Los días se suceden sin luz, en ocasiones sin agua. El ajetreo de siempre se revela, de pronto, ausente. El reino del silencio se hace presente. Sobrevivirlo es lo difícil. Porque al paso de los minutos se descubre que las ausencias, las permanentes, las definitivas, las temporales, tienen su tono particular de silencio. En conjunto son como una densa nube que comienza a ahogar, pero si por voluntad heroica se logra resistir esa opresión invisible, se distinguen aquellos tonos. Está la ausencia de silencio apacible, como si fuera el rumor lejano de un mar tranquilo; está la de silencio alborotado, muy parecido al de un animal en celo o en persecución; está la de silencio en fuga, como flauta que a falta de aire solloza fantasmagórica; está la de silencio oscuro, esa que con notas graves y muy graves eriza la piel.... Descubrir estos tonos nos dice algo sobre los ausentes, pero dista de ofrecer tranquilidad. No obstante, algo se sabe de uno cuando se descubre que se es, también, cúmulo de ausencias. Entenderlo alivia de ese impulso de salir corriendo para encontrar ruido, gente, compañía, cualquier compañía. Entonces, sólo entonces, se puede estar con uno mismo.
-- Desde el umbral del mundo
Dice Tabucchi: los libros de viaje "poseen la virtud de ofrecer un doquier teórico y plausible a nuestro donde imprescindible y rotundo". Hay muchos tipos de viajes: los internos, los externos, los marginales. Este blog quiere llenarse de estos viajes, e invita a que otros sean también, con sus viajes, un doquier para mi donde.
viernes, octubre 08, 2010
miércoles, octubre 06, 2010
Cuidarlas
A veces todas las palabras me toman por asalto en los pasillos de la facultad. Escucho historias inverosímiles, otras en verdad desagradables, algunas impensables escasos días antes. En esas ocasiones termino agotado.
Pienso en esas palabras. Muchas de ellas son cuerpo de una circunstancia que se disuelve irremediablemente. Entonces parecen fantasmas, meros balbuceos que dejan de significar algo. Por eso, haríamos bien en tratarlas con respeto, no desperdiciarlas, no dejarlas a merced de la banalidad.
-- Desde el umbral del mundo
lunes, octubre 04, 2010
Palabras de inauguración a Homenaje a Bolívar Echeverría en la FFyL
¿Por qué Ziranda?
Homenaje a Bolívar Echeverría en la
Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Isaac García Venegas
Entre febrero de 2003 y enero de 2004, en la revista Universidad de México, Bolívar Echeverría fue el autor de la columna llamada "Ziranda", que llamó poderosamente la atención por al menos dos razones. La primera, por su forma y contenido: su densidad y concisión inmediatamente hacen pensar en la tradición del aforismo combinada con los apuntes de un diario, que en más de un sentido recuerdan a Benjamin, a Adorno, a Canetti, e incluso a Cioran. Hasta donde sabemos, tal y como lo manifestó el propio Bolívar, aquella fue la primera vez que publicó escritos de esa índole.
La segunda razón fue por su nombre. El Diccionario de la Real Academia Española ofrece por todo significado el de “higuera”. Cuando pregunté a Bolívar al respecto, me comentó que la palabra refería también a un juego que en otros lugares se conoce como volantín. El juego consiste en resistir lo más posible la fuerza centrífuga que se genera cuando todos los participantes, asidos de cada una de las largas cadenas que descienden de un tubo central de altura considerable, se impulsan corriendo y luego, en virtud de semejante fuerza, vuelan por los aires. Para Bolívar ese juego es la metáfora perfecta del pensamiento. El vuelo del pensamiento sólo se es posible entre muchos.
La explicación tuvo la virtud de iluminar claramente tanto la intención de su columna como su contenido en extremo diverso, que va del cine a la lingüística, de la política a la cultura, del caciquismo al nazismo. Quien lo quiera comprobar puede consultar los números que van del 620 al 631 de la revista Universidad de México o en su defecto visitar la página electrónica que Javier Sigüenza hace y procura desde los tiempos en que fue asistente de Bolívar Echeverría.
En loor de quien hoy recordamos y de aquella explicación decidimos llamar a este homenaje “Ziranda”. Lo hicimos a sabiendas de que Bolívar no usó las palabras de manera trivial ni de manera irresponsable. En cierto modo concebimos este homenaje como un juego colectivo cuyo objetivo primordial es hallar, de manera conjunta, los alcances, las profundidades y las aristas de su pensamiento, es decir, si me permiten la metáfora, su trazo de vuelo que nos obliga a todos a elevarnos. Digo juego sin pasar por alto que él le otorgó un papel fundamental en el ejercicio cotidiano de “lo político” y de la cultura. Y también digo juego siendo plenamente consciente de lo que exige: flexibilidad, disposición, astucia y convivencia. En cualquier juego el dogma, el miedo y la intolerancia son lastres que privan los frutos del acto compartido. Para jugar hay que ser creativo, audaz, intuitivo, hábil e inteligente. Fue así como Bolívar se aproximó a Heidegger, a Marx, a la filosofía, a la cultura, a lo político y a la política, al arte, al pensamiento científico y social, y a la vida en general.
Obvia decir que este homenaje no tiene lugar dentro del júbilo que supone reunirse para jugar. Lo que nos trae aquí es una desgracia y la estela de dolor que nos dejó. La ausencia de Bolívar Echeverría se siente profundamente en los ámbitos y lugares esenciales de nuestra facultad y de la universidad: entre los estudiantes, entre sus colegas, entre sus amigos y amores; en los pasillos, en los salones de clase en que, como decía, lo ordinario se convierte en extraordinario, en los auditorios, en su cubículo, en la sala de maestros. El tiempo tan sólo parece esculpir con más precisión los contornos de su ausencia. Por eso, este homenaje es también y aunque no se quiera ni se pretenda un duelo compartido.
Pero no sólo ni principalmente. Creemos que es esencialmente el reconocimiento de las deudas que todos los aquí presentes tenemos con su pensamiento. Sin reclamar herencias ni reivindicarnos como sus discípulos dilectos, nos interesa promover la aproximación crítica a su obra. Y no podía ser de otra manera, puesto que entre otras cosas eso es lo que en todo momento enseñó Bolívar: la vigencia y necesidad del pensamiento crítico, un pensamiento que no cede ni concede a las camarillas ni a las cofradías. El suyo fue un pensamiento que promovía y exigía el diálogo incluso con quienes no compartían sus ideas. Por eso nos parece importante la participación, amplia y diversa, de quienes no sin dolor y/o poniendo a un lado la sentida y merecida reverencia, aceptaron compartirnos sus reflexiones sobre lo que en ella encuentran antes que en su persona.
