domingo, octubre 18, 2009

Heroes

Lennon, que sabía lo que decía, manifestó querer igualar el LP de Bowie llamado Heroes (1977). Éste lo hizo pensando en el Muro de Berlín, y años después, la canción del mismo nombre que formó parte de aquel LP tras ser recuperada por varios grupos, se convirtió en tema central de la película Godzilla (1998). Aquí, Bowie en vivo... un guiño a la nostalgia...

jueves, octubre 15, 2009

Luz y Fuerza del Centro

1. Yo no sé ustedes, pero extraño la palabra trabajador. Hoy el gobierno habla de pobres o de mexicanos, de sindicalizados o de empresarios, de estudiantes o de indígenas, pero no habla del trabajador. A este último se le condena al olvido. Y este “olvido” también invade el lenguaje cotidiano de la gente, de los burócratas, de los académicos, de los estudiantes, que a lo sumo conciben “el servicio” como algo “nice”. Y es que más vale que la sociedad no se dé cuenta que depende del trabajador para vivir, aunque el espejismo moderno nos ofrezca la vana ilusión de un mundo tecnificado en el que ya no hay trabajadores sino “prestadores de servicio”. El trabajador tiene hoy que remontar explotación y desdén, “olvido” deliberado e ignorancia fomentada.

2. Por eso, si le creemos a las encuestas, un gran sector de la sociedad mexicana está de acuerdo con la liquidación de Luz y Fuerza del Centro, para acabar con el sindicato, corrupto y lleno de privilegios, dicen. Así es como el “olvido” del trabajador opera su magia: si éste no existe, mucho menos debe existir un sindicato, que además cuenta con prebendas y privilegios “descomunales”. Según ellos los pobres no tienen por qué organizarse; su única opción es ser organizados para cobrar los apoyos de Oportunidades. Los “prestadores de servicios” tampoco deben organizarse, pues individualmente han de mostrar con eficacia sus talentos para ser contratados. Las máquinas funcionan a la perfección, sin interrupción, sin reclamar horas extras, sin procrear, sin vacaciones, sin salario pero sí con costos, cuyos dueños inmediatamente recuperan de manera acrecentada; ellas al igual que los pobres han de ser organizadas de manera racional para maximizar la producción. Las buenas conciencias son los únicos que pueden organizarse: en la Iglesia primero, después en las ligas mayores de los que sí “han sabido hacerla”: los empresarios, las marcas, la mercadotecnia.

3. Luz y Fuerza del Centro, dice el gobierno, resultó inviable. De ello culpa al sindicato, y de esta manera, refuerza la idea de que además de absurdo, pues el trabajador ya no existe, aquel es culpable del fracaso de ésta y cualquier otra empresa, estatal o no. Saca lección que vende como pan caliente: los sindicatos son fuerzas retardatarias que impiden el avance de México por la senda de gloria que los cielos le trazaron. Las prebendas y los beneficios no son para los güevones sino para los sectores más activos del país: los empresarios y los políticos que se dan cuenta de este hecho. En suma: sé pobre, sé prestador de servicios, pero no se te ocurra ser sindicalizado.

