Dice Tabucchi: los libros de viaje "poseen la virtud de ofrecer un doquier teórico y plausible a nuestro donde imprescindible y rotundo". Hay muchos tipos de viajes: los internos, los externos, los marginales. Este blog quiere llenarse de estos viajes, e invita a que otros sean también, con sus viajes, un doquier para mi donde.
domingo, abril 05, 2020
Navegar es necesario...
Hacia finales de 2016 pensé que ese año había sido el peor de mi vida, sin saber que los sucesivos le disputarían el título. En realidad, no se trata tanto de que los años empeoren, sino que con el paso del tiempo se pierde la audacia de superar la adversidad como si se tratase de un mal trago, uno más. Los años traen lo suyo, nosotros cada vez podemos menos con algunas cosas que traen consigo.
Desde entonces me fue y me es indispensable recordarme todos los días que los mares, sean calmos o procelosos, se navegan sin importar que en ello vaya la vida, o mejor dicho, porque navegando ella se revela con aristas y magnitudes sorprendentes, aunque al hacerlo, corra el riesgo de terminarse (sí, ya sé que suena a lo que hace años escribió la para muchos odiada Oriana Fallaci, y no sé cuántos escritores más: ¡qué se le va a hacer!).
Hoy, a más de un mes de encierro desde que me operaron, ahora obligado por el aislamiento indicado por las autoridades, me repito lo mismo: navegaremos exitosamente esta tempestad, si no por talento, al menos por obstinación. La mayoría llegará a buen puerto, si bien puede que sea uno devastado. Me digo que no vale la pena preguntarse quiénes pondrán pie allí, por más que nos invada la sensación de ser un arma biológica letal y portátil para los seres queridos y los completamente extraños. Lo que importa es esta experiencia de navegar colectiva y exitosamente la amenaza que supone este virus, por supuesto, pero también, y no en menor medida, navegar el piélago tempestuoso que es uno mismo en estas condiciones.
Navegar es necesario, vivir no, me repito por las mañanas y por las noches.
miércoles, marzo 18, 2020
Con lo que no puedo
Después de un viaje surrealista, con un espectáculo natural increíble y una narración apocalíptica, llegamos al pueblo en donde la mayoría habíamos dejado nuestro auto o que iban a tomar el autobús correspondiente para regresar a sus hogares. Noté que la gente nos veía un poco raro, como posibles portadores del H1N1, aunque llevásemos fuera de la Ciudad de México cosa de dos semanas. Al llegar a la casa en la que había dejado mi auto, la dueña me repitió la historia apocalíptica, recomendándome además no irme del pueblo, porque allí estábamos seguros. Le agradecí sus consejos, decliné la oferta, y comencé el regreso a casa.
La carretera hacia la capital del país fue un paseo por rumores consistentes que cambiaban poco en las gasolineras, tiendas, restaurantes. En todos lados me alertaban del peligro de ir a casa. En algún punto, pude escuchar la radio y hablar por teléfono con mis padres. Había alarma pero nada de lo que me habían dicho o por lo menos que se reportara con tal intensidad. Ya en Puebla, me advirtieron que no se podía entrar a la Ciudad de México, que no me arriesgara a ir. Para mi sorpresa, al llegar a las casetas para entrar a la ciudad, éstas lucían vacías pero nadie impedía el paso, salvo el correspondiente Hoy No Circula. Ni ejército ni policía ni gente.
A propósito regresé a casa de mis padres, ubicada al sur de la ciudad, vía Iztapalapa. Me sorprendió observar que por toda esa zona la vida seguía como si nada. Pocos traían tapabocas, los tacos y restaurantes estaban a reventar, e incluso había fiestas en la calle. Recuerdo haber sonreído al ver esto. Lo que fue evidente es que conforme me aproximaba a zonas de sectores medios, se dejaba sentir un miedo ausente en las zonas populares: los comercios estaban cerrados, casi no había gente en la calle, y los que por alguna razón sí estaban en la calle traían sus tapabocas. Sonreí aún más, porque al parecer el miedo a lo que estaba sucediendo parecía propio de sectores medios y altos. Al día siguiente, tuve que ir a Santa Fe. Allí las cosas en verdad eran alarmantes, parecía que el mundo se iba a acabar. Yo no daba crédito del terror de estos sectores, particularmente si se les comparaba con la tranquila resignación de los sectores menos favorecidos.