Pensamos que este homenaje no nos dará ni una pizca de felicidad, pero sí nos permitirá la satisfacción de quien al recordar vuelve a pasar por el corazón y la mente la densidad crítica de una inteligencia preclara que no sucumbió a modas ni hizo concesiones a la barbarie del capitalismo ni a esa aviesa perspectiva que se obstina en confundir el acto burocrático con el saber universitario. Esto último, dicho sea de paso, de suma importancia ahora que nuestra universidad cumplió 100 años de existencia.
En suma, somos de la opinión que este evento, uno de muchos que ya se dieron y que tendrán lugar en los meses venideros, puede ser un buen punto de partida para que otros, que se reconocen en deuda con el pensamiento de Bolívar Echeverría, anden su propio camino tomándolo como referente e inspiración, tal y como él lo hizo particularmente con Marx.
A nombre de la comisión organizadora, de Diana Fuentes, de Carlos Oliva y de un servidor, queremos agradecer a todos su presencia en este evento: al público, a los ponentes y a los moderadores. También a las autoridades de esta facultad, especialmente a su Secretaria Académica, Norma de los Ríos, y su equipo, por todo lo hecho para que hoy nos encontremos aquí.
Este homenaje es el que la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM hace a su extinto profesor emérito. Participan académicos de nuestra facultad, de nuestra universidad y de otras instituciones educativas afines del país y del continente. Tal es el alcance de la obra de Bolívar Echeverría: en su vuelo trascendió fronteras. La comunidad de esta facultad debe sentirse orgullosa de ello y debe estar a la altura que le corresponde. Por eso, los que organizamos este evento, decidimos hacerlo de la manera menos localista posible. De cualquier forma, a todos sin excepción queremos recordarles lo que Bolívar solía decir de los pensadores definitivamente ausentes: allí está su obra y reclamar exclusividades es en verdad absurdo. En este sentido, él, Bolívar Echeverría, es ya de todos.
Gracias.
Ciudad Universitaria, 29 de septiembre de 2010
domingo, septiembre 26, 2010
jueves, septiembre 23, 2010
Homenaje a Bolívar Echeverría
Pongo aquí el cartel para que quien así lo desee nos ayuda a difundir este evento.
Si lo prefieren, el link oficial....
http://www.filos.unam.mx/ziranda
Si lo prefieren, el link oficial....
http://www.filos.unam.mx/ziranda
sábado, septiembre 18, 2010
Las lágrimas, por fin
La interrupción del trajín cotidiano me obsequia en su calma la dimensión real del dolor y de la tristeza que me provoca tu ausencia. A la sombra de ese roble que fuiste, como escribió Raquel de ti, el silencio obligado por fin da paso a las lágrimas que me negué a derramar aquel 5 de junio.
martes, septiembre 07, 2010
Homenaje a Bolívar Echeverría en la FFyL, UNAM
Ziranda
Crítica e interpretación de la obra de Bolívar Echeverría
Aula Magna, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
29 y 30 de septiembre y 1 de octubre de 2010
Miércoles 29 de Septiembre
10:00 INAUGURACIÓN
Gloria Villegas
Directora de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
Isaac García Venegas
Comisión Organizadora
10: 30 CULTURA
Horacio Ortiz
Ricardo Pérez Montfort
Néstor García Canclini
Iván Carvajal
Modera: Marta Lamas
12:30 MODERNIDAD
Crescenciano Grave
Mariflor Aguilar
Jorge Juanes
Roger Bartra
Modera: Griselda Gutiérrez
RECESO
16:00 ARTE Y LITERATURA
Francisco Mancera
Teresa del Conde
Evodio Escalante
Federico Álvarez
Modera: Isaac García Venegas
18:00 ETHOS BARROCO
Rafael Rojas
Antonio García de León
Márgara Millán
Modera: Norma de los Ríos
Jueves 30 de Septiembre
10:00 ESTADO Y POLÍTICA
Marco Aurelio García
Isaac García Venegas
Julio Echeverría
Modera: Josu Landa
12:00 MARXISMO
Gabriel Vargas Lozano
Carlos Aguirre
Aureliano Ortega
Luis Arizmendi
Modera: Ignacio Palencia
RECESO
16:00 BENJAMIN Y LA FILOSOFÍA ALEMANA
Ignacio Sánchez
Javier Sigüenza
Mauricio Pilatowsky
José María Pérez Gay
Modera: Erika Lindig
18:00 UTOPÍA Y REVOLUCIONES
Carlos Oliva
Adolfo Gilly
Diana Fuentes
Modera: David Moreno
19:15 Stefan Gandler. Recital musical.
"Brecht y la música del teatro épico” (Brecht y Weill/Eisler)
Viernes 1 de Octubre
10:00 TESTIMONIOS
Ignacio Díaz de la Serna
Pedro Joel Reyes
Manuel Lavaniegos
Oscar Martiarena
Modera: Gustavo García
12:00 hrs. CLAUSURA
Excmo. Señor Galo Galarza Dávila
Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Ecuador en México
Norma de los Ríos
Secretaria Académica de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM
12:20 hrs.
Ceremonia de develación de la placa “Aula Bolívar Echeverría”.
lunes, julio 26, 2010
El boomerang
Hay que alejarse de la norma para entender lo que sucede en este país con respecto al narcotráfico. Pensar el problema desde los parámetros de lo legal, desde el discurso ideológico que lo erige como el verdadero mal, es sumergirse irremediablemente en lo que a fuerza de repetición no requiere comprensión.
I. Los hermanos gemelos
El narcotráfico es una empresa netamente capitalista. Lo que actualmente está en disputa es la hegemonía del marcado nacional y una presencia importante, a través de alianzas, en el internacional; no es, además, refractario a la innovación tecnológica; y pone el acento en las ganancias. No existe un solo narcotraficante que no persiga estas metas. Salvo la condena de una legislación que, como ha quedado claro en este país, es el resultado de fuertes intereses que también pretenden maximizar sus ganancias a expensas del trabajador y el consumidor, el narcotráfico es el hermano gemelo, no siempre incómodo, del capitalismo mundial y nacional. Hay un vínculo estrecho, inexistente en términos físicos, pero real en términos de dinámica socioeconómica, entre nuestro hombre más rico del mundo y otro narcotraficante que también aparece en Forbes.
Quizá lo que llama más la atención del narcotráfico es la violencia con que disputa mercados y acrecienta sus ganancias. Se da por descontado que la diferencia entre el capitalista y el narcotraficante es precisamente el ejercicio de la violencia. A uno le está permitido, al otro no. Pero esto no debiera obstar para recordar que los intereses económicos “legales” promueven y financian guerras y muertes a diestra y siniestra. Podría hacerse un recuento, que resultaría escalofriante, de la cantidad de muertos que ha requerido la modernidad nacional. La suma es mucho mayor que los miles de muertos que hoy se atribuyen a la “disputa entre bandas delictivas”. Este recuento, por supuesto, prefiere omitirse, como lo hacen intelectuales de la talla de Zaid para denostar a la universidad. Que el manto de la legalidad capitalista condene el actuar del narcotraficante no lo hace a éste en realidad diferente.
