miércoles, abril 30, 2008

Otra vez, no a la privatización del petróleo

Oponerse a la privatización del petróleo, sea abierta o encubierta, con rango constitucional o simplemente reglamentario, no es mero capricho ni es producto de la ignorancia, como tanto insisten algunos comunicadores. En este país por experiencia se sabe que la distancia entre lo dicho y lo hecho es prácticamente insalvable cuando de políticos y empresarios se trata. Mal que le pese a cualquiera que se tenga memoria de los múltiples atracos arropados de promisorios futuros que ha padecido este país. Memoria sí. Es por eso que se desconfía de lo que dice Felipe Calderón y todos los defensores de la reforma petrolera. ¿Cómo no desconfiar si el mismo Calderón dio muestra palmaria del uso de recursos públicos para intereses privados en Banobras?, ¿se nos puede culpar de recordar que como su titular se autoprestó tres millones 100 mil pesos a mediados de julio de 2003?

Sin ánimo de eximir a Calderón, entre otras cosas porque no hay manera, su proceder en aquel entonces fue, digamos, estructural. Así es el capital y así es la iniciativa privada. El beneficio propio es su sino. Al capital no le interesa otra cosa que no sea el capital. Al dinero le interesa el dinero. Por eso desde antaño el ladrón y el comerciante son la versión más antigua que se conoce del Dr. Jekyll y Mr. Hyde: comparten un mismo cuerpo y pasan de la legalidad al delito en un santiamén.

Hay que recordar que en este país no ha habido un solo proceso exitoso de privatización: el Estado ha acabado siempre por imponer condiciones de privilegio a la iniciativa privada, cuando no ha tenido que recurrir obsequiosamente a su rescate. Así fue con las carreteras, los bancos, Telmex, Aeroméxico… La experiencia muestra que la iniciativa privada es tan fraudulenta y corrupta como lo es el Estado en manos del PRI. Oponerse a la privatización del petróleo en México es, por un lado, negarse a aceptar las “supuestas” bondades de la iniciativa privada, cuyos servicios en México son de los más caros del mundo y de los menos eficientes, pero por otro, es negarse a aceptar que la administración estatal corporativa y corrupta impuesta por el PRI en el país sea la correcta.

Que el PRI y el PAN compartan la idea de privatizar el petróleo resulta explicable por el mismo abrevadero que poseen: la corrupción y la ineficacia. Que el FAP encabece la oposición a esta medida también es explicable, no sólo por obstinación o por terca memoria nacionalista. Sin embargo, lo que importa en verdad, además de negarse a aceptar la privatización, es preguntarse qué hacer con la administración de PEMEX. ¿Cómo liberarle del lastre corporativo en que la sumió el PRI y que tan útil resulta para el PAN? Allí el FAP no parece tener respuesta… La izquierda ha de elaborar esta respuesta.

domingo, abril 27, 2008

Hender

Es ese tu nítido perfil el que ahora hiende mi afán. Su filo, tras cortar el aire, va tras los poros de mi piel, mis venas, el flujo de mi sangre. Por donde pasa mata. Tiempo ha que haces lo mismo. Como si no bastara el haber matado algo de mí la primera vez, regresas obsesionada al lugar del crimen. Es ese tu nítido perfil, que a fuerza de retorno, no deja rastro ni forma aceptable de mí. Al final del día, tu fuerza criminal ya no lastima, pues no da tiempo: cuando pienso en esto ya estás partiendo este corazón del que sólo quedan remedos y cicatrices merced de ese impulso que hace a tu nítido perfil hendir mi afán.

martes, abril 22, 2008

Espejos para el PAN

Con azoro escucho al líder del PAN. ¿Dónde quedó aquel político cuya mesura otorgaba cierta confianza en su decir? Desde la campaña presidencial, su actitud y discurso han subido de tono. La eficacia del argumento, si es que alguna vez la tuvo, sucumbe ahora ante el manoteo y la pontificación. Su enojo ahora es, además de notable, muy visible. Su diatriba contra López Obrador y el FAP es torpe. ¿Quién le ha dicho a Germán Martínez que la clave del diálogo es que se produzca entre quienes tienen ideas similares? Eso se llama soliloquio y es lo que sorprendentemente exige: “El PAN dialoga con quien está dispuesto a aceptar que PEMEX necesita cambiar; el PAN está dispuesto a dialogar con quien acepta que tiene ceder?”. Para Germán Martínez el diálogo sólo es posible dentro del soliloquio del PAN; lo contrario es necedad. Quien tiene que ceder son los otros, no el PAN. Pocas veces se ha visto tan reducido el significado del “diálogo”, que entre otras cosas supone la discrepancia. El totalitarismo anida en estas ideas disfrazadas de solemnidad democrática; el desdén se hace patente cuando el mundo se tiñe de maniqueísmos, como el que maneja Germán Martínez: por México (privatizar el petróleo), en contra de México (negarse a su privatización). ¿Habrá alguien que le recuerde a este individuo lo que significa la política y el diálogo? ¿Habrá alguien cercano que le instruya en lo más elemental: que la virtud del diálogo se da entre quienes discrepan? En épocas menos sabias que las de ahora, un ingeniero ensalzaba la discrepancia como esencia de la universidad: es decir, la diferencia como fundamento de la universalidad. En épocas más cercanas, reputadas como sabias, especialistas del gobierno ensalzan los soliloquios como fuente indiscutible de su saber y acierto. Propongo que inundemos la sede del PAN con espejos. Sus líderes serán felices al verse reproducidos al infinito y seguramente, con la inteligencia que les caracteriza, afirmarán que son la imagen misma de la democracia: pues se verán a sí mismos achaparrados, alargados, deformados, fielmente reflejados, y dirán con inspiración cuasi divina para sus adentros: "mira, soy yo que soy todos; todos estamos de acuerdo conmigo: nosotros tenemos la razón. Este país es tan democrático como lo indica mi imagen reflejada en estos cientos de espejos".

