lunes, diciembre 30, 2019

Hacerlo mal, oportunidades a la derecha

Lo de los españoles encapuchados en la embajada mexicana en Bolivia fue extraño. Y en un gobierno urgido de legitimidad, como lo es el boliviano, lo extraño se vuelve oportunidad. Acá el gobierno mexicano presumió las maniobras hábiles para sacar a Evo Morales de su país, allá parece haberse cometido un yerro enorme, cualquiera que hubiese sido su objetivo. La expulsión de los diplomáticos españoles y la embajadora mexicana es explicable en el contexto interno boliviano. En un contexto más amplio, coincide con anuncios del gobierno español de medidas más cercanos a una idea de izquierda, como más impuestos a los ricos y la anulación de la religión como materia a acreditar en escuelas. Esta expulsión puede leerse entonces como un segundo manotazo derechoso, sumado a beligerantes peroratas desde el golpe de Estado, a aires que pueden ser interpretados como de izquierda. Es una pena que corresponda gobiernos latinoamericanos ser instrumento de la derecha. Con respecto a México, la expulsión de su embajadora no pasa de un ajuste de cuentas, como una suerte de berrinche. Finalmente fue el gobierno mexicano el que quitó de las garras vengadoras a un Evo Morales disminuido políticamente, sobre el cual pende una persecución política de imprevisibles consecuencias. El gobierno de México lo hizo bien, quien quiera haya hecho lo de los encapuchados, bastante mal. la consecuencia: supuesto fortalecimiento interno de un gobierno carente de legitimidad y una grieta más a la supuesta unidad latinoamericana.

viernes, junio 21, 2019

Algo está pasando

Llevo años asistiendo a un club que se construyó y equipó por la entonces existente Secretaría de Programación y Presupuesto y que ahora pertenece a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. A diferencia de entonces, sus usuarios ya no necesariamente pertenecemos a una instancia gubernamental, dejó de ser exclusivo para quienes eran empleados del gobierno. A la hora que voy el club se encuentra lleno de mujeres y hombres maduros y de la tercera edad. La mayoría vamos a las 6 am porque trabajamos, pero los hay que van porque, jubilados, no pueden dormir.

La convivencia en los vestidores es peculiar. Por supuesto, hay grupos de amigos, pero por momentos las 30 o 40 personas que coincidimos nos unimos a la discusión de un tema general. Hace un año, este tema era la elección. Para mi sorpresa, en ese entonces, casi todos se manifestaban a favor del entonces candidato López Obrador. A lo largo de los años previos este político era más bien objeto de sorna y desprecio. Sin embargo, los excesos cometidos por Peña Nieto, aunada a la decepción de las gestiones panistas, abrieron la puerta para “darle una oportunidad” al tabasqueño. Salvo tres o cuatro, el resto efectivamente votamos por López Obrador. Los días siguientes a la elección del año pasado, en el vestidor se percibía euforia. Se hablaba como si una gran gesta hubiese ocurrido. “Estaremos mejor” se decían unos a otros. Estaban los que afirmaban que sería el mejor presidente de la historia.

Un año después la situación es diametralmente opuesta. Esa amplia mayoría ahora afirma estar arrepentida de haber votado por él. Los tres o cuatro que el año pasado acribillaban la candidatura del ahora Presidente mueven el dedo juiciosamente: “se los dijimos”. Dos o tres aún lo defienden, no tanto por lo que ha hecho, sino porque “si a su administración le va mal al país le irá mal”. Lejos de la euforia lo que hay es enojo, desconcierto, numerosas mentadas de madre. Todos los días se descalifica a la actual administración, los defensores del Presidente sufren asedio.

En medio de una discusión un tanto subida de tono me preguntan si no estoy arrepentido de haber votado como lo hice. Confieso que jamás me arrepentiré de votar en contra del PRI y del PAN. En las elecciones pasadas había tres opciones: no votar, anular el voto o votar por el actual Presidente. Decidí lo último y no me arrepiento. Aún no. Inmediatamente se lanzaron en mi contra. La paciencia no es lo mío pero hice un esfuerzo supremo. Su enojo, les dije, es muestra clara de que algo está pasando. Puede que no nos guste su forma de hacer política, puede que no estemos de acuerdo en todo lo que hace –yo no lo estoy–, puede incluso que el actuar del Presidente nos llene de desconfianza, pero no cabe duda que algo está pasando. Difícil es saber si las cosas mejorarán o si el resultado final de este sexenio será favorable a la mayoría de los mexicanos. Afirmarlo en este momento es un acto de fe, de igual modo que augurar un naufragio es mala fe. Pero algo está pasando. Tan lo está que por lo menos hubo euforia y ahora hay enojo: en un país en el que la indiferencia era la moneda de cambio corriente esto, de por sí, es un gran logro.

Dado que mis interlocutores por lo menos escuchaban, continué: la presente administración lleva gestionando oficialmente seis meses. No es mucho, tampoco es poco. La convocatoria del Presidente al Zócalo el mes que viene muestra muchas cosas, entre ellas que necesita legitimarse porque no todo ha salido bien. La variable Trump vino a complicar aún más lo de por sí ya complicado, pero las variables Rusa, China, India parecen estar perfilando un contexto internacional que quizá nos beneficie. Insisto, algo está pasando. Lo que el Presidente intenta, esto es, detener la caída y degradación del país, mitigar la desigualdad, impulsar la producción y avanzar en una dirección menos desastrosa es una tarea colosal. Pienso que entre perder por lo grande o ganar por lo bajo esto último es mejor. Eso es lo que pretende el Presidente.