Lo que ahora vemos en este país, como remedo de lo que sucede en otros lugares del mundo, es una lucha entre distintos intereses capitalistas, como en su momento lo fue entre intereses petroleros e intereses financieros. Las guerras a que dan lugar estos enfrentamientos siempre tienen un alto costo para la población en general y para el trabajador en particular. El horror de los asesinatos derivados del narcotráfico no es menor que los generados por la administración de la pobreza, como sucede en este mundo globalizado. Tampoco aquellos son moralmente peores que éstos.
Cruel es y será la solución de esta disputa. Y no hay más que dos caminos: la integración de lo “ilegal” dentro de lo legal, para que entonces su violencia pueda ser “regulada” y “sancionada” como aceptable; o una disputa violentísima que acabe por someter uno al otro, como sucede ya en ciertos países del mundo.
II. El boomerang de los servicios
El triunfo del neoliberalismo afianzó en las conciencias individuales ideas como competencia, calidad y servicio. La valoración del proceder, del pensar, del sentir, se hace con estos criterios. El conjunto de la civilización humana se mide a partir de estos criterios. ¿Acaso no se nos dice ahora que la Revolución mexicana no ofreció una transformación tan radical e importante como sí lo hacen las empresas sin la violencia de las armas? ¿El resultado del esa agitación social fue algo útil, competente y de calidad? Así pues, el mundo está allí como algo más que un objeto a ser explotable; está allí como servicio. Pagar por un servicio, cualquier servicio, es necesario. El precio, que no necesariamente su costo, indica su importancia: entre más caro, mejor, más valorado, más respetado.
La “razón del cliente” decide pagar al mejor proveedor del servicio de su interés. Discrimina en función de eficiencia y calidad. Ya es casi regla general que desdeñe lo público por ineficaz e ineficiente. Lo privado goza de mayor confianza. Se paga, con gusto, a quien presenta la imagen de ser mejor, aunque se carezcan de elementos para hacer tal valoración. ¿Qué chocolate es mejor en nuestro país si prácticamente todos son propiedad de Nestlé?
Esta actitud ante la vida y el mundo coloca al Estado mexicano en una situación desventajosa con respecto al narcotráfico. Su abstracción contrasta con la concreción de éste. Por ejemplo, el caso de la justicia. Mientras dentro del Estado su impartición es lenta, pasmosa, catastrófica e improbable, la del narco es inmediata y eficaz: allí están las cabezas para demostrarlo, allí están los cuerpos mutilados como evidencia. Muy en el fondo todos pensamos que por alguna razón les matan. Se piensa exactamente lo mismo de los que languidecen en las cárceles de este país. Lo mismo sucede en términos económicos: la lentitud estatal y la discreción para repartir los recursos de programas diseñados para paliar la pobreza y el desempleo, contrasta radicalmente con la inmediatez de recursos que despliega el narcotráfico. El crédito institucional se enfrenta con la liquidez del compromiso que impone el narcotráfico. En un contexto de desempleo y pobreza, la lógica estatal se revela inútil, mientras que la del narco sobresale.
Poco a poco, como ya sucede en esas regiones en las que impera la ley del narco, la gente comienza a preguntarse a quién debe ser leal, a quién debe pagar impuestos, que no son otra cosa que el “pago de servicios” para vivir más o menos bien. Y esa pregunta, no se hace desde un principio moral, sino desde las ideas rectoras del servicio, la eficacia y la competencia. Lo peligroso de la “ideología”, que tanto nos dicen ha muerto, se revela hoy en toda su magnitud. Se vuelve contra sus propios creadores, los adalides del mundo capitalista en el que hoy vivimos.
I. Los hermanos gemelos
El narcotráfico es una empresa netamente capitalista. Lo que actualmente está en disputa es la hegemonía del marcado nacional y una presencia importante, a través de alianzas, en el internacional; no es, además, refractario a la innovación tecnológica; y pone el acento en las ganancias. No existe un solo narcotraficante que no persiga estas metas. Salvo la condena de una legislación que, como ha quedado claro en este país, es el resultado de fuertes intereses que también pretenden maximizar sus ganancias a expensas del trabajador y el consumidor, el narcotráfico es el hermano gemelo, no siempre incómodo, del capitalismo mundial y nacional. Hay un vínculo estrecho, inexistente en términos físicos, pero real en términos de dinámica socioeconómica, entre nuestro hombre más rico del mundo y otro narcotraficante que también aparece en Forbes.
Quizá lo que llama más la atención del narcotráfico es la violencia con que disputa mercados y acrecienta sus ganancias. Se da por descontado que la diferencia entre el capitalista y el narcotraficante es precisamente el ejercicio de la violencia. A uno le está permitido, al otro no. Pero esto no debiera obstar para recordar que los intereses económicos “legales” promueven y financian guerras y muertes a diestra y siniestra. Podría hacerse un recuento, que resultaría escalofriante, de la cantidad de muertos que ha requerido la modernidad nacional. La suma es mucho mayor que los miles de muertos que hoy se atribuyen a la “disputa entre bandas delictivas”. Este recuento, por supuesto, prefiere omitirse, como lo hacen intelectuales de la talla de Zaid para denostar a la universidad. Que el manto de la legalidad capitalista condene el actuar del narcotraficante no lo hace a éste en realidad diferente.
Lo que ahora vemos en este país, como remedo de lo que sucede en otros lugares del mundo, es una lucha entre distintos intereses capitalistas, como en su momento lo fue entre intereses petroleros e intereses financieros. Las guerras a que dan lugar estos enfrentamientos siempre tienen un alto costo para la población en general y para el trabajador en particular. El horror de los asesinatos derivados del narcotráfico no es menor que los generados por la administración de la pobreza, como sucede en este mundo globalizado. Tampoco aquellos son moralmente peores que éstos.
Cruel es y será la solución de esta disputa. Y no hay más que dos caminos: la integración de lo “ilegal” dentro de lo legal, para que entonces su violencia pueda ser “regulada” y “sancionada” como aceptable; o una disputa violentísima que acabe por someter uno al otro, como sucede ya en ciertos países del mundo.
II. El boomerang de los servicios
El triunfo del neoliberalismo afianzó en las conciencias individuales ideas como competencia, calidad y servicio. La valoración del proceder, del pensar, del sentir, se hace con estos criterios. El conjunto de la civilización humana se mide a partir de estos criterios. ¿Acaso no se nos dice ahora que la Revolución mexicana no ofreció una transformación tan radical e importante como sí lo hacen las empresas sin la violencia de las armas? ¿El resultado del esa agitación social fue algo útil, competente y de calidad? Así pues, el mundo está allí como algo más que un objeto a ser explotable; está allí como servicio. Pagar por un servicio, cualquier servicio, es necesario. El precio, que no necesariamente su costo, indica su importancia: entre más caro, mejor, más valorado, más respetado.