jueves, abril 17, 2008

Petróleo, petróleo

1. Lo que sorprende es que el FAP hubiese podido actuar de modo coordinado si se considera la crisis interna del PRD.
2. La medida de tomar tribunas ha resultado efectiva, no sólo para evitar la aprobación fastrack de la reforma energética, circunscrita al petróleo, sino para evidenciar la inutilidad misma del poder legislativo.
3. Inutilidad porque lejos de la “pureza” del debate legislativo, que tanto exaltan medios de comunicación masiva y senadores y diputados priistas y panistas (reconocidísimos fieles del logos), se ha puesto en evidencia que en el poder legislativo lo que se vive es una lucha atroz entre poderes económicos y sociales, en el que no cabe razón alguna. Una lucha que hoy hace de la "representación" popular un escarnio.
4. Al contrario de lo que señala un “comunicador”, no es el interés económico lo que mueve e la gente del FAP. Ese interés, por el contrario, se halla claramente del lado de los ínclitos senadores y diputados priistas y panistas. Hoy tan defensores de lo que han violado sistemáticamente, unos desde hace 70 años, otros desde hace 20.
5. Cierto es que vivimos en un golpe de Estado. No por las razones que aducen los detractores del FAP, sino porque el capital ha secuestrado al Estado desde hace tiempo. Lo que de una manera muy conciente intenta evitar el FAP es que ese golpe de Estado se consuma. En ese sentido, les asiste la razón.
6. Por eso no deja de ser paradójica la postura de la mayoría de los medios de comunicación masiva: ofrecen argumentos y legitimidad a ese golpe de Estado. De migajas autoritarias se puede vivir muy bien, particularmente cuando lo hacen "modernamente".
7. Independientemente de la opinión que varios senadores y diputados del FAP me merecen, en esta coyuntura política no se puede condenarlos por su actuar, que se inserta en la defensa de una mínima independencia para el país.
8. No a la reforma energética, sí a la transformación del Estado mexicano para que deje de verse a sí mismo como “dependiente pero con dignidad”.

viernes, abril 04, 2008

Escombros

Me gustan los escombros, los espacios derruidos. Concitan la certeza y la duda al mismo tiempo, e impiden cualquier respuesta afable. Quiero decir: al observar escombros se sabe que son restos de algo, pero no de qué ni mucho menos por qué dejo de ser lo que solía ser. Más que metáfora de mi vida y la de mi generación, encuentro en ellos la pregunta que la realidad me escupe una y otra vez al rostro: sabemos que algo fueron pero no lo que fueron ni por qué acabaron siendo el escombro que hoy son. Hay algo de cierto en esta recriminación: nos busco y sólo encuentro los escombros de nosotros.

miércoles, marzo 26, 2008

Lo magnifican

Con ternura leo declaraciones de perredistas a diestra y siniestra. Me matan de ternura. Las cosas se están magnificando, dice alguno, y yo, que casi siempre había reservado la sorpresa para la derecha y el PRI, hasta ahora fuentes inagotables para la crítica, la burla y el sarcasmo, me encuentro con esta declaración que me saca lágrimas de compasión. Porque según tal declaración no es que en el sol azteca haya prácticas repudiables, sino que se magnifican. Es decir, si no se magnificaran serían como tropiezos nimios simpáticos y lindos para la anécdota de cantina.

Se magnifiquen o no, lo que nuestros ínclitos perredistas pierden de vista es que para un simple mortal es probable que todo lo que se dicen en acusaciones de diverso tono los punkcinas y los emortegas sea real. Y esto no quiere decir en modo alguno que por tal motivo se piense que el PRI o el PAN sean mejores: quiere decir que el PRD es tan “pior” como los otros.

domingo, marzo 23, 2008

Una glorieta para el PRD

Me parece que el partido del sol azteca bien podría imitar a las tribus urbanas: irse a una glorieta y firmar la paz entre los punkcinas y los emortegas, para gritar, con entusiasmo: "!ora sí, lucharemos contra el gobierno!". Digo, no más para tomar ejemplos inmediatos...

sábado, marzo 22, 2008

José Joaquín Blanco. Frases. Quijotes

"En una realidad solemne donde los malos ganan con tecnología, contratos, leyes, computadoras, pistolas y bancos, la lona [de la lucha libre] es una bella comedia de caballeros andantes e irremediablemente adolescentes, sin otra lid imparcial que el nostálgico pleito de escuincles a la salida de la escuela"

Semana Santa



Lo pienso y lo pienso. Dios y yo traemos un divorcio inevitable: su infinitud es tan inasible que prefiero la finitud humana, particularmente si es femenina.

jueves, febrero 21, 2008

Propuesta para nombrar a Bolívar Echeverría Profesor Emérito

El siguiente texto fungió como carta colectiva para solicitar se otorgue el nombramiento de Profesor Emérito al Dr. Bolívar Echeverría Andrade, de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

Dr. Ambrosio Velasco Gómez
Director
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Presente

Estimado Dr. Velasco,

Acorde con el artículo 5º del Reglamento del Reconocimiento al Mérito Universitario de la legislación vigente de la UNAM, que se refiere a la candidatura de Profesor Emérito, le solicitamos someter a la consideración del Consejo Técnico de la Facultad la propuesta que hacemos un grupo de profesores para que el doctor Bolívar Echeverría Andrade sea designado profesor emérito de la Facultad.

La Facultad de Filosofía y Letras es sin duda alguna pilar nodal de nuestra máxima casa de estudios. En sus aulas la investigación y la reflexión sobre el ser humano y sus procesos no sólo es un deber sino su razón de ser. En ella la palabra es algo más que un instrumento: es un tesoro que se cuida, se alimenta, y se transforma. En nuestra facultad ser humano y palabra son una y la misma cosa.

