Lo primero que notó fue su ligereza. Su cuerpo, ese cuerpo que veía exactamente igual que antes, no pesaba. Se movía con una facilidad que en los últimos meses se le negaba. Sobre todo se dio cuenta que podía respirar. Caminar ya no era un martirio; tampoco estaban ya los aparatos ni las camas ni ese inconfundible olor a hospital.
La sorpresa de esta nueva y recién adquirida ligereza le distrajo por un momento de los cientos de miles con los que caminaba. Hasta donde recordaba no había decidido ir a marcha alguna. Con la interrogación en la mirada, tomó el camino más corto, es decir, cualquiera. Los rostros de los demás le recordaban algo que no podía precisar. Estos fallos de la memoria le comenzaron a preocupar.
–Hola Carlitos –le dijo una voz que le pareció conocida. Tardó unos segundos en reconocer al dueño de la voz.
–¡Bolívar! –dijo tendiendo la mano y dispuesto a abrazar a su interlocutor.
–Son las nuevas circunstancias –comentó Bolívar cuando Carlos infructuosamente quiso abrazarlo–. Somos etéreos –le aclaró.
–Así no funcionarán mis clones –respondió Carlos en tono sarcástico, encogiéndose de hombros.
–Ni el hedonismo –agregó Bolívar–. Aquí la memoria es distinta. Mucho de olvido hay. Quizá nadie solicitará dejarte tocar tu cabecita –dijo en tono socarrón.
Decidieron caminar por el camino más corto. Ambos miraban con cierto asombro el entorno. Carlos con sus manos en los bolsillos, Bolívar recto, erecto, con su elegante traje gris y sus lentes para mirar de lejos. Al poco tiempo encontraron a Pepe, que también caminaba un tanto desconcertado.
–¡Mi querido Pepe! –gritó Carlos; por lo menos eso creyó. Se dio cuenta que tenía voz pero no era sonora.
Pepe fue a saludarlos con alegría. No ofreció la mano ni intentó abrazarlos. Fue lo primero que aprendió en su arribo, horas antes.
–Creo –dijo meditabundo Pepe– que habremos de ser de nueva cuenta isla desconocida.
–¡Vaya! Otra vez a documentar el optimismo –respondió Carlos.
–Por lo visto –intervino Bolívar, acomodándose los lentes para ver de cerca, leyendo un edicto que etéreo se sostenía en el aire– estos muchachitos también tienen su fascinación por la burocracia.
–Y yo que pensé que me tardaría nueve meses en darme cuenta –remató Pepe–. Como Ricardo Reis...
Y los tres siguieron su camino, olvidando un poco lo que antes sabían, pero sabiendo mucho de lo que ahora veían.
Dice Tabucchi: los libros de viaje "poseen la virtud de ofrecer un doquier teórico y plausible a nuestro donde imprescindible y rotundo". Hay muchos tipos de viajes: los internos, los externos, los marginales. Este blog quiere llenarse de estos viajes, e invita a que otros sean también, con sus viajes, un doquier para mi donde.
domingo, junio 20, 2010
lunes, junio 07, 2010
Mi última presentación de Bolívar Echeverría
Presentación
Bolívar Echeverría*
Podría decir que nuestro ponente no necesita presentación. Y así es: su obra, sus ideas, sus modos de analizar la modernidad a partir de su cuádruple ethos, su relectura de Marx, etcétera, son cada vez más conocidos, trabajados y discutidos en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Como consecuencia de ello se le ha distinguido como Profesor Emérito de nuestra institución en este año y con los premios Libertador al Pensamiento Crítico (Venezuela, 2007) y Pio Jaramillo Alvarado (Flacso-Quito, Ecuador, 2004). Además, sus trabajos como traductor de textos relevantes para el pensamiento crítico como los de Sartre, Benjamin y Horkheimer entre otros, así como su trabajo de carácter editorial en revistas como Cuadernos Políticos, le han valido un amplio reconocimiento. En suma, Bolívar Echeverría es ya un filósofo conocido; por ello no necesita ya presentación.
Pero hay que presentarlo, no sólo porque la formalidad de este evento lo exige, sino porque es una oportunidad valiosa para señalar algo que premios y lectura de sus textos suelen dejar de lado. Me refiero a esa bondad que viene con la edad y que adquiere visos de sabiduría, particularmente si es el resultado de largas y profundas reflexiones.
Y es que, por azares de la vida, desde hace años he podido atestiguar el afán formativo de Bolívar Echeverría que no se circunscribe exclusivamente a los salones de clase o los auditorios de prosapia. Lo he visto obsequiar reflexiones puntuales y profundas en cafés y cantinas; ir a donde la inquietud estudiantil le solicita; caminar por los espacios culturales de grandes vuelos con la misma tranquilidad y curiosidad con que lo hace por aquellos otros que se consideran “alternativos” y de poca monta. Le he escuchando hacer esfuerzos de síntesis inigualables, y sostener en todo momento la crítica puntual y necesaria a la barbarie que el capitalismo es. Me consta que no ceja en su convicción de crear un mundo mejor sin sentimentalismos ni chapucería política de ningún tipo, y lo que es mejor, la comparte con todo tipo de gente. El mundo le habla, y él encuentra el modo de hablarle a ese mundo que le sorprende y le toma por asalto una y otra vez.
Pero la sabiduría de Bolívar Echeverría está, además, en aquello reputado como inicio de la filosofía: se permite la duda. Lo cual, digo yo, lo salva de volverse un pétreo monumento en vida. Lo suyo es la duda y la pregunta antes que el regaño, la diatriba inútil o el consejo asesor. Que este modo de proceder “socrático” da resultados concretos que valen la pena lo demuestra este coloquio. Bolívar Echeverría no es solamente su artífice, sino que es, ante todo, quien sigue preguntándose si el diálogo entre filosofía y ciencia, además de deseable, es posible, habida cuenta los discursos acartonados y anquilosados de uno y otro lado, que no obstante llamarse hermanas, proceden con desconfianza mutua. Como siempre, él lanza la pregunta, ofrece una reflexión, y deja a los que aquí participan como ponentes y oyentes la ardua tarea de responder lo que, al parecer, el mundo moderno ha respondido en un sentido negativo. Lo hace como filósofo en la facultad de Ciencias. Ni más ni menos.
Nos corresponde ahora, escuchar su reflexión.
* En el último coloquio que organizó el Seminario "Modernidad: Versiones y Dimensiones", me correspondió presentar a Bolívar Echeverría en su conferencia magistral. Lo hice con este texto. Modesto como siempre, Bolívar se incomodó un poco con lo que dije. "Nunca sé lo que vas a decir", me dijo al oído. Sonreí. "Eso habla bien de mí viniendo de ti", le respondí con discreción. El breve silencio antes del uso de la palabra fue cómplice.
Bolívar Echeverría*
Podría decir que nuestro ponente no necesita presentación. Y así es: su obra, sus ideas, sus modos de analizar la modernidad a partir de su cuádruple ethos, su relectura de Marx, etcétera, son cada vez más conocidos, trabajados y discutidos en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Como consecuencia de ello se le ha distinguido como Profesor Emérito de nuestra institución en este año y con los premios Libertador al Pensamiento Crítico (Venezuela, 2007) y Pio Jaramillo Alvarado (Flacso-Quito, Ecuador, 2004). Además, sus trabajos como traductor de textos relevantes para el pensamiento crítico como los de Sartre, Benjamin y Horkheimer entre otros, así como su trabajo de carácter editorial en revistas como Cuadernos Políticos, le han valido un amplio reconocimiento. En suma, Bolívar Echeverría es ya un filósofo conocido; por ello no necesita ya presentación.
