ese es el camino de la vida. Me prodigo en muchos sentidos y en cada uno de los que se cruzan por mi camino dejo algo de mí: una mirada, una sonrisa, una palabra, un aroma, una caricia, un abrazo, una despedida, un escrito. Mas no pierdo de vista que yo tan sólo soy residuos de mí, mientras ustedes son siempre totalidades. Quizá por eso entre bromas y veras hablo de equilibrios cósmicos. Ustedes son mi equilibrio. Dudo que yo sea el suyo.

En todos los horizontes que se me presentan las llevo muy a mi pesar. Sé bien que algunos les disgustan o aterran. Sé que se preguntan cómo es que puedo ir hacia o siquiera ver esos horizontes. El otro día mi madre me preguntó si no me daba miedo la soledad, si siempre iba a estar solo. Para responderle, a mi vez le hice una pregunta: ¿qué es estar solo, madre? Ella solamente me miró con una de esas miradas largas de la vejez. No dijo nada. Quizá no tenía respuesta o prefirió guardársela. En esa mirada supe que no gusta de todo lo que yo miro, pero aun hasta hoy tiene el encanto de tomarme de la mano, acariciar mi cabello y darme un beso. Justo como lo hacen todas las madres que por una decisión inexplicable me adoptan. Digamos que a mí, en particular, no se me puede acusar de tener poco madre: porque tengo muchas, y todas, al parecer, caminan a mi lado tomándome de la mano, acariciando mi cabello y dándome un beso. Privilegios de los que gozo, merecidos o no, lo mismo da.

Tiro de gracia

El proceso electoral que culminará en Julio de 2012 provoca mucho ruido y demasiadas confrontaciones. Todo ello dificulta el análisis de lo que está pasando. La ansiedad de insertarse en la corriente de la superficie es de tal magnitud que la mirada penetrante queda extraviada o ignorada. El único acto de ciudadanía válido sería precisamente el ejercer y contribuir a ejercer este tipo de mirada.

Por vivir en la ciudad de México, me interesan las elecciones presidenciales y de Jefe de Gobierno del Distrito Federal. En ambos procesos ya hubo un debate; en el primero, organizado por Instituto Federal Electoral; en el segundo, por el periódico Reforma. Al analizar cuidadosamente ambos debates salta a la vista un hecho que creo se toca tangencialmente. Ambos procesos electorales, vistos como si fueran uno solo, pone de manifiesto el cambio cualitativo que estamos presenciando en favor de lo que suele llamarse “candidatos ciudadanos”, o por lo menos, candidatos cuya “lejanía” con respecto a los partidos políticos es notoria. ¿Tiene esto algún significado?

A primera vista, si se toma al conjunto de candidatos a presidente y jefe de gobierno, tenemos la presencia de seis políticos –Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador, Beatriz Paredes, Miguel Ángel Mancera y Rosario Guerra– y dos “candidatos ciudadanos” –Isabel Miranda de Wallace y Gabriel Quadri–. Con todo y lo cierta que es esta apreciación, ofrece una falsa perspectiva de lo que está sucediendo.

En primer lugar, los supuestos “candidatos ciudadanos” no lo son en general. Se trata de empresarios que incursionan en el proceso electoral disfrazados de ciudadanos. Con esto no quiero decir que no sean ciudadanos, sino que lo son de una manera particular, como empresarios. En segundo lugar, Josefina Vázquez Mota, Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera, formados todos ellos de una u otra forma en instituciones de educación superior de carácter privado, poseen un perfil aceptable para el mundo empresarial del que vienen Wallace y Quadri. Ciertamente, Mancera realizó parte de sus estudios en la UNAM y en la UAM, pero también allí donde estudió Peña Nieto: la Panamericana.

Por su parte, Andrés Manuel López Obrador, Beatriz Paredes y Rosario Guerra estudiaron en la UNAM. Los dos primeros tienen una larga carrera político-partidaria, y la última, aunque cuenta en su haber con puestos de elección popular, su perfil es más orden burocrático. Probablemente son a ellos tres a los que el empresariado ve con menor simpatía.