Con la investigación, la reflexión y la palabra, el Dr. Bolívar Echeverría lleva en la UNAM más de tres décadas construyendo un “mirador” desde el ámbito de la Filosofía con el cual poder observar y comprender la realidad, particularmente la latinoamericana. La importancia de su propuesta ha sido ampliamente reconocida no sólo en el campo de la Filosofía sino también en el de las Ciencias Sociales. Prueba de ello son los premios y distinciones que ha recibido entre los que destacan: Premio Universidad Nacional en Docencia en el área de Ciencias Sociales (México, 1997), Premio Pio Jaramillo Alvarado (FLACSO-Quito, Ecuador, 2004) y Premio Libertador al Pensamiento Crítico (Caracas, Venezuela, 2007). Por otra parte, el doctor Juan Ramón de la Fuente, rector de nuestra universidad, lo distinguió nombrándolo coordinador del Seminario Universitario “La modernidad: versiones y dimensiones” (desde 2004 a la fecha).

Esta propuesta, pacientemente construida a partir de un estudio crítico de las mejores tradiciones filosóficas, pero sobre todo del atento análisis de la obra de Karl Marx y de la Teoría Crítica, inaugurada por la Escuela de Frankfurt, ha dado lugar a libros que hoy figuran como indispensables para el estudio de la cultura, la civilización occidental, la modernidad (en la que su propuesta de un cuádruple ethos ha generado discusiones teóricas muy importantes tanto en Latinoamérica y Estados Unidos como en Europa) y el hecho mismo de la expansión del capitalismo. Cabe destacar que el Fondo de Cultura Económica publicó este año el libro Marxismo crítico en México: Adolfo Sánchez Vázquez y Bolívar Echeverría del investigador Stefan Gandler en el que se analiza la obra de estos filósofos como dos de las figuras centrales del pensamiento crítico en América Latina.

En su carrera académica el Dr. Bolívar Echeverría ha publicado como compilador: Modernidad, mestizaje y ethos barroco (1994); La mirada del ángel. Sobre el concepto de historia de Walter Benjamin.

Como autor: El discurso crítico de Marx (1986), La modernidad del barroco (1988), Conversaciones sobre lo barroco (1993), Circulación capitalista y reproducción de la riqueza social (1994), Las ilusiones de la modernidad (1995), Valor de uso y utopía (1998), Vuelta de siglo (2006).

Su labor en nuestra universidad, sus inquietudes académicas y su compromiso con los universitarios, han sido motivo para que diversas casas editoriales lo inviten a publicar sus investigaciones o a colaborar con ellas: ya sea como traductor para sellos editoriales de relevancia como Siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, ERA, El Equilibrista e Ítaca, o bien como parte de consejos editoriales de revistas como Pucuna (Quito, 1961-1964), Latinoamérica (Berlín, 1962-1967), Cuadernos Políticos (México, 1974-1989), Palos (México, 1980-1981), Economía Política (México, 1976-1985) y Ensayos (México, 1980-1988) y Theoría (México, desde 1991).

Asimismo, su palabra tan leída ha sido exigida en presencia física en las más diversas instituciones académicas en el Viejo y Nuevo Mundo como la Fundación Quito (1987), el Centro de Investigaciones y Estudios Sociales del Ecuador (CIESE, Quito, 1992), el Religionswissenschaftliches Institut (Freie Universität Berlin, 1993), el Centro de Estudios Economicos e Sociais (Universidad de Coimbra, 1996), la Universidad Autónoma de Puebla (1997, 1998), la Universidad Andina “Simón Bolívar” (1995, 1999), la University of New York, “Fernand Braudel Center” (1998), el Lateinamerika Institut (Freie Universität Berlin, 2000), la University of Pittsburgh (2001), La Salle University of New Orleans (2001), el Kunsthochschule Braunschweig (2002), Harvard University (2004) y West Ontario University (2006).

Todo ello, libros, traducciones, revistas, visitas de investigación, lo ha hecho teniendo como eje articulador la docencia. Para el Dr. Bolívar Echeverría el salón de clase es el lugar en que sus reflexiones y propuestas se exponen, hallan validez y se nutren. Quienes han asistido a sus clases saben de su generosidad y del cuidado que pone en la formación de los alumnos, no sólo respondiendo a sus preguntas, sino participando entusiastamente en las actividades que los alumnos organizan o promueven, buscando crear siempre un diálogo fructífero. A través de esta intensa y dedicada labor docente el doctor Bolívar Echeverría Andrade ha formado decenas de generaciones en nuestra Facultad y muchos de sus alumnos son ya destacados académicos. La relevancia y alta calidad de sus trabajos le han hecho merecedor del más alto nivel como investigador nacional (SNI 3).

Por todo lo anterior, nos permitimos proponer el Dr. Bolívar Echeverría Andrade como candidato a Profesor Emérito por parte de la Facultad de Filosofía y Letras, a la que pertenece desde 1988 como profesor titular de tiempo completo.

Ciudad Universitaria, 29 de octubre de 2007

martes, febrero 12, 2008

Trastocado

Arrobado miraba a la Diosa. Su silueta enmarcada le daba la certeza de su existencia como súbdito. Dueña y señora del territorio del imaginario y del deseo, de la aspiraciones y de los rezos, él sólo podía adorarla como lo hacen los súbditos, de manera reverencial.

Pero la vida, que siempre tiene su ironía, le obsequió la posibilidad de lo impensable: acercarse a la Diosa, estrecharla, besarla, olerla, penetrarla. El súbdito supo entonces que se hallaba en el paraíso.

Un paraíso ciertamente efímero que sin embargo lo trastocó para siempre.