Pero hay que presentarlo, no sólo porque la formalidad de este evento lo exige, sino porque es una oportunidad valiosa para señalar algo que premios y lectura de sus textos suelen dejar de lado. Me refiero a esa bondad que viene con la edad y que adquiere visos de sabiduría, particularmente si es el resultado de largas y profundas reflexiones.
Y es que, por azares de la vida, desde hace años he podido atestiguar el afán formativo de Bolívar Echeverría que no se circunscribe exclusivamente a los salones de clase o los auditorios de prosapia. Lo he visto obsequiar reflexiones puntuales y profundas en cafés y cantinas; ir a donde la inquietud estudiantil le solicita; caminar por los espacios culturales de grandes vuelos con la misma tranquilidad y curiosidad con que lo hace por aquellos otros que se consideran “alternativos” y de poca monta. Le he escuchando hacer esfuerzos de síntesis inigualables, y sostener en todo momento la crítica puntual y necesaria a la barbarie que el capitalismo es. Me consta que no ceja en su convicción de crear un mundo mejor sin sentimentalismos ni chapucería política de ningún tipo, y lo que es mejor, la comparte con todo tipo de gente. El mundo le habla, y él encuentra el modo de hablarle a ese mundo que le sorprende y le toma por asalto una y otra vez.
Pero la sabiduría de Bolívar Echeverría está, además, en aquello reputado como inicio de la filosofía: se permite la duda. Lo cual, digo yo, lo salva de volverse un pétreo monumento en vida. Lo suyo es la duda y la pregunta antes que el regaño, la diatriba inútil o el consejo asesor. Que este modo de proceder “socrático” da resultados concretos que valen la pena lo demuestra este coloquio. Bolívar Echeverría no es solamente su artífice, sino que es, ante todo, quien sigue preguntándose si el diálogo entre filosofía y ciencia, además de deseable, es posible, habida cuenta los discursos acartonados y anquilosados de uno y otro lado, que no obstante llamarse hermanas, proceden con desconfianza mutua. Como siempre, él lanza la pregunta, ofrece una reflexión, y deja a los que aquí participan como ponentes y oyentes la ardua tarea de responder lo que, al parecer, el mundo moderno ha respondido en un sentido negativo. Lo hace como filósofo en la facultad de Ciencias. Ni más ni menos.
Nos corresponde ahora, escuchar su reflexión.
* En el último coloquio que organizó el Seminario "Modernidad: Versiones y Dimensiones", me correspondió presentar a Bolívar Echeverría en su conferencia magistral. Lo hice con este texto. Modesto como siempre, Bolívar se incomodó un poco con lo que dije. "Nunca sé lo que vas a decir", me dijo al oído. Sonreí. "Eso habla bien de mí viniendo de ti", le respondí con discreción. El breve silencio antes del uso de la palabra fue cómplice.
Se pasa... Se sigue pasando...
Hay frases que se me regresan. Recuerdo que en la primera sesión del seminario que tuve con él, en 1997, nos urgió a comentar nuestras impresiones tras su exposición sobre el barroco. Yo estaba sorprendido. Mi intervención comenzó con la siguiente frase: "Está claro que aquí la única que se pasa de pendeja es la realidad". Sus carcajadas francas me dieron confianza. Hoy la realidad se sigue pasando de pendeja pero su humor, inteligencia y mirada ya no están.
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sábado, junio 05, 2010
Fallece Bolívar Echeverría
El día de hoy falleció Bolívar Echeverría. Mi trsteza es infinita.
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jueves, junio 03, 2010
Desenlace
1.- Los pronósticos se cumplen: el mundial, su atmósfera, facilitará el desenlace del caso del jefe.
2.- Sigo pensando lo mismo: lo delicado del asunto es explicar el secuestro.
3.- Cualquier explicación afecta al gobierno federal. Un poder que sea capaz de secuestrar a un personaje de la “hidalguía” –dice uno de los pupilos del Jefe– del susodicho, habla de a) un Estado débil (carece del monopolio efectivo de la violencia) y de b) que grupos reales y concretos disputan la hegemonía del Estado.
4.- La demora en la solución del caso pienso se relaciona con las valoraciones diversas que se han hecho dentro del gobierno. La pregunta es, ya entrados en costos políticos, ¿cuál es el mejor costo político, es decir, a quién atribuirle semejante acto?
5.- El “retiro” de autoridades judiciales del caso, contraviniendo todas las leyes posibles, explica el intento de eximir al gobierno de sus consecuencias. Muerto o libre el Jefe, persistirá la pregunta del por qué. Una pregunta cuya respuesta será mucho más delicada si el Jefe aparece vivo. ¿Qué se negoció para su liberación? Está claro, como dice otro pupilo del Jefe, que no fue por dinero.
6.- Como lo demostró el caso de Paulette, si todo se circunscribe a un drama familiar, el por qué puede postergase infinitamente. Al parecer esta será la ruta, previamente validada por al experiencia de la niña que muere de muerte natural.
7.- Al parecer hay autorización por parte del gobierno federal de esparcir la especie de que el secuestro, con fines distintos al económico, se debe a un poderoso grupo. Se insta a que las miras se coloquen en la guerrilla “mala”, es decir, la que no es el EZLN. Por lo visto, el gobierno ya decidió que el costo de imputarle el hecho a la guerrilla es menos costoso que al narcotráfico. Además, le atribuye un poderío que curiosamente siempre le negó. Haciéndolo crea un adversario que puede ser útil para generar legitimidad, tan urgido que anda de ello.
8.- En este contexto, la declaración del senador Madero sobre la UNAM huele a un intento de darle dimensión al adversario. La maquinaria se echó a andar: la guerrilla ultra, que cuenta con numerosas simpatías en la universidad, en un desvarío ideológico, secuestró al Jefe. La familia negocia los términos de la liberación, pero el gobierno desenmascara al adversario que acosa al Estado y a las leyes. Acabar con esos espacios que permiten estos desvíos sociales se convertirá en una consigna electoral. El miedo ya abonó el terreno.
9.- Aparecen, súbitamente, ex ceuístas que en comentarios de noticias confiesan su error al haber participado en los movimientos estudiantiles de la UNAM. Dicen que esta institución sí necesita reformas, que debe redefinir su perfil. Voces de derecha los alientan. Esos exmilitantes estudiantiles, curiosamente, son reconocidos como porros e infiltrados dentro de la los movimientos estudiantiles.
10.- Mientras el Jefe negocia. Sabe que su vida está en juego. Si el precio de su liberación es alto, no tanto por la exigencia, sino porque se sepa lo negociado, aparecerá muerto. La familia, por lo visto, está dispuesta a cargar con el peso de la responsabilidad. Lavándose las manos, el gobierno minimiza el impacto público de su responsabilidad. Actuando contra la guerrilla y las universidades públicas, particularmente la UNAM, intenta rescatar algo de su erosionada legitimidad.
Con el silbatazo inicial del mundial, sabremos qué sucede con el Jefe.
2.- Sigo pensando lo mismo: lo delicado del asunto es explicar el secuestro.
3.- Cualquier explicación afecta al gobierno federal. Un poder que sea capaz de secuestrar a un personaje de la “hidalguía” –dice uno de los pupilos del Jefe– del susodicho, habla de a) un Estado débil (carece del monopolio efectivo de la violencia) y de b) que grupos reales y concretos disputan la hegemonía del Estado.
4.- La demora en la solución del caso pienso se relaciona con las valoraciones diversas que se han hecho dentro del gobierno. La pregunta es, ya entrados en costos políticos, ¿cuál es el mejor costo político, es decir, a quién atribuirle semejante acto?
