martes, septiembre 07, 2010

Homenaje a Bolívar Echeverría en la FFyL, UNAM



Ziranda
Crítica e interpretación de la obra de Bolívar Echeverría
Aula Magna, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
29 y 30 de septiembre y 1 de octubre de 2010
Miércoles 29 de Septiembre
10:00  INAUGURACIÓN
Gloria Villegas
Directora de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Isaac García Venegas
Comisión Organizadora
10: 30 CULTURA
Horacio Ortiz
Ricardo Pérez Montfort
Néstor García Canclini
Iván Carvajal 
Modera: Marta Lamas 
12:30  MODERNIDAD
Crescenciano Grave 
Mariflor Aguilar
Jorge Juanes
Roger Bartra
Modera: Griselda Gutiérrez
RECESO
16:00 ARTE Y LITERATURA
Francisco Mancera
Teresa del Conde
Evodio  Escalante 
Federico Álvarez
Modera: Isaac García Venegas
18:00 ETHOS BARROCO
Rafael Rojas
Antonio García de León
Márgara Millán
Modera: Norma de los Ríos
Jueves 30 de Septiembre
10:00 ESTADO Y POLÍTICA 
Marco Aurelio García
Isaac García Venegas
Julio Echeverría 
Modera: Josu Landa

12:00 MARXISMO
Gabriel Vargas Lozano 
Carlos Aguirre 
Aureliano Ortega
Luis Arizmendi
Modera: Ignacio Palencia
RECESO
16:00 BENJAMIN Y LA FILOSOFÍA ALEMANA
Ignacio Sánchez 
Javier Sigüenza 
Mauricio Pilatowsky 
José María Pérez Gay  
Modera: Erika Lindig 
18:00 UTOPÍA Y REVOLUCIONES
Carlos Oliva 
Adolfo Gilly 
Diana Fuentes
Modera: David Moreno 
19:15  Stefan Gandler. Recital musical. 
"Brecht y la música del teatro épico” (Brecht y Weill/Eisler) 
Viernes 1 de Octubre 
10:00 TESTIMONIOS  
Ignacio Díaz de la Serna
Pedro Joel Reyes
Manuel Lavaniegos  
Oscar Martiarena
Modera: Gustavo García
12:00 hrs. CLAUSURA
Excmo. Señor Galo Galarza Dávila
Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Ecuador en México
Norma de los Ríos
Secretaria Académica de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
12:20 hrs.
Ceremonia de develación de la placa “Aula Bolívar Echeverría”.

lunes, julio 26, 2010

El boomerang

Hay que alejarse de la norma para entender lo que sucede en este país con respecto al narcotráfico. Pensar el problema desde los parámetros de lo legal, desde el discurso ideológico que lo erige como el verdadero mal, es sumergirse irremediablemente en lo que a fuerza de repetición no requiere comprensión.

I. Los hermanos gemelos
El narcotráfico es una empresa netamente capitalista. Lo que actualmente está en disputa es la hegemonía del marcado nacional y una presencia importante, a través de alianzas, en el internacional; no es, además, refractario a la innovación tecnológica; y pone el acento en las ganancias. No existe un solo narcotraficante que no persiga estas metas. Salvo la condena de una legislación que, como ha quedado claro en este país, es el resultado de fuertes intereses que también pretenden maximizar sus ganancias a expensas del trabajador y el consumidor, el narcotráfico es el hermano gemelo, no siempre incómodo, del capitalismo mundial y nacional. Hay un vínculo estrecho, inexistente en términos físicos, pero real en términos de dinámica socioeconómica, entre nuestro hombre más rico del mundo y otro narcotraficante que también aparece en Forbes.

Quizá lo que llama más la atención del narcotráfico es la violencia con que disputa mercados y acrecienta sus ganancias. Se da por descontado que la diferencia entre el capitalista y el narcotraficante es precisamente el ejercicio de la violencia. A uno le está permitido, al otro no. Pero esto no debiera obstar para recordar que los intereses económicos “legales” promueven y financian guerras y muertes a diestra y siniestra. Podría hacerse un recuento, que resultaría escalofriante, de la cantidad de muertos que ha requerido la modernidad nacional. La suma es mucho mayor que los miles de muertos que hoy se atribuyen a la “disputa entre bandas delictivas”. Este recuento, por supuesto, prefiere omitirse, como lo hacen intelectuales de la talla de Zaid para denostar a la universidad. Que el manto de la legalidad capitalista condene el actuar del narcotraficante no lo hace a éste en realidad diferente.

Lo que ahora vemos en este país, como remedo de lo que sucede en otros lugares del mundo, es una lucha entre distintos intereses capitalistas, como en su momento lo fue entre intereses petroleros e intereses financieros. Las guerras a que dan lugar estos enfrentamientos siempre tienen un alto costo para la población en general y para el trabajador en particular. El horror de los asesinatos derivados del narcotráfico no es menor que los generados por la administración de la pobreza, como sucede en este mundo globalizado. Tampoco aquellos son moralmente peores que éstos.

Cruel es y será la solución de esta disputa. Y no hay más que dos caminos: la integración de lo “ilegal” dentro de lo legal, para que entonces su violencia pueda ser “regulada” y “sancionada” como aceptable; o una disputa violentísima que acabe por someter uno al otro, como sucede ya en ciertos países del mundo.

II. El boomerang de los servicios
El triunfo del neoliberalismo afianzó en las conciencias individuales ideas como competencia, calidad y servicio. La valoración del proceder, del pensar, del sentir, se hace con estos criterios. El conjunto de la civilización humana se mide a partir de estos criterios. ¿Acaso no se nos dice ahora que la Revolución mexicana no ofreció una transformación tan radical e importante como sí lo hacen las empresas sin la violencia de las armas? ¿El resultado del esa agitación social fue algo útil, competente y de calidad? Así pues, el mundo está allí como algo más que un objeto a ser explotable; está allí como servicio. Pagar por un servicio, cualquier servicio, es necesario. El precio, que no necesariamente su costo, indica su importancia: entre más caro, mejor, más valorado, más respetado.

La “razón del cliente” decide pagar al mejor proveedor del servicio de su interés. Discrimina en función de eficiencia y calidad. Ya es casi regla general que desdeñe lo público por ineficaz e ineficiente. Lo privado goza de mayor confianza. Se paga, con gusto, a quien presenta la imagen de ser mejor, aunque se carezcan de elementos para hacer tal valoración. ¿Qué chocolate es mejor en nuestro país si prácticamente todos son propiedad de Nestlé?

Esta actitud ante la vida y el mundo coloca al Estado mexicano en una situación desventajosa con respecto al narcotráfico. Su abstracción contrasta con la concreción de éste. Por ejemplo, el caso de la justicia. Mientras dentro del Estado su impartición es lenta, pasmosa, catastrófica e improbable, la del narco es inmediata y eficaz: allí están las cabezas para demostrarlo, allí están los cuerpos mutilados como evidencia. Muy en el fondo todos pensamos que por alguna razón les matan. Se piensa exactamente lo mismo de los que languidecen en las cárceles de este país. Lo mismo sucede en términos económicos: la lentitud estatal y la discreción para repartir los recursos de programas diseñados para paliar la pobreza y el desempleo, contrasta radicalmente con la inmediatez de recursos que despliega el narcotráfico. El crédito institucional se enfrenta con la liquidez del compromiso que impone el narcotráfico. En un contexto de desempleo y pobreza, la lógica estatal se revela inútil, mientras que la del narco sobresale.

Poco a poco, como ya sucede en esas regiones en las que impera la ley del narco, la gente comienza a preguntarse a quién debe ser leal, a quién debe pagar impuestos, que no son otra cosa que el “pago de servicios” para vivir más o menos bien. Y esa pregunta, no se hace desde un principio moral, sino desde las ideas rectoras del servicio, la eficacia y la competencia. Lo peligroso de la “ideología”, que tanto nos dicen ha muerto, se revela hoy en toda su magnitud. Se vuelve contra sus propios creadores, los adalides del mundo capitalista en el que hoy vivimos.

domingo, junio 20, 2010

Bolívar, Pepe y Carlos.

Lo primero que notó fue su ligereza. Su cuerpo, ese cuerpo que veía exactamente igual que antes, no pesaba. Se movía con una facilidad que en los últimos meses se le negaba. Sobre todo se dio cuenta que podía respirar. Caminar ya no era un martirio; tampoco estaban ya los aparatos ni las camas ni ese inconfundible olor a hospital.

La sorpresa de esta nueva y recién adquirida ligereza le distrajo por un momento de los cientos de miles con los que caminaba. Hasta donde recordaba no había decidido ir a marcha alguna. Con la interrogación en la mirada, tomó el camino más corto, es decir, cualquiera. Los rostros de los demás le recordaban algo que no podía precisar. Estos fallos de la memoria le comenzaron a preocupar.

–Hola Carlitos –le dijo una voz que le pareció conocida. Tardó unos segundos en reconocer al dueño de la voz.
–¡Bolívar! –dijo tendiendo la mano y dispuesto a abrazar a su interlocutor.
–Son las nuevas circunstancias –comentó Bolívar cuando Carlos infructuosamente quiso abrazarlo–. Somos etéreos –le aclaró.
–Así no funcionarán mis clones –respondió Carlos en tono sarcástico, encogiéndose de hombros.
–Ni el hedonismo –agregó Bolívar–. Aquí la memoria es distinta. Mucho de olvido hay. Quizá nadie solicitará dejarte tocar tu cabecita –dijo en tono socarrón.

Decidieron caminar por el camino más corto. Ambos miraban con cierto asombro el entorno. Carlos con sus manos en los bolsillos, Bolívar recto, erecto, con su elegante traje gris y sus lentes para mirar de lejos. Al poco tiempo encontraron a Pepe, que también caminaba un tanto desconcertado.

–¡Mi querido Pepe! –gritó Carlos; por lo menos eso creyó. Se dio cuenta que tenía voz pero no era sonora.

Pepe fue a saludarlos con alegría. No ofreció la mano ni intentó abrazarlos. Fue lo primero que aprendió en su arribo, horas antes.

–Creo –dijo meditabundo Pepe– que habremos de ser de nueva cuenta isla desconocida.
–¡Vaya! Otra vez a documentar el optimismo –respondió Carlos.
–Por lo visto –intervino Bolívar, acomodándose los lentes para ver de cerca, leyendo un edicto que etéreo se sostenía en el aire– estos muchachitos también tienen su fascinación por la burocracia.
–Y yo que pensé que me tardaría nueve meses en darme cuenta –remató Pepe–. Como Ricardo Reis...