4. Ante esto hay que tener claras algunas cosas. Primero, el trabajo. Somos eso: estamos obligados y condenados a trabajar. No sólo es nuestra naturaleza sino que es el trabajo el que genera la riqueza. El trabajador está allí: en todo lo que comemos, tocamos, vestimos, disfrutamos. No verlo no decreta, por acto de magia, su desaparición. No verlo más bien revela otra cosa: la negación de saberse parte de ese sector, cosa que nos recuerda el mentado salario. No nos gusta sabernos trabajadores. Segundo, el sindicato, que es la organización de los trabajadores. El sindicato surgió como mecanismo esencial para luchar por una serie de derechos de los que generan riqueza. No fue ni una concesión gratuita ni tampoco es, por definición, corrupto. Es preciso tener presente que si la corrupción existe en los sindicatos, ella es el resultado, primero, del capital, que necesita pervertir la organización del trabajador para explotarlo mejor, y segundo, de un régimen político, que comenzó con el PRI y que continua con el PAN, como puede verse en el paradigmático caso del SNTE y su líder. La corrupción sindical es una fuente inigualable de votos, dinero, y mecanismo de presión. Tercero, al trabajador. Seguramente hay corrupción en el SME como en el resto de los sindicatos nacionales. Pero este hecho no puede dejar pasar inadvertido lo siguiente: dentro de los sindicatos existe una burocracia y una masa de trabajadores que trabajan constantemente. Arremeter contra el sindicato y sus perversiones no puede ser razón para imponer al trabajador la cruz adicional del “olvido” sobre la de la explotación. Los trabajadores tienen todo el derecho a organizarse para paliar los efectos de la explotación de la que son objeto, o mejor, para emanciparse de su explotación. La corrupción sindical es un asunto que compete a los trabajadores, son ellos los que han de liberarse de las burocracias que los usan para intereses ajenos; a los regímenes políticos, que han de sacar las manos de las organizaciones obreras; y a todos, puesto que está claro que dentro del capitalismo no hay manera de hacer ni una cosa ni la otra.

5. Más allá de la retórica presidencial, de los fariseos intelectuales que dan razones a la sinrazón del neoliberalismo, y de la “opinión pública” que confunde alevosamente el trato y servicio en ventanilla con el trabajo de los trabajadores de Luz y Fuerza para que esta ciudad cuente con luz, y que a juzgar por lo que sucede en este momento, es tan eficaz que ahora los quieren hacer regresar por la fuerza para que la cosa funcione; más allá de todo eso, digo, se encuentra un recurso nacional. Este recurso está en juego, está en disputa su posesión, su uso, y su explotación racional. Defender su pertenencia al Estado mexicano es algo que resulta indiscutible. Que quede claro: su pertenencia a los mexicanos, no a uno u otro mexicano. Quiero decir: cuidado con aceptar la idea de que hay males menores, como que se quede en manos de empresarios mexicanos en vez de extranjeros.

6. Alguien podrá argumentar que exagero en la idea de que viene la privatización de la energía eléctrica. No sólo es algo que argumenta el SME. Yo me baso en algo más sutil: el recurso del miedo como mecanismo para generar consenso, incluso en las cosas más contraproducentes para la población en general. El miedo a quedarse sin luz, el miedo a que los trabajadores del la Comisión Federal de Electricidad no puedan con el paquete y nos dejen sin luz. El miedo que acaba por legitimar la privatización (contratar a quien sí pueda con el trabajo) a cambio de tener luz. El miedo es un recurso utilizado hasta la saciedad por este gobierno. Durante los tres primeros años se trató del miedo derivado de la “guerra” contra el narcotráfico. Luego, como signo de la segunda parte del sexenio, el miedo de la influenza que sirvió de pretexto para explicar el fracaso del modelo económico y para que la población asumiera como suyas las quiebras económicas del empresariado, como el de La Comercial Mexicana. El miedo del “hoyo” petrolero para lanzar la propuesta del impuesto de 2% al consumo. El miedo ahora de no tener luz, de quedar en manos de sindicalizados, el miedo que permite al gobierno hacer lo que le venga en gana. El miedo de que un trabajador cuente con privilegios: mejor ser todos pobres bajo la irremediable lógica de todos coludos o todos rabones.

7. No me interesa defender a la burocracia del SME. Me importa defender lo que queda de país. Me interesa defender el derecho a organizarnos. Me interesa deshacerme de este sistema. Me interesa acabar con la explotación. Eso me interesa. Por eso me sumo a la lucha que hoy, momentáneamente, encabeza el SME. Y si estas luchas derivan en otras cosas, bienvenidas sean.

domingo, octubre 11, 2009

Presentación del número 9 de la revista Bitácora

Hay quien especulando sobre los orígenes de Todo afirma que “en el principio fue el verbo”. Debo confesar que esta frase me atormenta y persigue desde hace años. Probablemente por incapacidad personal me es sumamente difícil concebir el aliento divino convertido en palabra, creando y creando la realidad que su potestad le permite. Y es que según lo miro, el verbo es también un acto o no es nada. Quiero decir: tras el verbo está el acto; sin éste aquel es imposible. La idea, por supuesto, no es mía; me la obsequió un poeta español (Gabriel Celaya), que maldecía la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales, la poesía que no tomaba partido hasta mancharse. La poesía por él defendida era aquella que con su decir quería dar vida, provocar nuevos actos. La suya, escribió,