5.- El “retiro” de autoridades judiciales del caso, contraviniendo todas las leyes posibles, explica el intento de eximir al gobierno de sus consecuencias. Muerto o libre el Jefe, persistirá la pregunta del por qué. Una pregunta cuya respuesta será mucho más delicada si el Jefe aparece vivo. ¿Qué se negoció para su liberación? Está claro, como dice otro pupilo del Jefe, que no fue por dinero.
6.- Como lo demostró el caso de Paulette, si todo se circunscribe a un drama familiar, el por qué puede postergase infinitamente. Al parecer esta será la ruta, previamente validada por al experiencia de la niña que muere de muerte natural.
7.- Al parecer hay autorización por parte del gobierno federal de esparcir la especie de que el secuestro, con fines distintos al económico, se debe a un poderoso grupo. Se insta a que las miras se coloquen en la guerrilla “mala”, es decir, la que no es el EZLN. Por lo visto, el gobierno ya decidió que el costo de imputarle el hecho a la guerrilla es menos costoso que al narcotráfico. Además, le atribuye un poderío que curiosamente siempre le negó. Haciéndolo crea un adversario que puede ser útil para generar legitimidad, tan urgido que anda de ello.
8.- En este contexto, la declaración del senador Madero sobre la UNAM huele a un intento de darle dimensión al adversario. La maquinaria se echó a andar: la guerrilla ultra, que cuenta con numerosas simpatías en la universidad, en un desvarío ideológico, secuestró al Jefe. La familia negocia los términos de la liberación, pero el gobierno desenmascara al adversario que acosa al Estado y a las leyes. Acabar con esos espacios que permiten estos desvíos sociales se convertirá en una consigna electoral. El miedo ya abonó el terreno.
9.- Aparecen, súbitamente, ex ceuístas que en comentarios de noticias confiesan su error al haber participado en los movimientos estudiantiles de la UNAM. Dicen que esta institución sí necesita reformas, que debe redefinir su perfil. Voces de derecha los alientan. Esos exmilitantes estudiantiles, curiosamente, son reconocidos como porros e infiltrados dentro de la los movimientos estudiantiles.
10.- Mientras el Jefe negocia. Sabe que su vida está en juego. Si el precio de su liberación es alto, no tanto por la exigencia, sino porque se sepa lo negociado, aparecerá muerto. La familia, por lo visto, está dispuesta a cargar con el peso de la responsabilidad. Lavándose las manos, el gobierno minimiza el impacto público de su responsabilidad. Actuando contra la guerrilla y las universidades públicas, particularmente la UNAM, intenta rescatar algo de su erosionada legitimidad.
Con el silbatazo inicial del mundial, sabremos qué sucede con el Jefe.
lunes, mayo 31, 2010
Pensamientos del prócer con motivos de su exhumación
Nunca imaginé que reposo eterno fuera una mentira más. Yo que tuve la osadía de pensar entendía mensajes y palabras divinas, padezco el peor de los desamparos. ¿Por qué el afán de no dejarme, dejarnos descansar? Borrosos llegan a mí los recuerdos de aquel paisaje que desde lo alto vi por tiempo indefinido. Después del horizonte me dejaron allí, encerrado, sin poder ver otra cosa que la estrechez de aquella sagrada cárcel que también imaginé infinita. Luego me arrojaron a esta promcuidad gloriosa. La vida después de la muerte me deparó palceres que en vida no pude imaginar, ni siquiera de la mano de la literatura más perversa y por eso mismo prohibida. Algo seductor hay en esta mezcla de huesos, cabellos, olores no siempre fétidos; en este no saber quién soy ni dónde comienzo o termino. Este placer insidioso y cotidiano que no respeta ninguna parte íntima, que me corroe hasta lo huesos, literalmente. Mi cabeza ya no responde por mi cuerpo. Se ha perdido en un mar infinito de granos de arena, tierra y carroña. La oscuridad de siempre me era soportable por la luz de este gozo que tras de sí dejó el sufimiento. Y ahora este afán de remover. No hay descanso ni lo habrá. ¿Cómo podrá haberlo si me encuentro con una realidad que nunca pensé ni soñé ni imaginé? Con ese ruido, con esa desmesura, con tanta luz. Y estos reflejos que me dejan saber que solamente soy un cráneo al que se mira con curiosidad, quizá no tanta como con la que yo miro esto que dicen es la patria soberana.
lunes, mayo 17, 2010
El Jefe
Dicen que el ex novio celoso de la novia jovencita y guapérrima del susodicho decidió cobrarse a la mala sus celos. Aunque yo pienso que se trató más bien de resarcir la dignidad lesionada. Sea cual fuere el motivo cierto, la que primero perdió fue la razón: pocas cosas obnubilan más que los celos o la dignidad arrastrada por el fango. Así que en plena sinrazón el ex decidió algo descabellado: chingarse al intocable precisamente porque a nadie en su sano juicio se le habría ocurrido chingárselo. Como se ve, la lógica del argumento es al más puro estilo Matrix (la primera). Recordó entonces lo que en plática dolorosa y final le dijo su ex: “Tiene lana, hartos bienes inmuebles, no es bueno en la cama pero tiene una casita de campo poca madre allá en Querétaro a la que llegan un expresidente poderoso y otros. El puro y los pelos son soportables. Ofrece futuro, en cambio tú me das un presente jodidamente aspiracional”. Además, sobrada, remató: “Es un lugar que se sabe no hay que tocar; sólo algunos privilegiados podemos”. Entonces el novio, lleno de ira, se dijo a sí mismo: "chinguesu" y se lanzó en busca de su presa. Como buen católico se dijo: “Yo, como Job, a chingarme al Leviatán”.
Recorrió la zona con calma, como tusita. Preguntó por acá, por allá. La ñora de las quesadillas le dijo dónde es porque “no es un secreto para nadie”. El ex se fue entonces a inspeccionar el lugar. Ronda, vigila, aguarda. Los días pasan y de pronto encuentra la oportunidad: ve la camioneta del Jefe. Con más audacia que inteligencia, se le para enfrente, solicitando auxilio. Se dice perdido. Se lo dice a sí mismo en un destello racional y se lo dice en voz alta al Jefe para dar una explicación relativamente creíble de su presencia en lugar. El Jefe escucha. Decide ayudarlo porque ¿quién podría tocarlo? Además, nunca se sabe, en la cadena de favores, todos son útiles (se dice a sí mismo el Jefe, recordando al expresidente, al diputado, el empresario, al payaso). Sube al extraño. Éste, sin más, le da un putazo, bien dado, entre ceja, oreja y madre. Luego, otro vergazo. En la desesperación se da cuenta que no tiene arma alguna, pero allí, a la mano, están unas tijeras que el Jefe usa para cortar su puro. Las toma. En plena locura se las mete en un costado al pobre Jefe cuyas barbas se remojan en sangre. Piensa que se siente blandito. Avienta las tijeras al asiento trastero, sin poder evitar una mueca de asco. El ex toma el control de la camioneta. Avanza hasta que encuentra un burro atado a un árbol. Se detiene, baja al motivo de su locura, lo sube al burro y piensa “cómo apesta este cabrón a puro”. Inmediatamente en juego de palabras agrega para sus adentros: “Puro cabrón, cabrón puro, pinche puto”. Caminan. El Jefe se queja. Él le da otro madrazo para que se calle. Se internan en el campo. El ex piensa: “Si seré pendejo, ahora con qué le corto los güevos a este puto cabrón?”…
Recorrió la zona con calma, como tusita. Preguntó por acá, por allá. La ñora de las quesadillas le dijo dónde es porque “no es un secreto para nadie”. El ex se fue entonces a inspeccionar el lugar. Ronda, vigila, aguarda. Los días pasan y de pronto encuentra la oportunidad: ve la camioneta del Jefe. Con más audacia que inteligencia, se le para enfrente, solicitando auxilio. Se dice perdido. Se lo dice a sí mismo en un destello racional y se lo dice en voz alta al Jefe para dar una explicación relativamente creíble de su presencia en lugar. El Jefe escucha. Decide ayudarlo porque ¿quién podría tocarlo? Además, nunca se sabe, en la cadena de favores, todos son útiles (se dice a sí mismo el Jefe, recordando al expresidente, al diputado, el empresario, al payaso). Sube al extraño. Éste, sin más, le da un putazo, bien dado, entre ceja, oreja y madre. Luego, otro vergazo. En la desesperación se da cuenta que no tiene arma alguna, pero allí, a la mano, están unas tijeras que el Jefe usa para cortar su puro. Las toma. En plena locura se las mete en un costado al pobre Jefe cuyas barbas se remojan en sangre. Piensa que se siente blandito. Avienta las tijeras al asiento trastero, sin poder evitar una mueca de asco. El ex toma el control de la camioneta. Avanza hasta que encuentra un burro atado a un árbol. Se detiene, baja al motivo de su locura, lo sube al burro y piensa “cómo apesta este cabrón a puro”. Inmediatamente en juego de palabras agrega para sus adentros: “Puro cabrón, cabrón puro, pinche puto”. Caminan. El Jefe se queja. Él le da otro madrazo para que se calle. Se internan en el campo. El ex piensa: “Si seré pendejo, ahora con qué le corto los güevos a este puto cabrón?”…
sábado, abril 24, 2010
Cambiando túnicas
–¿No te parece pedir demasiado? –me preguntó–. Si yo no me conozco a mí mismo, ¿cómo habrían de hacerlo los demás?, ¿tú, ella, él?