Ahora que tenemos el tema de coronavirus, tengo la misma impresión que entonces aunque no la he corroborado. Ayer y hoy me he visto obligado a salir por zonas de sectores medios: los comportamientos son mesurados pero temerosos, nada que ver con los trabajadores que saben están obligados a trabajar para vivir, pase lo que pase con el mentado coronavirus. En el banco, una señora acomodada, dijo al cajero: me gustó mucho que pusieran gel. El cajero la vio con una mirada entre incrédula o indefinida, como diciendo, no me joda, tenemos que trabajar en plena emergencia sanitaria, qué tiene eso que ver con el gusto. El repartidor del agua me advierte: seguiremos trabajando. El lava autos, el jardinero, los barrenderos, encogen los hombros: “seguiremos trabajando”, es su frase.
La resignación del trabajador ante la fatalidad no es valemadrismo: es uno de los rostros de la necesidad. Un par de adultos mayores que realizan labores por donde vivo conversan en medio del andador. Uno de ellos afirma: los de nuestra edad somos susceptibles, igual nos morimos, pero prefiero morir de ese virus que de hambre. Al pasar, los saludo; su amabilidad sigue igual que siempre. Acorde con las estadísticas, son pocos los que se están muriendo de este virus, pero nunca una estadística puede suplantar la empatía del ser que por su edad y necesidad se pone en riesgo, esperando a que el destino le dicte la última palabra, el último gesto, como en el Coliseo romano: vive o muere. Esto es lo que yo no puedo olvidar cuando me hablan de estadísticas.
martes, marzo 03, 2020
La plaza pública este 8 y 9 de Marzo
miércoles, enero 22, 2020
Gusto por el Tlatoani
lunes, diciembre 30, 2019
Hacerlo mal, oportunidades a la derecha
viernes, junio 21, 2019
Algo está pasando
viernes, abril 12, 2019
Como si
miércoles, marzo 27, 2019
Tal vez algo se agite en las profundidades
lunes, enero 14, 2019
Pronto
lunes, enero 07, 2019
Cenizas para la vida
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| Mangor. Cenizas para la vida: una mandarina. |
martes, diciembre 11, 2018
La diatriba en torno a la Ley Federal de Remuneraciones
jueves, septiembre 06, 2018
¿Y si estamos ante algo más grave?
Uno de los porros en particular es elocuente en su decir. Reivindica su autonomía con respecto a las autoridades universitarias o del actual gobierno de la Ciudad de México. No son éstas las que los mandan, afirma. De donde es inevitable concluir que desde su perspectiva su actuar obedece a una discrepancia ideológica con los estudiantes que fueron agredidos. Los acusa de imposiciones "desde la izquierda" en su plantel, con paros y protestas. Así, justifica su proceder "porril" como resultado de un actuar legítimo en defensa de cierto tipo de educación y en contra de las "imposiciones" que están realizando esos estudiantes revoltosos a los que califica de "chairos".
Por supuesto, las cosas que afirma son dudosas, sin embargo, lo preocupante es la carga discriminatoria que hay en su decir. Durante el reciente proceso electoral, "chairo" se utilizó para calificar a quienes manifestaban su apoyo a López Obrador, pero también a todo aquel que osara criticar a los gobiernos mexicanos de corte neoliberal. Pariente lejana del "naco" y del "jodido", la palabra "chairo" tiene una indiscutible carga racial y socioeconómica. Que un porro la utilice para hablar con los que manifiestan su protesta por su actuar "porril", que las lesiones sufridas por varios estudiantes insinúe son merecidas por ser "chairos", que las presiones estudiantiles para mejorar las condiciones de estudio sean tildadas como imposiciones de "chairos", resulta peligroso porque, por un lado, quiere decir que la polarización electoral trasciende por mucho el momento electoral, y por el otro, que esparcido en la sociedad mexicana, particularmente en jóvenes, hay una tendencia "fascistoide" peligrosa que está manifestándose ya abiertamente.