Desde entonces ya no sabe de su existencia ni como súbdito ni como Dios. Vive sin vivir.

domingo, febrero 03, 2008

Pieza de museo (Tercera parte)


Centro del mundo
De estos secretos el del hombre como centro del mundo es el más interesante. Se trata de un antropocentrismo que es posible ver como una pretensión exagerada inexistente en épocas anteriores. No obstante, si resulta familiar, es porque se trata de un aspecto propio del pensamiento moderno. Este antropocentrismo se encuentra ya en un texto que precede en más de 300 años a las ideas expresadas por Paine: Discurso sobre la dignidad del hombre de Giovanni Pico della Mirandola.

Pico della Mirandola (1463-1494) fue un clásico erudito italiano renacentista que desde los 14 años estudió teología, filosofía, griego, latín, hebreo, árabe y sirio. En su vida tuvo contacto estrecho con gente que marcó el rumbo de la vida italiana como Girolamo Savonarola, aquel monje dominico que caló hondo con sus hogueras de vanidad y sus radicales críticas al lujo, el beneficio personal, y la depravación de los poderosos y la Iglesia, y Marsilio Ficino, el filósofo florentino que hizo renacer el neoplatonismo. Uno fue su confesor; el otro su mentor y amigo.

Pese a toda su erudición, Pico della Mirandola fue víctima de una mala jugada del destino: un impostor le vendió 60 escritos hebreos supuestamente pertenecientes a Esdras que contenían los secretos de la naturaleza y la religión. Estudió la cábala e intentó lo imposible: conciliar la filosofía y la religión de todas partes del mundo. Con esta convicción invitó a eruditos europeos a un debate público en Roma en el que, a sus 23 años, habría de dar a conocer 900 tesis que conciliaban e integraban, según su parecer, el saber griego, hebreo, árabe y latino. Como exordio a este debate ofreció el Discurso sobre la dignidad del hombre (1486).

El desenlace de su audacia no fue halagador. El papa Inocencio VIII lo condenó, por lo que Pico tuvo que huir a París, donde pese a todo fue apresado y encarcelado por un año. Después, Lorenzo de Medici lo invitó a Florencia y como su protegido Pico pudo dedicarse a recorrer bibliotecas y estudiar. Gracias a esta protección, el papa Alejandro VI lo absolvió de la acusación de herejía a la que se había hecho acreedor en 1486.

Recurrir a Pico della Mirándola resulta útil por su modo de concebir al hombre. En su discurso, el erudito italiano dijo coincidir con quien sostuvo antes que él que lo más grande del mundo es el hombre. Sin embargo, difería de todos por los motivos que hallaba para considerarlo así. Escribió Pico:

"Pero, finalmente, me parece haber comprendido por qué es el hombre el más afortunado de todos los seres animados y digno, por lo tanto, de toda admiración; comprendí en qué consiste la suerte que le ha tocado en el orden universal, no sólo envidiable para las bestias, sino para los astros y los espíritus ultramundanos".

Según el filósofo italiano, cuando Dios culminó la creación del mundo y del universo, deseó que alguien “comprendiera la razón de una obra tan grande, amara su belleza y admirara la vastedad inmensa”. Entonces pensó en el hombre. No obstante, existía un problema: “Todo –escribió Mirandola– estaba distribuido y lleno en los sumos, en los medios y en los ínfimos grados”. La solución de Dios a este problema colocó al ser humano, desde su creación, en una condición excepcional, única:

"Estableció por lo tanto el óptimo artífice [Dios] que aquel a quien no podía dotar de nada propio le fuese común todo cuanto le había sido dado separadamente a los otros. Tomó por consiguiente al hombre así construido, obra de naturaleza indefinida, y habiéndolo puesto en el centro del mundo, le habló de esta manera: Oh Adán, no te he dado ni un lugar determinado, ni un aspecto propio, ni una prerrogativa peculiar con el fin de que poseas el lugar, el aspecto y la prerrogativa que concientemente elijas y que de acuerdo con tu intención obtengas y conserves. La naturaleza definida de los otros seres está constreñida por las precisas leyes por mí prescritas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna te la determinarás según el arbitrio a cuyo poder te he consignado. Te he puesto en el centro del mundo para que más cómodamente observes cuanto en él existe. No te he hecho ni celeste ni terreno, ni mortal ni inmortal, con el fin de que tú, como árbitro y soberano artífice de ti mismo, te informases y plasmases en la obra que prefirieses. Podrás degenerar en los seres inferiores que son las bestias, podrás regenerarte, según tu ánimo, en las realidades superiores que son divinas".

La visión que sobre el hombre poseía Mirandola es totalmente afirmativa e incluso militante: el hombre es pura voluntad creativa, ya que puede darse a sí mismo el lugar, el aspecto y la prerrogativa que elija de manera conciente. Mas lo importante es que este acto creativo se da sin necesidad de atenerse a ninguna determinación, es decir, la naturaleza humana es una creación ex nihilo, dada su indefinición originaria. El hombre es, como dice Mirandola, árbitro y soberano artífice de sí mismo.

Sin duda, en este texto se encuentra ya definido el antropocentrismo que resulta central para el pensamiento moderno y que, como se ha visto, se halla en el núcleo mismo de la idea y el mito de la revolución. Por eso, no es mera coincidencia encontrar tanto en Pico como en Paine alusión a la regeneración del hombre. Concepto éste por cierto que sirvió de título para un periódico que, dirigido por los hermanos Flores Magón –Jesús, Enrique y Ricardo–, abogaría por una revolución en México desde 1900.

sábado, enero 26, 2008

Pieza de museo (Segunda parte)


Lo que muere con la revolución
Pero en realidad ¿qué es lo que se muere de “muerte natural”? En otras palabras, ¿qué se llevan la idea y el mito de la revolución a la tumba?, ¿qué “secretos” perecen con ellos y qué nos dicen esos secretos sobre nuestra época tan refractaria a la revolución? Preguntas nada ociosas si se repara en las lapidaras frases que cantan felizmente la muerte de la revolución –su idea, su mito, su concreción.