Por supuesto hay que criticarlo, dije mientras me ponía los zapatos. Uno de los objetivos más importantes de la democracia es que el ciudadano establezca como criterio básico de su existencia la distancia con respecto al poder y el compromiso con su sociedad y su país. Enojarse no sirve de mucho, dije esperando no me mentaran la madre. Señalemos lo que nos parece mal, dejemos que los militantes y fieles se desvivan en la defensa de lo que piensan está muy bien, observemos a los otros militantes y fieles (los del PRI, los del PAN, los neoliberales) que critican desde su perspectiva, analicemos y no caigamos en el discurso absoluto de los políticos ni en sus falacias. Una de las cosas más desesperantes para mí es que los funcionarios del actual gobierno sean tan incapaces de matizar lo que el Presidente afirma en sus conferencias mañaneras. En ellas, además de informar, el titular del ejecutivo está haciendo política. Sus subordinados, encargados de operar, no saben matizar, no saben construir un discurso asequible, piensan que lo suyo es reproducir las generalizaciones, los juicios fulminantes, las descalificaciones, olvidándose de operar con una población que, como ustedes, pasa de la euforia al enojo, del apoyo al cuestionamiento, de la certeza a la duda. ¿Por qué carajos hacemos lo mismo?, ¿qué ganamos? Quizá aquí habría que discutir por temas, los hay cuestionables (ecología, derechos humanos, migración); los hay loables (combate a la corrupción, apoyo a los menos favorecidos, etcétera); los hay inciertos (nacionalismo, energías renovables y no renovables, educación, investigación,  economía, etcétera). Sería más provechoso, dije ya levantando mi maleta.

Después de esta verborrea por lo menos no me gané una segunda mentada de madre de quienes como yo estaban listos para partir. Nos despedimos. Me fui pensando en todo lo que ha cambiado en un año. Algo está pasando me digo, casi como mantra. Veremos a dónde va a dar.

viernes, abril 12, 2019

Como si

El titular del ejecutivo actúa como si quisiera ser autoritario, habla como si fuera de oposición, corrige a sus secretarios como si no fuesen parte de su gabinete, pontifica como si fuera teólogo, descalifica como si fuese la encarnación de la verdad, acuña conceptos y consignas tan flexibles como sus necesidades políticas requieren, pero resulta que es un presidente que parece ir en caída libre. No se halla y no halla. La realidad cobra sus facturas después de la fiesta y la resaca electoral. Honradez no es producción, orgullo nacional no es redistribución del ingreso, el optimismo no cambia el modo de producción, la mañanera no suplanta la terca realidad ni las leyes la determinan ni los decretos la cambian. Las nuevas mitologías no sustituyen por arte de magia a las antiguas ni las políticas de gobierno se vuelven por fe políticas públicas. Triste. No por el individuo, sino por el país, que lleva décadas inmerso en la explotación y el desamparo. Reconocer la triste realidad de este país que se dejó como herencia no da licencia para justificar los tanteos y yerros de este gobierno. Más que justificarlos en virtud del poco tiempo que tiene en ejercicio, habría que desear una rectificación temprana para que haya en rigor un sexenio acorde con las expectativas y deseos que en los votos del passado julio se cristalizaron. Porque votamos como si la democracia electoral en efecto fuese el camino adecuado para un cambio real en nuestro país (y no un cambio en el acento neoliberal, de los de arriba a los de abajo, como señala González Casanova). ¿Nos habremos equivocado?

miércoles, marzo 27, 2019

Tal vez algo se agite en las profundidades

La negativa del Rey de España de “pedir perdón” reveló el juego político del presidente mexicano: ahorrarse el dinero y el costo político de la “celebración” de la llegada de Hernán Cortés a las tierras que hoy llamamos Veracruz con su consecuente invasión y transformación de la vida mesoamericana y mundial.

En efecto, tras la negativa, el Presidente de México se apuró a advertir que no participará en esas “celebraciones”. Cabe suponer que, como sucedió en 1992, los eventos relacionados con este “encuentro” –como le llamaron a aquél para ser “políticamente correctos”– se programaron y negociaron tiempo atrás, con la administración de Enrique Peña Nieto. Para la actual administración, metida de lleno en la “austeridad republicana” que, como declaró Alfonso Romo, requiere pasar ya a la “austeridad franciscana” si quiere tener un superávit mínimo, el gasto de dicha conmemoración es innecesario por no decir adverso.

Pese a las encuestas, siempre discutibles, el presidente mexicano está enfrentando una oposición que no viene solamente de los “fifís”, como gusta decir el ejecutivo en su estrategia de polarización y descalificación, sino de quienes comienzan a desesperar ante la lentitud de la concreción de la esperanza levantada en la campaña política previa a las elecciones de 2018 y de los que no ven con buenos ojos algunas de las medidas que ha tomado en sus más de cien días de gobierno. Es cierto, desesperarse a los cien días es una desmesura hija del optimismo, pero lo hecho en ese lapso marca tendencias que no pueden menospreciarse.

Esta oposición comienza a manifestarse en recibimientos, mítines, e incluso se sumó a la rechifla que tuvo el presidente en el estadio Alfredo Harp Helú (¿no pudieron escoger otro nombre? Es que homenajear a las mafias del poder no está tan bien que digamos). También fija su postura esta oposición al no ver con buenos ojos eso que antes criticó acerbamente: las reuniones bilaterales en casa de un empresario de Televisa. Esta oposición es así mismo poco aquiescente con la Guardia Nacional o a las encuestas amañadas que se usaron para justificar el Tren Maya o la continuación de la Termoeléctrica en Morelos. Hay pragmatismos que alarman a esta oposición emergente, como la muy correcta cancelación del Aeropuerto pero la muy sospechosa entrega a los mismos inversionistas de otros proyectos que además de depredadores son verdaderamente escandalosos para el tema ecológico, como por ejemplo el regreso a la compra de carbón (330 mil toneladas),o que se plantean como un beneficio directo para el Ejército.

El Presidente de México es un político experimentado. No solamente militó en el PRI sino que entendió la política desde cierta práctica priista que finalmente se trasvasó al PRD y a Morena, pese que en estos partidos también hallaron cobijo otras prácticas políticas de derecha e izquierda. Por eso sabe que la oposición “fifí” es necesaria y controlable (desubicada no sabe qué hacer con un presidente de su tipo), pero no es conveniente que la otra comience a articularse. Muchos frentes no son buenos, tanto más cuanto que atinadamente su estrategia de gobierno está golpeando severamente intereses económicos mal habidos que le abren un frente delicado.