La “razón del cliente” decide pagar al mejor proveedor del servicio de su interés. Discrimina en función de eficiencia y calidad. Ya es casi regla general que desdeñe lo público por ineficaz e ineficiente. Lo privado goza de mayor confianza. Se paga, con gusto, a quien presenta la imagen de ser mejor, aunque se carezcan de elementos para hacer tal valoración. ¿Qué chocolate es mejor en nuestro país si prácticamente todos son propiedad de Nestlé?
Esta actitud ante la vida y el mundo coloca al Estado mexicano en una situación desventajosa con respecto al narcotráfico. Su abstracción contrasta con la concreción de éste. Por ejemplo, el caso de la justicia. Mientras dentro del Estado su impartición es lenta, pasmosa, catastrófica e improbable, la del narco es inmediata y eficaz: allí están las cabezas para demostrarlo, allí están los cuerpos mutilados como evidencia. Muy en el fondo todos pensamos que por alguna razón les matan. Se piensa exactamente lo mismo de los que languidecen en las cárceles de este país. Lo mismo sucede en términos económicos: la lentitud estatal y la discreción para repartir los recursos de programas diseñados para paliar la pobreza y el desempleo, contrasta radicalmente con la inmediatez de recursos que despliega el narcotráfico. El crédito institucional se enfrenta con la liquidez del compromiso que impone el narcotráfico. En un contexto de desempleo y pobreza, la lógica estatal se revela inútil, mientras que la del narco sobresale.
Poco a poco, como ya sucede en esas regiones en las que impera la ley del narco, la gente comienza a preguntarse a quién debe ser leal, a quién debe pagar impuestos, que no son otra cosa que el “pago de servicios” para vivir más o menos bien. Y esa pregunta, no se hace desde un principio moral, sino desde las ideas rectoras del servicio, la eficacia y la competencia. Lo peligroso de la “ideología”, que tanto nos dicen ha muerto, se revela hoy en toda su magnitud. Se vuelve contra sus propios creadores, los adalides del mundo capitalista en el que hoy vivimos.
domingo, junio 20, 2010
Bolívar, Pepe y Carlos.
Lo primero que notó fue su ligereza. Su cuerpo, ese cuerpo que veía exactamente igual que antes, no pesaba. Se movía con una facilidad que en los últimos meses se le negaba. Sobre todo se dio cuenta que podía respirar. Caminar ya no era un martirio; tampoco estaban ya los aparatos ni las camas ni ese inconfundible olor a hospital.
La sorpresa de esta nueva y recién adquirida ligereza le distrajo por un momento de los cientos de miles con los que caminaba. Hasta donde recordaba no había decidido ir a marcha alguna. Con la interrogación en la mirada, tomó el camino más corto, es decir, cualquiera. Los rostros de los demás le recordaban algo que no podía precisar. Estos fallos de la memoria le comenzaron a preocupar.
–Hola Carlitos –le dijo una voz que le pareció conocida. Tardó unos segundos en reconocer al dueño de la voz.
–¡Bolívar! –dijo tendiendo la mano y dispuesto a abrazar a su interlocutor.
–Son las nuevas circunstancias –comentó Bolívar cuando Carlos infructuosamente quiso abrazarlo–. Somos etéreos –le aclaró.
–Así no funcionarán mis clones –respondió Carlos en tono sarcástico, encogiéndose de hombros.
–Ni el hedonismo –agregó Bolívar–. Aquí la memoria es distinta. Mucho de olvido hay. Quizá nadie solicitará dejarte tocar tu cabecita –dijo en tono socarrón.
Decidieron caminar por el camino más corto. Ambos miraban con cierto asombro el entorno. Carlos con sus manos en los bolsillos, Bolívar recto, erecto, con su elegante traje gris y sus lentes para mirar de lejos. Al poco tiempo encontraron a Pepe, que también caminaba un tanto desconcertado.
–¡Mi querido Pepe! –gritó Carlos; por lo menos eso creyó. Se dio cuenta que tenía voz pero no era sonora.
Pepe fue a saludarlos con alegría. No ofreció la mano ni intentó abrazarlos. Fue lo primero que aprendió en su arribo, horas antes.
–Creo –dijo meditabundo Pepe– que habremos de ser de nueva cuenta isla desconocida.
–¡Vaya! Otra vez a documentar el optimismo –respondió Carlos.
–Por lo visto –intervino Bolívar, acomodándose los lentes para ver de cerca, leyendo un edicto que etéreo se sostenía en el aire– estos muchachitos también tienen su fascinación por la burocracia.
–Y yo que pensé que me tardaría nueve meses en darme cuenta –remató Pepe–. Como Ricardo Reis...
Y los tres siguieron su camino, olvidando un poco lo que antes sabían, pero sabiendo mucho de lo que ahora veían.
La sorpresa de esta nueva y recién adquirida ligereza le distrajo por un momento de los cientos de miles con los que caminaba. Hasta donde recordaba no había decidido ir a marcha alguna. Con la interrogación en la mirada, tomó el camino más corto, es decir, cualquiera. Los rostros de los demás le recordaban algo que no podía precisar. Estos fallos de la memoria le comenzaron a preocupar.
–Hola Carlitos –le dijo una voz que le pareció conocida. Tardó unos segundos en reconocer al dueño de la voz.
–¡Bolívar! –dijo tendiendo la mano y dispuesto a abrazar a su interlocutor.
–Son las nuevas circunstancias –comentó Bolívar cuando Carlos infructuosamente quiso abrazarlo–. Somos etéreos –le aclaró.
–Así no funcionarán mis clones –respondió Carlos en tono sarcástico, encogiéndose de hombros.
–Ni el hedonismo –agregó Bolívar–. Aquí la memoria es distinta. Mucho de olvido hay. Quizá nadie solicitará dejarte tocar tu cabecita –dijo en tono socarrón.
Decidieron caminar por el camino más corto. Ambos miraban con cierto asombro el entorno. Carlos con sus manos en los bolsillos, Bolívar recto, erecto, con su elegante traje gris y sus lentes para mirar de lejos. Al poco tiempo encontraron a Pepe, que también caminaba un tanto desconcertado.
–¡Mi querido Pepe! –gritó Carlos; por lo menos eso creyó. Se dio cuenta que tenía voz pero no era sonora.
Pepe fue a saludarlos con alegría. No ofreció la mano ni intentó abrazarlos. Fue lo primero que aprendió en su arribo, horas antes.