Se recordará que Thomas Paine afirmaba haber sido testigo de una escena tan nueva que no cabía comparación con lo sucedido anteriormente en el mundo europeo; una escena cuya magnitud era tal que planteaba la regeneración del hombre. Reflexionando sobre su “era”, y pese a estar en prisión por orden de Robespierre debido a su oposición al régimen del Terror, Paine escribió en otro de sus muy recordados textos, La Edad de la Razón (1793-1794), lo siguiente: “La era actual merecerá a partir de ahora el nombre de Edad de la Razón, y la generación actual será para el futuro el Adán del nuevo mundo”. En estas sucintas afirmaciones hay indicios suficientes para desentrañar aquellos “secretos” que fallecen con la idea y el mito de la revolución.

Si como lo ha demostrado José Antonio Maravall (Antiguos y modernos), en España, y por lo tanto en el resto de Europa, la noción de progreso aparece en el siglo XIII como un concepto que expresa el cambio sin connotaciones positivas o negativas, es decir, como movimiento, para el Siglo más Ilustrado –Voltaire dixit– la percepción se transforma radicalmente: se cambia para mejorar. Desde entonces, el cambio posee una fuerte carga positiva que rebasa por mucho la sola noción de movimiento. En las afirmaciones de Paine esto es evidente: es inocultable la exaltación que hace de lo nuevo y de lo inédito frente a lo viejo y tradicional (“escena tan nueva y tan alejada de toda comparación con el mundo europeo”).

Desde esta perspectiva, retornar, regresar, no sólo se muestra de suyo imposible habida cuenta la dinámica implícita del cambio, sino que, además, se revela como un acto demencial al negar el profundo sentido de lo nuevo y lo inédito: la posibilidad de regenerar al hombre. Con ello Paine aludía a la reconstitución del hombre antes que a su renovación; en otras palabras: a la posibilidad del hombre de reconstruirse, de volver a hacerse, de crearse de nueva cuenta a partir de su propio actuar, de su propia voluntad, de su propia razón.

He aquí que el hombre usurpa el papel de Dios al convertirse en demiurgo de sí mismo. Si alguna transformación radical generó la percepción secular de la realidad, no cabe duda que ésta consistió en el hecho de trasladar los actos creativos de la mano de Dios al hacer y pensar del hombre. Por ello Paine afirmaba que su generación sería vista como el Adán del Nuevo Mundo; en otras palabras: el primer hombre creado por el hombre. Una creación que inevitablemente da origen a un “nuevo” mundo, uno que por fuerza tiene que ser distinto al “viejo” mundo, a aquel que se pensaba desde los inescrutables designios de Dios. Un mundo mejor.

El nuevo mundo pregonado por Paine habría de ser mejor no solamente por lo inédito de su factura o por su oposición radical a lo tradicional; también porque su fundamento se encuentra en la razón y sus métodos, y ya no más en la fe ni en la revelación. De alguna manera, el nuevo mundo de Paine sería la concreción del proyecto ilustrado resumido por Kant en su inolvidable máxima sobre la Ilustración:

"La ilustración es la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía del otro. Esta incapacidad es culpable porque su causa no reside en la falta de inteligencia sino de decisión y valor para servirse por sí mismo de ella sin la tutela de otro".

De tal suerte que algunos de los “secretos” que mueren con la revolución son la trascendencia de lo nuevo y lo inédito, o en otras palabras, la convicción de que todo cambio lleva implícito una inevitable mejoría con respecto al pasado; la regeneración del hombre, o en otras palabras, el hombre como demiurgo de sí mismo; y la razón como fundamento de un mundo mejor.

viernes, enero 25, 2008

Prueba

A menudo pienso que, aceptando sin conceder la existencia de Dios, la única prueba real que en verdad impuso a la humanidad es la existencia misma de sus creyentes y seguidores, de sus feligreses y de su burocracia. El misterio reside en que teniendo evidencias del resultado desastroso de su prueba, los continúe solapando. Sin duda es demasiado misericordioso consigo mismo.

miércoles, enero 23, 2008

Insuficiencia

Vi la película de Mel Gibson, Apocalypto, más por morbo que por convicción. Debo confesar que todo lo que despierta tan apasionados y sesudos debates nacionalistas me provoca un morbo malicioso. En este caso, me resultaba desmesurado debido a que algunos académicos y gente del común vieron en esta película una denigrante reconstrucción de nuestro pasado prehispánico. Vi a más de uno desgarrarse las vestiduras, y escuché a muchos hablar de boicots, de protestas, de acciones “contundentes” en contra de la película y su director y guionista Mel Gibson. Como siempre sucede con este tipo de planteamientos, no pude hacer otra cosa que esbozar una sonrisa sarcástica y gastar un poco de dinero para ponerme al día.

Si se repasa la filmografía más conocida de Mel Gibson, me refiero a la sagas de acción de Mad Max (1979, 1981 y 1985), y de Arma Mortal (1987, 1989, 1992 y 1998), a las películas de época como Maverick (1994), Corazón Valiente (1995) o El Patriota (2000), y la película con la que se estrenó como director, Pasión de Cristo (2004), se sabe qué esperar en cualquier otra película en la que Mel Gibson actúe o dirija: mucha sangre, héroes solitarios, luchas justas, y la exaltación de valores como la libertad, la moral, el amor, y el necesario cumplimiento del destino. En este sentido, Apocalypto no se desvía un ápice de la fórmula que le ha dado tanto éxito a Mel Gibson.