Ante esta situación, y para acotar los frentes que se abren, el presidente mexicano jugó una carta magistral aunque peligrosa. Condicionar las “conmemoraciones” de este año a que tanto el Rey de España como el Papa soliciten a las comunidades originarias su perdón por los agravios padecidos en aquella época es una apuesta gana-gana del presidente: la negativa se traduce en ahorro y reivindicación nacional frente a un previsible racismo; la aceptación hubiese implicado un triunfo colosal que abonaría en favor de una proyección sin precedentes de un presidente mexicano de la segunda mitad del siglo XX para acá. Cualquiera de los dos resultados lo fortalece, pero sobre todo entrampa a la oposición emergente y fifí, desactivando la crítica a su gobierno.

El tema del perdón se inscribe en una tendencia que ha opuesto memoria e historia en el marco de una reivindicación del pensamiento del Sur. La memoria como algo más propio de los pueblos, más esencial que la fastidiosa historia institucional. Esto ha dado lugar a ciertas reivindicaciones valiosas (entre ellas el tema del perdón) y confronta el quehacer de la historia. Sin embargo, no son los pueblos ni las comunidades originarias quienes hacen esta petición a Felipe VI (que en cierto modo implicaría un reconocimiento incómodo por parte de los pueblos indígenas a esa figura de autoridad). La historia de este país desde la época colonial es también una historia de reclamos, recuentos de agravios, exigencias de reparaciones y demás hechas por los agraviados de manera estratégica y no necesariamente sumisa. Las largas diatribas legales, el ir y venir de los indígenas con una y otra autoridad a lo largo del tiempo se relaciona con aspectos materiales concretos: tierras, límites, recursos naturales, pobreza, explotación, etcétera, y no solamente con temas simbólicos. Pero ahora no son ellos los que solicitan este perdón, sino el Presidente de México, el político.

Tranquilo, el presidente mexicano declara que se ha sobredimensionado esta solicitud cuando él mismo hizo un video al respecto. Sagaz, intenta cortar de tajo una bola que crece para que no llegue a una dimensión internacional que vaya más allá de los dimes y diretes. Finalmente ha logrado su objetivo: contener la crítica, polarizar aún más (por ejemplo, inteligencias relativamente objetivas acusan de servilismo a quienes se preguntan por la pertinencia de lo hecho por el presidente en este caso), exacerbando un sentimiento nacionalista que sirve, ante todo, para descalificar al otro que no es como uno (no-son-como-nosotros y por tanto están mal), etcétera. Sea con intención política y consciente de sus posibles consecuencias o no, lo cierto es que este sentimiento se suma a una corriente mundial que, enarbolando distintas causas para ello, va de Pennsylvnia Avenue a Downing Street, del Palacio de la Zarzuela al Palacio de Miraflores. 

Mal estaría quien criticase al Presidente de México por hacer política. De eso se trata ser presidente. Para algunos, lo que es criticable es el sentido de una parte de su política; para otros, toda su política. Desde esta perspectiva, lo criticable es el intento de imponer un acto simbólico sobre realidades concretas de explotación, desigualdad y descalificación hacia ciertos sectores indígenas que se oponen a los derrotero de la política gubernamental en ciertos lugares. Criticable es el ofrecimiento de disculpas por parte del Estado mexicano a unos grupos indígenas pero no a otros. Pero en política nada es definitivo. Inteligente al fin, el Presidente de México irá capoteando los tiempos hasta donde sea posible. Pero al parecer es consciente de que hay reservas que se agotan rápidamente.


Valdría la pena recordar que en el contexto de la emergencia de la globalización y el neoliberalismo, 1992 catapultó la insurgencia indígena, concentrada en el EZLN, previa marcha memorable Xi’nich. La agitación indígena no fue solamente mexicana-chiapaneca; recorrió varios países de América Latina. Más que disculpas, esos indígenas movilizados exigían justicia, libertad y la posibilidad de tener una vida digna que, hasta la fecha, prácticamente ninguno de los Estados Latinoamericanos ha logrado concretar plenamente. ¿A qué dará lugar 2019 y 2021? Aún no lo sabemos. Allá en las profundidades es posible que algo se esté agitando. Cuando salga, tal vez nos tome por sorpresa como sucedió en 1994. Es que, como lo cantaba Lennon, la vida es lo que te pasa cuando estás haciendo otros planes.

lunes, enero 14, 2019

Pronto

Hoy me detuve un rato en la carretera. A ella, a la naturaleza, quise pedirle paz, pero ella me obsequió un espectáculo. Quise entonces no regresar más al trajín cotidiano, pero ella, silenciosa, me dijo que los seres humanos estamos condenados a eso. ¿No puedo ser tú?, le pregunté. Pronto lo serás sin saberlo, respondió. Resignado y abatido manejé de regreso a la ciudad, pensando en qué será para ella ese “pronto”. Después de todo, su finitud es mucho menos inmediata que la mía, la tuya, la de todos nosotros.