No cabe duda que la "desestabilización" es uno de los objetivos centrales de esta agresión, pero quizá habría que verla como el resultado de una emergencia fascistoide que por ahora aparece combinada con una rancia práctica universitaria. Si llega a encontrar articulación en combinación con otros procesos de descomposición de nuestra sociedad pronto estaremos en el infierno.
sábado, julio 28, 2018
Por qué Lisboa
domingo, julio 01, 2018
Seguiremos
sábado, junio 30, 2018
Votamos desde la memoria
Pertenezco a una generación que se involucró en todas las luchas inspiradas por y en beneficio de la democracia. Hemos perdido más de lo ganado. Pero somos obstinados. Obviamente no nos convencen ni nos alarman los muy pedestres argumentos de los que estando en el poder o en derredor de él, recurren a la infantil estrategia del “coco” que viene. Sus argumentos hablan más de ellos que de la realidad. Lo que a través de ellos habla es su convicción autoritaria, la insuficiencia de su ciudadanía, su nulo involucramiento con algo más que no sea su beneficio propio. Ven en AMLO lo que traen profundamente interiorizado. Se ven en el espejo y les asusta. A nosotros lo que nos pesa es precisamente lo que ven, lo que cultivan, lo que les induce a actuar como actúan, no el rostro que lo porta. El autoritarismo es tan inaceptable en ellos como en AMLO o en quien sea. Y como lo hemos demostrado desde aquel 1988 e incluso antes, no estamos dispuestos a aceptarlo.
Tengo la impresión que para una gran parte de mi generación no se trata de votar en favor de AMLO, sino en contra de esa historia terrible con la que hemos crecido desde 1988. Si gana AMLO, seguiremos luchando, aunque las condiciones por supuesto serán distintas, quizá un poquito más amables. Pero estamos dispuestos a aceptar esa ventana que con su triunfo se abrirá. Con él seremos tan críticos como lo hemos sido hasta hoy con el poder. Porque el poder requiere eso: crítica, contención, exigencia, pero jamás un voto de confianza. Y si muchos de nosotros no estamos dispuestos a dar ciegamente esa confianza a AMLO, mucho menos estamos dispuestos a darla con conocimiento de causa a quienes llevan de una u otra manera en el poder más de tres décadas. Ellos sí están obstinados con el poder, pero sobre todo, son los responsables del desastre que es nuestro país. No hay números alegres que puedan ocultarlo.
Nuestro voto es por tanto el resultado de la memoria, la convicción, la lucha y el contexto. Estaremos, emplazados en la izquierda, luchando por la democracia, sean cualesquiera las condiciones que imperen mañana o pasado. Lo hemos hecho en las muy desfavorables condiciones de las últimas tres décadas. ¿Por qué habríamos de dejar de hacerlo?, ¿por vejez?
sábado, abril 14, 2018
domingo, septiembre 24, 2017
¿Y ahora?
Desde los sucesos de 1985 surgió con mayor fuerza el estudio de los desastres y las políticas públicas correspondientes. Desde entonces, se ha insistido con razón que los desastres no son naturales, sino sociales. En otras palabras, que los fenómenos naturales pueden derivar en desastres sociales. Esta idea central atribuye las responsabilidades de éstos al lugar que le corresponden, la sociedad, y no a la naturaleza, como insisten los comentaristas de los medios masivos de comunicación al llamarlos “desastres naturales”.