Hasta las elacciones de 1988, el empresariado mexicano había establecido alianzas o se había confrontado con el partido en el poder. En aquella elección, de la mano de Maquío, los empresarios quisieron ponerse en el lugar de los políticos bajo el lema de “Nosotros sí sabemos cómo hacerlo”. Pese a las apariencias, esta decisión funcionó correctamente. La inestable situación derivada de aquella elección les ofreció un panorama redituable: aliarse con el “cuestionado” presidente de entonces para hacerse de jugosos negocios. Actualmente, al parecer, ya no quieren “aliarse” con los políticos, sino sustituirlos por completo. Lo que hay en Vázquez Mota, Peña Nieto, Wallace y Quadri, es una identidad con lo empresarial. Sienten que forman parte de ese ámbito. Por tanto están dispuestos a dar todo por ese ámbito. Basta con verlos en sus formas de vestirse, expresarse, actuar. Y precisamente por esto, aunque sus propuestas difieran en algún sentido, Mancera puede incluirse dentro de esta línea. Su acicalamiento, su modo como mueve las manos, su reloj desproporcionado, etcétera, lo vuelven demasiado similar a los otros candidatos.

Pero el secreto de la elección actual está en el ensayo que realiza el empresariado. Ya se dijo que, tomando en conjunto la elección presidencial y la de Jefe de Gobierno, cinco candidatos cuentan con la simpatía del sector empresarial. De estos cinco, tres constituyen el núcleo del experimento empresarial. Me refiero a Quadri, Mancera y Wallace. De ellos tres se exalta, en todo momento, el hecho de que proceden de un ámbito distinto al de los políticos, cosa que no se puede afirmar con respecto a Vázquez Mota ni Peña Nieto. Mucho menos con respecto a López Obrador, Paredes Rangel o Guerra Díaz. Lo que el empresariado está evaluando en el desempeño de Quadri, Mancera y Wallace es la pertinencia de generar sus propios candidatos, como ya lo ha hecho entre diputados y senadores. Y el experimento parece indicarles que la decisión es favorable: Mancera seguramente ganará la elección para jefe de Gobierno del DF y Quadri ha mostrado cierta eficiencia al asegurar un porcentaje de los votos que garantizará la sobrevivencia electoral de Nueva Alianza. La candidata Wallace, pese a sus yerros, es la que más ha insistido en la pertinencia de que sean “los ciudadanos” los que tomen el poder político. Entiéndase que al afirmar esto ella piensa más en el ciudadano empresario que en el ciudadano común y corriente.

En el debate organizado por Reforma, Paredes Rangel lanzó a Mancera una pregunta venenosa: ¿está de acuerdo con la postura de López Obrador con respecto a los medios de comunicación masiva? Como pudo, Mancera respondió dejando claro que para él los medios de comunicación masiva son de lo más importante. Sin decirlo, y tal vez sin pretenderlo, puso sobre la palestra la idea de que López Obrador se equivoca o por lo menos exagera en su postura con respecto a Televisa. No es difícil imaginar la satisfactoria sonrisa del empresariado que para Obrador sólo tiene desdén e indiferencia, según se dijo al terminar su encuentro con los empresarios de los seguros. Para los empresarios, Mancera aparece reiteradamente como un candidato que no es político, sino “profesional y estudiado”, como Quadri.

No cabe duda que Vázquez Mota y Peña Nieto también forman parte de este experimento, pero son más su periferia que su núcleo. Sin embargo, sus antecedentes “como políticos” obligan a pensar en las alianzas antes que en la suplantación de candidatos. Como antaño los burgueses, que hubieron de hacer concesiones a los terratenientes, al parecer hoy los empresarios siguen dispuestos a hacer concesiones a “ciertos” políticos, esos que por su formación “pueden comprender” las necesidades de este sector.