lunes, enero 07, 2019

Cenizas para la vida

Mangor.
Cenizas para la vida: una mandarina.
Desde la nada venimos para ser algo. Luego, volvemos a la nada para dejar de serlo. “Fuimos” le decimos a la nada, y ella, dubitativa, inútilmente se esfuerza en imaginar eso que le está vedado.  Esa es la tragedia de la nada, solamente sabe de sí misma. Nosotros, en cambio, sabemos de la vida, y por tanto, de ella.
Al principio, cada uno de nosotros es expulsado a la vida de manera indeterminada. Lloramos al nacer para anunciar nuestro primer paso en la invención que seremos a lo largo de los años. Cuando regresamos a la nada, lo hacemos cargados de determinaciones, impuestas o decididas, adquiridas entre lágrimas y risas en nuestro andar, a veces espinoso, ora acelerado, en ocasiones tranquilo, de vez en cuando feliz.
En el momento previo al salto definitivo, la sorpresa, el miedo o la tranquilidad se apoderan de nuestro rostro. Sentimientos todos ellos que solamente nosotros podemos tener. Luego, queda un cuerpo inerte, que es la más brutal invasión de la nada en la vida. Por eso no nos gusta, por eso lloramos, porque nos recuerda de dónde venimos y a dónde vamos, pero sobre todo nos abofetea con el puño de la brevedad. La vida siempre parece breve, un suspiro dicen algunos, apenas un guiño afirman otros. Incluso este lamento es un privilegio nuestro, de los vivos, porque en la nada no hay ni tiempo ni espacio.
Breve o no, nuestro padre llegó desgastado a la nada. Y es que la vida es también desgaste, agotamiento. Dudoso privilegio el de aquellos que regresan enteros, sanos e inocentes a la nada. Vuelven a ella sin haber hecho gran cosa de sí mismos, sin haber esculpido la escultura que estamos obligados a esculpir. Regresemos sí, diría él, pero llenos, desbordados, cansados de tanto vivir, aunque sea en un breve lapso. Así nuestro padre. Ochenta años construyéndose, construyéndonos, construyendo. Sus pulmones flaquearon: se le anegaron de tabaco, de partículas de maíz quemado, de campo, de industria, de residuos de madera propios de la carpintería, de polvo y contaminación, sí, pero también se le llenaron del aire de las montañas, los ríos, las planicies, del mar. Y es que esculpir, esculpirse, construir, construirse, termina por matar. Es como el arte: se hace para demostrar que salir de la nada vale la pena, pero es menester terminarlo para  poder apreciarlo.
     Ahora que físicamente ya no está, nosotros, los vivos, decidimos hacer de aquel cuerpo inerte cenizas que alimentarán otra vida. Sembramos un árbol, usando sus cenizas como fertilizante, para que ninguno de nosotros olvide lo que en rigor  importa: las caricias del sol, los susurros del aire, la tranquilidad de las nubes, la alegría del trinar de las aves, la furia de las tormentas, lo nutritivo de la tierra, el gozo de disfrutar todo esto acompañados por otros que también están vivos. Nuestro padre regresó a la nada, persistirá en nuestra memoria, pero aquí, este árbol, preservará para nosotros la inolvidable hazaña de salir de la nada, aunque el  destino cierto sea regresar a ella. Cenizas para la vida, sentidos para disfrutarla, tranquilidad para gozarla.

San Andrés Cuamilpa, Tlaxcala. 
5 de enero de 2019

martes, diciembre 11, 2018

La diatriba en torno a la Ley Federal de Remuneraciones

El Presidente de México sabe que mantener el apoyo popular y la movilización es difícil. Tarde o temprano disminuye, se desgasta. Administrará los golpes políticos para intentar mantenerlos, las encuestas serán eso a partir de hoy. Pero el presidente sabe más cosas. Tiene por ahora ese apoyo y esa movilización casi de manera incondicional. Es su bono. Por eso, con tino, decide enfrentar rápidamente problemas serios que de otro modo le hubiesen sido contraproducentes: la cancelación del aeropuerto en Texcoco, lo del Tren Maya, el tema de los salarios de los altos funcionarios y de los trabajadores. En este contexto, la rebelión de los integrantes del Poder Judicial tiene múltiples aristas que van más allá de la consigna política de la deshonestidad y demás.

Obviamente el tema económico es sensible, tanto para pobres como para ricos. Pero el tema de la “austeridad republicana” apunta directamente a la riqueza que viene dada de manera inadecuada por un servicio público. Por definición, el servicio público no debiera conducirse con los parámetros del “servicio privado”. Sin embargo, dado nuestro contexto, los valores, conductas, comportamientos y modos de ser de este sector han carcomido las bases de toda la vida social, incluidas las del “servicio público”. Por eso, los integrantes del Poder Judicial, y ahora uno de los Consejeros del Instituto Nacional Electoral, junto con otros que seguramente se sumarán a este amparo masivo ante la Ley Federal de Remuneraciones, piensan que se está atentado contra su bienestar, su trabajo. Viven y actúan como si el “servicio público” fuese “servicio privado”, por lo tanto les enfada y les preocupa que con una ley constitucional se les venga a decir que no es así.

El Presidente de México tiene razón: hay que hacer una distinción básica entre “servicio público” y “servicio privado”. Forma parte de su proyecto volverle a dar un papel protagónico al Estado y separar la política de la economía, los asuntos de gobierno de los asuntos del negocio. Por lo menos formalmente así lo plantea. Por supuesto, en su actuar, el presidente parece tomarse en serio esto, pero por otro se inclina más a una representación de ello, como sucedió con la cancelación del Aeropuerto en Texcoco, acto que si bien benefició al movimiento social que se opuso desde un principio a este proyecto, por el otro, terminó en una alianza un tanto extraña entre el presidente y asesores económicos bastante sospechosos e involucrados en aquel proyecto así como en el Tren Maya, al que por otro lado, otro movimiento social nada desdeñable se opone por las mismas razones que se opusieron los de Texcoco, pero que sospechosamente el presidente decide ignorar. Lo que allí vimos fue un magistral acto teatral que marcó el arranque de la distinción y separación aludida.

No hay modo que el gobierno actual pueda funcionar sin el apoyo empresarial. El presidente lo sabe, lo entiende. Cuando habla de cambio de régimen no se refiere por supuesto al proyecto neoliberal, sino a otra cosa: un ejercicio de saneamiento del gobierno para que tenga cierta independencia de actuación, estableciendo así una relación “debida” con las fuerzas económicas, y ya no más una “indebida” que hasta hoy, desde hace más de tres décadas, se ha mostrado como sumisa, obsequiosa con aquellas fuerzas.

La estrategia, con sus teatralidades, no es errónea. Está funcionando de maravilla. La gente está convencida de que algo está pasando, lo que ya en sí mismo un gran logro. Que por lo bajo también estén pasando cosas menos loables, como una inexistente separación y autonomía de poderes entre el Legislativo y el Ejecutivo es para la gente otro cantar. La idea de que para algo se “es mayoría” está presente en muchísimas de las personas que padecimos las otras mayorías, las del PRI solito, las del PRI, PAN, Verde, PRD juntas. Pero allí es en donde precisamente está construyendo su discurso la rebelión del Poder Judicial. Malo que lo haga para negarse a la separación entre “servicio público” y “servicio privado” que está llevando a cabo el Poder Ejecutivo, pero aún así, el tema de la separación y autonomía de poderes se mantiene como algo que debe ser pensado y analizado en este conflicto. Las amenazas provenientes del Poder Legislativo de destitución a los inconformes es delicada, porque no abona en eso que dicen creer, la democracia. ¿Puede un presidente arrollador como lo es el que tenemos contenerse para garantizar en verdad la separación y autonomía de los poderes del Estado?, ¿puede una mayoría envalentonada autocontenerse, concebirse independiente, autónoma de aquel al que le cantan las mañanitas en pleno salón de sesiones?, ¿puede el Poder Judicial asumir lo que se le exige y volverse en efecto un servicio público?