La diferencia entre atribuir responsabilidades a la sociedad o a la naturaleza en caso de desastre es abismal. Decantarse por calificar como natural lo que es social tiene severas implicaciones; entre otras, asumir lo sucedido como inevitable, omitir los señalamientos, imputaciones y castigos correspondientes, exaltar la capacidad de reacción, eso, de reacción, a la hora de la hora. Ayer un taxista me decía, comentando lo que actualmente está en curso en partes de la ciudad de México: “Patrón, es que los mexicanos somos unos chingones, cuando nos necesitamos allí estamos”. Hoy, 24 de septiembre, Enrique Krauze hace lo propio con los jóvenes que semanas atrás no veía políticamente activos. Fascinado afirma que están demostrando estar “listos para reaccionar cuando la naturaleza golpea”.
La naturaleza no golpea ni pone a prueba. Ella sigue sus procesos. Que ellos deriven en desastres sociales debiera hacernos recordar nuestra condición de dependencia estructural de ella. Hablar de “desastres naturales” o de que “ella golpea” es usar deliberadamente un discurso de corte militar que, ensoberbecido, coloca a “señor del universo” acosado por una “entidad malévola” que le da por golpearnos, acosarnos con desastres.
Del lado de las responsabilidades sociales tampoco se puede asumir un mea culpa general para eximir a quienes tienen una culpa innegable al proceder con falta de planeación, corrupción y sometimiento a las presiones de quienes en el afán de negocio se inclinan por la ganancia sin consideración de la vida y de eso con lo mantenemos una relación de dependencia.
Nuestro país tiene problemas que van desde una permanente centralización que satura zonas y territorios hasta una persistente desigualdad que no desaparecen en momentos de emergencia, sino que se refuerzan. En el caso de la ciudad de México esto ha sido evidente en zonas afectadas como Xochimilco y en zonas similares en los estados en este desastre social y en otros recientes. ¿Recuerdan a Peña Nieto diciéndole a los pobladores de una zona de Chiapas afectados por el sismo previo al del 19 que los iban a atender en la clínica inexistente del lugar?
Si bien el aplauso es necesario y debe ser fortísimo para todos los que de una u otra manera, con afán protagónico y sin él, de manera escandalosa o calladamente, han ayudado en las tareas de rescate desde el 19 de septiembre del presente, lo que está en juego es la vida. Esto implica no solamente salvar vidas, oponerse a las medidas frías de gobiernos y empresas urgidos por cerrar el reciente capítulo, como demoler edificios derruidos sin importar la vida de los atrapados y los cuerpos de los allí sepultados, sino en afirmar que esto no debió de suceder; que no estamos para “reaccionar” solamente; que hay responsabilidades muy específicas que deben ser señaladas, castigadas; y que este país debe repensarse desde su centralismo hasta su desigualdad, esas realidades hoy puestas de nuevo al descubierto de manera dolorosa y artera, frente a las cuales las estructuras de poder no tienen absolutamente nada que decirnos porque en buena medida son creadoras de este desastre social y otros muchos que hemos vivido y que vivimos cotidianamente.
¿Podremos decirnos nosotros algo a nosotros mismos más allá de “estar listos cuando la naturaleza golpea”? Eso está por verse.
martes, septiembre 12, 2017
Esquemas animados del Capítulo 5 de El Capital de Bolívar Echeverría.
Un día, Bolívar Echeverría me citó para hacerme una petición un tanto extraña. Lacónico como de costumbre, me preguntó si conocía los esquemas que hacía tiempo él había hecho sobre el capítulo 5 de El Capital de Marx.
–Ahora –me dijo tras mi respuesta afirmativa– quiero que se muevan.
Aunque sabía que se refería a una animación por computadora, pensé en varias formas de movimiento físico que me sacaron una sonrisa burlona. Me imaginé, por ejemplo, acompañándolo para hacer piruetas gimnásticas con los esquemas mientras exponía sus argumentos. Por fortuna, su voz difuminó mis absurdos.