–Creo –dijo meditabundo Pepe– que habremos de ser de nueva cuenta isla desconocida.
–¡Vaya! Otra vez a documentar el optimismo –respondió Carlos.
–Por lo visto –intervino Bolívar, acomodándose los lentes para ver de cerca, leyendo un edicto que etéreo se sostenía en el aire– estos muchachitos también tienen su fascinación por la burocracia.
–Y yo que pensé que me tardaría nueve meses en darme cuenta –remató Pepe–. Como Ricardo Reis...
Y los tres siguieron su camino, olvidando un poco lo que antes sabían, pero sabiendo mucho de lo que ahora veían.
lunes, junio 07, 2010
Mi última presentación de Bolívar Echeverría
Presentación
Bolívar Echeverría*
Podría decir que nuestro ponente no necesita presentación. Y así es: su obra, sus ideas, sus modos de analizar la modernidad a partir de su cuádruple ethos, su relectura de Marx, etcétera, son cada vez más conocidos, trabajados y discutidos en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Como consecuencia de ello se le ha distinguido como Profesor Emérito de nuestra institución en este año y con los premios Libertador al Pensamiento Crítico (Venezuela, 2007) y Pio Jaramillo Alvarado (Flacso-Quito, Ecuador, 2004). Además, sus trabajos como traductor de textos relevantes para el pensamiento crítico como los de Sartre, Benjamin y Horkheimer entre otros, así como su trabajo de carácter editorial en revistas como Cuadernos Políticos, le han valido un amplio reconocimiento. En suma, Bolívar Echeverría es ya un filósofo conocido; por ello no necesita ya presentación.
Pero hay que presentarlo, no sólo porque la formalidad de este evento lo exige, sino porque es una oportunidad valiosa para señalar algo que premios y lectura de sus textos suelen dejar de lado. Me refiero a esa bondad que viene con la edad y que adquiere visos de sabiduría, particularmente si es el resultado de largas y profundas reflexiones.
Y es que, por azares de la vida, desde hace años he podido atestiguar el afán formativo de Bolívar Echeverría que no se circunscribe exclusivamente a los salones de clase o los auditorios de prosapia. Lo he visto obsequiar reflexiones puntuales y profundas en cafés y cantinas; ir a donde la inquietud estudiantil le solicita; caminar por los espacios culturales de grandes vuelos con la misma tranquilidad y curiosidad con que lo hace por aquellos otros que se consideran “alternativos” y de poca monta. Le he escuchando hacer esfuerzos de síntesis inigualables, y sostener en todo momento la crítica puntual y necesaria a la barbarie que el capitalismo es. Me consta que no ceja en su convicción de crear un mundo mejor sin sentimentalismos ni chapucería política de ningún tipo, y lo que es mejor, la comparte con todo tipo de gente. El mundo le habla, y él encuentra el modo de hablarle a ese mundo que le sorprende y le toma por asalto una y otra vez.
Pero la sabiduría de Bolívar Echeverría está, además, en aquello reputado como inicio de la filosofía: se permite la duda. Lo cual, digo yo, lo salva de volverse un pétreo monumento en vida. Lo suyo es la duda y la pregunta antes que el regaño, la diatriba inútil o el consejo asesor. Que este modo de proceder “socrático” da resultados concretos que valen la pena lo demuestra este coloquio. Bolívar Echeverría no es solamente su artífice, sino que es, ante todo, quien sigue preguntándose si el diálogo entre filosofía y ciencia, además de deseable, es posible, habida cuenta los discursos acartonados y anquilosados de uno y otro lado, que no obstante llamarse hermanas, proceden con desconfianza mutua. Como siempre, él lanza la pregunta, ofrece una reflexión, y deja a los que aquí participan como ponentes y oyentes la ardua tarea de responder lo que, al parecer, el mundo moderno ha respondido en un sentido negativo. Lo hace como filósofo en la facultad de Ciencias. Ni más ni menos.
Nos corresponde ahora, escuchar su reflexión.
* En el último coloquio que organizó el Seminario "Modernidad: Versiones y Dimensiones", me correspondió presentar a Bolívar Echeverría en su conferencia magistral. Lo hice con este texto. Modesto como siempre, Bolívar se incomodó un poco con lo que dije. "Nunca sé lo que vas a decir", me dijo al oído. Sonreí. "Eso habla bien de mí viniendo de ti", le respondí con discreción. El breve silencio antes del uso de la palabra fue cómplice.
Bolívar Echeverría*
Podría decir que nuestro ponente no necesita presentación. Y así es: su obra, sus ideas, sus modos de analizar la modernidad a partir de su cuádruple ethos, su relectura de Marx, etcétera, son cada vez más conocidos, trabajados y discutidos en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa. Como consecuencia de ello se le ha distinguido como Profesor Emérito de nuestra institución en este año y con los premios Libertador al Pensamiento Crítico (Venezuela, 2007) y Pio Jaramillo Alvarado (Flacso-Quito, Ecuador, 2004). Además, sus trabajos como traductor de textos relevantes para el pensamiento crítico como los de Sartre, Benjamin y Horkheimer entre otros, así como su trabajo de carácter editorial en revistas como Cuadernos Políticos, le han valido un amplio reconocimiento. En suma, Bolívar Echeverría es ya un filósofo conocido; por ello no necesita ya presentación.
Pero hay que presentarlo, no sólo porque la formalidad de este evento lo exige, sino porque es una oportunidad valiosa para señalar algo que premios y lectura de sus textos suelen dejar de lado. Me refiero a esa bondad que viene con la edad y que adquiere visos de sabiduría, particularmente si es el resultado de largas y profundas reflexiones.
Y es que, por azares de la vida, desde hace años he podido atestiguar el afán formativo de Bolívar Echeverría que no se circunscribe exclusivamente a los salones de clase o los auditorios de prosapia. Lo he visto obsequiar reflexiones puntuales y profundas en cafés y cantinas; ir a donde la inquietud estudiantil le solicita; caminar por los espacios culturales de grandes vuelos con la misma tranquilidad y curiosidad con que lo hace por aquellos otros que se consideran “alternativos” y de poca monta. Le he escuchando hacer esfuerzos de síntesis inigualables, y sostener en todo momento la crítica puntual y necesaria a la barbarie que el capitalismo es. Me consta que no ceja en su convicción de crear un mundo mejor sin sentimentalismos ni chapucería política de ningún tipo, y lo que es mejor, la comparte con todo tipo de gente. El mundo le habla, y él encuentra el modo de hablarle a ese mundo que le sorprende y le toma por asalto una y otra vez.