Si queremos llegar a algún lado, esta diatriba debe resolverse adecuadamente dentro del proyecto que encabeza el Presidente de México, pero también dentro del delicado equilibrio de la separación y autonomía de los poderes. De otro modo habrá un mal comienzo que puede derivar en algo bastante desagradable a lo largo del sexenio, incluso incontrolable. El presidente lo sabe.

jueves, septiembre 06, 2018

¿Y si estamos ante algo más grave?

Las redes sociales obligan. Incluso a los porros. Circulan en la Red los perfiles de varios de los que participaron en la trifulca, agrediendo y lesionando a estudiantes del CCH Azcapotzalco el pasado 3 de septiembre. En algunos de esos perfiles los susodichos dan explicaciones de lo que hicieron. Antaño, los porros no lo hacían, golpeaban y se iban. Grupos de choque creados por las propias autoridades universitarias, solapados por los diferentes titulares del extinto Departamento del Distrito Federal, no requerían dar explicación alguna. Hablaban elocuentemente a golpes. Su existencia era clara: amedrentar, desarticular la organización estudiantil, apoyar a ciertos grupos políticos para que se hicieran de direcciones, coordinaciones y demás puestos académicos-administrativos. Después de su paso como forajidos, algunos de ellos hicieron carrera universitaria, otros política, otros delincuencial. Pero las cosas parecen haber cambiado, ahora la compulsiva visibilidad de las redes sociales les obliga a explicar su proceder.

Uno de los porros en particular es elocuente en su decir. Reivindica su autonomía con respecto a las autoridades universitarias o del actual gobierno de la Ciudad de México. No son éstas las que los mandan, afirma. De donde es inevitable concluir que desde su perspectiva su actuar obedece a una discrepancia ideológica con los estudiantes que fueron agredidos. Los acusa de imposiciones "desde la izquierda" en su plantel, con paros y protestas. Así, justifica su proceder "porril" como resultado de un actuar legítimo en defensa de cierto tipo de educación y en contra de las "imposiciones" que están realizando esos estudiantes revoltosos a los que califica de "chairos".

Por supuesto, las cosas que afirma son dudosas, sin embargo, lo preocupante es la carga discriminatoria que hay en su decir. Durante el reciente proceso electoral, "chairo" se utilizó para calificar a quienes manifestaban su apoyo a López Obrador, pero también a todo aquel que osara criticar a los gobiernos mexicanos de corte neoliberal. Pariente lejana del "naco" y del "jodido", la palabra "chairo" tiene una indiscutible carga racial y socioeconómica. Que un porro la utilice para hablar con los que manifiestan su protesta por su actuar "porril", que las lesiones sufridas por varios estudiantes insinúe son merecidas por ser "chairos", que las presiones estudiantiles para mejorar las condiciones de estudio sean tildadas como imposiciones de "chairos", resulta peligroso porque, por un lado, quiere decir que la polarización electoral trasciende por mucho el momento electoral, y por el otro, que esparcido en la sociedad mexicana, particularmente en jóvenes, hay una tendencia "fascistoide" peligrosa que está manifestándose ya abiertamente.

No cabe duda que la "desestabilización" es uno de los objetivos centrales de esta agresión, pero quizá habría que verla como el resultado de una emergencia fascistoide que por ahora aparece combinada con una rancia práctica universitaria. Si llega a encontrar articulación en combinación con otros procesos de descomposición de nuestra sociedad pronto estaremos en el infierno.


sábado, julio 28, 2018

Por qué Lisboa

Me preguntan el motivo de mi fascinación por Lisboa. Creo que ella es la representación de un tipo de vida a la que me adscribí sin saberlo: laberíntica, llena de callejones aparentemente sin salida, inundada de terrazas en las que se vive el placer del gusto, de la mirada, del olfato; en la que escaleras sirven para subir y bajar, perderse, y en algún escalón hundirse en la mirada, los labios, el cuerpo de una mujer. De Lisboa, como de cierto tipo de vida, me gusta su majestuosidad marcada por la pátina del tiempo, sus heridas, los rastros de la decadencia, su voluntad imperial que lejos de ser presumible es un lastre oneroso que artistas gráficos intervienen, cuestionan, redefinen. De ella y de la vida me gusta su provocación persistente, su gana de reinventarse, su discreto recuerdo de la revolución, que no llega a ser un afiche y que parece estar de acuerdo con aquello de que un revolucionario no muere para colgar su imagen en la pared, como se dijo por estos lares en el 68. De Lisboa me gusta su sugerencia que allí, a las orillas del Tajo, y un poco más allá, en confluencia con el Atlántico, todo comienza y todo termina. Así la vida, la nuestra, la mía: hay un punto donde todo comienza y todo termina. Ojalá el mío fuese siempre tan bello como el Tajo.

domingo, julio 01, 2018

Seguiremos

Observo y pienso. Más de tres décadas luchando. Lo que hoy sucede no es la meta, es el inicio. Todos los recuerdos vienen: las madrizas, las marchas, las persecuciones, las descalificaciones, la tentación de las armas, los amigos que sí las tomaron y nunca regresaron, el mantenerse en la crítica pese a todo. Por eso, mañana seguiremos pugnado por un cambio profundo y real. Seguiremos siendo la mirada crítica, la presión, los que propondremos caminos. Y nos cansaremos. Pero esta victoria es nuestra.

sábado, junio 30, 2018

Votamos desde la memoria

Pertenezco a una generación cuya primera participación electoral se frustró con el fraude de 1988; que en 1994 vio al régimen asesinar a su propio candidato; que en el 2000 recibió con cierto escepticismo la victoria de Fox, quien se encargó de hundir cualquier idea democrática; que en el 2006 volvió a ser testigo de otro fraude electoral; que en el 2012 presenció impotente el dominio irrestricto de intereses económicos que hoy vuelven a jugar con el miedo, la amenaza. Para nosotros, el fraude no es una especulación, es una historia. Tenemos memoria. Esperamos que esta vez no haya fraude aunque hay indicios suficientes para pensar que lo habrá, quizá no en la elección presidencial, pero sí en el resto de los niveles. 