Comparados, incluso desde la mera perspectiva de la imagen, Paredes Rangel y López Obrador contrastan con Vázquez Mota, Peña Nieto, Wallace, Mancera y Quadri. Son políticos. Una proviene del sector campesino, el otro de movimientos populares. Son “disfuncionales” para el empresariado. Sus bases de apoyo son, para los empresarios, irrelevantes por ser parte de eso que lo mismo Paredes que López llaman pueblo o clases populares. Por eso se enojan los empresarios de los seguros con López Obrador: lo que ellos quieren es sustituir al pueblo por consumidores, razón por la cual no ven por qué hacer concesión alguna a “este trasnochado” que anda pensando en el bien del “pueblo”. Y de Paredes le aceptan su folclor, pero ninguna otra cosa. De hecho, esta política ya duerme el sueño de los justos. De Guerra Díaz ni siquiera se toman la molestia en considerarla.

Así las cosas, si todo resulta como las encuestas dicen, Peña Nieto y Mancera serán respectivamente Presidente y Jefe de Gobierno. El empresariado estará de plácemes. Y tendrá seis años para evaluar el camino a seguir: las alianzas, estilo lo que sucede a nivel federal, o la sustitución, estilo lo que se experimenta en el Distrito Federal. Sea el camino que sea, se habrá anotado un punto a su favor: que el ciudadano que participe electoralmente para ocupar los puestos de decisión importantes sea “profesional y estudiado”, pero sobre todo, que pertenezca al ámbito empresarial. Ciudadanos empresarios en lugar de políticos de cualquier naturaleza o ralea.

Desde esta perspectiva, a lo que asistimos es al tiro de gracia del ciudadano, incluso en su versión en extremo disminuida del ciudadano propuesto por el mundo burgués. Nos hallamos ante una farsa enorme que utilizando conceptos de alguna relevancia (ciudadano, democracia) los vacía todo de contenido en favor de la acumulación de capital. Cuando el empresario Miguel Sacal golpeó a aquel botones del edificio en el que vive, no hizo sino presentar grotescamente lo que el empresariado en general pretende para el país: el ciudadano empresario que quiere prescindir del ciudadano común y corriente.

jueves, mayo 03, 2012

La dictadura en que vivimos

Mucho se dice sobre la actitud de Ricardo Salinas Pliego en torno al debate presidencial. Lo más insidioso es el uso de la palabra “libertad” para legitimar la decisión de pasar en TV Azteca un partido de fútbol en lugar del intercambio de ideas y opiniones de los candidatos presidenciales. Incluso hay quien opina que exigir cadena nacional para el debate presidencial “raya en el autoritarismo”.

Solamente hay algo más perverso que la decisión tomada por Salinas Pliego: los argumentos utilizados para discutir esa decisión. No, aquí no está en juego la libertad de decisión del “usuario” para ver o no el debate. Lo que está en juego es la imposición del interés privado sobre el interés público. Los “goles” de un equipo no afectan en nada la vida pública; únicamente favorecen a empresarios vinculados a ese deporte. Los argumentos de los candidatos afectan la opinión del electorado, lo cual, a su vez, incide directamente en la vida pública. Por ejemplo, público es el subir impuestos; privado es que el Morelia meta dos goles. Cuando en un régimen el interés privado se impone sobre el público, no sólo no existe la democracia, sino que el ciudadano, aun en su muy limitada versión de la democracia liberal, desaparece.

A Salinas Pliego y al IFE, incapaz de exigir cadena nacional para el debate presidencial, hay que agradecerles que quiten la venda de los ojos a quienes todavía se resisten a ver la dictadura en que vivimos.

lunes, abril 30, 2012

Serpiente que repta en mí

Escribe Nietzsche que la serpiente del árbol de la sabiduría es dios mismo descansando. “El diablo —escribe— es meramente el ocio de Dios cada séptimo día”. Así es como me entero que esa serpiente que en mi interior serpentea, muerde, se agita, es mi yo mismo después de haber rozado la belleza, la perfección, el amor.

Envuelto en esa linda nube propia de la confianza abro puertas y ventanas, sacudo la mirada, y muestro el interior sin preocuparme por quién pueda entrar. Pero nada en el paraíso es lo que parece. Así, abierto de par en par, lo que llega es el rumor del mundo real en donde no prevalece ni siquiera la locura. Un mundo real que es simplemente bárbaro y destructivo.

Tardo en cerrar todo de nuevo. Adentro algo de esa realidad se queda. Y allí aparece esa serpiente que soy yo, haciendo estragos. Antes solía correr en busca de ayuda para lidiar con esto. Ahora tan sólo observo en silencio esa mi serpiente que también soy. El diablo en mí que suelo ser.