Y los tres siguieron su camino, olvidando un poco lo que antes sabían, pero sabiendo mucho de lo que ahora veían.

lunes, junio 07, 2010

Mi última presentación de Bolívar Echeverría

Presentación
Bolívar Echeverría*

Podría decir que nuestro ponente no necesita presentación. Y así es: su obra, sus ideas, sus modos de analizar la modernidad a partir de su cuádruple ethos, su relectura de Marx, etcétera, son cada vez más conocidos, trabajados y discutidos en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Como consecuencia de ello se le ha distinguido como Profesor Emérito de nuestra institución en este año y con los premios Libertador al Pensamiento Crítico (Venezuela, 2007) y Pio Jaramillo Alvarado (Flacso-Quito, Ecuador, 2004). Además, sus trabajos como traductor de textos relevantes para el pensamiento crítico como los de Sartre, Benjamin y Horkheimer entre otros, así como su trabajo de carácter editorial en revistas como Cuadernos Políticos, le han valido un amplio reconocimiento. En suma, Bolívar Echeverría es ya un filósofo conocido; por ello no necesita ya presentación.

Pero hay que presentarlo, no sólo porque la formalidad de este evento lo exige, sino porque es una oportunidad valiosa para señalar algo que premios y lectura de sus textos suelen dejar de lado. Me refiero a esa bondad que viene con la edad y que adquiere visos de sabiduría, particularmente si es el resultado de largas y profundas reflexiones.

Y es que, por azares de la vida, desde hace años he podido atestiguar el afán formativo de Bolívar Echeverría que no se circunscribe exclusivamente a los salones de clase o los auditorios de prosapia. Lo he visto obsequiar reflexiones puntuales y profundas en cafés y cantinas; ir a donde la inquietud estudiantil le solicita; caminar por los espacios culturales de grandes vuelos con la misma tranquilidad y curiosidad con que lo hace por aquellos otros que se consideran “alternativos” y de poca monta. Le he escuchando hacer esfuerzos de síntesis inigualables, y sostener en todo momento la crítica puntual y necesaria a la barbarie que el capitalismo es. Me consta que no ceja en su convicción de crear un mundo mejor sin sentimentalismos ni chapucería política de ningún tipo, y lo que es mejor, la comparte con todo tipo de gente. El mundo le habla, y él encuentra el modo de hablarle a ese mundo que le sorprende y le toma por asalto una y otra vez.

Pero la sabiduría de Bolívar Echeverría está, además, en aquello reputado como inicio de la filosofía: se permite la duda. Lo cual, digo yo, lo salva de volverse un pétreo monumento en vida. Lo suyo es la duda y la pregunta antes que el regaño, la diatriba inútil o el consejo asesor. Que este modo de proceder “socrático” da resultados concretos que valen la pena lo demuestra este coloquio. Bolívar Echeverría no es solamente su artífice, sino que es, ante todo, quien sigue preguntándose si el diálogo entre filosofía y ciencia, además de deseable, es posible, habida cuenta los discursos acartonados y anquilosados de uno y otro lado, que no obstante llamarse hermanas, proceden con desconfianza mutua. Como siempre, él lanza la pregunta, ofrece una reflexión, y deja a los que aquí participan como ponentes y oyentes la ardua tarea de responder lo que, al parecer, el mundo moderno ha respondido en un sentido negativo. Lo hace como filósofo en la facultad de Ciencias. Ni más ni menos.

Nos corresponde ahora, escuchar su reflexión.

* En el último coloquio que organizó el Seminario "Modernidad: Versiones y Dimensiones", me correspondió presentar a Bolívar Echeverría en su conferencia magistral. Lo hice con este texto. Modesto como siempre, Bolívar se incomodó un poco con lo que dije. "Nunca sé lo que vas a decir", me dijo al oído. Sonreí. "Eso habla bien de mí viniendo de ti", le respondí con discreción. El breve silencio antes del uso de la palabra fue cómplice.

Se pasa... Se sigue pasando...

Hay frases que se me regresan. Recuerdo que en la primera sesión del seminario que tuve con él, en 1997, nos urgió a comentar nuestras impresiones tras su exposición sobre el barroco. Yo estaba sorprendido. Mi intervención comenzó con la siguiente frase: "Está claro que aquí la única que se pasa de pendeja es la realidad". Sus carcajadas francas me dieron confianza. Hoy la realidad se sigue pasando de pendeja pero su humor, inteligencia y mirada ya no están.


-- Desde Mi Ipod

sábado, junio 05, 2010

Fallece Bolívar Echeverría

El día de hoy falleció Bolívar Echeverría. Mi trsteza es infinita.


-- Desde Mi Ipod

jueves, junio 03, 2010

Desenlace

1.- Los pronósticos se cumplen: el mundial, su atmósfera, facilitará el desenlace del caso del jefe.

2.- Sigo pensando lo mismo: lo delicado del asunto es explicar el secuestro.

3.- Cualquier explicación afecta al gobierno federal. Un poder que sea capaz de secuestrar a un personaje de la “hidalguía” –dice uno de los pupilos del Jefe– del susodicho, habla de a) un Estado débil (carece del monopolio efectivo de la violencia) y de b) que grupos reales y concretos disputan la hegemonía del Estado.

4.- La demora en la solución del caso pienso se relaciona con las valoraciones diversas que se han hecho dentro del gobierno. La pregunta es, ya entrados en costos políticos, ¿cuál es el mejor costo político, es decir, a quién atribuirle semejante acto?
5.- El “retiro” de autoridades judiciales del caso, contraviniendo todas las leyes posibles, explica el intento de eximir al gobierno de sus consecuencias. Muerto o libre el Jefe, persistirá la pregunta del por qué. Una pregunta cuya respuesta será mucho más delicada si el Jefe aparece vivo. ¿Qué se negoció para su liberación? Está claro, como dice otro pupilo del Jefe, que no fue por dinero.

6.- Como lo demostró el caso de Paulette, si todo se circunscribe a un drama familiar, el por qué puede postergase infinitamente. Al parecer esta será la ruta, previamente validada por al experiencia de la niña que muere de muerte natural.
7.- Al parecer hay autorización por parte del gobierno federal de esparcir la especie de que el secuestro, con fines distintos al económico, se debe a un poderoso grupo. Se insta a que las miras se coloquen en la guerrilla “mala”, es decir, la que no es el EZLN. Por lo visto, el gobierno ya decidió que el costo de imputarle el hecho a la guerrilla es menos costoso que al narcotráfico. Además, le atribuye un poderío que curiosamente siempre le negó. Haciéndolo crea un adversario que puede ser útil para generar legitimidad, tan urgido que anda de ello.

8.- En este contexto, la declaración del senador Madero sobre la UNAM huele a un intento de darle dimensión al adversario. La maquinaria se echó a andar: la guerrilla ultra, que cuenta con numerosas simpatías en la universidad, en un desvarío ideológico, secuestró al Jefe. La familia negocia los términos de la liberación, pero el gobierno desenmascara al adversario que acosa al Estado y a las leyes. Acabar con esos espacios que permiten estos desvíos sociales se convertirá en una consigna electoral. El miedo ya abonó el terreno.

9.- Aparecen, súbitamente, ex ceuístas que en comentarios de noticias confiesan su error al haber participado en los movimientos estudiantiles de la UNAM. Dicen que esta institución sí necesita reformas, que debe redefinir su perfil. Voces de derecha los alientan. Esos exmilitantes estudiantiles, curiosamente, son reconocidos como porros e infiltrados dentro de la los movimientos estudiantiles.

10.- Mientras el Jefe negocia. Sabe que su vida está en juego. Si el precio de su liberación es alto, no tanto por la exigencia, sino porque se sepa lo negociado, aparecerá muerto. La familia, por lo visto, está dispuesta a cargar con el peso de la responsabilidad. Lavándose las manos, el gobierno minimiza el impacto público de su responsabilidad. Actuando contra la guerrilla y las universidades públicas, particularmente la UNAM, intenta rescatar algo de su erosionada legitimidad.

Con el silbatazo inicial del mundial, sabremos qué sucede con el Jefe.

lunes, mayo 31, 2010

Pensamientos del prócer con motivos de su exhumación

Nunca imaginé que reposo eterno fuera una mentira más. Yo que tuve la osadía de pensar entendía mensajes y palabras divinas, padezco el peor de los desamparos. ¿Por qué el afán de no dejarme, dejarnos descansar? Borrosos llegan a mí los recuerdos de aquel paisaje que desde lo alto vi por tiempo indefinido. Después del horizonte me dejaron allí, encerrado, sin poder ver otra cosa que la estrechez de aquella sagrada cárcel que también imaginé infinita. Luego me arrojaron a esta promcuidad gloriosa. La vida después de la muerte me deparó palceres que en vida no pude imaginar, ni siquiera de la mano de la literatura más perversa y por eso mismo prohibida. Algo seductor hay en esta mezcla de huesos, cabellos, olores no siempre fétidos; en este no saber quién soy ni dónde comienzo o termino. Este placer insidioso y cotidiano que no respeta ninguna parte íntima, que me corroe hasta lo huesos, literalmente. Mi cabeza ya no responde por mi cuerpo. Se ha perdido en un mar infinito de granos de arena, tierra y carroña. La oscuridad de siempre me era soportable por la luz de este gozo que tras de sí dejó el sufimiento. Y ahora este afán de remover. No hay descanso ni lo habrá. ¿Cómo podrá haberlo si me encuentro con una realidad que nunca pensé ni soñé ni imaginé? Con ese ruido, con esa desmesura, con tanta luz. Y estos reflejos que me dejan saber que solamente soy un cráneo al que se mira con curiosidad, quizá no tanta como con la que yo miro esto que dicen es la patria soberana.

lunes, mayo 17, 2010

El Jefe

Dicen que el ex novio celoso de la novia jovencita y guapérrima del susodicho decidió cobrarse a la mala sus celos. Aunque yo pienso que se trató más bien de resarcir la dignidad lesionada. Sea cual fuere el motivo cierto, la que primero perdió fue la razón: pocas cosas obnubilan más que los celos o la dignidad arrastrada por el fango. Así que en plena sinrazón el ex decidió algo descabellado: chingarse al intocable precisamente porque a nadie en su sano juicio se le habría ocurrido chingárselo. Como se ve, la lógica del argumento es al más puro estilo Matrix (la primera). Recordó entonces lo que en plática dolorosa y final le dijo su ex: “Tiene lana, hartos bienes inmuebles, no es bueno en la cama pero tiene una casita de campo poca madre allá en Querétaro a la que llegan un expresidente poderoso y otros. El puro y los pelos son soportables. Ofrece futuro, en cambio tú me das un presente jodidamente aspiracional”. Además, sobrada, remató: “Es un lugar que se sabe no hay que tocar; sólo algunos privilegiados podemos”. Entonces el novio, lleno de ira, se dijo a sí mismo: "chinguesu" y se lanzó en busca de su presa. Como buen católico se dijo: “Yo, como Job, a chingarme al Leviatán”.