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Ni modo de no hacerle caso al poeta, que es artesano del verbo, de la palabra. Algo sabrá por ese oficio suyo: lo importante es lo que no tiene nombre, los actos en la tierra. Son ellos los que dichos pueden provocar otros actos. Por eso simpatizo con quienes suponen que fue un acto el que inauguró el principio de todos los principios: cuando nada tenía nombre. Sí, me es más cercano el homo-faber que un Dios-logos. Entre dioses y humanos, prefiero a los segundos, y entre estos, por supuesto, a las mujeres

Es el acto el que inaugura, el que crea mundos. Y la palabra una y otra vez aparece rezagada, imposibilitada para designar en su plenitud lo que el acto hace, descubre, esculpe, crea. Quiero decir, puedo recitarle a ella lo que otro poeta escribió alguna vez: te quiero “Donde tu vientre es combo, fugitiva tu espalda, oloroso tu cuerpo”, pero palabra tan precisa no alcanza el absoluto de lo que en ella me pierde.

Así, entre acto y verbo hay un abismo. Decir es siempre ir en pos del imposible, de la incapacidad para designar la plenitud al acto, su multiplicidad, sus aristas infinitas. Pero al mismo tiempo, y precisamente por ello, la palabra, el verbo tiene consistencia. De lo contrario, sólo sería hálito que se pierde en la inmensidad de la nada. La palabra, el verbo, siempre se erige sobre algo, aunque su núcleo lo constituya la imposibilidad de designar la plenitud del acto.

Y no obstante, acto y verbo comparten otro abismo que es el que propiamente me atormenta y persigue. Creo sinceramente que antes del acto y del verbo está la duda. Desde hace mucho tiempo me pregunto si no es ella la que está en el principio; si el hacer o el designar no están precedidos siempre por una duda: ¿qué es esto?, ¿qué hacer ante esto o aquello?, ¿por qué hacer o no hacer tal o cual cosa? De hecho, según una vieja historia cuenta, la historia humana nació precisamente por una duda: gracias a que una mujer se preguntó por qué no, acabó condenando a la humanidad a tener historia, si bien como seres caídos buscando redención, lo cual tiene un encanto peculiar. Tenemos historia por una manzana del árbol del saber. Tenemos historia porque una mujer se preguntó sobre ese saber. Y así ha sido siempre: nos movemos por la duda de una mujer.

Entonces, no el verbo ni el acto sino la duda como principio de principios, como el movimiento más íntimo del espíritu, de la razón, incluso del deseo. Y es que la duda, si es tal, no precisa una respuesta específica, predeterminada, pero sí una respuesta cualquiera. Porque lo propio de la duda no es la cadena sino la libertad, no es la delimitación sino el ensanchamiento. Por eso los hombres libres son los que dudan, los que se preguntan y los que se responden para responderles a los demás. Y lo hacen, primero, con actos, luego con palabras.

Lo que quiero decir es relativamente sencillo: creo que la ruta natural de la libertad y de la creación de mundos es la que marca la sucesión duda-acto-verbo. Lo contrario es el camino de la escolástica, de la política y de la servidumbre: verbo autorizado, acto limitado, duda estrecha, mundo acotado.

Pues bien, sin temor a equivocarme puedo decir que la revista que hoy nos convoca es hija del primer camino. Bitácora nace como resultado de pasos dados desde hace años por el Faro de Oriente. Y éste a su vez no es la creación de un acto amoroso institucional, sino la convergencia de las múltiples respuestas que un caleidoscopio de dudas convocó y fraguó. El Faro de Oriente es en el mejor de los sentidos la expresión más concreta de libertad, la feliz conjunción de dudas y actos. Bitácora llegó mucho después. Habrá quien piense que esta revista tuvo un parto tardío. Yo no comparto esa opinión. Creo sinceramente que sólo después de las dudas y los actos debe venir la palabra. De aquí le viene su consistencia, de aquí le viene su valía: de fijar en verbo lo que sus actos gritan tras dudas creadoras.