Como aquella tentación originaria, todo esto terminará alguna vez en expulsión. No estoy seguro de lo que prevalecerá. Lo único que en este momento sé es que en esta ocasión estoy muy cansado y triste.

miércoles, abril 25, 2012

Fieles en misa


Esta gana de hacerse bolas es lo que mina la escasa confianza que puedo tener en “la izquierda” electoral. El pragmatismo de esta izquierda le lleva a desdeñar el sentido que ciertos ciudadanos le damos a la anulación del voto. Para nosotros no se trata de votar por el menos peor para que pierdan los verdaderamente malos. En cambio, lo que se hace anulando el voto es manifestar una objeción, la única objeción que el proceso electoral permite (el ciudadano responsable vota), sobre los plataformas, los perfiles, y las implicaciones no dichas de candidatos y partidos políticos. Es un acto de conciencia y de ciudadanía. Es también manifestar de manera concreta las dudas que se tienen sobre la supuesta diferencia entre los “proyectos de nación” que cada uno de los candidatos dice representar. Hasta hoy no ha existido autoritarismo alguno que no desdeñe la duda y la objeción. Es lo que hace actualmente el partido en el poder, y lo que otrora hizo el otro partido que estuvo al frente del poder ejecutivo por décadas. En la democracia la duda y la objeción han de respetarse como toma de postura tan válida y valiosa como la que toman los que sin dudar ejercen su voto en favor de tal o cual partido y candidato.

Pero a diferencia de quienes piensan desde el pragmatismo electoral, uno reconoce que, efectivamente, visto desde cierta perspectiva, uno de los candidatos es el menos peor que el resto. Y también puede hallar motivos de simpatía ocasionales para ese mismo candidato que, por cierto, postula un grupo de partidos que no son ni el PRI ni el PVEM ni el PAN ni el PANAL. De hecho, hoy, en entrevista con Carmen Aristegui, ese candidato lo hizo muy bien. Para algunos que tenemos considerada la posibilidad de anular el voto, el desdén hacia ese candidato es impensable: se le escucha y se pondera lo que afirma. Y precisamente por ello lo que uno quisiera es encontrar en el decir de este candidato, en su actuar, en su equipo, en sus asesores, las razones para votar por un motivo más enaltecedor que el pragmatismo y menos ofensivo que escoger al menos peor. Sicilia tiene razón cuando afirma que elegir de ese modo es algo que, dadas las circunstancias actuales, no nos merecemos en este país. Pero lo que se encuentra es desdén constante, desdén por parte de candidatos, por parte de instituciones, por parte de partidos, por parte de amigos, compañeros y conocidos.

Quizá si ese candidato con los partidos aliados que los postulan tuvieran el talento de reconocer la perspectiva de quienes pensamos anular el voto, se podría construir un elemento mínimo de confianza que influya en ejercer un voto a su favor. Pero lo que aparece por aquí y por allá también, es pura consigna que ve a los “indecisos”, a los que anularán su voto, a los que ejercerán el voto en blanco, a los que no votarán, como irresponsables, como ciudadanos inconscientes que no se dan cuenta  de la “coyuntura histórica” en la que el país se encuentra. Cuando escucho esto no puedo sino esbozar una sonrisa porque me parece estar oyendo a fieles en misa.

sábado, abril 21, 2012

¿Qué es lo que en verdad está en juego? A propósito de la colección de libros promovida por Proceso y Grijalbo