Pero la sabiduría de Bolívar Echeverría está, además, en aquello reputado como inicio de la filosofía: se permite la duda. Lo cual, digo yo, lo salva de volverse un pétreo monumento en vida. Lo suyo es la duda y la pregunta antes que el regaño, la diatriba inútil o el consejo asesor. Que este modo de proceder “socrático” da resultados concretos que valen la pena lo demuestra este coloquio. Bolívar Echeverría no es solamente su artífice, sino que es, ante todo, quien sigue preguntándose si el diálogo entre filosofía y ciencia, además de deseable, es posible, habida cuenta los discursos acartonados y anquilosados de uno y otro lado, que no obstante llamarse hermanas, proceden con desconfianza mutua. Como siempre, él lanza la pregunta, ofrece una reflexión, y deja a los que aquí participan como ponentes y oyentes la ardua tarea de responder lo que, al parecer, el mundo moderno ha respondido en un sentido negativo. Lo hace como filósofo en la facultad de Ciencias. Ni más ni menos.
Nos corresponde ahora, escuchar su reflexión.
* En el último coloquio que organizó el Seminario "Modernidad: Versiones y Dimensiones", me correspondió presentar a Bolívar Echeverría en su conferencia magistral. Lo hice con este texto. Modesto como siempre, Bolívar se incomodó un poco con lo que dije. "Nunca sé lo que vas a decir", me dijo al oído. Sonreí. "Eso habla bien de mí viniendo de ti", le respondí con discreción. El breve silencio antes del uso de la palabra fue cómplice.
Se pasa... Se sigue pasando...
Hay frases que se me regresan. Recuerdo que en la primera sesión del seminario que tuve con él, en 1997, nos urgió a comentar nuestras impresiones tras su exposición sobre el barroco. Yo estaba sorprendido. Mi intervención comenzó con la siguiente frase: "Está claro que aquí la única que se pasa de pendeja es la realidad". Sus carcajadas francas me dieron confianza. Hoy la realidad se sigue pasando de pendeja pero su humor, inteligencia y mirada ya no están.
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sábado, junio 05, 2010
Fallece Bolívar Echeverría
El día de hoy falleció Bolívar Echeverría. Mi trsteza es infinita.
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jueves, junio 03, 2010
Desenlace
1.- Los pronósticos se cumplen: el mundial, su atmósfera, facilitará el desenlace del caso del jefe.
2.- Sigo pensando lo mismo: lo delicado del asunto es explicar el secuestro.
3.- Cualquier explicación afecta al gobierno federal. Un poder que sea capaz de secuestrar a un personaje de la “hidalguía” –dice uno de los pupilos del Jefe– del susodicho, habla de a) un Estado débil (carece del monopolio efectivo de la violencia) y de b) que grupos reales y concretos disputan la hegemonía del Estado.
4.- La demora en la solución del caso pienso se relaciona con las valoraciones diversas que se han hecho dentro del gobierno. La pregunta es, ya entrados en costos políticos, ¿cuál es el mejor costo político, es decir, a quién atribuirle semejante acto?
5.- El “retiro” de autoridades judiciales del caso, contraviniendo todas las leyes posibles, explica el intento de eximir al gobierno de sus consecuencias. Muerto o libre el Jefe, persistirá la pregunta del por qué. Una pregunta cuya respuesta será mucho más delicada si el Jefe aparece vivo. ¿Qué se negoció para su liberación? Está claro, como dice otro pupilo del Jefe, que no fue por dinero.
6.- Como lo demostró el caso de Paulette, si todo se circunscribe a un drama familiar, el por qué puede postergase infinitamente. Al parecer esta será la ruta, previamente validada por al experiencia de la niña que muere de muerte natural.
7.- Al parecer hay autorización por parte del gobierno federal de esparcir la especie de que el secuestro, con fines distintos al económico, se debe a un poderoso grupo. Se insta a que las miras se coloquen en la guerrilla “mala”, es decir, la que no es el EZLN. Por lo visto, el gobierno ya decidió que el costo de imputarle el hecho a la guerrilla es menos costoso que al narcotráfico. Además, le atribuye un poderío que curiosamente siempre le negó. Haciéndolo crea un adversario que puede ser útil para generar legitimidad, tan urgido que anda de ello.
8.- En este contexto, la declaración del senador Madero sobre la UNAM huele a un intento de darle dimensión al adversario. La maquinaria se echó a andar: la guerrilla ultra, que cuenta con numerosas simpatías en la universidad, en un desvarío ideológico, secuestró al Jefe. La familia negocia los términos de la liberación, pero el gobierno desenmascara al adversario que acosa al Estado y a las leyes. Acabar con esos espacios que permiten estos desvíos sociales se convertirá en una consigna electoral. El miedo ya abonó el terreno.
9.- Aparecen, súbitamente, ex ceuístas que en comentarios de noticias confiesan su error al haber participado en los movimientos estudiantiles de la UNAM. Dicen que esta institución sí necesita reformas, que debe redefinir su perfil. Voces de derecha los alientan. Esos exmilitantes estudiantiles, curiosamente, son reconocidos como porros e infiltrados dentro de la los movimientos estudiantiles.
10.- Mientras el Jefe negocia. Sabe que su vida está en juego. Si el precio de su liberación es alto, no tanto por la exigencia, sino porque se sepa lo negociado, aparecerá muerto. La familia, por lo visto, está dispuesta a cargar con el peso de la responsabilidad. Lavándose las manos, el gobierno minimiza el impacto público de su responsabilidad. Actuando contra la guerrilla y las universidades públicas, particularmente la UNAM, intenta rescatar algo de su erosionada legitimidad.
Con el silbatazo inicial del mundial, sabremos qué sucede con el Jefe.
2.- Sigo pensando lo mismo: lo delicado del asunto es explicar el secuestro.
3.- Cualquier explicación afecta al gobierno federal. Un poder que sea capaz de secuestrar a un personaje de la “hidalguía” –dice uno de los pupilos del Jefe– del susodicho, habla de a) un Estado débil (carece del monopolio efectivo de la violencia) y de b) que grupos reales y concretos disputan la hegemonía del Estado.
4.- La demora en la solución del caso pienso se relaciona con las valoraciones diversas que se han hecho dentro del gobierno. La pregunta es, ya entrados en costos políticos, ¿cuál es el mejor costo político, es decir, a quién atribuirle semejante acto?
5.- El “retiro” de autoridades judiciales del caso, contraviniendo todas las leyes posibles, explica el intento de eximir al gobierno de sus consecuencias. Muerto o libre el Jefe, persistirá la pregunta del por qué. Una pregunta cuya respuesta será mucho más delicada si el Jefe aparece vivo. ¿Qué se negoció para su liberación? Está claro, como dice otro pupilo del Jefe, que no fue por dinero.
6.- Como lo demostró el caso de Paulette, si todo se circunscribe a un drama familiar, el por qué puede postergase infinitamente. Al parecer esta será la ruta, previamente validada por al experiencia de la niña que muere de muerte natural.