Pertenezco a una generación que se involucró en todas las luchas inspiradas por y en beneficio de la democracia. Hemos perdido más de lo ganado. Pero somos obstinados. Obviamente no nos convencen ni nos alarman los muy pedestres argumentos de los que estando en el poder o en derredor de él, recurren a la infantil estrategia del “coco” que viene. Sus argumentos hablan más de ellos que de la realidad. Lo que a través de ellos habla es su convicción autoritaria, la insuficiencia de su ciudadanía, su nulo involucramiento con algo más que no sea su beneficio propio. Ven en AMLO lo que traen profundamente interiorizado. Se ven en el espejo y les asusta. A nosotros lo que nos pesa es precisamente lo que ven, lo que cultivan, lo que les induce a actuar como actúan, no el rostro que lo porta. El autoritarismo es tan inaceptable en ellos como en AMLO o en quien sea. Y como lo hemos demostrado desde aquel 1988 e incluso antes, no estamos dispuestos a aceptarlo.

Tengo la impresión que para una gran parte de mi generación no se trata de votar en favor de AMLO, sino en contra de esa historia terrible con la que hemos crecido desde 1988. Si gana AMLO, seguiremos luchando, aunque las condiciones por supuesto serán distintas, quizá un poquito más amables. Pero estamos dispuestos a aceptar esa ventana que con su triunfo se abrirá. Con él seremos tan críticos como lo hemos sido hasta hoy con el poder. Porque el poder requiere eso: crítica, contención, exigencia, pero jamás un voto de confianza. Y si muchos de nosotros no estamos dispuestos a dar ciegamente esa confianza a AMLO, mucho menos estamos dispuestos a darla con conocimiento de causa a quienes llevan de una u otra manera en el poder más de tres décadas. Ellos sí están obstinados con el poder, pero sobre todo, son los responsables del desastre que es nuestro país. No hay números alegres que puedan ocultarlo.

Nuestro voto es por tanto el resultado de la memoria, la convicción, la lucha y el contexto. Estaremos, emplazados en la izquierda, luchando por la democracia, sean cualesquiera las condiciones que imperen mañana o pasado. Lo hemos hecho en las muy desfavorables condiciones de las últimas tres décadas. ¿Por qué habríamos de dejar de hacerlo?, ¿por vejez?

sábado, abril 14, 2018

domingo, septiembre 24, 2017

¿Y ahora?

Desde los sucesos de 1985 surgió con mayor fuerza el estudio de los desastres y las políticas públicas correspondientes. Desde entonces, se ha insistido con razón que los desastres no son naturales, sino sociales. En otras palabras, que los fenómenos naturales pueden derivar en desastres sociales. Esta idea central atribuye las responsabilidades de éstos al lugar que le corresponden, la sociedad, y no a la naturaleza, como insisten los comentaristas de los medios masivos de comunicación al llamarlos “desastres naturales”.

La diferencia entre atribuir responsabilidades a la sociedad o a la naturaleza en caso de desastre es abismal. Decantarse por calificar como natural lo que es social tiene severas implicaciones; entre otras, asumir lo sucedido como inevitable, omitir los señalamientos, imputaciones y castigos correspondientes, exaltar la capacidad de reacción, eso, de reacción, a la hora de la hora. Ayer un taxista me decía, comentando lo que actualmente está en curso en partes de la ciudad de México: “Patrón, es que los mexicanos somos unos chingones, cuando nos necesitamos allí estamos”. Hoy, 24 de septiembre, Enrique Krauze hace lo propio con los jóvenes que semanas atrás no veía políticamente activos. Fascinado afirma que están demostrando estar “listos para reaccionar cuando la naturaleza golpea”.

La naturaleza no golpea ni pone a prueba. Ella sigue sus procesos. Que ellos deriven en desastres sociales debiera hacernos recordar nuestra condición de dependencia estructural de ella. Hablar de “desastres naturales” o de que “ella golpea” es usar deliberadamente un discurso de corte militar que, ensoberbecido, coloca a “señor del universo” acosado por una “entidad malévola” que le da por golpearnos, acosarnos con desastres.

Del lado de las responsabilidades sociales tampoco se puede asumir un mea culpa general para eximir a quienes tienen una culpa innegable al proceder con falta de planeación, corrupción y sometimiento a las presiones de quienes en el afán de negocio se inclinan por la ganancia sin consideración de la vida y de eso con lo mantenemos una relación de dependencia.

Nuestro país tiene problemas que van desde una permanente centralización que satura zonas y territorios hasta una persistente desigualdad que no desaparecen en momentos de emergencia, sino que se refuerzan. En el caso de la ciudad de México esto ha sido evidente en zonas afectadas como Xochimilco y en zonas similares en los estados en este desastre social y en otros recientes. ¿Recuerdan a Peña Nieto diciéndole a los pobladores de una zona de Chiapas afectados por el sismo previo al del 19 que los iban a atender en la clínica inexistente del lugar?

Si bien el aplauso es necesario y debe ser fortísimo para todos los que de una u otra manera, con afán protagónico y sin él, de manera escandalosa o calladamente, han ayudado en las tareas de rescate desde el 19 de septiembre del presente, lo que está en juego es la vida. Esto implica no solamente salvar vidas, oponerse a las medidas frías de gobiernos y empresas urgidos por cerrar el reciente capítulo, como demoler edificios derruidos sin importar la vida de los atrapados y los cuerpos de los allí sepultados, sino en afirmar que esto no debió de suceder; que no estamos para “reaccionar” solamente; que hay responsabilidades muy específicas que deben ser señaladas, castigadas; y que este país debe repensarse desde su centralismo hasta su desigualdad, esas realidades hoy puestas de nuevo al descubierto de manera dolorosa y artera, frente a las cuales las estructuras de poder no tienen absolutamente nada que decirnos porque en buena medida son creadoras de este desastre social y otros muchos que hemos vivido y que vivimos cotidianamente.

¿Podremos decirnos nosotros algo a nosotros mismos más allá de “estar listos cuando la naturaleza golpea”? Eso está por verse.



martes, septiembre 12, 2017

Esquemas animados del Capítulo 5 de El Capital de Bolívar Echeverría.