Recorrió la zona con calma, como tusita. Preguntó por acá, por allá. La ñora de las quesadillas le dijo dónde es porque “no es un secreto para nadie”. El ex se fue entonces a inspeccionar el lugar. Ronda, vigila, aguarda. Los días pasan y de pronto encuentra la oportunidad: ve la camioneta del Jefe. Con más audacia que inteligencia, se le para enfrente, solicitando auxilio. Se dice perdido. Se lo dice a sí mismo en un destello racional y se lo dice en voz alta al Jefe para dar una explicación relativamente creíble de su presencia en lugar. El Jefe escucha. Decide ayudarlo porque ¿quién podría tocarlo? Además, nunca se sabe, en la cadena de favores, todos son útiles (se dice a sí mismo el Jefe, recordando al expresidente, al diputado, el empresario, al payaso). Sube al extraño. Éste, sin más, le da un putazo, bien dado, entre ceja, oreja y madre. Luego, otro vergazo. En la desesperación se da cuenta que no tiene arma alguna, pero allí, a la mano, están unas tijeras que el Jefe usa para cortar su puro. Las toma. En plena locura se las mete en un costado al pobre Jefe cuyas barbas se remojan en sangre. Piensa que se siente blandito. Avienta las tijeras al asiento trastero, sin poder evitar una mueca de asco. El ex toma el control de la camioneta. Avanza hasta que encuentra un burro atado a un árbol. Se detiene, baja al motivo de su locura, lo sube al burro y piensa “cómo apesta este cabrón a puro”. Inmediatamente en juego de palabras agrega para sus adentros: “Puro cabrón, cabrón puro, pinche puto”. Caminan. El Jefe se queja. Él le da otro madrazo para que se calle. Se internan en el campo. El ex piensa: “Si seré pendejo, ahora con qué le corto los güevos a este puto cabrón?”…

sábado, abril 24, 2010

Cambiando túnicas

–¿No te parece pedir demasiado? –me preguntó–. Si yo no me conozco a mí mismo, ¿cómo habrían de hacerlo los demás?, ¿tú, ella, él?
–Pero ¿no dice Sócrates que hay que conocerse a uno mismo? –respondí en tono de provocación.
–Sócrates era un loco. Su afán inquisitorial me enerva –me dijo en ese tono indefinible que le conozco tan bien.

Desde ese día me pongo a pensar en eso del “conócete a ti mismo”. Confieso que no he llegado a punto alguno, pero no deja de ser hilarante imaginarme a Sócrates como inquisidor, sacando información valiosa de quien siguiendo su máxima acudía a él en búsqueda de consejo. No he llegado al punto de imaginármelo torturando al prójimo, pero sí como un incisivo chismoso que de la información ajena obtenía la satisfacción de una obsesión. Y aunque todo esto sea un disparate, no me queda otro remedio que agradecer a aquel filósofo al que tanto le enerva el afán socrático las carcajadas que me provoca el poder intercambiarle túnicas a mi querido Sócrates gracias a su decir.

lunes, abril 05, 2010

De ocasión

La semana santa termina. Y con ella todas esas exhortaciones inverosímiles que escuché en el radio y en la televisión. Estupefacto me dejaron los que desde micrófonos y pantallas dijeron que era una semana para reflexionar. ¿Reflexionar qué? me preguntaba, esperando que acto seguido a su exhorto lo hicieran. Pero cómodamente instalados en la trinchera del común decir ignoraron sus propias conminaciones. No escuché una sola reflexión sobre la semana santa, ni siquiera sobre la idea del sacrificio por los “pecados del hombre”. Vaya, nada, absolutamente nada. Mucho menos sobre el país o sobre los problemas que aquejan a millones de seres humanos como el hambre, la enfermedad, la rapacidad. Nada. El exhorto no tuvo eco. Pese a esto, lo que más me desconcierta es lo que en la frasesita común está implícito: la reflexión es un asunto de ocasión, por lo menos en la proclama. Se ve entonces por qué estamos donde estamos...

martes, marzo 09, 2010

La cultura como celular

Visto fríamente, la cultura es artículo comprable. Lo que quiero decir es que se ha vuelto una mercancía que se vende al mejor postor, sin por supuesto faltar la ilusión de que es adquirible por cualquiera. La reciente Feria Internacional del Libro de Minería fue un ejemplo clarísimo de ello. Se nos dijo que allí estaba el cúmulo del saber. Y la gente fue. Había colas larguísimas para entrar. Pero bien visto, pocos, muy pocos, pudieron comprar algo que no fuera ilusiones o un sentido de pertenencia, no a la comunidad de lectores, sino al espacio “tangible” de la cultura, representado por autores, comentaristas y presentadores. ¿Quién quiere leer si existe el glamour de codearse con los que nos dicen son famosos y pensantes? ¿Para qué hacerlo si basta pasarse horas de presentación en presentación para al menos saber de qué van las cosas que nunca se leerán? La cultura objetivada en libros que por su precio, mas no por su contenido, son valorados, deseados. Y la novedad como criterio fundamental del interés. La cultura así reducida a un bien, tan atractivo, moderno y deslumbrante como un celular. E incluso en su universo así reducido, tan potencial como un celular pero cuyos usuarios desperdician por perseguir la ilusión que el anuncio de los medios de comunicación masiva les vende: éste está mejor que el anterior o que el otro.

lunes, marzo 08, 2010

jueves, febrero 25, 2010

Invitaciones a presentaciones de libros

Pongo aquí dos invitaciones a presentación de libros. Una tendrá lugar el día de hoy Jueves 25 de febrero a las 19:00 hrs, en el Multiforo Cultural 246, y otra el Domingo 28 de febrero a las 15:00 en la Feria Internacional de Minería. En la primera me corresponde moderar, en la segunda presentar. Van los carteles con información completa para quien le interese.

Invitación 1



Invitación 2

miércoles, enero 20, 2010

¿Cuánto cuesta un país?

Estaba yo llenando mi cono de papel en un dispensador de agua cuando a mis espaldas escuché a un niño hacer una pregunta sorprendente: ¿cuánto cuesta un país? Giré la cabeza para escrutar a quien hacía semejante pregunta. El niño estaba viendo las noticias con su madre. En ellas se hacía referencia a Haití. La madre hizo caso omiso a la pregunta, y siguió viendo la televisión como se suele hacer en este país: como hechizada, ensimismada.

No me he podido sacudir la pregunta durante todas estas horas. ¿Cuánto cuesta un país? ¿Qué habría que responderle al niño? ¿Muy caro?, ¿mucho?, ¿demasiado? Obviamente no hay una cifra precisa. Pero tal vez convendría decirle que no hay reconstrucción que no sea un negocio. Que el costo, sea cual fuere, significará jugosas ganancias económicas para quienes lo hagan. Lo que allí se va a reconstruir no es un país, sino una sucursal. Las fundaciones, los deportistas, los actores, los cantantes, se mueven, en principio, por humanitarismo. Pero detrás hay otras cosas menos loables: dinero, inversión, fama que también se traduce en dinero.

Al niño, aunque abstracto, podría decírsele que cuesta más de lo que cualquiera puede imaginarse, pero que ese costo tendrá como resultado cuantiosas ganancias (el doble para los modestos, el triple o el cuátruple para los insaciables). Pero hay una dimensión del “costo” que no es cuantificable en términos económicos, y por eso mismo, más elusiva de lo que están dispuestos a aceptar los teóricos de lo concreto. Y es que la tragedia de Haití dejó al descubierto un Estado sin instituciones, un gobierno sin ejecutores, en suma, un terrible vacío. ¿Cuándo podrá la población de Haití confiar de nueva cuenta en algo parecido a un Estado, a un gobierno, a un país, a una sociedad? Viene de una larga historia de colonialismo y opresión, dictaduras y terror. Hoy se encuentra ante el más pleno desamparo institucional.

¿Cuánto cuesta un país? Mucho en términos económicos, pero más, mucho más, en términos de confianza, en términos de la “suspensión voluntaria de la incredulidad”, que deriva de todas las ficciones políticas que llamamos país, nación, gobierno, Estado. Es obvio que decirle esto a un niño, dado el caso de que se encuentre la forma de hacerlo de manera asequible para él, le sería tan terrible como el terremoto que sacudió a Haití.

jueves, enero 14, 2010

Improve Everywhere

Hay cosas... hay cosas...

Los héroes de hoy

Si Carlyle viviera, con nosotros estuviera, me dice. Así nos despedimos. La plática no fue agradable. En el metro me encuentro con un periódico que utilizando los estereotipos de los héroes nacionales, les pone rostro de los jugadores más conocidos del fútbol mexicano. ¡Viva el genio individual! Veo de nueva cuenta un documental que me hicieron llegar sobre el grupo Salinas. La pura apología del esfuerzo individual que por arte de magia todo trastoca: la explotación no es tal sino ingenio, el país como mero escenario de la acumulación de capital, la incapacidad verbal como propuesta cultural, la urgencia de no pagar impuestos como política social de la iniciativa privada.

Quien me dijo aquella consigna tiene algo de razón. Sólo que los héroes de ahora son héroes empresarios. Y desde hace tiempo han trazado su estrategia para, como dice una caricatura, “apoderarse del mundo”. Paso a paso lo van logrando: hay que ir a las liberarías para ver los títulos de superación personal que se tiran, hay que ver las notas que los periódicos lanzan sobre conductores (Toño Esquinca) que enarbolan lo que en esos libros se dice, los libros de historia que dan a los profesores de enseñanza primaria, etcétera. Podríamos no leer nada de eso, hacer caso omiso porque no vale la pena. Pero resulta que están allí y que ellos son los adversarios. Más vale andar enterado.

lunes, enero 04, 2010

Desechar la herencia

Como una herencia de mis maestros, solía preguntarle a mis alumnos las razones por las que decidieron estudiar historia. Cuando las respuestas se repitieron de manera sistemática, dejé a un lado esa sana costumbre. Pero ahora no lo hago por una razón más poderosa, relacionada con la siguiente anécdota.

Una maestra de primaria, con la intención de conocer a sus alumnos, les preguntó por su vida y la de sus familias. Las respuestas eran de lo más tradicionales y comunes (mi padre es arquitecto, mi madre es ama de casa; mi padre es ejecutivo, mi madre diseñadora; etcétera). Hasta que un niño dijo lo más quitado de la pena que su padre era narcotraficante. La maestra quedó estupefacta, los niños le admiraron, las niñas le temieron.