Bitácora también ha dado caminado transformándose. Fue primero un esbozo de respuesta ante una duda; luego fue un mero boletín informativo consumido por la comunidad del Faro; y hoy es una revista que además de convocar a su comunidad, sale de “su espacio” para dialogar con los otros, como una Eva que obsequia pecado para generar vida, constituir mundos y crear historias. Por eso, entre otras cosas, su nombre es femenino (ningún viaje vale la pena si no lo inspira una mujer y no lo registra una mirada femenina).

El secreto de Bitácora me parece está en ser resultado de dudas y actos. En este sentido creo pertinente una advertencia: su consistencia proviene de allí y no de otro lado. Olvidar esto sería condenarse a la repetición vacua de palabras y perspectivas, sería transformarse en declamación política, en dogma de fe, en manual de éxito o en páginas de superación personal. Espero sinceramente que esto no lo olvide el equipo editorial de la revista ni el director del Faro ni la comunidad misma de aquel espacio respetable y querido.

Enhorabuena una vez más.

Isaac García Venegas
En el “246”
1 de Octubre de 2009

martes, octubre 06, 2009

La sapiencia de don Enrique

Hace unos días, Don Enrique publicó en el periódico Reforma un artículo de opinión luminoso (“Historia en aerosol”). El objetivo central de su argumentación es convencer al lector de que el camino idóneo para cambios perdurables en el país es la reforma, la acción dentro de las instituciones. Su decir es una refutación “intelectual” a quienes haciendo una lectura “errada” de la historia caen seducidos por la teoría cíclica de la historia y predicen que en 2010 habrá una revolución como las de 1810 y 1910. Se refiere sobre todo a los que enarbolando banderas anarquistas promueven la violencia, haciendo estallar artefactos en sucursales bancarias, y amenazando con el cada vez más famoso: “nos vemos en 2010”.

El artículo me parece luminoso porque pone ante nuestros ojos los esfuerzos intelectuales de un historiador de fuste para defender una causa: la de la democracia liberal, o mejor dicho, lo que don Enrique concibe como tal, y a la que piensa como el producto, si se quiere imperfecto, de la reforma pero no de la revolución. Aunque don Enrique no dice nada que no haya afirmado Octavio Paz hace décadas (véase el discurso que pronunció cuando recibió el premio Alexis de Tocqueville), lo hace con tal entusiasmo que al lector despistado puede convencerlo de la originalidad de sus ideas.

Don Enrique se atribuye a sí mismo una lectura correcta de la historia en comparación con quienes por medio de la violencia, lejos de reivindicar el anarquismo, lo echan al bote de la basura. En su artículo da lugar a una larga cita de un anarquista que afirma, de modo sorprendente, que la violencia hizo que varias de las ideas más importantes del anarquismo fueran relegadas en regímenes como el soviético o el mexicano. Don Enrique sabe perfectamente que una cita fuera de contexto es maliciosamente parcial. Sabe también que esos regímenes procedieron por exclusión en virtud de múltiples causas y que sólo siendo maliciosamente parcial se puede reducirlas a la violencia.

Pero don Enrique, en su “correcta lectura de la historia”, no se limita a citas fuera de contexto. Juega con algo de torpeza el juego vedado a los historiadores: para darle consistencia a su argumentación en favor del reformismo decide incursionar en el “hubiera” de la historia. Afirma que mientras la revolución de 1810 fue “necesaria”, la de 1910 fue “perfectamente evitable”. Hubiese bastado, nos dice, que Díaz dejase a Reyes en el poder para que la revolución de 1910 no estallara. Aquí don Enrique nos repite su devota convicción de que la historia la hacen los grandes hombres (biografía del poder no es título inocente). Nuestro sagaz historiador aborrece a las masas; por eso cree en el reformismo: con tan sólo unos cuantos pactos cupulares la historia iría e irá por buen camino. Por eso, a su leal entender, se equivocan los anarquistas, los que piensan en la revolución, y los que se les ocurre pensar fuera de las instituciones. Las masas no hacen nada que no sea incomodar con absurdos y revoluciones; interrumpen el "curso natural" de los hechos que como ya nos dijo Fukuyama llevan necesariamente al buen puerto de la democracia liberal.