–Pero ¿no dice Sócrates que hay que conocerse a uno mismo? –respondí en tono de provocación.
–Sócrates era un loco. Su afán inquisitorial me enerva –me dijo en ese tono indefinible que le conozco tan bien.
Desde ese día me pongo a pensar en eso del “conócete a ti mismo”. Confieso que no he llegado a punto alguno, pero no deja de ser hilarante imaginarme a Sócrates como inquisidor, sacando información valiosa de quien siguiendo su máxima acudía a él en búsqueda de consejo. No he llegado al punto de imaginármelo torturando al prójimo, pero sí como un incisivo chismoso que de la información ajena obtenía la satisfacción de una obsesión. Y aunque todo esto sea un disparate, no me queda otro remedio que agradecer a aquel filósofo al que tanto le enerva el afán socrático las carcajadas que me provoca el poder intercambiarle túnicas a mi querido Sócrates gracias a su decir.
–Pero ¿no dice Sócrates que hay que conocerse a uno mismo? –respondí en tono de provocación.
–Sócrates era un loco. Su afán inquisitorial me enerva –me dijo en ese tono indefinible que le conozco tan bien.
Desde ese día me pongo a pensar en eso del “conócete a ti mismo”. Confieso que no he llegado a punto alguno, pero no deja de ser hilarante imaginarme a Sócrates como inquisidor, sacando información valiosa de quien siguiendo su máxima acudía a él en búsqueda de consejo. No he llegado al punto de imaginármelo torturando al prójimo, pero sí como un incisivo chismoso que de la información ajena obtenía la satisfacción de una obsesión. Y aunque todo esto sea un disparate, no me queda otro remedio que agradecer a aquel filósofo al que tanto le enerva el afán socrático las carcajadas que me provoca el poder intercambiarle túnicas a mi querido Sócrates gracias a su decir.
lunes, abril 05, 2010
De ocasión
La semana santa termina. Y con ella todas esas exhortaciones inverosímiles que escuché en el radio y en la televisión. Estupefacto me dejaron los que desde micrófonos y pantallas dijeron que era una semana para reflexionar. ¿Reflexionar qué? me preguntaba, esperando que acto seguido a su exhorto lo hicieran. Pero cómodamente instalados en la trinchera del común decir ignoraron sus propias conminaciones. No escuché una sola reflexión sobre la semana santa, ni siquiera sobre la idea del sacrificio por los “pecados del hombre”. Vaya, nada, absolutamente nada. Mucho menos sobre el país o sobre los problemas que aquejan a millones de seres humanos como el hambre, la enfermedad, la rapacidad. Nada. El exhorto no tuvo eco. Pese a esto, lo que más me desconcierta es lo que en la frasesita común está implícito: la reflexión es un asunto de ocasión, por lo menos en la proclama. Se ve entonces por qué estamos donde estamos...
martes, marzo 09, 2010
La cultura como celular
Visto fríamente, la cultura es artículo comprable. Lo que quiero decir es que se ha vuelto una mercancía que se vende al mejor postor, sin por supuesto faltar la ilusión de que es adquirible por cualquiera. La reciente Feria Internacional del Libro de Minería fue un ejemplo clarísimo de ello. Se nos dijo que allí estaba el cúmulo del saber. Y la gente fue. Había colas larguísimas para entrar. Pero bien visto, pocos, muy pocos, pudieron comprar algo que no fuera ilusiones o un sentido de pertenencia, no a la comunidad de lectores, sino al espacio “tangible” de la cultura, representado por autores, comentaristas y presentadores. ¿Quién quiere leer si existe el glamour de codearse con los que nos dicen son famosos y pensantes? ¿Para qué hacerlo si basta pasarse horas de presentación en presentación para al menos saber de qué van las cosas que nunca se leerán? La cultura objetivada en libros que por su precio, mas no por su contenido, son valorados, deseados. Y la novedad como criterio fundamental del interés. La cultura así reducida a un bien, tan atractivo, moderno y deslumbrante como un celular. E incluso en su universo así reducido, tan potencial como un celular pero cuyos usuarios desperdician por perseguir la ilusión que el anuncio de los medios de comunicación masiva les vende: éste está mejor que el anterior o que el otro.
lunes, marzo 08, 2010
jueves, febrero 25, 2010
Invitaciones a presentaciones de libros
Pongo aquí dos invitaciones a presentación de libros. Una tendrá lugar el día de hoy Jueves 25 de febrero a las 19:00 hrs, en el Multiforo Cultural 246, y otra el Domingo 28 de febrero a las 15:00 en la Feria Internacional de Minería. En la primera me corresponde moderar, en la segunda presentar. Van los carteles con información completa para quien le interese.
Invitación 1

Invitación 2
Invitación 1

Invitación 2
miércoles, enero 20, 2010
¿Cuánto cuesta un país?
Estaba yo llenando mi cono de papel en un dispensador de agua cuando a mis espaldas escuché a un niño hacer una pregunta sorprendente: ¿cuánto cuesta un país? Giré la cabeza para escrutar a quien hacía semejante pregunta. El niño estaba viendo las noticias con su madre. En ellas se hacía referencia a Haití. La madre hizo caso omiso a la pregunta, y siguió viendo la televisión como se suele hacer en este país: como hechizada, ensimismada.
No me he podido sacudir la pregunta durante todas estas horas. ¿Cuánto cuesta un país? ¿Qué habría que responderle al niño? ¿Muy caro?, ¿mucho?, ¿demasiado? Obviamente no hay una cifra precisa. Pero tal vez convendría decirle que no hay reconstrucción que no sea un negocio. Que el costo, sea cual fuere, significará jugosas ganancias económicas para quienes lo hagan. Lo que allí se va a reconstruir no es un país, sino una sucursal. Las fundaciones, los deportistas, los actores, los cantantes, se mueven, en principio, por humanitarismo. Pero detrás hay otras cosas menos loables: dinero, inversión, fama que también se traduce en dinero.