Al terminar la clase, después del incómodo momento, la maestra quedó pensando en lo que debía hacer. No estaba segura de que el niño hubiese dicho la verdad. Eso implicaba investigar. Pero en asuntos de narcotráfico, una actitud así es camino seguro a la muerte. Sin embargo, la maestra tampoco podía consentir y pasar por alto lo dicho por el niño. Después del caso de Beltrán Leyva y al arresto de cantantes, le quedó claro que un saber de esa índole no declarado le convertía en cómplice de la delincuencia. No es que fuera puritana, pero le horrorizaba terminar en la cárcel. La angustia llegó a tal nivel, que la maestra no encontró otro camino que renunciar y alejarse de esa escuela, metiendo unos cuantos estados de por medio.

Pienso que esta experiencia es suficiente para dejar de hacer las presentaciones corteses al principio de cada curso, esa agradable experiencia que me enseñaron mis maestros.

jueves, diciembre 31, 2009

Fin de año...

Los días han sido largos. Muchas horas en cama, dándole vueltas a las hojas, sorprendiéndome de cada frase. Cada renglón se convierte en un extraño viaje por un lenguaje que pese a todo me parece desconocido. Intuyendo en cada letra, en cada palabra, en cada forma, en el color y calidad de la tinta, miles de historias infinitas que convergen en las frases que desconciertan mis ojos. El gozo vuelto a encontrar. Dejando a un lado las ansiedades, las necesidades de respuesta, a merced solamente de las preguntas que planean por ese paisaje barroco que es mi cabeza.

El encuentro cada vez menos común con los de siempre y el reencuentro esporádico y sorprendente con los de ayer. Percibir con claridad las huellas de uno en los demás. Saber con cierta certeza que hay estela en el andar propio. Saberlo sin congoja, sin compromiso, sin tormenta. Escudriñarse durante esas horas de cama para hallar también las huellas de todos en uno. Las que llenan, las que satisfacen, las que duelen, las que sin pena ni gloria dejan alguna silueta que decido recordar para no condenarlas al olvido en que por sí mismas se instalan.

Estar sin hacer planes, sin estar atento a las inercias que es necesario domesticar, sin cultivar lo que parece valioso y sin desechar lo que a primera vista se revela inútil o dañino. Sólo estar, en cama, sin cavilar, sin hacer ajuste de cuentas, sin hacer las maletas para lo que espera el año próximo. Sonreírle al hecho de estar aquí, acostado, pasando las hojas, sin esperanza, sin condena, sin absolución. Con este gozo extraño que me obsequia verlo todo de nueva cuenta, como si no lo hubiese visto jamás.

Botar el reloj, los celulares, la computadora. Tardarse siglos para responder si una llamada entra, si un mensaje convoca, si un correo electrónico más satura el buzón. Volver a tomar la pluma y un viejo cuaderno para reencontrar la necesidad del trazo. Que no diga nada es lo de menos. Lo placentero que se vuelven las líneas, los círculos, las ondulaciones, los puntos, el inifinito trazado en una hoja que es por definición insuficiente.

Revisar en horas de ocio las fotografías de quienes con cariños, odios y amor me han acompañado. Arrugar el ceño cuando me asalta la duda de qué fue de cada persona, de cada palabra, de cada historia compartida. Y al mismo tiempo sentirme tranquilo por saberte caminando en mi vida. Mirar con tranquilidad mis círculos íntimos, mis círculos próximos, mis círculos orbitales e incluso a aquellos que por una u otra razón ya no forman parte de ninguno de ellos.

Cerrar el libro, el cuaderno, los ojos con la intención de dormir como hace mucho tiempo no sucede. Dormir y cerrar todos los capítulos. Dormir porque hace siglos la vida me atormenta y no me deja en paz. Trazar el trazo hipnótico para dormir y seguir mañana, otro día, otro mes, otro año, otro siglo.

Detente un momento a mi lado...

lunes, diciembre 21, 2009

Joaquín y Martí

Llegó a mi correo electrónico un artículo del secretario de Desarrollo Social del Gobierno del Distrito Federal. Se me pide, como a otros tantos, que “lo difunda”. Por el tono, es de suponerse que el equipo del secretario no espera que emita opinión alguna y que solamente lo difunda entre mis conocidos. Esto no lo puedo hacer. Así que procedo a opinar al respecto.

Los políticos suelen moverse bien en las superficies. Proceden convencidos de que forma es fondo. Martí Batres no es la excepción. En su columna, “Objeciones de la memoria” (17 de diciembre de 2009), responde a Joaquín López Dóriga de un modo “político”, es decir, poniendo énfasis en obviedadades y haciendo caso omiso de las cosas de fondo, sacando a relucir currículum y enviando mensajes a por lo menos un actor político de importancia.

El motivo de la respuesta del secretario es la reiterada insistencia del periodista en su renuncia al puesto que califica de poderoso. Martí Batres aclara a Joaquín López Dóriga que el presupuesto que su secretaría maneja no es de 12 mil millones como afirma en uno de sus artículos, sino de “apenas” mil 300 millones de pesos. La exageración salta a la vista. No obstante, deja intacto el hecho de que efectivamente la secretaría de Desarrollo Social es sumamente poderosa por su incidencia y el modo en que se maneja la distribución de sus recursos.

Luego el secretario pierde piso. Argumenta que la ley, claramente manifiesta en la firma de su nombramiento por parte del Jefe de Gobierno, “no aparece que los conductores de televisión tengan facultad para poner o quitar funcionarios de gobierno alguno”. Perogrullo haciendo gala de su lógica. No, evidentemente no “aparece” ni “estipula” ley alguna semejante cosa.

Joaquín López Dóriga es solamente un periodista, o como dice el secretario, un “comentarista de televisión”. En este país ser tal cosa no implica necesariamente voluntad informativa ni compromiso alguno con la veracidad. Pero tampoco supone necesariamente una postura personal. Guste o no, López Dóriga es parte de eso que suelen llamar “opinión pública”. En México ésta es, sobre todo, el decir de ciertos poderes económicos que monopolizan los medios de información masiva, particularmente la televisión.

Por lo anterior, el secretario se equivoca cuando hace el diagnóstico del por qué es objeto de ataques de aquel “comentarista de televisión”. Supone de manera muy gratuita que esto se debe a la labor que la secretaría de Desarrollo Social lleva a cabo. Sin descanso, dice el secretario, los que la integran siempre están en contacto “con la población menos favorecida económicamente”. Y concluye que “Tal vez eso es lo que inquieta y pone nerviosa a una derecha intolerante y delirante que hoy me quiere sacar del Gobierno de la Ciudad”. No, a esos poderes no les inquieta en lo más mínimo que estén “siempre en contacto” con esa población. De hecho, hasta lo ven con simpatía. Los poderes económicos, particularmente los que monopolizan los medios de comunicación masiva, hacen exactamente lo mismo que muchos de los programas del gobierno de la ciudad. Y la derecha intolerante a la que alude el secretario, es católica. La caridad, que supone también estar en contacto con los menos favorecidos, es virtud teologal. Ergo, la practican porque en ella va la salvación del alma. Así que difícilmente podrán objetar el acto de “estar en contacto” con los menos favorecidos.

El ataque del que el secretario es objeto se debe a algo menos noble que lo sostenido en su alegato. Se trata ni más ni menos del 2012. La sucesión presidencial sí inquieta a los poderes económicos de este país. Por ello van tejiendo su estrategia para imponerse de una vez por todas: desde la televisión y el espectáculo crean un candidato, impulsan una reforma electoral que garantice el bipartidismo, y buscan cómo sortear el escollo del Distrito Federal. Aquí la opción era “Juanito”, pero se cebó. Así, pues, los ataques al secretario de Desarrollo Social están insertos en plena estrategia electoral.

Con el 2012 en el horizonte, esos poderes económicos consideran indispensable sacudirse al señor López de manera definitiva. Como es sabido, el secretario Batres basa parte de su proyección política en su lealtad incondicional a López Obrador. Incluso del proceder de éste quiso hacer teoría política (Las claves de AMLO). Y es que el secretario de Desarrollo Social está metido de lleno en la carrera electoral para ser, por lo menos, candidato a Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Lo cual lo coloca ante un triple adversario: los poderes económicos, los partidos políticos, y su propio partido (Quizá por ello López Dóriga atribuye la salida de Martí Batres como parte de un debate interno del Partido de la Revolución Democrática).

A Martí Batres le molesta que López Dóriga haga alusiones a los conflictos del PRD. Con una frase que pretende ser lapidaria (“Joaquín me corre alegando un debate interno de un partido al que no pertenece”) se desbarranca por segunda vez. ¿No podría objetársele lo mismo?, por ejemplo, ¿cómo habla de una derecha intolerante a la que no pertenece?. Para Martí Batres, al parecer, la pertenencia define la comprensión. Lo cual todo lo vuelve necesariamente “exclusivo”.

Así, asido a esta lógica endeble (no perteneces-no comprendes-entonces no opines), saca a relucir currículum. Escribe: “En cambio yo sí soy del PRD y como presidente capitalino del mismo defendí y garanticé el derecho de Marcelo Ebrard a participar en una elección interna de la que querían sacarlo para que ni siquiera pudiera contender. Trabajé intensamente para contribuir en su triunfo en 2006. Soy parte del proyecto de izquierda en la ciudad. En cambio, Joaquín trabajó para otro, y lo sigue haciendo”. El párrafo en su conjunto contrasta con el título mismo de su columna: “Objeciones de la memoria”. Supongo que ésta se trata de “recordar”. Y hasta donde es posible hacerlo, don Marcelo Ebrard no es una persona de izquierda. En aras de un discurso político no habría que olvidar aquella reunión en la que tras perder el registro de su partido en ciernes, Camacho Solís y Marcelo Ebrard llegaron a la conclusión de que era mejor apoderarse del PRD que seguir en el intento fútil de fundar otro partido. Y así lo hicieron. Pero eso no los hizo de izquierda ni a uno ni a otro. Son priistas y son camaleones.

Sin duda Martí Batres es de izquierda (de cierto tipo de izquierda). Una larga tradición familiar se lo exige y sus convicciones son profundas. Pero de allí a concluir que en la ciudad de México hay un proyecto de izquierda existe una distancia considerable. Mucho de lo que se hace en esta ciudad tiene un sesgo cristiano. Pasa en otros lugares del mundo, como en Nicaragua. Es la nueva tendencia de la "izquierda". Por eso es que muchos de los proyectos de esta "izquierda" son cordialmente aceptados por la derecha. Muy pocas cosas que se han hecho en esta ciudad, como lo del aborto, como lo de la recién aprobada ley de adopción para parejas del mismo sexo, son en verdad imposibles de asumir para la derecha. Y tal vez ese sea un signo de izquierda. Pero es muy poco. Y de lo poco que hay de cierto tipo de izquierda, está el secretario de Desarrollo Social, que no obstante, tampoco ha podido sacudirse todas las inercias de una tradición política corporativa que impera en nuestro país.