La trama de la película es por demás simple: la lucha de un hombre, hijo del dirigente de una tribu, por sacar el miedo de su corazón, rescatar a su mujer, y en ese sentido a su estirpe, de las garras inclementes de otra tribu más poderosa que para ahuyentar las enfermedades y las malas cosechas, realiza sacrificios constantes a un Dios llamado Kukulkán. En otras palabras, es la historia de un Mad Max prehispánico, de un William Wallece maya, de un valeroso e imbatible Martin Riggs premoderno, de un Benjamin Martin mesoamericano, de un mesías maya que cumple los augurios del destino. Para decirlo de manera concreta: es la reiteración de las historias que tanto gustan a Mel Gibson en un supuesto escenario maya.

Digo “supuesto” porque en Apocalypto no hay pretensión de fidelidad histórica; no se trata en modo alguno de un documental que aspire a la reconstrucción precisa de los tiempos anteriores a la conquista española de México (además de que eso es imposible). Cierto que en la película hay ambientación, pero en tanto que tal no requiere exactitud ni validez histórica alguna, como lo demostró el mismo Mel Gibson en películas anteriores como Corazón Valiente o Pasión de Cristo. Se trata en estricto sentido de una película de ficción.

Tal vez por ello, algunos estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, cuya tipología presentaba alguna similitud con los estereotipos mayas que todos tenemos en la cabeza, se prestaron a participar como extras en la película de Gibson, filmada por cierto en su mayor parte en zonas veracruzanas. Además de tipología, estos extras de la ENAH debían contar con una característica más: tatuajes. Resulta difícil imaginar a estos estudiantes participando en tan fallidas reconstrucciones históricas del mundo prehispánico. Lo tomaron como un acto de diversión, porque la ficción divierte.

Probablemente lo que hiere las susceptibilidades de muchos es el fanatismo y la violencia (ya sea como esclavitud o como sacrificios) de la que hace gala la elite maya en esta película. Ambas actitudes contrastan con la idílica imagen que se tiene de los mayas como sabios matemáticos, observadores acuciosos del cielo, extraordinarios arquitectos, pacíficos filósofos anteriores a Descartes o Bacon. El problema, como siempre, es que a menudo se olvida que entre los mayas efectivamente hubo esclavitud, violencia y sacrificios. Los últimos estudios sobre los mayas explican con claridad que su declive y cuasi desaparición tuvo como una de sus causas fundamentales las luchas intestinas que protagonizaron diversas ciudades-reinos mayas. Es más, se olvida que para cuando los españoles se aparecieron por la península de Yucatán, la zona se encontraba dividida en 13 reinos que no necesariamente se llevaban armónicamente. En fin, las pirámides que tanto nos maravillan no se hicieron con el “entusiasta favor” de talladores y obreros a los que la elite maya les solicitaba de la manera más atenta construir enormes estructuras. Como bien lo decía Walter Benjamin, todo documento de cultura es al mismo tiempo un documento de barbarie: en cada relieve maya hay arte y opresión, creación y sangre.

Reconocer lo anterior no significa otorgarle razón alguna a Apocalypto. Probablemente una de sus debilidades más notorias es precisamente la insuficiencia de pensar estas relaciones de poder y sometimiento desde una perspectiva que no fuera específicamente norteamericana y católica. En efecto, las escenas de violencia que se perciben en la película son escenas dantescas y desconcertantes en tanto que son las mismas que se pueden encontrar en Irak y Afganistán. Y la “escenificación” de la ciudad maya que se presenta en la película, con su templo principal recién acabado de construir, en cuya cima un sacerdote enloquecido realiza sacrificios de manera “fordiana”, recurre a los estereotipos con que siempre se presenta el Templo de Jerusalén cuando Jesús increpó su transformación en mercado y lugar de perversión. La fealdad del poder, manifiesta en miradas estrábicas, gente enloquecida y envilecida, deformes, enanos, lisiados y gordos, no es otra que la fealdad de los judíos que olvidándose de su Dios se habían entregado con pasión a la lógica del intercambio.

Las películas son, además de negocio y diversión, síntomas de una coyuntura. Lo que necesita ser desentrañado es el motivo por el que Gibson hizo una película de esta naturaleza. Me parece que la clave se encuentra en el epígrafe con que comienza la película y que hace referencia no precisamente a la conquista de México, sino a un peligro que un sector muy conservador de la sociedad norteamericana percibe: la falta de unidad en torno a la lucha contra el mal. Según este epígrafe, lo que fundamentalmente posibilita la conquista y el sometimiento de un pueblo es su división interna. Apocalypto es solamente la metáfora de esta afirmación y la advertencia que Gibson lanza al pueblo norteamericano: o nos unimos contra el mal o éste nos puede conquistar, no por la capacidad de quienes encarnan al mal, sino precisamente por no presentarles cara de manera unánime. El mensaje político de Gibson es radical: el peor enemigo de la sociedad nortemaricana es su división, su discrepancia, la crítica que en su seno, y de manera creciente, se hace a la lucha contra Irak, y que se palpa en el desplome de la popularidad de Bush y los recientes resultados electorales en aquel país.

Apocalypto me deja efectivamente una sonrisa, como también me la deja el nacionalismo de los que a falta de argumento se regodean en el puro sentimiento patriótico. Pienso que aquellos que propusieron un boicot debieron proponerlo bien: no ver el cine hollywoodense, que siempre presenta a los latinos como cascarones en los que habita el mal y la decadencia, siempre proclives al sometimiento y a la humillación, con su característica falta de valores y ausencia de cualquier moral a cuestas. Si se hubiese tratado de un boicot, hubiera sido necesario hacerlo bien: no ir nunca más al cine, menos en esas cadenas trasnacionales que inundan al país. Pero esos patrioteros padecen del mismo mal que la película de Gibson: insuficiencia de radicalidad.

martes, enero 22, 2008

Pieza de Museo (Primera parte)


Olvido y memoria
Preservar, recordar, mostrar: ejes sobre los que se articula un museo. Visitar cualquier museo es caminar por los senderos de una memoria particular: aquella que un país o una institución ha decidido rescatar del olvido. Sí, rescatar, porque en la vida humana hay más olvido que memoria. Ésta, particularmente la que llamamos historia, consiste en proceder a tientas en el manto de alquitrán del olvido.