Me precio de poder ver películas o leer libros desagradables sin respingo alguno. Ciertamente requiere de una actitud particular, de un “lavado de cerebro” personal, pero no necesito enfrascarme en eso por mucho tiempo; no gasto mucha energía ni tiempo en ello. Cuando vi que Proceso y Grijalbo sacarían una colección sobre el narcotráfico, me hice ese lavado y tomé la decisión de adquirir cada uno de los libros de esa colección que promete ayudar a “entender” la guerra contra el narcotráfico que vive nuestro país.
Confieso mis simpatías por la revista Proceso. Aunque me disgustan sus por momentos tonos cercanos al amarillismo, me gusta su “timing” político. Primero el libro de Scherer sobre Calderón; luego en portada los trapitos sucios de la Wallace; y esta colección sobre el narcotráfico que, si mis cálculos no fallan, terminará sus entregas por el mes de julio, el mes electoral.
La calidad de los libros es desigual, me refiero a su contenido y estilo. Sin embargo, al menos los tres que llevo, se me han revelado como indispensables para recomendar su lectura antes de las elecciones. En Confesión de un Sicario. El testimonio de Drago, lugarteniente de un Cártel mexicano, se afirma:
“Aunque no es ningún descubrimiento, la verdad es que en este negocio trabaja un chingo de gente del gobierno. Por eso lo que deben reconocer los presidentes es que ellos mismos no son sino seres gobernados por la industria del narcotráfico, que no sino sino gatos del mercado. Lo que deverían reconocer los presidentes de México es que nadie va a parar lo que el gobierno mismo trafica”. (p. 59)
Este libro como el otro, Los señores del narco (dividido en dos vólumenes para esta colección), es un rosario de denuncias sobre el respaldo que los gobiernos en turno, federal, estatales y locales, dan al narcotráfico. O mejor dicho, cómo el narcotráfico y el gobierno son una y la misma cosa. En el libro de Anabel Hernández, que es quizá el más delicado, se explica cómo se expandieron el narcotráfico y los Cárteles en México. Pero sobre todo muestra que los “señores del narco” no son los narcotraficantes más buscados, sino precisamente los políticos y empresarios que ponen presidentes y que a través de múltiples mediaciones definen la política y economía de este país. De aquí que la aparente contradicción entre las afirmaciones de Drago y las que hace la periodista Hernández no sea en verdad tal: si los presidentes en turno son “gatos del mercado” es porque hay quien lo crea y lo controla, y no son ellos. Sí, en efecto, se trata de una suerte de “chicago boys” a la mexicana que crean un mercado en el que el monopolio y las ganancias se hacen a costa de adicción, sangre y fuego. Todo en beneficio de la acumulación de dinero.
Es sorprendente (por inimaginable) la cantidad de dinero de la que se habla en ambos libros para el pago de protección. Pero esos pagos que se hacen a policías, militares, judiciales, son las migajas de las cantidades de capital que se generan desde el “poder” para el “poder” gracias al narco. De hecho, ni siquiera los millones de dólares con que cuentan los narcotraficantes más buscados es lo más suculento: eso sigue siendo una migaja de otro gran negocio. La riqueza que genera el narcotráfico, la acumulación de capital a que da lugar, en verdad sólo es una pieza del gran negocio que se juega en el mundo: quedarse con las riquezas de todos los países, excluir a la mayoría de la gente de ese cúmulo de riquezas, y vivir de la explotación de los millones de pobres que viven en el mundo. Sólo de necios puede ser el hecho de no ver la similitud entre las “barbaridades” del narcotráfico y las “barbaridades” legales del capitalismo.
En el libro de Anabel Hernández, Los señores del narco, se afirma que entre 1970 y 1982 el gobierno controló el narcotráfico, y que a partir de 1982 comenzó el proceso en el que los gobiernos en turno decidieron dejar a un lado el control para participar directamente en él. De hecho, en la transcripción de un testimonio de quien al parecer estuvo dentro de este cambio, se dice que Sergio García Ramírez, a la sazón Procurador General de la República del gobierno de Miguel de la Madrid, tuvo un papel preponderante en este cambio:
“El pago de impuestos por parte de los narcotraficantes comenzó a transformarse en dinero directo para los políticos y funcionarios mexicanos. Se crearon fortunas y se financiaron proyectos políticos, pero comenzó a perderse el mando sobre los narcotraficantes. García Ramírez metió a su gente de confianza no para controlar a los narcotraficantes sino para sustituirlos. Los coordinadores regionales de la PJF dejaron de ser policías y se convirtieron en narcotraficantes, y usaban a los narcotraficantes de profesión para sus propósitos”. (volumen 1, p. 117).
La credibilidad de este testimonio no está en la “sospecha” permanente que el ciudadano común y corriente tiene con respecto a los gobiernos, ni tampoco en la cantidad de rumores que circulan en novelas y telenovelas, cuentos y chismes, sino en otro lado, que es muy difícil de negar: el patrón de comportamiento propio del capitalismo en su versión neoliberal. Que haya sido precisamente en el gobierno del recién finado de la Madrid cuando el patrón de comportamiento de los gobiernos mexicanos cambió con respecto al narcotráfico del “cobro de un impuesto” a la participación directa en él para hacerse de riquezas inverosímiles, es el mismo comportamiento que siguieron con el país: vender cuanto se pudiera para hacerse ellos de riquezas inverosímiles. Ese comportamiento que ve a un país como un coto privado desde el cual y con el cual se puede hacer jugosos negocios es el mismo que ve en el narcotráfico “una industria”, según palabras de Drago. De hecho, este sicario parece quejarse al afirmar que los políticos son insaciables en sus exigencias de dinero, lo mismo que los empresarios, que suelen perderse entre el lujo de la violencia y la violencia que desata el lujo.
La lectura de esos libros obligan la pregunta de qué es lo que en verdad está en juego en este proceso electoral. ¿Cuáles “señores” están jugando el juego electoral? ¿Acaso hay en verdad un “pequeño paraíso”, un breve “resquicio”, un “islote” inmune a su acción bárbara propia del capitalismo? Se estaría tentado a contestar que sí, pero cuando se revisan las listas de nombres que se citan en estos libros y que aparecen vinculados a esta lógica neoliberal del narcotráfico, esa tentación se evapora. Hay que leer esos libros para descubrir que la situación es peor de lo que las propias campañas electorales dejan suponer.