Al niño, aunque abstracto, podría decírsele que cuesta más de lo que cualquiera puede imaginarse, pero que ese costo tendrá como resultado cuantiosas ganancias (el doble para los modestos, el triple o el cuátruple para los insaciables). Pero hay una dimensión del “costo” que no es cuantificable en términos económicos, y por eso mismo, más elusiva de lo que están dispuestos a aceptar los teóricos de lo concreto. Y es que la tragedia de Haití dejó al descubierto un Estado sin instituciones, un gobierno sin ejecutores, en suma, un terrible vacío. ¿Cuándo podrá la población de Haití confiar de nueva cuenta en algo parecido a un Estado, a un gobierno, a un país, a una sociedad? Viene de una larga historia de colonialismo y opresión, dictaduras y terror. Hoy se encuentra ante el más pleno desamparo institucional.
¿Cuánto cuesta un país? Mucho en términos económicos, pero más, mucho más, en términos de confianza, en términos de la “suspensión voluntaria de la incredulidad”, que deriva de todas las ficciones políticas que llamamos país, nación, gobierno, Estado. Es obvio que decirle esto a un niño, dado el caso de que se encuentre la forma de hacerlo de manera asequible para él, le sería tan terrible como el terremoto que sacudió a Haití.
No me he podido sacudir la pregunta durante todas estas horas. ¿Cuánto cuesta un país? ¿Qué habría que responderle al niño? ¿Muy caro?, ¿mucho?, ¿demasiado? Obviamente no hay una cifra precisa. Pero tal vez convendría decirle que no hay reconstrucción que no sea un negocio. Que el costo, sea cual fuere, significará jugosas ganancias económicas para quienes lo hagan. Lo que allí se va a reconstruir no es un país, sino una sucursal. Las fundaciones, los deportistas, los actores, los cantantes, se mueven, en principio, por humanitarismo. Pero detrás hay otras cosas menos loables: dinero, inversión, fama que también se traduce en dinero.
Al niño, aunque abstracto, podría decírsele que cuesta más de lo que cualquiera puede imaginarse, pero que ese costo tendrá como resultado cuantiosas ganancias (el doble para los modestos, el triple o el cuátruple para los insaciables). Pero hay una dimensión del “costo” que no es cuantificable en términos económicos, y por eso mismo, más elusiva de lo que están dispuestos a aceptar los teóricos de lo concreto. Y es que la tragedia de Haití dejó al descubierto un Estado sin instituciones, un gobierno sin ejecutores, en suma, un terrible vacío. ¿Cuándo podrá la población de Haití confiar de nueva cuenta en algo parecido a un Estado, a un gobierno, a un país, a una sociedad? Viene de una larga historia de colonialismo y opresión, dictaduras y terror. Hoy se encuentra ante el más pleno desamparo institucional.
¿Cuánto cuesta un país? Mucho en términos económicos, pero más, mucho más, en términos de confianza, en términos de la “suspensión voluntaria de la incredulidad”, que deriva de todas las ficciones políticas que llamamos país, nación, gobierno, Estado. Es obvio que decirle esto a un niño, dado el caso de que se encuentre la forma de hacerlo de manera asequible para él, le sería tan terrible como el terremoto que sacudió a Haití.
jueves, enero 14, 2010
Los héroes de hoy
Si Carlyle viviera, con nosotros estuviera, me dice. Así nos despedimos. La plática no fue agradable. En el metro me encuentro con un periódico que utilizando los estereotipos de los héroes nacionales, les pone rostro de los jugadores más conocidos del fútbol mexicano. ¡Viva el genio individual! Veo de nueva cuenta un documental que me hicieron llegar sobre el grupo Salinas. La pura apología del esfuerzo individual que por arte de magia todo trastoca: la explotación no es tal sino ingenio, el país como mero escenario de la acumulación de capital, la incapacidad verbal como propuesta cultural, la urgencia de no pagar impuestos como política social de la iniciativa privada.
Quien me dijo aquella consigna tiene algo de razón. Sólo que los héroes de ahora son héroes empresarios. Y desde hace tiempo han trazado su estrategia para, como dice una caricatura, “apoderarse del mundo”. Paso a paso lo van logrando: hay que ir a las liberarías para ver los títulos de superación personal que se tiran, hay que ver las notas que los periódicos lanzan sobre conductores (Toño Esquinca) que enarbolan lo que en esos libros se dice, los libros de historia que dan a los profesores de enseñanza primaria, etcétera. Podríamos no leer nada de eso, hacer caso omiso porque no vale la pena. Pero resulta que están allí y que ellos son los adversarios. Más vale andar enterado.
Quien me dijo aquella consigna tiene algo de razón. Sólo que los héroes de ahora son héroes empresarios. Y desde hace tiempo han trazado su estrategia para, como dice una caricatura, “apoderarse del mundo”. Paso a paso lo van logrando: hay que ir a las liberarías para ver los títulos de superación personal que se tiran, hay que ver las notas que los periódicos lanzan sobre conductores (Toño Esquinca) que enarbolan lo que en esos libros se dice, los libros de historia que dan a los profesores de enseñanza primaria, etcétera. Podríamos no leer nada de eso, hacer caso omiso porque no vale la pena. Pero resulta que están allí y que ellos son los adversarios. Más vale andar enterado.
lunes, enero 04, 2010
Desechar la herencia
Como una herencia de mis maestros, solía preguntarle a mis alumnos las razones por las que decidieron estudiar historia. Cuando las respuestas se repitieron de manera sistemática, dejé a un lado esa sana costumbre. Pero ahora no lo hago por una razón más poderosa, relacionada con la siguiente anécdota.
Una maestra de primaria, con la intención de conocer a sus alumnos, les preguntó por su vida y la de sus familias. Las respuestas eran de lo más tradicionales y comunes (mi padre es arquitecto, mi madre es ama de casa; mi padre es ejecutivo, mi madre diseñadora; etcétera). Hasta que un niño dijo lo más quitado de la pena que su padre era narcotraficante. La maestra quedó estupefacta, los niños le admiraron, las niñas le temieron.
Al terminar la clase, después del incómodo momento, la maestra quedó pensando en lo que debía hacer. No estaba segura de que el niño hubiese dicho la verdad. Eso implicaba investigar. Pero en asuntos de narcotráfico, una actitud así es camino seguro a la muerte. Sin embargo, la maestra tampoco podía consentir y pasar por alto lo dicho por el niño. Después del caso de Beltrán Leyva y al arresto de cantantes, le quedó claro que un saber de esa índole no declarado le convertía en cómplice de la delincuencia. No es que fuera puritana, pero le horrorizaba terminar en la cárcel. La angustia llegó a tal nivel, que la maestra no encontró otro camino que renunciar y alejarse de esa escuela, metiendo unos cuantos estados de por medio.
Pienso que esta experiencia es suficiente para dejar de hacer las presentaciones corteses al principio de cada curso, esa agradable experiencia que me enseñaron mis maestros.
Una maestra de primaria, con la intención de conocer a sus alumnos, les preguntó por su vida y la de sus familias. Las respuestas eran de lo más tradicionales y comunes (mi padre es arquitecto, mi madre es ama de casa; mi padre es ejecutivo, mi madre diseñadora; etcétera). Hasta que un niño dijo lo más quitado de la pena que su padre era narcotraficante. La maestra quedó estupefacta, los niños le admiraron, las niñas le temieron.