De aquí que historiadores y colegas sean muy parecidos a esos mineros que en tierras profundas iluminan con las lámparas de sus cascos ricas vetas que explotan con zapapicos y palas. Pero las minas, esas enormes cavernas de profundidades insondables, son más amplias y oscuras que las vetas encontradas y explotadas (como lo es el olvido frente a la memoria); éstas son las que se agotan, no aquellas. Lo de ellas extraído se exhibe orgullosamente y se utiliza en tratados, libros, películas y museos.

Pero no todos los olvidos son iguales. Algunos surgen de una necesidad, e incluso, de una necedad. En este sentido, por ejemplo, el inevitable olvido en el que yacían los dinosaurios es muy distinto al que se fomenta sobre la idea de la revolución; no tal o cual revolución, sino su idea: a ésta le falta su Steven Spilberg y la euforia desatada por aquellos esqueletos que todavía hoy alcanza exposiciones y museos en las más diversas partes del mundo. La idea de la revolución no sólo se ha dado por muerta sino que se le condena a un olvido progresivo y calculado: de su esqueleto no se quiere ni se pretende siquiera su resucitación virtual en una suerte de Jurasic Park. Y es que, dicen, al igual que un Velociraptor la revolución es peligrosa.

Rotaciones
Hay hombres que al mismo tiempo que encarnan su época son sus voceros esclarecidos. Thomas Paine (1737-1809) es un ejemplo que descuella. Sobre él Michelet escribió en su Historia de la Revolución Francesa (1867): “tenía nada menos que tres patrias: Inglaterra, América y Francia; pero en realidad sólo tenía una, los derechos humanos, la justicia”. La afirmación del historiador francés debe entenderse como el reconocimiento necesario a un hombre cuya fama residía, entre otras cosas, en haber escrito los dos textos probablemente más leídos de su época: El sentido común (1776), que inspiró la independencia norteamericana, y Los Derechos del hombre (1791-92), publicado primero en Inglaterra y posteriormente en Francia, que generó reconocimientos y rencores. Si algún guiño merecía Paine, como ha escrito Hobsbawm, era el ser visto y recordado como el prototipo del revolucionario en aquellos años convulsos de finales del siglo XVIII.

El pensador británico era consciente de su posición. Por ello escribió a George Washington: “Participar en dos revoluciones [la norteamericana y la francesa] significa vivir para algo”. Pero ¿qué era ese “algo” al que se refería Paine? Según sus propias palabras, consistía en el hecho de vivir en una era “en la que cabe esperarlo todo”. Tuvo el privilegio de contemplar, afirmaba, “una escena tan nueva y tan alejada de toda comparación con el mundo europeo, que el nombre de revolución no logra expresar la magnitud de su carácter, y que lleva a plantearse como una regeneración del hombre”. Si bien Paine hallaba en el “nombre de revolución” una insuficiencia para expresar la magnitud de lo presenciado, lo cierto es que establecía inequívocamente una relación directa entre revolución y regeneración. Precisamente por ello cabía “esperarlo todo”. El tono de esta valoración, positivo y aun festivo, se echa de menos en nuestra época.

En efecto, así como puede verse en Thomas Paine al prototipo del revolucionario, probablemente no exista revolución alguna que encarne su idea de manera más precisa que la sucedida en Francia en 1789. Tan es así que su segundo centenario dio lugar a múltiples debates allende las fronteras galas. Lo interesante de aquella celebración fue que Michel Rocard, el primer ministro francés de filiación socialista, declaró al periódico Le Monde (11 de enero de 1988) que dicha celebración era buena porque convencería a “mucha gente de que la revolución es peligrosa y que si puede evitarse, tanto mejor”.

Que la revolución, cualquiera que ésta sea, tenga sus detractores no es novedad; pero sí lo fue que haya sido un socialista francés el que hubiese trazado nítidamente un desprestigio tan radical de la idea de la revolución, particularmente de la francesa. Para Rocard la revolución no era otra cosa que la expresión de peligro a todas luces evitable, y el bicentenario la memoria de ese peligro. La distancia entre Rocard y Paine se revelaba como insalvable (no solamente por el lapso de 200 años que media entre una opinión y otra). Y eso que la apreciación del primer ministro francés fue anterior a la “cuarta ola de revoluciones” de 1989-1991, como las llamaron Ágnes Héller y Ferenc Feher, que marcaron el punto final de los regímenes de Europa del Este con sus dos acontecimientos fundamentales: la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética, esta última nacida de otra revolución.

Es imposible sostener que la posición de Rocard fuese motivada por un desvarío, un dislate o un prejuicio estrictamente personal. Se trata, por el contrario, de una posición de época. La opinión del primer ministro francés fue, en su momento, eco de un decir generalizado, como también lo fue la posición expresada por el poeta mexicano Octavio Paz seis meses después de lo declarado por Rocard.

En junio de 1989, un mes escaso antes de la simbólica fecha del 14 de julio de 1989, Octavio Paz recibió en Francia el premio Alexis de Toqueville de manos del presidente Francois Mitterand. En su intervención Paz sostuvo con la vehemencia que le caracterizaba:

"Presenciamos el crepúsculo de la idea de Revolución en su última y desventurada encarnación, la versión bolchevique. Es una idea que únicamente sobrevive en algunas regiones de la periferia y entre sectas enloquecidas como la de los terroristas peruanos. Ignoramos qué reserva el porvenir [...] En todo caso, el mito revolucionario se muere. ¿Resucitará? No lo creo. No lo mata una Santa Alianza: muere de muerte natural".