domingo, abril 08, 2012

Al son que te toquen

Siempre me incomodó aquella frase de que hay que bailar al son que nos toquen. Pienso que hay que bailar lo que uno quiere (y pueda, por supuesto). De lo contrario, se renuncia a la libertad misma. Si lo que nos hace propiamente humanos es la libertad, ya se comprende a qué es a lo que estamos renunciando.

Bolívar Echeverría señaló cómo en actitud barroca la vida puede afirmarse terminándola. Renunciar a la vida para afirmar la vida misma. El suicido del jubilado griego de 77 años anda por este camino. Negándose a sobrevivir buscando “alimento” en la basura, decide suicidarse. El acto es terrible. Muestra cómo al capitalismo le importa un bledo la vida misma. Lo único que ofrece es un sobrevivir que en verdad es un resignarse a respirar, alimentarse de desechos, y cargar con la culpa de no poder vivir. Todo en beneficio de la acumulación de capital. Aquí el suicido es un acto de libertad que afirma la vida: más que un acto político es la reivindicación humana por excelencia.

Este suicidio debiera hacernos entender en dónde estamos.

martes, marzo 13, 2012

Así en el capitalismo como en lo electoral

La desigualdad y la explotación en el capitalismo se convierten, por arte del discurso, en culpa del pobre y del explotado. Lo mismo sucede en lo electoral: el IFE y los partidos pretenden convertir la falta de consistencia de las plataformas político-electorales en culpa del elector que se “atreve” a pensar en anular su voto o votar en blanco. Como si ese “atrevimiento” fuese un asunto de necedad o ignorancia del elector. “Las plataformas allí están; estúdialas y vota” parecen decirnos tanto el IFE como los partidos. El problema no son los electores, sino las ofertas políticas que se les hacen. La debacle, la inconsistencia, etcétera, están allí, no en los electores. La decadencia está en los partidos; en el ciudadano reside el acto de optar por alguna oferta si le convence o por ninguna. Como los chicles: se compra el que se apetece, no el que hay para no sentirse culpable de que el tendero no tenga el que uno quiere.

sábado, marzo 03, 2012

Silencio

¿Que por qué no escribo? Porque las palabras que en mí se revuelven no son aptas para ser dichas. En ellas hay algo de terrible (y quizá por eso mismo algo de sorprendente). Pero el silencio es también a su modo una escritura. Ciertamente inescrutable pero no por eso menos vital. En silencio se acepta y se renuncia.