Pero los decires de Joaquín van más allá. Llegan hasta los oídos del Jefe de Gobierno. Éste tarde o temprano habrá de enfrentarse a López Obrador por la candidatura y los acomodos dentro del Distrito Federal de la “izquierda electoral”. Algo le están diciendo los poderes económicos al Jefe de Gobierno. Probablemente que le ven con más simpatía que a López Obrador. Seguramente que prefieren a alguien de su gente en la jefatura de gobierno que a alguien cercano al tabasqueño. Se trata de mensajes políticos, no de ataques a políticas sociales de un gobierno de dudosa tendencia de izquierda. Y muy en el fondo Martí Batres lo sabe. De otra manera su alusión al importantísimo papel que jugó como presidente del PRD-DF para que Marcelo Ebrard fuese candidato, y por consiguiente, Jefe de Gobierno, sería una mera “chiripa”, inconcebible para un político que aspira a los puestos más altos de la ciudad y de la república. Como quien no quiere la cosa, el actual secretario le recuerda al Jefe de Gobierno ciertas deudas. Esperemos que al menos lo haya hecho concientemente.

No aspiro a que los políticos sean más de lo que actualmente son. He perdido toda esperanza de ello. Sin embargo, a nadie se le exige someterse a lo que ellos son. Por eso me parece importante opinar en este espacio. Lo hago sin miramiento ni simpatías (aunque las tengo).

martes, diciembre 08, 2009

Y pues ya en el recuerdo...

Qué buen concierto!


No es una joya pero...

No es precisamente una joya, pero tiene su encanto. Clavado en la memoria tengo el estribillo "¿Dónde crees que vas? ¿Quién te parece que soy? No mires atrás, que ya no estoy. Pero ¿dónde crees que vas? ¿Quién te parece que soy? Si miras atrás mañana es hoy... No mires atrás que... sepas que el final no empieza hoy...". Pegado pegado lo traigo... Al grado que lo tarareo en la moto...

Obra de arte en la ciudad

Hay cosas que no se pueden saber, pensaba. ¿Cómo es posible que sienta un brazo de sol ciñéndome por la cintura?, se preguntaba. Entre tú y el horizonte hay un extraño parentesco, decía una voz dentro de su cabeza. Amanecer o atardecer en ti, es el único milagro que me interesa, declaró en silencio. Escojo, se dijo, esta manera de morir: quemada, quemada, quemada. Este sol que me asa, que me hace, que me incendia, que me arrasa, no deja oxígeno qué respirar, intentó musitar. Y tras el horizonte sólo queda tu mar, que proceloso me hunde y me ahoga, intenta gritar pero sólo alcanza a gemir sílabas y más sílabas.

Aislados por el bendito vapor que se adhiere a las ventanas de ese auto, obsequiaron un bello cuadro para una urbe contrahecha.

sábado, noviembre 14, 2009

Lo que hay de ti en mí

¿Has visto cómo ojos, algunos discretos y otros ávidos, recorren tu cuerpo? ¿Te has enterado de los pensamientos que intuyo tras los relámpagos de deseo que les nublan la mirada cuando caminas frente a ellos? ¿Sientes de alguna manera lo que tu mirada hace desear, soñar?¿Sufres los sufrimientos que el imposible dibuja como caricia en tus caderas y que solamente esos otros que te admiran padecen cual enfermedad? ¿Sabes que para mí eres todo eso (enfermedad y condena, pero también medicina y alivio) y más? ¿Percibes las centellas de mis ojos cuando hablas, cuando a fuerza de palabra me haces un lugar en tu mundo? ¿Acaso eres plenamente conciente de las múltiples muertes que tu vida, tu cuerpo y tus palabras me han obsequiado? ¿Cargarás el milagro de mi constate revivir en ti? ¿Cómo explicarte que solamente así, con estas preguntas, puedo decirte, de manera vaga es cierto, lo que de ti hay en mí?

miércoles, noviembre 04, 2009

Dadle al César lo que es del César y a la iniciativa privada lo que es de la iniciativa privada

A menudo usamos palabras cuyas implicaciones nos son elusivas. Por ejemplo, la de “impuestos”. Un documento elaborado por el Programa de Presupuesto y Gasto Público del Centro de Investigación y Docencia Económicas, sostiene que los impuestos son una fuente muy importante de ingresos para el gobierno, y en otro lugar se afirma que el Estado devuelve a la sociedad la extracción impositiva a través de bienes públicos como la educación y los servicios como la luz, la impartición de justicia y la seguridad. Así, los impuestos son al mismo tiempo “ingresos” y “extracciones”. En esto no hay contradicción alguna, pues efectivamente puede obtenerse lo uno por medio de lo otro, como lo demuestra el narcotráfico con su ya tristemente célebre “derecho de piso”. Ciertamente tiene un notable tono parasitario, pero para el caso del Estado, precisamente por sus bienes y servicios, no lo es, o por lo menos no lo es tanto, y además tiene su justificación plena.

Sin embargo, sí hay una diferencia considerable entre gobierno y Estado. Si se atiende al proceso formal por medio del cual se aprueba la Ley de Ingresos en este país, queda claro que los impuestos debieran ser un asunto de Estado, no de gobierno. De lo contrario carecería de sentido que el poder Ejecutivo envíe al poder Legislativo su propuesta de Ley para ser aprobada con o sin modificaciones. Por eso no se equivocan los diputados que al calor del debate actual sostienen que los impuestos son necesarios e indispensables para el funcionamiento del Estado. En efecto, sin ellos acabaría desintegrándose. No viene al caso discutir aquí las diferentes concepciones de Estado que existen en la historia del pensamiento político, baste con decir que sin impuestos ni educación ni luz ni justicia ni seguridad podría ofrecer el Estado, y por lo tanto, su existencia sería absurda. De aquí que aquella Ley de Ingresos está animada preponderantemente por una política de Estado que trasciende los alcances y veleidades del gobierno en turno.

Sostener lo anterior es, por supuesto, hacer referencia a un mero ideal, es hablar de un “deber ser”, es insistir en un aspecto formal que se agota en su solo planteamiento. En nuestro país, como lo demostró con creces el reciente debate en torno a la Ley de Ingresos 2010, los impuestos obedecen a cosas muy diferentes de una política de Estado, y adolecen de falta de justificación alguna por al menos tres razones.

La primera tiene que ver con lo que “teóricamente” el Estado devuelve a la sociedad por la extracción impositiva que le hace. Ni los bienes ni los servicios que ofrece son tales. Los gobiernos neoliberales acuden al expediente del subterfugio para darnos “liebre por gato”. Nos dicen que el problema de los bienes y servicios es que deben de ser “de calidad”, razón por la cual intentan hacer pasar por justa una mayor extracción de dinero a través de los impuestos. Pero resulta que un bien o un servicio es de calidad o no es una cosa ni la otra. El diccionario de la Real Academia ofrece la siguiente definición de servicio: “Actividad llevada a cabo por la Administración o, bajo un cierto control y regulación de ésta, por una organización, especializada o no, y destinada a satisfacer necesidades de la colectividad”. La satisfacción de una necesidad no puede hacerse a “medias”; se la satisface o no se la satisface.

Si se considera lo dicho párrafos atrás, queda claro que el Estado mexicano no satisface las necesidades de luz, de impartición de justicia ni de seguridad de la población en su conjunto. Lo mismo sucede con los bienes: la educación, si bien pretendidamente universal (al menos la básica), no satisface las necesidades sociales en tanto que sus contenidos dejan mucho que desear, como lo demuestra la prueba “Enlace”. Entonces, en México, la devolución de la “extracción impositiva” del Estado a sus sociedad no corresponde con los impuestos que le cobra. Se trata de una relación inequitativa y asimétrica: se quita mucho y se da muy poco. Y lo que es peor es que a la sociedad se le pide que haga caso omiso de este hecho en aras de bienes y servicios “de calidad” que algún día llegarán. En pocas palabras: “te cobro en virtud de una promesa que, te juro, llegará con el tiempo”.

La segunda se relaciona directamente con la plena conciencia del gobierno de su imposibilidad e incapacidad para ofrecer bienes y servicios a cambio de la extracción de impuestos. “Adelgazar” al Estado, dejar en manos de la iniciativa privada los bienes y servicios que teóricamente corresponden al Estado y en virtud de los cuales cobra impuestos, es reconocer, si se quiere de manera inconsciente, que éstos sirven para fines distintos a los que corresponden al Estado. Esas “extracciones impositivas” no se devuelven a la sociedad en bienes y servicios, puesto que el Estado ya no los provee. Al más puro estilo parasitario el gobierno extrae recursos que no devuelve, no sólo porque carece de intención, sino porque ya no tiene los medios para devolverlos (la educación no está en sus manos sino de una “lidereza” y la iniciativa privada; la luz tampoco está en sus manos, pues invita a la iniciativa privada a apoderarse aún más de ella; la justicia y la seguridad no sólo son ineficientes sino que dejan en manos de instancias privadas o parvadas de paramilitares su juicio y ejecución, como está sucediendo en el municipio de San Pedro Garza García).

Adicionalmente condena a su sociedad a pagar, aún más caro, aquello por lo cual acepta se le quite una parte de sus ganancias derivadas del trabajo. Bajo una bien aprendida lógica católica, el gobierno mexicano dice a su sociedad: “dadle a César lo que es de César, y a la iniciativa privada lo que es de la iniciativa privada”. Es decir, págale al gobierno por bienes y servicios que no te da y págale a la iniciativa privada por lo que te ofrece y hace pasar por “servicios de calidad”.

La tercera razón se nos reveló en el reciente debate sobre la Ley de Ingresos que propuso el poder ejecutivo. Se nos dijo, primero, que el país enfrenta un “hueco” financiero derivado del fin de la era del petróleo. Para aliviarlo, se nos dijo después, es necesaria una alza generalizada de impuestos. Se nos dice ahora que gracias a lo aprobado por diputados y senadores el gobierno podrá cumplir con sus funciones. Queda claro entonces que en nuestro país la política impositiva es un asunto de gobierno, puesto que el Estado es ya prácticamente inexistente, y por tanto, que estos ingresos son necesarios para que el gobierno funcione. En este sentido, la administración actual es prístina: el funcionamiento de uno no significa de ninguna manera los servicios que el otro está obligado a ofrecer a cambio de la extracción impositiva.