Al terminar la clase, después del incómodo momento, la maestra quedó pensando en lo que debía hacer. No estaba segura de que el niño hubiese dicho la verdad. Eso implicaba investigar. Pero en asuntos de narcotráfico, una actitud así es camino seguro a la muerte. Sin embargo, la maestra tampoco podía consentir y pasar por alto lo dicho por el niño. Después del caso de Beltrán Leyva y al arresto de cantantes, le quedó claro que un saber de esa índole no declarado le convertía en cómplice de la delincuencia. No es que fuera puritana, pero le horrorizaba terminar en la cárcel. La angustia llegó a tal nivel, que la maestra no encontró otro camino que renunciar y alejarse de esa escuela, metiendo unos cuantos estados de por medio.
Pienso que esta experiencia es suficiente para dejar de hacer las presentaciones corteses al principio de cada curso, esa agradable experiencia que me enseñaron mis maestros.
jueves, diciembre 31, 2009
Fin de año...
Los días han sido largos. Muchas horas en cama, dándole vueltas a las hojas, sorprendiéndome de cada frase. Cada renglón se convierte en un extraño viaje por un lenguaje que pese a todo me parece desconocido. Intuyendo en cada letra, en cada palabra, en cada forma, en el color y calidad de la tinta, miles de historias infinitas que convergen en las frases que desconciertan mis ojos. El gozo vuelto a encontrar. Dejando a un lado las ansiedades, las necesidades de respuesta, a merced solamente de las preguntas que planean por ese paisaje barroco que es mi cabeza.
El encuentro cada vez menos común con los de siempre y el reencuentro esporádico y sorprendente con los de ayer. Percibir con claridad las huellas de uno en los demás. Saber con cierta certeza que hay estela en el andar propio. Saberlo sin congoja, sin compromiso, sin tormenta. Escudriñarse durante esas horas de cama para hallar también las huellas de todos en uno. Las que llenan, las que satisfacen, las que duelen, las que sin pena ni gloria dejan alguna silueta que decido recordar para no condenarlas al olvido en que por sí mismas se instalan.
Estar sin hacer planes, sin estar atento a las inercias que es necesario domesticar, sin cultivar lo que parece valioso y sin desechar lo que a primera vista se revela inútil o dañino. Sólo estar, en cama, sin cavilar, sin hacer ajuste de cuentas, sin hacer las maletas para lo que espera el año próximo. Sonreírle al hecho de estar aquí, acostado, pasando las hojas, sin esperanza, sin condena, sin absolución. Con este gozo extraño que me obsequia verlo todo de nueva cuenta, como si no lo hubiese visto jamás.
Botar el reloj, los celulares, la computadora. Tardarse siglos para responder si una llamada entra, si un mensaje convoca, si un correo electrónico más satura el buzón. Volver a tomar la pluma y un viejo cuaderno para reencontrar la necesidad del trazo. Que no diga nada es lo de menos. Lo placentero que se vuelven las líneas, los círculos, las ondulaciones, los puntos, el inifinito trazado en una hoja que es por definición insuficiente.
Revisar en horas de ocio las fotografías de quienes con cariños, odios y amor me han acompañado. Arrugar el ceño cuando me asalta la duda de qué fue de cada persona, de cada palabra, de cada historia compartida. Y al mismo tiempo sentirme tranquilo por saberte caminando en mi vida. Mirar con tranquilidad mis círculos íntimos, mis círculos próximos, mis círculos orbitales e incluso a aquellos que por una u otra razón ya no forman parte de ninguno de ellos.
Cerrar el libro, el cuaderno, los ojos con la intención de dormir como hace mucho tiempo no sucede. Dormir y cerrar todos los capítulos. Dormir porque hace siglos la vida me atormenta y no me deja en paz. Trazar el trazo hipnótico para dormir y seguir mañana, otro día, otro mes, otro año, otro siglo.
Detente un momento a mi lado...
El encuentro cada vez menos común con los de siempre y el reencuentro esporádico y sorprendente con los de ayer. Percibir con claridad las huellas de uno en los demás. Saber con cierta certeza que hay estela en el andar propio. Saberlo sin congoja, sin compromiso, sin tormenta. Escudriñarse durante esas horas de cama para hallar también las huellas de todos en uno. Las que llenan, las que satisfacen, las que duelen, las que sin pena ni gloria dejan alguna silueta que decido recordar para no condenarlas al olvido en que por sí mismas se instalan.
Estar sin hacer planes, sin estar atento a las inercias que es necesario domesticar, sin cultivar lo que parece valioso y sin desechar lo que a primera vista se revela inútil o dañino. Sólo estar, en cama, sin cavilar, sin hacer ajuste de cuentas, sin hacer las maletas para lo que espera el año próximo. Sonreírle al hecho de estar aquí, acostado, pasando las hojas, sin esperanza, sin condena, sin absolución. Con este gozo extraño que me obsequia verlo todo de nueva cuenta, como si no lo hubiese visto jamás.
Botar el reloj, los celulares, la computadora. Tardarse siglos para responder si una llamada entra, si un mensaje convoca, si un correo electrónico más satura el buzón. Volver a tomar la pluma y un viejo cuaderno para reencontrar la necesidad del trazo. Que no diga nada es lo de menos. Lo placentero que se vuelven las líneas, los círculos, las ondulaciones, los puntos, el inifinito trazado en una hoja que es por definición insuficiente.
Revisar en horas de ocio las fotografías de quienes con cariños, odios y amor me han acompañado. Arrugar el ceño cuando me asalta la duda de qué fue de cada persona, de cada palabra, de cada historia compartida. Y al mismo tiempo sentirme tranquilo por saberte caminando en mi vida. Mirar con tranquilidad mis círculos íntimos, mis círculos próximos, mis círculos orbitales e incluso a aquellos que por una u otra razón ya no forman parte de ninguno de ellos.
Cerrar el libro, el cuaderno, los ojos con la intención de dormir como hace mucho tiempo no sucede. Dormir y cerrar todos los capítulos. Dormir porque hace siglos la vida me atormenta y no me deja en paz. Trazar el trazo hipnótico para dormir y seguir mañana, otro día, otro mes, otro año, otro siglo.
Detente un momento a mi lado...
lunes, diciembre 21, 2009
Joaquín y Martí
Llegó a mi correo electrónico un artículo del secretario de Desarrollo Social del Gobierno del Distrito Federal. Se me pide, como a otros tantos, que “lo difunda”. Por el tono, es de suponerse que el equipo del secretario no espera que emita opinión alguna y que solamente lo difunda entre mis conocidos. Esto no lo puedo hacer. Así que procedo a opinar al respecto.
Los políticos suelen moverse bien en las superficies. Proceden convencidos de que forma es fondo. Martí Batres no es la excepción. En su columna, “Objeciones de la memoria” (17 de diciembre de 2009), responde a Joaquín López Dóriga de un modo “político”, es decir, poniendo énfasis en obviedadades y haciendo caso omiso de las cosas de fondo, sacando a relucir currículum y enviando mensajes a por lo menos un actor político de importancia.
El motivo de la respuesta del secretario es la reiterada insistencia del periodista en su renuncia al puesto que califica de poderoso. Martí Batres aclara a Joaquín López Dóriga que el presupuesto que su secretaría maneja no es de 12 mil millones como afirma en uno de sus artículos, sino de “apenas” mil 300 millones de pesos. La exageración salta a la vista. No obstante, deja intacto el hecho de que efectivamente la secretaría de Desarrollo Social es sumamente poderosa por su incidencia y el modo en que se maneja la distribución de sus recursos.
Luego el secretario pierde piso. Argumenta que la ley, claramente manifiesta en la firma de su nombramiento por parte del Jefe de Gobierno, “no aparece que los conductores de televisión tengan facultad para poner o quitar funcionarios de gobierno alguno”. Perogrullo haciendo gala de su lógica. No, evidentemente no “aparece” ni “estipula” ley alguna semejante cosa.