Un día, Bolívar Echeverría me citó para hacerme una petición un tanto extraña. Lacónico como de costumbre, me preguntó si conocía los esquemas que hacía tiempo él había hecho sobre el capítulo 5 de El Capital de Marx.

–Ahora –me dijo tras mi respuesta afirmativa– quiero que se muevan.

  Aunque sabía que se refería a una animación por computadora, pensé en varias formas de movimiento físico que me sacaron una sonrisa burlona. Me imaginé, por ejemplo, acompañándolo para hacer piruetas gimnásticas con los esquemas mientras exponía sus argumentos. Por fortuna, su voz difuminó mis absurdos.

–Le he pedido a varios que lo hagan pero no se animan– remató.

  Le respondí que su petición no era una cosa sencilla, y aunque yo no era especialista en animación podía intentarlo con algunos programas que ayudaban a animar de manera elemental algunas cosas. Francamente tenía curiosidad por saber a qué se refería con la animación y qué es lo que él visualizaba con esos esquemas. Además, no dejaba de sorprenderme su incursión en estos temas. Hacía poco me había enterado que gracias a un alumno suyo él fue uno de los primeros en México que tuvo una computadora de escritorio. Eso explicaba, por ejemplo, que él mismo interviniera algunos carteles de sus libros o hiciera algunas propuestas de diseño. Sin esto sería inexplicable, por ejemplo, una parte de su reflexión sobre el ángel de la historia de Walter Benjamin, en la que pone a discusión el ángel de Klee. Así que, azuzado por estas ideas, literalmente me hundí en la tarea. Ese intento se llevó varios meses porque él era muy demandante en ciertas cosas: el color, la forma, el ritmo.

    Después de un intercambio casi interminable de correos electrónicos y de reuniones en las que me indicaba lo que estaba bien y lo que estaba mal, llegó el día en que exultante dijo: ¡así!, ¡no le muevas nada! Por supuesto, lancé un suspiro de tranquilidad y satisfacción porque había llegado yo a la conclusión de que esa animación no terminaría por concretarse nunca.

–Solamente te falta una cosa –dijo–, tu nombre como responsable de la animación–. Sin muchas ganas procedí a poner mi nombre debajo del suyo.

    Estos esquemas “animados” iban a formar parte del curso que Bolívar Echeverría pensaba impartir en el segundo semestre de 2010, cosa que no sucedió porque ella, la muerte, la muy carbona, no quiso que así fuera. Dulce venganza en contra de ella: ahora que se cumplen los 150 años de la publicación de El Capital, me parece necesario que estos esquemas circulen ampliamente. No tenemos la exposición de viva voz de Bolívar Echeverría para explicarlos, pero allí está su obra para que el lector avezado vaya y venga a estos esquemas para entenderlos. Los dejo aquí, pues, como "obra abierta".





domingo, agosto 13, 2017

Estreno del Documental “Close up. Memoria del cine Corregidora”

Faro Aragón Films y el Laboratorio Audiovisual del CIESAS invitan a la presentación del documental “Close up. Memoroa del cine Corregidora” de Isaac García Venegas y Eric Moncada.

Sinopsis

El Cine Corregidora formó parte de un conjunto de cines que se hicieron en las zonas periféricas de la ciudad de México hacia finales de la década de los sesenta del siglo pasado. Por aproximadamente dos décadas, marcó la experiencia de vida de los vecinos de la primera sección de San Juan de Aragón. No solamente les acercó la producción cinematográfica nacional a precios relativamente accesibles sino que se convirtió en referente fundamental de su convivencia, de su vida social, de su vida personal. Después de su decadencia, se recupera hoy como el Faro de Aragón, la primera Fábrica de Artes y Oficios con un énfasis específico en lo audiovisual. “Close up. Memoria del Cine Corregidora” cuenta la historia de este largo proceso. Con ello da cuenta de un tipo específico de experiencia cinematográfica que resulta relevante. También, a través de su historia, se cuenta un aspecto de la ciudad de México, y los modos, durante esa época, de apropiación del cine, no tanto en cuanto a calidad cinematográfica sino en cuanto a espacio de convivencia. De este modo, desde este documental se lanza una mirada interrogadora al propio Faro de Aragón que tiene tras de sí una historia que merece ser conocida para poderse definir frente a ella.

La cita es el viernes 18 de Agosto, a las 14 hrs., en el Faro de Aragón.

Los esperamos.


martes, agosto 08, 2017

Invitación a escuchar

Como parte de los esfuerzos por difundir lo que se hace en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS) se realizó una serie de podcasts llamada ¡Al micrófono! ¡Nuestros investigaodres responden! La serie estuvo a cargo de Victoria Novelo, Carlos Antaramian y un servidor. Su producción recayó en el Laboratorio Audiovisual con la colaboración de Eric Moncada y Emiliano García. Pueden escuchar la serie completa en este link https://soundcloud.com/isaac-garc-a-venegas/sets/al-microfono-nuestros-investigadores-responden

viernes, abril 14, 2017

Los fanáticos nunca se fueron...

Xi-Jinping advierte el riesgo de una guerra termonuclear y llama a la cordura a dos fanáticos: Donald Trump y Kim Jong-un. Hay que aplaudirle al líder chino aunque su llamado no sea del todo inocente o desinteresado. No obstante, su llamado está destinado al fracaso: entre fanáticos no hay cordura posible. Por desgracia, si bien podemos señalar con el dedo a esos dos líderes mundiales, en realidad ellos son los voceros de una tendencia generalizada en el mundo. El fanatismo campea a sus anchas entre intelectuales, profesionistas, políticos, activistas, integrantes de movimientos sociales... Ya no se trata del apasionamiento y tenacidad desmedidas en la defensa de ideas o creencias políticas o religiosas, como define al fanatismo el Diccionario de la Real Academia, sino de cualquier índole: empresariales, sociales, culturales, ecológicas, etcétera. Aislados, ensimismados en su propio fanatismo, la cordura es para el fanático una petición abyecta porque para él supone negar su única verdad, en la que nadie más cabe. Es posible que un futuro no muy lejano, los que queden, y si es que algún cuerdo queda, se hable del corto siglo XXI, ese en el que la humanidad se rindió ante la suprema verdad –la única de hecho– del fin de sí misma; una humanidad que logró diseñarse un murito personal que solamente se vino abajo al ritmo de grandes explosiones.

viernes, marzo 03, 2017

Carta a la Junta de Gobierno de la UNAM con motivo de la designación de director en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

No estoy de acuerdo con los modos y las formas de designación de autoridades en la UNAM. Mucho menos estoy de acuerdo con el discreto cotilleo de pasillo o la lógica palaciega con que se procede en estos casos. Dado que por ahora no podemos cambiar esta forma institucional de designar directores, asumo entonces una posición abierta que me permito difundir en este medio. Aquí la carta que envié a la Junta de Gobierno de la UNAM, debidamente firmada.


Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México
Presente

Estimados integrantes de la Junta de Gobierno de la UNAM:
Ustedes saben que la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM es hoy un Titanic. Las advertencias que se hicieron hace 8 y 4 años, en los procesos correspondientes de designación de la dirección de esta facultad, no fueron escuchadas. El resultado está hoy a la vista de todos: es imposible ocultar su hundimiento. De sobra está decir que lo que se ha salvado hasta ahora se debe a la comprometida obstinación y esfuerzo individual de gran parte de sus maestros, estudiantes, trabajadores. Por desgracia, no puede afirmarse lo mismo de su autoridad en turno. Difícilmente podría encontrarse en administraciones anteriores  de nuestra facultad una distancia y ruptura tan evidentes como la que ahora existe entre comunidad y autoridad.
Por lo anterior, la designación del próximo director de nuestra facultad es tan decisiva. En ella se juega el rescate o hundimiento definitivo de la que fue la madre de nuestra universidad. Por ello mismo no puede ignorarse que con esta designación también se juega el destino de nuestra máxima casa de estudios: se dispara a sí misma en el pie, con todas sus implicaciones, o bien se rescata y fortalece uno de sus impulsos vitales para que ella, la UNAM, camine segura y exitosa en medio del doloroso paisaje en que se encuentra sumido nuestro país. Hay que decirlo con franqueza: sin las humanidades simplemente no hay humanidad que valga ni país que pueda llamarse tal.
La situación de la Facultad de Filosofía y Letras requiere que el próximo director tenga tres cualidades fundamentales para acometer el reto de salvar y repensar el barco hundido: inteligencia, capacidad de convocatoria y consenso. Inteligencia para encontrar la mejor manera de detener su hundimiento. Capacidad de convocatoria para que sus profesores, estudiantes y trabajadores se involucren en la ardua tarea de salvamento que ella demanda. Consenso en cuanto a los mecanismos y contenidos de repensarla para que, trasformada, cumpla cabalmente el papel que le es propio: el de ser el lugar privilegiado de un tipo específico de reflexión sobre lo humano y su entorno en beneficio de eso que llamamos humanidad.
Inteligencia, no cabe duda, la hay en los tres candidatos que actualmente contienden por la dirección de esta facultad. La capacidad de convocatoria y consenso reales, solamente en uno de ellos. Estas cualidades, estimados integrantes de la Junta de Gobierno, solamente se conjugan, en la dimensión y extensión exigidas por la difícil situación de nuestra facultad, en el Dr. Carlos Oliva. El entusiasmo que ha despertado su candidatura en un amplio sector de la comunidad de nuestra facultad (académicos, estudiantes, trabajadores) solamente es equiparable en tamaño, pero en sentido absolutamente contrario, a la desazón y desconcierto que hoy ésta nos provoca.
Hay que ser claros. Dicho entusiasmo no es por la persona del Dr. Oliva, sino por lo que representa: la posibilidad real de una mejor facultad; de una mayor y más atinada presencia de las humanidades en nuestra universidad y en el país; un claro énfasis en formación que en ella debe brindarse; y la muy necesaria y festiva bienvenida a una forma de gobierno propia de nuestra universidad –la del consenso y la reflexión conjunta– con la consiguiente despedida de la que ha prevalecido en los últimos años, sorda, miope, omisa.
Estimados integrantes de la Junta de Gobierno: de manera muy respetuosa, como universitario, como profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, les invito a que, con nosotros, la rescaten y faciliten su reinvención, con inteligencia, capacidad de convocatoria y consenso reales, es decir, con el Dr. Carlos Oliva como director de nuestra facultad.


Atentamente


Isaac García Venegas
Profesor de asignatura interino
SUAyED-Historia
FFyL

jueves, febrero 09, 2017

Érase una vez

Esta es la historia reciente de un país que entusiastamente se dejó cachondear por un sueño que en el imaginario creado por los medios de comunicación masiva solía llamarse "americano", pero que en realidad era una pesadilla de despojo global. En este cachondeo participaron, también, los resignados cuya negativa fue volviéndose aceptación culposa. Disfrazada de sueño, la pesadilla llegó con todo lo que antes, en ese país corrputo y encerrado en sus fronteras, no había: los cafés, las grandes tiendas, los maravillosos espectáculos, los idiomas y las ganas de ser de mundo. Pero sucedió que los promotores de ese sueño, al apropiarse de todo lo necesario, esto es, los recursos básicos, las materias primas, la industria, las ideas, las instituciones, decidieron ponerle fin dejando a los cachondeados en el frío desértico de la pesadilla. Esos soñadores, los entusiastas y resignados, despertaron ateridos en un desierto en el que su desnuda indefensión era lo único que podían llamar en rigor propiedad. Molestos, enfurecidos, gritaron, señalaron al responsable de esta mutación de sueño en pesadilla, es decir, reclamaron porque la ilusión no era verdad y porque la verdad era una bien pinche y fea realidad. No se lo perdonaron. A falta de algo intentaron aliviar su condición con una gran cobija en la que bordada había un águila que al parecer en algún momento devoró algo. No se sorprendieron que debajo de ella estuviesen los promotores más aguerridos y entusiastas de ese sueño fraudulento,  los resposables de la pesadilla nacional. No se sorprendieron porque, después de todo, es mejor la ilusión comprada que la brutal realidad; es preferible el canchondeo en la ilusión que estar aterido; es mejor la sensación de flotar que de asumir la liberación no solamente de la pesadilla sino de esos sueños con los que se disfrazan las pesadillas; todo es más sencillo que la posibilidad misma de soñar otros sueños que sean realidad.