Esto fue precisamente lo que se hizo evidente en el debate sobre la alza de impuestos. Salvo un sector minoritario, los actores políticos demostraron que, además de la inexistencia del Estado, para ellos tampoco existe la sociedad. La discrepancia central en cuanto a la Ley de Ingresos se centró en la responsabilidad política del alza de impuestos. La economía, la población, los bienes y servicios durmieron el sueño de los justos en esta discusión. La serie de acusaciones entre los líderes de partidos políticos, adalides de fracciones y el secretario de Hacienda dejaron claro que en la política fiscal prevalece el interés particular de un gobierno sobre el bien general que supone la sociedad mexicana y el Estado. El “hueco” financiero amenaza al gobierno y por tanto exige a su sociedad pagar más impuestos. La oposición, con sus honrosas excepciones, se dio cuenta que de esos impuestos también depende su existencia y su funcionamiento. De tal suerte que al unísono, después de escarceos, amonestaciones, amagues y simulaciones, aprobaron una Ley de Ingresos cuya único objetivo central es el funcionamiento del gobierno. Fácilmente se nos ha demostrado que la lógica parasitaria es insaciable, lo mismo si se habla del César que de la iniciativa privada. Y que la única afectada es la sociedad, condenada a trabajar. En pocas palabras, se nos dijo: "No trabajo, no doy, pero dame dinero para que vele por mi bien".

Estas tres razones permiten formular la siguiente pregunta, precisa y sin retórica: ¿Cuál es el compromiso que la sociedad mexicana debe tener con un Estado inexistente, con una iniciativa privada voraz, con un gobierno parasitario? ¿Cuál?

Sobre impuestos

Circulo el contenido de un mail que me llegó.




SIMPLES CALCULOS MATEMATICOS




Si crees que el IVA solo subió un punto y eso no es nada, déjame decirte lo siguiente:

Si ganas 12,000 al mes esto es lo que te va a afectar.

Tu sueldo: $12,000
Menos ISR (30%): $3,600 pesos de impuestos
Total de tu sueldo que queda: $8,400 pesos

Eso es $240 pesos menos al mes que es exactamente el 2.77% de tu sueldo
(Si, 2 puntos en el ISR significa 2.77% real en tu sueldo)

Imaginemos por un momento que el resto de tu sueldo lo gastas en cosas pagando IVA (esto para efectos prácticos)

Te quedaron $8,400 pesos
si a eso le pones IVA (16%): $1,344

Eso significa que neto para gastar te quedó $7,056 de $12,000 pesos

Eso significa que te quitaron en total $4,944 pesos, que es igual a 41.20 % del total de tu sueldo

41.20 %.... eso es realmente el lo que te van a quitar, eso si no tomas alcohol o cerveza, si no tienes tv por cable, si no tienes celular o teléfono fijo, si no fumas. Porque a todo eso agregale otro 3% a todo lo que pagas por esos conceptos.

Eso significa que de cada peso que ganas con el sudor de tu frente, intelecto o tus manos, el gobierno te quitará 41.20 centavos, entonces realmente no ganaste un peso, sino 58.80 centavos.

¿Te gusta lo que los "representantes del pueblo nos hicieron?
¿Tu representante te preguntó siquiera si estabas de acuerdo?

Estos son los impuestos que nos acaba de aumentar el "Presidente del Empleo" quien por cierto en campaña dijo que no subiría los impuestos y que por el contrario los bajaría y eliminaría otros como la tenencia (cosa que no ha hecho el mentiroso).

La pregunta es:
¿Que vamos a hacer?
a) ¿los pagamos calladitos calladitos y nos seguimos empinando cada vez mas?
b) ¿O les ponemos un alto?
c) ¿O no te importa?

Tu decides.... por lo pronto informa a otros.

lunes, noviembre 02, 2009

Sobre el perdón (respuesta a mail)

Eso sí que no te lo puedo responder. Entre las muchas incompetencias que padezco está la definición y comprensión del perdón. Desde chico tengo grabada en la memoria aquella frase que se atribuye a los judíos: “perdono pero no olvido”. Siempre me he preguntado si eso es posible. ¿Qué pasa cuando se recuerda la ofensa o el motivo destinado a ser perdonado? ¿El recuerdo no desencadena un relámpago que hace trizas el supuesto perdón?

No sé, pero yo creo que el perdón requiere de olvido. Según Nietzsche sin el olvido es imposible vivir. Rumiar sobre lo que nos duele, sobre lo que nos afecta, nos hiere, nos provoca un enojo que exige, que convoca el perdón, sólo nos ata y nos ahoga. Allí no está la vida. Por supuesto, ni un psicólogo ni ningún historiador puede aceptar esto. Porque lo que se olvida no se asimila, y por tanto, no ofrece utilidad alguna para la vida. Acorde con esto, fantasmas y fantasmas se acumulan en nuestra vida, y se cobran esta ignorancia deliberada. Y al contrario de su propia intención, lo no perdonado se presenta cotidianamente con otros ropajes, y acaba por generar, incluso, enfermedad. Hay quien dice que de eso se trata el cáncer. Este ninguneo resulta, según ellos, menos adecuado que su asimilación plena.

El perdón, entonces, es algo así como la asimilación de la ofensa, de la persona que ofende, del dolor provocado, y su superación, logrando integrarla plenamente en la vida y personalidad propias. Imagino que llegados a este punto puede decirse que, independientemente de esta asimilación-integración, se llega a la inevitable conclusión de que en este proceso lo que disminuye es la confianza hacia aquel o aquello que lastimó y nos mete en el brete del perdón.

Yo francamente creo que a menudo esperamos demasiado de alguien o de algo, y de allí la fuente de los dolores y las necesidades del perdón. ¿Por qué alguien o algo habrá de actuar como nosotros esperamos que lo haga? ¿No es acaso un sujeto con vida propia, con sus problemas propios, con sus traumas propios? Ignorar esto es exigirle al otro algo que de entrada no podrá cumplir. Un nivel de exigencia muy alto necesariamente produce una frustración similar.

Así que en mi opinión hay que dejar fluir, hay que dejar de exigirle al otro algo. Al otro hay que quererle y tenerle, hasta donde sea posible, confianza. Confianza no en que hará lo que uno espera, sino en que si su proceder deliberadamente o no te provoca daño, sabrá encontrar el modo de mitigarlo y de reconstruir los lazos que le unen a ti si eso es lo que quiere y le interesa. No hay nada más qué hacer.

Por supuesto, sólo nos queda rodearnos de las personas que nos llenan de alguna manera, que nos acompañan en nuestro andar, que iluminan nuestro camino, que no sacan sonrisas y las mejores ideas de nosotros.

Así que no sé qué decirte, ni mucho menos si debes o no o cómo perdonar enojos, arranques, actos, daño. Lo que sí sé es que más vale no quedarse allí. Es mejor, como alguien me dijo, “caminar ligero”. Es decir, sacudirse los lastres en que se traducen todas las ofensas, los insultos, la merma de la confianza en el otro.

Soy de la opinión que quien exige perdón es probable que no lo merezca, pero quien con actos te dice que pese a todo el daño hecho quisiera estar cerca de ti y lo demuestra con esos actos, merece al menos un mínimo grano de arena de confianza para que los puentes, si no iguales, se reconstruyan, y así, por lo menos logren desbrozar el camino para que esa persona pueda acercarse de nueva cuenta. Por alguna razón ha de querer estar cerca de ti. Si esa razón es pésima, pronto lo descubrirás, y volverás a aprender a “caminar ligero”. De ti y por ti no quedan las cosas rotas. Que cada quien se haga cargo de lo que rompe.

No tengo que decirte que para todo eso se necesita cierta disposición de espíritu e inteligencia.

Vale. No puedo decirte nada más ni creo que lo dicho sea mínimamente coherente o te sirva de algo. Pero es lo que se me ocurre este día de fiesta y de muertos, y en a premura de salir a pasear...

sábado, octubre 31, 2009

La sirena y su amante

Últimamente el agua se ha vuelto compañía y confesionario. No sé cómo recibe mis palabras no dichas, mis pensamientos vueltos infinitas burbujas de aire que afectan su superficie. Lo suyo es el silencio. Pero durante más de media hora me recibe, no dócil pero sí afable. Me exige un ritmo y sólo cuando lo alcanzo permite que comience con mi decir silencioso. Ella suele purificarme. Como mujer se me entrega cuando la acaricio pero me regresa una sabiduría que no se suele decir frecuentemente: estás solo. De eso se trata la vida. Lo demás, por ese solo hecho, ya es ganancia. Y con esa idea, me despido de ella. Camino por la tierra pensando en eso que me repite casi todos los días. Y aunque las horas a menudo me hacen dudar de lo acertado de su aseveración, suceden cosas que acaban por darle la razón. Por ejemplo, esta mujer que como ciclón me envuelve y me deposita en el regazo de su corazón. Ella me recuerda siempre una canción, aquella que habla de la “lengua de gato”, del “pan de centeno”, de la “suela de zapatos”. Me pregunto si no es ella sirena que de esa agua matutina sale para acompañar mis pasos en tierra. Y en efecto, ese solo hecho es una ganancia abrumadora en esta, que al parecer, todavía es mi vida.

viernes, octubre 30, 2009

Respuesta a comentario

Respondo a un comentario hecho en este Blog.