La afirmación de Paz es de claridad meridiana: la revolución, el mito e idea de la revolución, llegaron a su fin. Un fin absoluto, indiscutible, irreversible, que alcanza tanto la dimensión de “lo posible” de la revolución como a cualquiera de sus concreciones históricas, desde la francesa hasta la rusa, desde la mexicana hasta la nicaragüense. Como se puede inferir con facilidad, el laureado poeta mexicano se hallaba en las antípodas de Paine, o mejor dicho, desde entonces nuestra época se encuentra en las antípodas de la del pensador británico. La rotación ha dado un giro de 180 grados.

lunes, enero 21, 2008

Actualización

Es curiosa esta actualización de los espacios sagrados. En un lugar de la India, un restaurante se erige sobre un antiguo cementerio musulmán. Allí la gente convive felizmente. El intercambio de la palabra, alimento y monedas se complementa con la convivencia con los muertos; el espacio de los vivos (el marcado) y de los muertos (cementerio), se mezclan sin mayores aspavientos. Como si fuese cosa natural, al lado de las mesas se hallan las tumbas. Que con los muertos también hay un intercambio lo indica el nombre del restaurante: Buena Suerte. Uno de los encargados de la administración, Krishan Kuti Fair, sostiene que “el cementerio trae buena suerte […] Nuestro negocio es mejor gracias al panteón”. Así pues, en aquel país de convulsiones culturales, un pequeño espacio sintetiza milenios de historia humana. En esas mesas lo vivos se ofrecen humanidad, se articula la economía, y se actualiza el diálogo con los muertos.

jueves, enero 10, 2008

Rutas

Yo sé que es malévolo, pero a veces hay que atender lo que otros dicen. Por ejemplo, este textito hallado en los papeles de un ocioso observador de la realidad nacional. Que se trata de un observador no se infiere de la profundidad de su decir, sino de la circunstancia de su decir. Haciendo a un lado su humor negro, bien podría aceptarse que su descripción tiene algo de cierta:

¿Cuál es el mejor camino para la victoria electoral de la “izquieda” y su permanencia en el consentimiento de los ciudadanos?

1.- Dejar a un lado la reflexión y la discusión ideológica sobre un mundo mejor porque eso está ya pasado de moda. Hasta la palabrita alienación suena a programa de televisión de cuatro temporadas en Sony Entretainmeint. En todo caso, lo más que se puede hacer, es “humanizar” la explotación, es decir, ponerle rostro humano a la pobreza.

2.- Una vez desechados lastres inútiles, el siguiente paso es afanarse en la gestión. Ésta siempre da resultado en votos concretos. Que se llame corporativismo o no, es un asunto ideológico, es decir, hoy en día carece de importancia. Todas esas abstracciones nada son frente al muy concreto voto y el más concreto sueldo que del voto deriva.

3.- Cuando la gestión –que de suyo es complicada, porque al menos hay que tener un plan– falla, queda el remedio universal: el entretenimiento, que también gana votos, éstos sí mayoritarios, porque se suman a aquella maravilla acuñada por Jimmy Carter: tittytainment. ¡También hay tetas y entretenimiento de “izquierda”, como no!

Trascendencia

Para no extrañar los intrascendentes debates de la izquierda mexicana (cuando lo hacía y cuando no se definía "electoral" ni pensaba en el "centro" para atraer electores) tenemos el nuevo sucedáneo, este sí, trascendente: al menos contribuye a romper un récord guiness :225 individuos entre 8 y 25 años de edad patinaron "en cadena" por más de tres minutos en la gran contribución del Jefe de Gobierno al entretenimiento mundial, la pista de hielo del Zócalo. Regocijarse ante tal logro es el "spirit" de esta nueva izquierda electoral tan fascinada con el centro y el entretenimiento. Al menos tiene un punto a su favor: no se requieren grandes debates ni esfuerzos mentales ni abstracciones para comprenderle. Seamos felices.

lunes, enero 07, 2008

Barbarie

No es que ande en busca de la desolación; sucede que me la encuentro constantemente. Por ejemplo, las declaraciones de José Manuel Capellín, español radicado en Honduras, cuyo trabajo es de índole humanitario. Dice el señor que al mes fallecen en Honduras aproximadamente 42 jóvenes y menores de edad; que en Guatemala son asesinados cerca de 50 jóvenes y menores de edad mensualmente; y que en El Salvador la cifra puede ser igual. Pero el dato más terrible es el siguiente: entre 1998 y 2007 en Honduras han sido asesinados tres mil 993 jóvenes y menores de edad. Su explicación, verosímil, da cuenta de la lógica de la barbarie: para frenar la proliferación de bandas juveniles, los escuadrones de la muerte, patrocinados por militares y empresarios ubicados en la derecha del espectro político, los tortura y ejecuta, dejando los cuerpos en las carreteras y caminos, con advertencias sobre el particular.
Aun cuando el número eriza los cabellos, lo que desconcierta es que el narcotráfico y estos escuadrones de la muerte operen de la misma forma. Las casualidades no existen en los fenómenos sociales. Así que visto diacrónicamente, no puede pasar inadvertida la similitud con el fascismo alemán particularmente ni con lo sucedido en la Europa del Este, en África, y recientemente en Kenia. La barbarie no es excepción; es constante. Lo trágico es que la barbarie sucede para que las cosas sigan exactamente igual. Ergo, es un elemento indispensable para el sistema funcione. Y el sistema funciona con dos constantes: pobreza y barbarie. Ser anticapitalista hoy en día es un asunto de sentido común.