–Le he pedido a varios que lo hagan pero no se animan– remató.
Le respondí que su petición no era una cosa sencilla, y aunque yo no era especialista en animación podía intentarlo con algunos programas que ayudaban a animar de manera elemental algunas cosas. Francamente tenía curiosidad por saber a qué se refería con la animación y qué es lo que él visualizaba con esos esquemas. Además, no dejaba de sorprenderme su incursión en estos temas. Hacía poco me había enterado que gracias a un alumno suyo él fue uno de los primeros en México que tuvo una computadora de escritorio. Eso explicaba, por ejemplo, que él mismo interviniera algunos carteles de sus libros o hiciera algunas propuestas de diseño. Sin esto sería inexplicable, por ejemplo, una parte de su reflexión sobre el ángel de la historia de Walter Benjamin, en la que pone a discusión el ángel de Klee. Así que, azuzado por estas ideas, literalmente me hundí en la tarea. Ese intento se llevó varios meses porque él era muy demandante en ciertas cosas: el color, la forma, el ritmo.
Después de un intercambio casi interminable de correos electrónicos y de reuniones en las que me indicaba lo que estaba bien y lo que estaba mal, llegó el día en que exultante dijo: ¡así!, ¡no le muevas nada! Por supuesto, lancé un suspiro de tranquilidad y satisfacción porque había llegado yo a la conclusión de que esa animación no terminaría por concretarse nunca.
–Solamente te falta una cosa –dijo–, tu nombre como responsable de la animación–. Sin muchas ganas procedí a poner mi nombre debajo del suyo.
Estos esquemas “animados” iban a formar parte del curso que Bolívar Echeverría pensaba impartir en el segundo semestre de 2010, cosa que no sucedió porque ella, la muerte, la muy carbona, no quiso que así fuera. Dulce venganza en contra de ella: ahora que se cumplen los 150 años de la publicación de El Capital, me parece necesario que estos esquemas circulen ampliamente. No tenemos la exposición de viva voz de Bolívar Echeverría para explicarlos, pero allí está su obra para que el lector avezado vaya y venga a estos esquemas para entenderlos. Los dejo aquí, pues, como "obra abierta".
domingo, agosto 27, 2017
Documental Close up. Memoria del cine corregidora.
Ya pueden ver este documental que realicé con un gran equipo.
domingo, agosto 13, 2017
Estreno del Documental “Close up. Memoria del cine Corregidora”
Faro Aragón Films y el Laboratorio Audiovisual del CIESAS invitan a la presentación del documental “Close up. Memoroa del cine Corregidora” de Isaac García Venegas y Eric Moncada.
Sinopsis
El Cine Corregidora formó parte de un conjunto de cines que se hicieron en las zonas periféricas de la ciudad de México hacia finales de la década de los sesenta del siglo pasado. Por aproximadamente dos décadas, marcó la experiencia de vida de los vecinos de la primera sección de San Juan de Aragón. No solamente les acercó la producción cinematográfica nacional a precios relativamente accesibles sino que se convirtió en referente fundamental de su convivencia, de su vida social, de su vida personal. Después de su decadencia, se recupera hoy como el Faro de Aragón, la primera Fábrica de Artes y Oficios con un énfasis específico en lo audiovisual. “Close up. Memoria del Cine Corregidora” cuenta la historia de este largo proceso. Con ello da cuenta de un tipo específico de experiencia cinematográfica que resulta relevante. También, a través de su historia, se cuenta un aspecto de la ciudad de México, y los modos, durante esa época, de apropiación del cine, no tanto en cuanto a calidad cinematográfica sino en cuanto a espacio de convivencia. De este modo, desde este documental se lanza una mirada interrogadora al propio Faro de Aragón que tiene tras de sí una historia que merece ser conocida para poderse definir frente a ella.
La cita es el viernes 18 de Agosto, a las 14 hrs., en el Faro de Aragón.
Los esperamos.