En general suelo corresponder a quien me saluda. Padezco, cierto, de pésima memoria para nombres y rostros. Hay personas que por una u otra razón las tengo grabadas en mi corazón y puedo, efectivamente, tenerlas siempre presente en mi vida, y por tanto, reconocerlas en todo momento. Hay otras de las que se me queda su rostro en la retina, pero no el nombre ni las circunstancias en que las conocí o el motivo por el cual se me hace familiar su rostro. Esto me sucede con cierta frecuencia con los alumnos: son tantos los que pasan por los salones de clase que me es imposible reconocerlos siempre. En mi descargo debo decir que lo mismo sucedió con mis maestros: muchos de ellos probablemente ni me recuerdan. Sin embargo, cada vez que los veo, los saludo, si no ceremonialmente, sí con la afabilidad suficiente. Y es que pienso que no todos tienen por qué recordarnos. Quiero decir:¿por qué un maestro habrá necesariamente de recordarme a mí?, ¿por qué alguna mujer obligadamente ha de recordar mi mirada?, ¿por qué alguien del público está exigido a recordar exactamente mis palabras dichas en algún auditorio? Nada ni nadie obliga. Claro, están los olvidos obligados, exigidos, necesarios. Pero esa es otra historia... Así que no se me amedrente, y salúdeme cuando me vea perdido en alguna marcha con “agradable compañía” según su decir.

jueves, octubre 29, 2009

Apagar celulares

Veo que las protestas y propuestas crecen. Al parecer la crisis activa voluntades y enojos. Mientras el alza de impuestos de telecomunicaciones despertó indignación y oposición, las compañías de telefonía celular siguen haciendo su negocio ofreciendo un servicio caro e irregular. Y lo que es peor, el dueño de una de estas empresas anda en pos de las redes que ocasionaron el conflicto en Compañía de Luz y Fuerza. Así que protestar contra las compañías de telefonía celular también es importante. Me llegó la propuesta, que asumo, de apagar los celulares el viernes 6, sábado 7 y domingo 8 de noviembre para exigir la disminución de tarifas y cobro de llamadas, incluso perdidas.

miércoles, octubre 28, 2009

Amores muertos que no matan

Me encontré esta joyita... Dylan Dylan

Recuerdos

Ese día había nerviosismo. La universidad estaba en huelga y todavía no llegaba su momento menos afortunado de expulsiones, amedrentamiento, y golpes, aunque ya se anunciaba en el horizonte. Muchos grupos universitarios trabajábamos en ese momento para encontrarle salida al problema de cuotas-resistencia en que estábamos inmersos.

Dos asambleas se realizaban al mismo tiempo en nuestra facultad. Un amigo y yo esperábamos nos dejaran tomar la palabra en la asamblea de maestros. Otra amiga aguardaba su turno para usar la palabra en la asamblea de estudiantes. Queríamos intervenir primero con los maestros para llevar una propuesta más concreta a la asamblea estudiantil. Pero las cosas no salieron así.

Me informaron que nuestra amiga ya iba a hacer uso de la palabra. Mi amigo y yo decidimos dividirnos: él se quedaría a esperar a que los maestros le hicieran un espacio y yo bajé a ver cómo estaban las cosas con los estudiantes.

Al llegar a la asamblea estudiantil me sorprendió la encendida defensa que ella hacía de nosotros (de mi amigo y de mí). Nunca en mi vida nadie me había defendido públicamente con tanto denuedo. Refutaba una serie de acusaciones que asumo se hicieron previas a su intervención: ya empezaba la cacería de brujas. Su decir fue tan vehemente que varias lágrimas escurrieron por sus mejillas. Al finalizar, le di un fuerte abrazo y salimos de la facultad así, abrazados. Sin estrategia, sin propuesta, sin proyecto. Pero así salimos: abrazados. En ese momento era lo más importante.

Esa mujer, desde que la conozco, me sorprende. Lo hace incluso hoy cuando nuestros encuentros y pláticas son escasos. A través de Facebook me llegan sus reflexiones intempestivas. Una de ellas, de las más recientes, habla de la paz, y de su definición ante la vida. Le agradezco infinitamente sus palabras. Su hacerme recordar muchas cosas. Me llegan como lluvia nutritiva en un día en que la sensibilidad extrema me ahoga. Recuerdo sus lágrimas, recuerdo sus palabras, recuerdo su rostro y una que otra de sus confesiones. Y recuerdo también al amigo, aquel amigo que hace tiempo se fue de este planeta.

Imposible

"Solo", le dijo
El cielo lápida es
Muerto ya estaba



viernes, octubre 23, 2009

Duelo

Hasta hoy puedo decirlo: han sido días de duelo. Ese espacio indefinido y elusivo que llamamos corazón se me llena de vacíos a pasos agigantados. Aunque todo fin es esperable, y alguno que otro deseable, no por eso deja de provocar una herida que ninguna lamida sana, que ninguna caricia mitiga. Y es que el vacío es como un hoyo negro que engulle. No me dan ganas de resistirme, pero hay en mi horizonte otras presencias que me indican que más vale no irse por ese camino sin retorno. Bienvenidas esas presencias. Viviré, como siempre, lidiando con los vacíos que me acosan.

domingo, octubre 18, 2009

Heroes

Lennon, que sabía lo que decía, manifestó querer igualar el LP de Bowie llamado Heroes (1977). Éste lo hizo pensando en el Muro de Berlín, y años después, la canción del mismo nombre que formó parte de aquel LP tras ser recuperada por varios grupos, se convirtió en tema central de la película Godzilla (1998). Aquí, Bowie en vivo... un guiño a la nostalgia...

jueves, octubre 15, 2009

Luz y Fuerza del Centro

1. Yo no sé ustedes, pero extraño la palabra trabajador. Hoy el gobierno habla de pobres o de mexicanos, de sindicalizados o de empresarios, de estudiantes o de indígenas, pero no habla del trabajador. A este último se le condena al olvido. Y este “olvido” también invade el lenguaje cotidiano de la gente, de los burócratas, de los académicos, de los estudiantes, que a lo sumo conciben “el servicio” como algo “nice”. Y es que más vale que la sociedad no se dé cuenta que depende del trabajador para vivir, aunque el espejismo moderno nos ofrezca la vana ilusión de un mundo tecnificado en el que ya no hay trabajadores sino “prestadores de servicio”. El trabajador tiene hoy que remontar explotación y desdén, “olvido” deliberado e ignorancia fomentada.

2. Por eso, si le creemos a las encuestas, un gran sector de la sociedad mexicana está de acuerdo con la liquidación de Luz y Fuerza del Centro, para acabar con el sindicato, corrupto y lleno de privilegios, dicen. Así es como el “olvido” del trabajador opera su magia: si éste no existe, mucho menos debe existir un sindicato, que además cuenta con prebendas y privilegios “descomunales”. Según ellos los pobres no tienen por qué organizarse; su única opción es ser organizados para cobrar los apoyos de Oportunidades. Los “prestadores de servicios” tampoco deben organizarse, pues individualmente han de mostrar con eficacia sus talentos para ser contratados. Las máquinas funcionan a la perfección, sin interrupción, sin reclamar horas extras, sin procrear, sin vacaciones, sin salario pero sí con costos, cuyos dueños inmediatamente recuperan de manera acrecentada; ellas al igual que los pobres han de ser organizadas de manera racional para maximizar la producción. Las buenas conciencias son los únicos que pueden organizarse: en la Iglesia primero, después en las ligas mayores de los que sí “han sabido hacerla”: los empresarios, las marcas, la mercadotecnia.

3. Luz y Fuerza del Centro, dice el gobierno, resultó inviable. De ello culpa al sindicato, y de esta manera, refuerza la idea de que además de absurdo, pues el trabajador ya no existe, aquel es culpable del fracaso de ésta y cualquier otra empresa, estatal o no. Saca lección que vende como pan caliente: los sindicatos son fuerzas retardatarias que impiden el avance de México por la senda de gloria que los cielos le trazaron. Las prebendas y los beneficios no son para los güevones sino para los sectores más activos del país: los empresarios y los políticos que se dan cuenta de este hecho. En suma: sé pobre, sé prestador de servicios, pero no se te ocurra ser sindicalizado.

4. Ante esto hay que tener claras algunas cosas. Primero, el trabajo. Somos eso: estamos obligados y condenados a trabajar. No sólo es nuestra naturaleza sino que es el trabajo el que genera la riqueza. El trabajador está allí: en todo lo que comemos, tocamos, vestimos, disfrutamos. No verlo no decreta, por acto de magia, su desaparición. No verlo más bien revela otra cosa: la negación de saberse parte de ese sector, cosa que nos recuerda el mentado salario. No nos gusta sabernos trabajadores. Segundo, el sindicato, que es la organización de los trabajadores. El sindicato surgió como mecanismo esencial para luchar por una serie de derechos de los que generan riqueza. No fue ni una concesión gratuita ni tampoco es, por definición, corrupto. Es preciso tener presente que si la corrupción existe en los sindicatos, ella es el resultado, primero, del capital, que necesita pervertir la organización del trabajador para explotarlo mejor, y segundo, de un régimen político, que comenzó con el PRI y que continua con el PAN, como puede verse en el paradigmático caso del SNTE y su líder. La corrupción sindical es una fuente inigualable de votos, dinero, y mecanismo de presión. Tercero, al trabajador. Seguramente hay corrupción en el SME como en el resto de los sindicatos nacionales. Pero este hecho no puede dejar pasar inadvertido lo siguiente: dentro de los sindicatos existe una burocracia y una masa de trabajadores que trabajan constantemente. Arremeter contra el sindicato y sus perversiones no puede ser razón para imponer al trabajador la cruz adicional del “olvido” sobre la de la explotación. Los trabajadores tienen todo el derecho a organizarse para paliar los efectos de la explotación de la que son objeto, o mejor, para emanciparse de su explotación. La corrupción sindical es un asunto que compete a los trabajadores, son ellos los que han de liberarse de las burocracias que los usan para intereses ajenos; a los regímenes políticos, que han de sacar las manos de las organizaciones obreras; y a todos, puesto que está claro que dentro del capitalismo no hay manera de hacer ni una cosa ni la otra.

5. Más allá de la retórica presidencial, de los fariseos intelectuales que dan razones a la sinrazón del neoliberalismo, y de la “opinión pública” que confunde alevosamente el trato y servicio en ventanilla con el trabajo de los trabajadores de Luz y Fuerza para que esta ciudad cuente con luz, y que a juzgar por lo que sucede en este momento, es tan eficaz que ahora los quieren hacer regresar por la fuerza para que la cosa funcione; más allá de todo eso, digo, se encuentra un recurso nacional. Este recurso está en juego, está en disputa su posesión, su uso, y su explotación racional. Defender su pertenencia al Estado mexicano es algo que resulta indiscutible. Que quede claro: su pertenencia a los mexicanos, no a uno u otro mexicano. Quiero decir: cuidado con aceptar la idea de que hay males menores, como que se quede en manos de empresarios mexicanos en vez de extranjeros.

6. Alguien podrá argumentar que exagero en la idea de que viene la privatización de la energía eléctrica. No sólo es algo que argumenta el SME. Yo me baso en algo más sutil: el recurso del miedo como mecanismo para generar consenso, incluso en las cosas más contraproducentes para la población en general. El miedo a quedarse sin luz, el miedo a que los trabajadores del la Comisión Federal de Electricidad no puedan con el paquete y nos dejen sin luz. El miedo que acaba por legitimar la privatización (contratar a quien sí pueda con el trabajo) a cambio de tener luz. El miedo es un recurso utilizado hasta la saciedad por este gobierno. Durante los tres primeros años se trató del miedo derivado de la “guerra” contra el narcotráfico. Luego, como signo de la segunda parte del sexenio, el miedo de la influenza que sirvió de pretexto para explicar el fracaso del modelo económico y para que la población asumiera como suyas las quiebras económicas del empresariado, como el de La Comercial Mexicana. El miedo del “hoyo” petrolero para lanzar la propuesta del impuesto de 2% al consumo. El miedo ahora de no tener luz, de quedar en manos de sindicalizados, el miedo que permite al gobierno hacer lo que le venga en gana. El miedo de que un trabajador cuente con privilegios: mejor ser todos pobres bajo la irremediable lógica de todos coludos o todos rabones.