7.- Al parecer hay autorización por parte del gobierno federal de esparcir la especie de que el secuestro, con fines distintos al económico, se debe a un poderoso grupo. Se insta a que las miras se coloquen en la guerrilla “mala”, es decir, la que no es el EZLN. Por lo visto, el gobierno ya decidió que el costo de imputarle el hecho a la guerrilla es menos costoso que al narcotráfico. Además, le atribuye un poderío que curiosamente siempre le negó. Haciéndolo crea un adversario que puede ser útil para generar legitimidad, tan urgido que anda de ello.
8.- En este contexto, la declaración del senador Madero sobre la UNAM huele a un intento de darle dimensión al adversario. La maquinaria se echó a andar: la guerrilla ultra, que cuenta con numerosas simpatías en la universidad, en un desvarío ideológico, secuestró al Jefe. La familia negocia los términos de la liberación, pero el gobierno desenmascara al adversario que acosa al Estado y a las leyes. Acabar con esos espacios que permiten estos desvíos sociales se convertirá en una consigna electoral. El miedo ya abonó el terreno.
9.- Aparecen, súbitamente, ex ceuístas que en comentarios de noticias confiesan su error al haber participado en los movimientos estudiantiles de la UNAM. Dicen que esta institución sí necesita reformas, que debe redefinir su perfil. Voces de derecha los alientan. Esos exmilitantes estudiantiles, curiosamente, son reconocidos como porros e infiltrados dentro de la los movimientos estudiantiles.
10.- Mientras el Jefe negocia. Sabe que su vida está en juego. Si el precio de su liberación es alto, no tanto por la exigencia, sino porque se sepa lo negociado, aparecerá muerto. La familia, por lo visto, está dispuesta a cargar con el peso de la responsabilidad. Lavándose las manos, el gobierno minimiza el impacto público de su responsabilidad. Actuando contra la guerrilla y las universidades públicas, particularmente la UNAM, intenta rescatar algo de su erosionada legitimidad.
Con el silbatazo inicial del mundial, sabremos qué sucede con el Jefe.
lunes, mayo 31, 2010
Pensamientos del prócer con motivos de su exhumación
Nunca imaginé que reposo eterno fuera una mentira más. Yo que tuve la osadía de pensar entendía mensajes y palabras divinas, padezco el peor de los desamparos. ¿Por qué el afán de no dejarme, dejarnos descansar? Borrosos llegan a mí los recuerdos de aquel paisaje que desde lo alto vi por tiempo indefinido. Después del horizonte me dejaron allí, encerrado, sin poder ver otra cosa que la estrechez de aquella sagrada cárcel que también imaginé infinita. Luego me arrojaron a esta promcuidad gloriosa. La vida después de la muerte me deparó palceres que en vida no pude imaginar, ni siquiera de la mano de la literatura más perversa y por eso mismo prohibida. Algo seductor hay en esta mezcla de huesos, cabellos, olores no siempre fétidos; en este no saber quién soy ni dónde comienzo o termino. Este placer insidioso y cotidiano que no respeta ninguna parte íntima, que me corroe hasta lo huesos, literalmente. Mi cabeza ya no responde por mi cuerpo. Se ha perdido en un mar infinito de granos de arena, tierra y carroña. La oscuridad de siempre me era soportable por la luz de este gozo que tras de sí dejó el sufimiento. Y ahora este afán de remover. No hay descanso ni lo habrá. ¿Cómo podrá haberlo si me encuentro con una realidad que nunca pensé ni soñé ni imaginé? Con ese ruido, con esa desmesura, con tanta luz. Y estos reflejos que me dejan saber que solamente soy un cráneo al que se mira con curiosidad, quizá no tanta como con la que yo miro esto que dicen es la patria soberana.
lunes, mayo 17, 2010
El Jefe
Dicen que el ex novio celoso de la novia jovencita y guapérrima del susodicho decidió cobrarse a la mala sus celos. Aunque yo pienso que se trató más bien de resarcir la dignidad lesionada. Sea cual fuere el motivo cierto, la que primero perdió fue la razón: pocas cosas obnubilan más que los celos o la dignidad arrastrada por el fango. Así que en plena sinrazón el ex decidió algo descabellado: chingarse al intocable precisamente porque a nadie en su sano juicio se le habría ocurrido chingárselo. Como se ve, la lógica del argumento es al más puro estilo Matrix (la primera). Recordó entonces lo que en plática dolorosa y final le dijo su ex: “Tiene lana, hartos bienes inmuebles, no es bueno en la cama pero tiene una casita de campo poca madre allá en Querétaro a la que llegan un expresidente poderoso y otros. El puro y los pelos son soportables. Ofrece futuro, en cambio tú me das un presente jodidamente aspiracional”. Además, sobrada, remató: “Es un lugar que se sabe no hay que tocar; sólo algunos privilegiados podemos”. Entonces el novio, lleno de ira, se dijo a sí mismo: "chinguesu" y se lanzó en busca de su presa. Como buen católico se dijo: “Yo, como Job, a chingarme al Leviatán”.