No son pocos los historiadores que al explicar la Revolución mexicana señalan que su estallido fue “inesperado”, fue totalmente sorpresivo, no fue “previsto” ni “visto” por quienes cómodamente vivían en el régimen diseñado por Porfirio Díaz. La miopía antes de la revolución. Sin negarle a don Enrique la certera crítica que hace a la teoría cíclica de la historia, puede ser que sea precisamente aquella miopía la que se repite en los albores del siglo XXI. Quizá no estalle ninguna revolución en 2010, pero la miopía puede ayudarle un poco; ésta no es buena ni para el reformismo. En este sentido es que el artículo de opinión de don Enrique es luminoso: muestra de manera paradigmática cómo el modo “correcto” en que un “empresario intelectual” ve la historia tiene parcialidades tan maliciosas como aquellos agoreros que atribuyen a una fecha un significado trascendente.

viernes, octubre 02, 2009

lunes, septiembre 28, 2009

Carta a "Juanito"

Muy a su pesar, señor “Juanito”, representa usted el paso del ser ocurrente al personaje político. Sólo una ceguera muy acentuada puede hacerle ver este tránsito como resultado de mérito propio. Antes de doña Clara Brugada y don Andrés Manuel López Obrador usted no era otra cosa que un ciudadano entusiasta, cuyos tinos, e incluso desatinos, podían y debían ser vistos con simpatía. Pero desde junio, desde que usted apareció al lado de la doña y el don, pasó a formar parte de los “estelares” de la clase política. Y allí, las simpatías y rencores crecen de manera exponencial, señor “Juanito”.

A mí, señor “Juanito”, su historia me divierte mucho. A diferencia de lo que piensan algunos, digamos demasiados, a usted no le atribuyo responsabilidad alguna en la debacle que vive la democracia formal de nuestro país. Usted señor “Juanito” es tan sólo un personaje de circunstancias, ciertamente pésimas pero innegables.

Si algún signo hay que atribuirle a usted como personaje político, el único relevante es ser hijo de don y ser ahijado de doña. Y es que este don, señor Juanito, le da por sobreestimarse: se entiende a sí mismo tan poderoso que supone, de manera muy gratuita, que sin un puesto político importante puede controlar y someter a “personajes políticos” que cualquier meditación serena indicaría no apoyar ni impulsar: por ejemplo el actual gobernador de Chiapas; por ejemplo, los políticos salinistas hoy encumbrados gracias a su apoyo y decisión; por ejemplo, el Lázaro de ligas desaparecidas; por ejemplo, usted.

Esa misma meditación serena, con el tiempo, indicará cuánto debemos a ese don el retorno del PRI y el secuestro de la izquierda, que si bien antes languidecía en interminables debates internos, hoy como concepto ha perdido toda cualidad, por no hablar ya de credibilidad si de posturas políticas se trata. Allí está ese otro producto del don para probar lo que le digo: el carnal Marcelo. Los que hoy son de izquierda se pelaron al monte, porque entre derechas y dones, entre caciquies y doñas, no les dejaron espacio o bandera con qué actuar (lo cual también indica una responsabilidad interna, pero no se apure, sobre eso ya hay mucha discusión, aunque seguramente desconocida para usted y otros como usted).

Lo más curioso, señor “Juanito”, es cómo la idea del “enroque” prevalece entre la clase política: ponte tú para salir elegido yo. A mí la democracia formal me importa un comino señor “Juanito”. Hasta hoy la había considerado simplemente como un endeble salvavidas para no ahogarse entre fascismos y autoritarismos de toda clase. Pero como están las cosas, al parecer, ella misma desfallece ante los embates de las “enrocadas” (perdóneme señor “Juanito” que invente palabras, pero bueno, sé bien que quien admira a Rambo en combinación con Karate Kid me puede perdonar estas ligerezas), y ya sólo es un salvavidas “ponchado”, que se desinfla a paso apresurado.