7. No me interesa defender a la burocracia del SME. Me importa defender lo que queda de país. Me interesa defender el derecho a organizarnos. Me interesa deshacerme de este sistema. Me interesa acabar con la explotación. Eso me interesa. Por eso me sumo a la lucha que hoy, momentáneamente, encabeza el SME. Y si estas luchas derivan en otras cosas, bienvenidas sean.

domingo, octubre 11, 2009

Presentación del número 9 de la revista Bitácora

Hay quien especulando sobre los orígenes de Todo afirma que “en el principio fue el verbo”. Debo confesar que esta frase me atormenta y persigue desde hace años. Probablemente por incapacidad personal me es sumamente difícil concebir el aliento divino convertido en palabra, creando y creando la realidad que su potestad le permite. Y es que según lo miro, el verbo es también un acto o no es nada. Quiero decir: tras el verbo está el acto; sin éste aquel es imposible. La idea, por supuesto, no es mía; me la obsequió un poeta español (Gabriel Celaya), que maldecía la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales, la poesía que no tomaba partido hasta mancharse. La poesía por él defendida era aquella que con su decir quería dar vida, provocar nuevos actos. La suya, escribió,

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Ni modo de no hacerle caso al poeta, que es artesano del verbo, de la palabra. Algo sabrá por ese oficio suyo: lo importante es lo que no tiene nombre, los actos en la tierra. Son ellos los que dichos pueden provocar otros actos. Por eso simpatizo con quienes suponen que fue un acto el que inauguró el principio de todos los principios: cuando nada tenía nombre. Sí, me es más cercano el homo-faber que un Dios-logos. Entre dioses y humanos, prefiero a los segundos, y entre estos, por supuesto, a las mujeres

Es el acto el que inaugura, el que crea mundos. Y la palabra una y otra vez aparece rezagada, imposibilitada para designar en su plenitud lo que el acto hace, descubre, esculpe, crea. Quiero decir, puedo recitarle a ella lo que otro poeta escribió alguna vez: te quiero “Donde tu vientre es combo, fugitiva tu espalda, oloroso tu cuerpo”, pero palabra tan precisa no alcanza el absoluto de lo que en ella me pierde.

Así, entre acto y verbo hay un abismo. Decir es siempre ir en pos del imposible, de la incapacidad para designar la plenitud al acto, su multiplicidad, sus aristas infinitas. Pero al mismo tiempo, y precisamente por ello, la palabra, el verbo tiene consistencia. De lo contrario, sólo sería hálito que se pierde en la inmensidad de la nada. La palabra, el verbo, siempre se erige sobre algo, aunque su núcleo lo constituya la imposibilidad de designar la plenitud del acto.

Y no obstante, acto y verbo comparten otro abismo que es el que propiamente me atormenta y persigue. Creo sinceramente que antes del acto y del verbo está la duda. Desde hace mucho tiempo me pregunto si no es ella la que está en el principio; si el hacer o el designar no están precedidos siempre por una duda: ¿qué es esto?, ¿qué hacer ante esto o aquello?, ¿por qué hacer o no hacer tal o cual cosa? De hecho, según una vieja historia cuenta, la historia humana nació precisamente por una duda: gracias a que una mujer se preguntó por qué no, acabó condenando a la humanidad a tener historia, si bien como seres caídos buscando redención, lo cual tiene un encanto peculiar. Tenemos historia por una manzana del árbol del saber. Tenemos historia porque una mujer se preguntó sobre ese saber. Y así ha sido siempre: nos movemos por la duda de una mujer.

Entonces, no el verbo ni el acto sino la duda como principio de principios, como el movimiento más íntimo del espíritu, de la razón, incluso del deseo. Y es que la duda, si es tal, no precisa una respuesta específica, predeterminada, pero sí una respuesta cualquiera. Porque lo propio de la duda no es la cadena sino la libertad, no es la delimitación sino el ensanchamiento. Por eso los hombres libres son los que dudan, los que se preguntan y los que se responden para responderles a los demás. Y lo hacen, primero, con actos, luego con palabras.

Lo que quiero decir es relativamente sencillo: creo que la ruta natural de la libertad y de la creación de mundos es la que marca la sucesión duda-acto-verbo. Lo contrario es el camino de la escolástica, de la política y de la servidumbre: verbo autorizado, acto limitado, duda estrecha, mundo acotado.

Pues bien, sin temor a equivocarme puedo decir que la revista que hoy nos convoca es hija del primer camino. Bitácora nace como resultado de pasos dados desde hace años por el Faro de Oriente. Y éste a su vez no es la creación de un acto amoroso institucional, sino la convergencia de las múltiples respuestas que un caleidoscopio de dudas convocó y fraguó. El Faro de Oriente es en el mejor de los sentidos la expresión más concreta de libertad, la feliz conjunción de dudas y actos. Bitácora llegó mucho después. Habrá quien piense que esta revista tuvo un parto tardío. Yo no comparto esa opinión. Creo sinceramente que sólo después de las dudas y los actos debe venir la palabra. De aquí le viene su consistencia, de aquí le viene su valía: de fijar en verbo lo que sus actos gritan tras dudas creadoras.

Bitácora también ha dado caminado transformándose. Fue primero un esbozo de respuesta ante una duda; luego fue un mero boletín informativo consumido por la comunidad del Faro; y hoy es una revista que además de convocar a su comunidad, sale de “su espacio” para dialogar con los otros, como una Eva que obsequia pecado para generar vida, constituir mundos y crear historias. Por eso, entre otras cosas, su nombre es femenino (ningún viaje vale la pena si no lo inspira una mujer y no lo registra una mirada femenina).

El secreto de Bitácora me parece está en ser resultado de dudas y actos. En este sentido creo pertinente una advertencia: su consistencia proviene de allí y no de otro lado. Olvidar esto sería condenarse a la repetición vacua de palabras y perspectivas, sería transformarse en declamación política, en dogma de fe, en manual de éxito o en páginas de superación personal. Espero sinceramente que esto no lo olvide el equipo editorial de la revista ni el director del Faro ni la comunidad misma de aquel espacio respetable y querido.

Enhorabuena una vez más.

Isaac García Venegas
En el “246”
1 de Octubre de 2009

martes, octubre 06, 2009

La sapiencia de don Enrique

Hace unos días, Don Enrique publicó en el periódico Reforma un artículo de opinión luminoso (“Historia en aerosol”). El objetivo central de su argumentación es convencer al lector de que el camino idóneo para cambios perdurables en el país es la reforma, la acción dentro de las instituciones. Su decir es una refutación “intelectual” a quienes haciendo una lectura “errada” de la historia caen seducidos por la teoría cíclica de la historia y predicen que en 2010 habrá una revolución como las de 1810 y 1910. Se refiere sobre todo a los que enarbolando banderas anarquistas promueven la violencia, haciendo estallar artefactos en sucursales bancarias, y amenazando con el cada vez más famoso: “nos vemos en 2010”.

El artículo me parece luminoso porque pone ante nuestros ojos los esfuerzos intelectuales de un historiador de fuste para defender una causa: la de la democracia liberal, o mejor dicho, lo que don Enrique concibe como tal, y a la que piensa como el producto, si se quiere imperfecto, de la reforma pero no de la revolución. Aunque don Enrique no dice nada que no haya afirmado Octavio Paz hace décadas (véase el discurso que pronunció cuando recibió el premio Alexis de Tocqueville), lo hace con tal entusiasmo que al lector despistado puede convencerlo de la originalidad de sus ideas.

Don Enrique se atribuye a sí mismo una lectura correcta de la historia en comparación con quienes por medio de la violencia, lejos de reivindicar el anarquismo, lo echan al bote de la basura. En su artículo da lugar a una larga cita de un anarquista que afirma, de modo sorprendente, que la violencia hizo que varias de las ideas más importantes del anarquismo fueran relegadas en regímenes como el soviético o el mexicano. Don Enrique sabe perfectamente que una cita fuera de contexto es maliciosamente parcial. Sabe también que esos regímenes procedieron por exclusión en virtud de múltiples causas y que sólo siendo maliciosamente parcial se puede reducirlas a la violencia.

Pero don Enrique, en su “correcta lectura de la historia”, no se limita a citas fuera de contexto. Juega con algo de torpeza el juego vedado a los historiadores: para darle consistencia a su argumentación en favor del reformismo decide incursionar en el “hubiera” de la historia. Afirma que mientras la revolución de 1810 fue “necesaria”, la de 1910 fue “perfectamente evitable”. Hubiese bastado, nos dice, que Díaz dejase a Reyes en el poder para que la revolución de 1910 no estallara. Aquí don Enrique nos repite su devota convicción de que la historia la hacen los grandes hombres (biografía del poder no es título inocente). Nuestro sagaz historiador aborrece a las masas; por eso cree en el reformismo: con tan sólo unos cuantos pactos cupulares la historia iría e irá por buen camino. Por eso, a su leal entender, se equivocan los anarquistas, los que piensan en la revolución, y los que se les ocurre pensar fuera de las instituciones. Las masas no hacen nada que no sea incomodar con absurdos y revoluciones; interrumpen el "curso natural" de los hechos que como ya nos dijo Fukuyama llevan necesariamente al buen puerto de la democracia liberal.

No son pocos los historiadores que al explicar la Revolución mexicana señalan que su estallido fue “inesperado”, fue totalmente sorpresivo, no fue “previsto” ni “visto” por quienes cómodamente vivían en el régimen diseñado por Porfirio Díaz. La miopía antes de la revolución. Sin negarle a don Enrique la certera crítica que hace a la teoría cíclica de la historia, puede ser que sea precisamente aquella miopía la que se repite en los albores del siglo XXI. Quizá no estalle ninguna revolución en 2010, pero la miopía puede ayudarle un poco; ésta no es buena ni para el reformismo. En este sentido es que el artículo de opinión de don Enrique es luminoso: muestra de manera paradigmática cómo el modo “correcto” en que un “empresario intelectual” ve la historia tiene parcialidades tan maliciosas como aquellos agoreros que atribuyen a una fecha un significado trascendente.

viernes, octubre 02, 2009