Recorrió la zona con calma, como tusita. Preguntó por acá, por allá. La ñora de las quesadillas le dijo dónde es porque “no es un secreto para nadie”. El ex se fue entonces a inspeccionar el lugar. Ronda, vigila, aguarda. Los días pasan y de pronto encuentra la oportunidad: ve la camioneta del Jefe. Con más audacia que inteligencia, se le para enfrente, solicitando auxilio. Se dice perdido. Se lo dice a sí mismo en un destello racional y se lo dice en voz alta al Jefe para dar una explicación relativamente creíble de su presencia en lugar. El Jefe escucha. Decide ayudarlo porque ¿quién podría tocarlo? Además, nunca se sabe, en la cadena de favores, todos son útiles (se dice a sí mismo el Jefe, recordando al expresidente, al diputado, el empresario, al payaso). Sube al extraño. Éste, sin más, le da un putazo, bien dado, entre ceja, oreja y madre. Luego, otro vergazo. En la desesperación se da cuenta que no tiene arma alguna, pero allí, a la mano, están unas tijeras que el Jefe usa para cortar su puro. Las toma. En plena locura se las mete en un costado al pobre Jefe cuyas barbas se remojan en sangre. Piensa que se siente blandito. Avienta las tijeras al asiento trastero, sin poder evitar una mueca de asco. El ex toma el control de la camioneta. Avanza hasta que encuentra un burro atado a un árbol. Se detiene, baja al motivo de su locura, lo sube al burro y piensa “cómo apesta este cabrón a puro”. Inmediatamente en juego de palabras agrega para sus adentros: “Puro cabrón, cabrón puro, pinche puto”. Caminan. El Jefe se queja. Él le da otro madrazo para que se calle. Se internan en el campo. El ex piensa: “Si seré pendejo, ahora con qué le corto los güevos a este puto cabrón?”…
Recorrió la zona con calma, como tusita. Preguntó por acá, por allá. La ñora de las quesadillas le dijo dónde es porque “no es un secreto para nadie”. El ex se fue entonces a inspeccionar el lugar. Ronda, vigila, aguarda. Los días pasan y de pronto encuentra la oportunidad: ve la camioneta del Jefe. Con más audacia que inteligencia, se le para enfrente, solicitando auxilio. Se dice perdido. Se lo dice a sí mismo en un destello racional y se lo dice en voz alta al Jefe para dar una explicación relativamente creíble de su presencia en lugar. El Jefe escucha. Decide ayudarlo porque ¿quién podría tocarlo? Además, nunca se sabe, en la cadena de favores, todos son útiles (se dice a sí mismo el Jefe, recordando al expresidente, al diputado, el empresario, al payaso). Sube al extraño. Éste, sin más, le da un putazo, bien dado, entre ceja, oreja y madre. Luego, otro vergazo. En la desesperación se da cuenta que no tiene arma alguna, pero allí, a la mano, están unas tijeras que el Jefe usa para cortar su puro. Las toma. En plena locura se las mete en un costado al pobre Jefe cuyas barbas se remojan en sangre. Piensa que se siente blandito. Avienta las tijeras al asiento trastero, sin poder evitar una mueca de asco. El ex toma el control de la camioneta. Avanza hasta que encuentra un burro atado a un árbol. Se detiene, baja al motivo de su locura, lo sube al burro y piensa “cómo apesta este cabrón a puro”. Inmediatamente en juego de palabras agrega para sus adentros: “Puro cabrón, cabrón puro, pinche puto”. Caminan. El Jefe se queja. Él le da otro madrazo para que se calle. Se internan en el campo. El ex piensa: “Si seré pendejo, ahora con qué le corto los güevos a este puto cabrón?”…
sábado, abril 24, 2010
Cambiando túnicas
–¿No te parece pedir demasiado? –me preguntó–. Si yo no me conozco a mí mismo, ¿cómo habrían de hacerlo los demás?, ¿tú, ella, él?
–Pero ¿no dice Sócrates que hay que conocerse a uno mismo? –respondí en tono de provocación.
–Sócrates era un loco. Su afán inquisitorial me enerva –me dijo en ese tono indefinible que le conozco tan bien.
Desde ese día me pongo a pensar en eso del “conócete a ti mismo”. Confieso que no he llegado a punto alguno, pero no deja de ser hilarante imaginarme a Sócrates como inquisidor, sacando información valiosa de quien siguiendo su máxima acudía a él en búsqueda de consejo. No he llegado al punto de imaginármelo torturando al prójimo, pero sí como un incisivo chismoso que de la información ajena obtenía la satisfacción de una obsesión. Y aunque todo esto sea un disparate, no me queda otro remedio que agradecer a aquel filósofo al que tanto le enerva el afán socrático las carcajadas que me provoca el poder intercambiarle túnicas a mi querido Sócrates gracias a su decir.
–Pero ¿no dice Sócrates que hay que conocerse a uno mismo? –respondí en tono de provocación.
–Sócrates era un loco. Su afán inquisitorial me enerva –me dijo en ese tono indefinible que le conozco tan bien.
Desde ese día me pongo a pensar en eso del “conócete a ti mismo”. Confieso que no he llegado a punto alguno, pero no deja de ser hilarante imaginarme a Sócrates como inquisidor, sacando información valiosa de quien siguiendo su máxima acudía a él en búsqueda de consejo. No he llegado al punto de imaginármelo torturando al prójimo, pero sí como un incisivo chismoso que de la información ajena obtenía la satisfacción de una obsesión. Y aunque todo esto sea un disparate, no me queda otro remedio que agradecer a aquel filósofo al que tanto le enerva el afán socrático las carcajadas que me provoca el poder intercambiarle túnicas a mi querido Sócrates gracias a su decir.
lunes, abril 05, 2010
De ocasión
La semana santa termina. Y con ella todas esas exhortaciones inverosímiles que escuché en el radio y en la televisión. Estupefacto me dejaron los que desde micrófonos y pantallas dijeron que era una semana para reflexionar. ¿Reflexionar qué? me preguntaba, esperando que acto seguido a su exhorto lo hicieran. Pero cómodamente instalados en la trinchera del común decir ignoraron sus propias conminaciones. No escuché una sola reflexión sobre la semana santa, ni siquiera sobre la idea del sacrificio por los “pecados del hombre”. Vaya, nada, absolutamente nada. Mucho menos sobre el país o sobre los problemas que aquejan a millones de seres humanos como el hambre, la enfermedad, la rapacidad. Nada. El exhorto no tuvo eco. Pese a esto, lo que más me desconcierta es lo que en la frasesita común está implícito: la reflexión es un asunto de ocasión, por lo menos en la proclama. Se ve entonces por qué estamos donde estamos...
martes, marzo 09, 2010
La cultura como celular
Visto fríamente, la cultura es artículo comprable. Lo que quiero decir es que se ha vuelto una mercancía que se vende al mejor postor, sin por supuesto faltar la ilusión de que es adquirible por cualquiera. La reciente Feria Internacional del Libro de Minería fue un ejemplo clarísimo de ello. Se nos dijo que allí estaba el cúmulo del saber. Y la gente fue. Había colas larguísimas para entrar. Pero bien visto, pocos, muy pocos, pudieron comprar algo que no fuera ilusiones o un sentido de pertenencia, no a la comunidad de lectores, sino al espacio “tangible” de la cultura, representado por autores, comentaristas y presentadores. ¿Quién quiere leer si existe el glamour de codearse con los que nos dicen son famosos y pensantes? ¿Para qué hacerlo si basta pasarse horas de presentación en presentación para al menos saber de qué van las cosas que nunca se leerán? La cultura objetivada en libros que por su precio, mas no por su contenido, son valorados, deseados. Y la novedad como criterio fundamental del interés. La cultura así reducida a un bien, tan atractivo, moderno y deslumbrante como un celular. E incluso en su universo así reducido, tan potencial como un celular pero cuyos usuarios desperdician por perseguir la ilusión que el anuncio de los medios de comunicación masiva les vende: éste está mejor que el anterior o que el otro.
lunes, marzo 08, 2010
jueves, febrero 25, 2010
Invitaciones a presentaciones de libros
Pongo aquí dos invitaciones a presentación de libros. Una tendrá lugar el día de hoy Jueves 25 de febrero a las 19:00 hrs, en el Multiforo Cultural 246, y otra el Domingo 28 de febrero a las 15:00 en la Feria Internacional de Minería. En la primera me corresponde moderar, en la segunda presentar. Van los carteles con información completa para quien le interese.
Invitación 1

Invitación 2
Invitación 1

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