Joaquín López Dóriga es solamente un periodista, o como dice el secretario, un “comentarista de televisión”. En este país ser tal cosa no implica necesariamente voluntad informativa ni compromiso alguno con la veracidad. Pero tampoco supone necesariamente una postura personal. Guste o no, López Dóriga es parte de eso que suelen llamar “opinión pública”. En México ésta es, sobre todo, el decir de ciertos poderes económicos que monopolizan los medios de información masiva, particularmente la televisión.
Por lo anterior, el secretario se equivoca cuando hace el diagnóstico del por qué es objeto de ataques de aquel “comentarista de televisión”. Supone de manera muy gratuita que esto se debe a la labor que la secretaría de Desarrollo Social lleva a cabo. Sin descanso, dice el secretario, los que la integran siempre están en contacto “con la población menos favorecida económicamente”. Y concluye que “Tal vez eso es lo que inquieta y pone nerviosa a una derecha intolerante y delirante que hoy me quiere sacar del Gobierno de la Ciudad”. No, a esos poderes no les inquieta en lo más mínimo que estén “siempre en contacto” con esa población. De hecho, hasta lo ven con simpatía. Los poderes económicos, particularmente los que monopolizan los medios de comunicación masiva, hacen exactamente lo mismo que muchos de los programas del gobierno de la ciudad. Y la derecha intolerante a la que alude el secretario, es católica. La caridad, que supone también estar en contacto con los menos favorecidos, es virtud teologal. Ergo, la practican porque en ella va la salvación del alma. Así que difícilmente podrán objetar el acto de “estar en contacto” con los menos favorecidos.
El ataque del que el secretario es objeto se debe a algo menos noble que lo sostenido en su alegato. Se trata ni más ni menos del 2012. La sucesión presidencial sí inquieta a los poderes económicos de este país. Por ello van tejiendo su estrategia para imponerse de una vez por todas: desde la televisión y el espectáculo crean un candidato, impulsan una reforma electoral que garantice el bipartidismo, y buscan cómo sortear el escollo del Distrito Federal. Aquí la opción era “Juanito”, pero se cebó. Así, pues, los ataques al secretario de Desarrollo Social están insertos en plena estrategia electoral.
Con el 2012 en el horizonte, esos poderes económicos consideran indispensable sacudirse al señor López de manera definitiva. Como es sabido, el secretario Batres basa parte de su proyección política en su lealtad incondicional a López Obrador. Incluso del proceder de éste quiso hacer teoría política (Las claves de AMLO). Y es que el secretario de Desarrollo Social está metido de lleno en la carrera electoral para ser, por lo menos, candidato a Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Lo cual lo coloca ante un triple adversario: los poderes económicos, los partidos políticos, y su propio partido (Quizá por ello López Dóriga atribuye la salida de Martí Batres como parte de un debate interno del Partido de la Revolución Democrática).
A Martí Batres le molesta que López Dóriga haga alusiones a los conflictos del PRD. Con una frase que pretende ser lapidaria (“Joaquín me corre alegando un debate interno de un partido al que no pertenece”) se desbarranca por segunda vez. ¿No podría objetársele lo mismo?, por ejemplo, ¿cómo habla de una derecha intolerante a la que no pertenece?. Para Martí Batres, al parecer, la pertenencia define la comprensión. Lo cual todo lo vuelve necesariamente “exclusivo”.
Así, asido a esta lógica endeble (no perteneces-no comprendes-entonces no opines), saca a relucir currículum. Escribe: “En cambio yo sí soy del PRD y como presidente capitalino del mismo defendí y garanticé el derecho de Marcelo Ebrard a participar en una elección interna de la que querían sacarlo para que ni siquiera pudiera contender. Trabajé intensamente para contribuir en su triunfo en 2006. Soy parte del proyecto de izquierda en la ciudad. En cambio, Joaquín trabajó para otro, y lo sigue haciendo”. El párrafo en su conjunto contrasta con el título mismo de su columna: “Objeciones de la memoria”. Supongo que ésta se trata de “recordar”. Y hasta donde es posible hacerlo, don Marcelo Ebrard no es una persona de izquierda. En aras de un discurso político no habría que olvidar aquella reunión en la que tras perder el registro de su partido en ciernes, Camacho Solís y Marcelo Ebrard llegaron a la conclusión de que era mejor apoderarse del PRD que seguir en el intento fútil de fundar otro partido. Y así lo hicieron. Pero eso no los hizo de izquierda ni a uno ni a otro. Son priistas y son camaleones.
Sin duda Martí Batres es de izquierda (de cierto tipo de izquierda). Una larga tradición familiar se lo exige y sus convicciones son profundas. Pero de allí a concluir que en la ciudad de México hay un proyecto de izquierda existe una distancia considerable. Mucho de lo que se hace en esta ciudad tiene un sesgo cristiano. Pasa en otros lugares del mundo, como en Nicaragua. Es la nueva tendencia de la "izquierda". Por eso es que muchos de los proyectos de esta "izquierda" son cordialmente aceptados por la derecha. Muy pocas cosas que se han hecho en esta ciudad, como lo del aborto, como lo de la recién aprobada ley de adopción para parejas del mismo sexo, son en verdad imposibles de asumir para la derecha. Y tal vez ese sea un signo de izquierda. Pero es muy poco. Y de lo poco que hay de cierto tipo de izquierda, está el secretario de Desarrollo Social, que no obstante, tampoco ha podido sacudirse todas las inercias de una tradición política corporativa que impera en nuestro país.
Pero los decires de Joaquín van más allá. Llegan hasta los oídos del Jefe de Gobierno. Éste tarde o temprano habrá de enfrentarse a López Obrador por la candidatura y los acomodos dentro del Distrito Federal de la “izquierda electoral”. Algo le están diciendo los poderes económicos al Jefe de Gobierno. Probablemente que le ven con más simpatía que a López Obrador. Seguramente que prefieren a alguien de su gente en la jefatura de gobierno que a alguien cercano al tabasqueño. Se trata de mensajes políticos, no de ataques a políticas sociales de un gobierno de dudosa tendencia de izquierda. Y muy en el fondo Martí Batres lo sabe. De otra manera su alusión al importantísimo papel que jugó como presidente del PRD-DF para que Marcelo Ebrard fuese candidato, y por consiguiente, Jefe de Gobierno, sería una mera “chiripa”, inconcebible para un político que aspira a los puestos más altos de la ciudad y de la república. Como quien no quiere la cosa, el actual secretario le recuerda al Jefe de Gobierno ciertas deudas. Esperemos que al menos lo haya hecho concientemente.
No aspiro a que los políticos sean más de lo que actualmente son. He perdido toda esperanza de ello. Sin embargo, a nadie se le exige someterse a lo que ellos son. Por eso me parece importante opinar en este espacio. Lo hago sin miramiento ni simpatías (aunque las tengo).
Los políticos suelen moverse bien en las superficies. Proceden convencidos de que forma es fondo. Martí Batres no es la excepción. En su columna, “Objeciones de la memoria” (17 de diciembre de 2009), responde a Joaquín López Dóriga de un modo “político”, es decir, poniendo énfasis en obviedadades y haciendo caso omiso de las cosas de fondo, sacando a relucir currículum y enviando mensajes a por lo menos un actor político de importancia.
El motivo de la respuesta del secretario es la reiterada insistencia del periodista en su renuncia al puesto que califica de poderoso. Martí Batres aclara a Joaquín López Dóriga que el presupuesto que su secretaría maneja no es de 12 mil millones como afirma en uno de sus artículos, sino de “apenas” mil 300 millones de pesos. La exageración salta a la vista. No obstante, deja intacto el hecho de que efectivamente la secretaría de Desarrollo Social es sumamente poderosa por su incidencia y el modo en que se maneja la distribución de sus recursos.
Luego el secretario pierde piso. Argumenta que la ley, claramente manifiesta en la firma de su nombramiento por parte del Jefe de Gobierno, “no aparece que los conductores de televisión tengan facultad para poner o quitar funcionarios de gobierno alguno”. Perogrullo haciendo gala de su lógica. No, evidentemente no “aparece” ni “estipula” ley alguna semejante cosa.
Joaquín López Dóriga es solamente un periodista, o como dice el secretario, un “comentarista de televisión”. En este país ser tal cosa no implica necesariamente voluntad informativa ni compromiso alguno con la veracidad. Pero tampoco supone necesariamente una postura personal. Guste o no, López Dóriga es parte de eso que suelen llamar “opinión pública”. En México ésta es, sobre todo, el decir de ciertos poderes económicos que monopolizan los medios de información masiva, particularmente la televisión.
Por lo anterior, el secretario se equivoca cuando hace el diagnóstico del por qué es objeto de ataques de aquel “comentarista de televisión”. Supone de manera muy gratuita que esto se debe a la labor que la secretaría de Desarrollo Social lleva a cabo. Sin descanso, dice el secretario, los que la integran siempre están en contacto “con la población menos favorecida económicamente”. Y concluye que “Tal vez eso es lo que inquieta y pone nerviosa a una derecha intolerante y delirante que hoy me quiere sacar del Gobierno de la Ciudad”. No, a esos poderes no les inquieta en lo más mínimo que estén “siempre en contacto” con esa población. De hecho, hasta lo ven con simpatía. Los poderes económicos, particularmente los que monopolizan los medios de comunicación masiva, hacen exactamente lo mismo que muchos de los programas del gobierno de la ciudad. Y la derecha intolerante a la que alude el secretario, es católica. La caridad, que supone también estar en contacto con los menos favorecidos, es virtud teologal. Ergo, la practican porque en ella va la salvación del alma. Así que difícilmente podrán objetar el acto de “estar en contacto” con los menos favorecidos.
El ataque del que el secretario es objeto se debe a algo menos noble que lo sostenido en su alegato. Se trata ni más ni menos del 2012. La sucesión presidencial sí inquieta a los poderes económicos de este país. Por ello van tejiendo su estrategia para imponerse de una vez por todas: desde la televisión y el espectáculo crean un candidato, impulsan una reforma electoral que garantice el bipartidismo, y buscan cómo sortear el escollo del Distrito Federal. Aquí la opción era “Juanito”, pero se cebó. Así, pues, los ataques al secretario de Desarrollo Social están insertos en plena estrategia electoral.
Con el 2012 en el horizonte, esos poderes económicos consideran indispensable sacudirse al señor López de manera definitiva. Como es sabido, el secretario Batres basa parte de su proyección política en su lealtad incondicional a López Obrador. Incluso del proceder de éste quiso hacer teoría política (Las claves de AMLO). Y es que el secretario de Desarrollo Social está metido de lleno en la carrera electoral para ser, por lo menos, candidato a Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Lo cual lo coloca ante un triple adversario: los poderes económicos, los partidos políticos, y su propio partido (Quizá por ello López Dóriga atribuye la salida de Martí Batres como parte de un debate interno del Partido de la Revolución Democrática).
A Martí Batres le molesta que López Dóriga haga alusiones a los conflictos del PRD. Con una frase que pretende ser lapidaria (“Joaquín me corre alegando un debate interno de un partido al que no pertenece”) se desbarranca por segunda vez. ¿No podría objetársele lo mismo?, por ejemplo, ¿cómo habla de una derecha intolerante a la que no pertenece?. Para Martí Batres, al parecer, la pertenencia define la comprensión. Lo cual todo lo vuelve necesariamente “exclusivo”.
Así, asido a esta lógica endeble (no perteneces-no comprendes-entonces no opines), saca a relucir currículum. Escribe: “En cambio yo sí soy del PRD y como presidente capitalino del mismo defendí y garanticé el derecho de Marcelo Ebrard a participar en una elección interna de la que querían sacarlo para que ni siquiera pudiera contender. Trabajé intensamente para contribuir en su triunfo en 2006. Soy parte del proyecto de izquierda en la ciudad. En cambio, Joaquín trabajó para otro, y lo sigue haciendo”. El párrafo en su conjunto contrasta con el título mismo de su columna: “Objeciones de la memoria”. Supongo que ésta se trata de “recordar”. Y hasta donde es posible hacerlo, don Marcelo Ebrard no es una persona de izquierda. En aras de un discurso político no habría que olvidar aquella reunión en la que tras perder el registro de su partido en ciernes, Camacho Solís y Marcelo Ebrard llegaron a la conclusión de que era mejor apoderarse del PRD que seguir en el intento fútil de fundar otro partido. Y así lo hicieron. Pero eso no los hizo de izquierda ni a uno ni a otro. Son priistas y son camaleones.
Sin duda Martí Batres es de izquierda (de cierto tipo de izquierda). Una larga tradición familiar se lo exige y sus convicciones son profundas. Pero de allí a concluir que en la ciudad de México hay un proyecto de izquierda existe una distancia considerable. Mucho de lo que se hace en esta ciudad tiene un sesgo cristiano. Pasa en otros lugares del mundo, como en Nicaragua. Es la nueva tendencia de la "izquierda". Por eso es que muchos de los proyectos de esta "izquierda" son cordialmente aceptados por la derecha. Muy pocas cosas que se han hecho en esta ciudad, como lo del aborto, como lo de la recién aprobada ley de adopción para parejas del mismo sexo, son en verdad imposibles de asumir para la derecha. Y tal vez ese sea un signo de izquierda. Pero es muy poco. Y de lo poco que hay de cierto tipo de izquierda, está el secretario de Desarrollo Social, que no obstante, tampoco ha podido sacudirse todas las inercias de una tradición política corporativa que impera en nuestro país.
Pero los decires de Joaquín van más allá. Llegan hasta los oídos del Jefe de Gobierno. Éste tarde o temprano habrá de enfrentarse a López Obrador por la candidatura y los acomodos dentro del Distrito Federal de la “izquierda electoral”. Algo le están diciendo los poderes económicos al Jefe de Gobierno. Probablemente que le ven con más simpatía que a López Obrador. Seguramente que prefieren a alguien de su gente en la jefatura de gobierno que a alguien cercano al tabasqueño. Se trata de mensajes políticos, no de ataques a políticas sociales de un gobierno de dudosa tendencia de izquierda. Y muy en el fondo Martí Batres lo sabe. De otra manera su alusión al importantísimo papel que jugó como presidente del PRD-DF para que Marcelo Ebrard fuese candidato, y por consiguiente, Jefe de Gobierno, sería una mera “chiripa”, inconcebible para un político que aspira a los puestos más altos de la ciudad y de la república. Como quien no quiere la cosa, el actual secretario le recuerda al Jefe de Gobierno ciertas deudas. Esperemos que al menos lo haya hecho concientemente.
No aspiro a que los políticos sean más de lo que actualmente son. He perdido toda esperanza de ello. Sin embargo, a nadie se le exige someterse a lo que ellos son. Por eso me parece importante opinar en este espacio. Lo hago sin miramiento ni simpatías (aunque las tengo).
martes, diciembre 08, 2009
No es una joya pero...
No es precisamente una joya, pero tiene su encanto. Clavado en la memoria tengo el estribillo "¿Dónde crees que vas? ¿Quién te parece que soy? No mires atrás, que ya no estoy. Pero ¿dónde crees que vas? ¿Quién te parece que soy? Si miras atrás mañana es hoy... No mires atrás que... sepas que el final no empieza hoy...". Pegado pegado lo traigo... Al grado que lo tarareo en la moto...
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