Mírese usted, señor “Juanito”: anda ya naufragando, y por más orillas que busca no deja de ser usted un títere de fuerzas que le trascienden: que si el PAN, que si el PRI, que si los Chuchos, que si el don, quien declaró haberse ocupado de usted para salvar al PT de una embestida “oscura”. La democracia formal no aparece por ningún lado: sólo escuchamos su chiflido moribundo que usted, señor “Juanito”, adorna con bandas en la cabeza, partidos de futbol, y expresiones coloquiales. Por supuesto, usted no es el único que lo hace. Pero por desgracia para todos los que se dan cuenta de esto, usted es hoy el más notorio. Los demás, que andan en traje y utilizan una verborrea anquilosada para explicar cómo joder más a los pobres y a los otros, andan felices de que usted sea el que siempre sale en la foto del velorio de la democracia formal.

En fin, “señor “Juanito”, veremos pronto los nuevos episodios de este show que no es gratuito. No me malinterprete usted. No es “gratuito” porque está en juego el financiamiento de muchos movimientos del don y la doña. Y como usted sabe bien, cuando hay dinero de por medio, las cosas se pueden poner feas. Hace bien en ponerse a resguardo de las oficinas delegaciones que son escenario de telenovela.

domingo, septiembre 27, 2009

Discurso de Bolívar Echeverría

Se reproduce a continuación el discurso del Dr. Bolívar Echeverría con motivo de su nombramiento como Profesor Emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México (mayo 2009)



viernes, septiembre 25, 2009

Sesgos de la nueva reacción

1.- Estacionamiento de la Facultad de Filosofía y Letras. Una asamblea que por el modo de su concreción denota que fue promovida por las autoridades. Una parte del estacionamiento cercado, todo supervisado por vigilancia UNAM. Se respira un ambiente de protección a la asamblea que, como se le vea, es poco “representativa”, tanto por número como por la filiación de sus participantes.

2.- La discusión: recuperar el auditorio Justo Sierra, entre otros conocido como “Che Guevara”. El estudiantado reunido proclama la propiedad universitaria del auditorio, y reclama se le regrese a la comunidad. Se discute, se propone. Pero lo que se ve es a un sector del estudiantado, protegido por las autoridades, haciendo la tarea que a las autoridades corresponde.

3.- Breve historia. Uno de las muchas consecuencias derivadas del movimiento estudiantil del ’99 es la toma del auditorio Justo Sierra por parte de lo que quedó de la organización estudiantil aglutinada en torno al CGH. Aquel movimiento, en su suceder prolongado, convocó alianzas sociales, que se hicieron presentes ocupando de manera paulatina el auditorio. El espacio dejó de ser estrictamente universitario para convertirse en una instalación universitaria “ocupada” por expresiones sociales alternativas. Y las autoridades, tan buenas para disfrazar y meter a la policía, les dejaron hacer. Como si los “ocupas” del auditorio fueran un pivote “garante” para desactivar cualquier movilización estudiantil. Entre radicales y conservadores hay, por lo visto, un acuerdo tácito que ofrece banderas, logros y garantías a cada cual.

4.- El auditorio lleva años ocupado, y diversas actividades se han hecho presentes en su seno: desde las “oscuras” hasta las que de una manera u otra dan cuenta de lo que a la propia facultad de Filosofía y Letras le falta: una galería, una emisora de radio, talleres, centro generador de información que si no es alternativa por lo menos no es la que inunda los medios de comunicación masiva en general, comedores de precio módico y asequible para el estudiantado, centro de difusión musical. Nada que pueda tacharse de primera mano como “ajeno” a los intereses de la facultad de Filosofía y Letras.

5.- Cierto es que esa ocupación dejó a un amplio sector de la comunidad sin un espacio para realizar las actividades que la propia universidad supone, particularmente en la facultad de Filosofía y Letras: obras de teatro, festivales, reuniones políticas, proyección de películas, vinculación con movimientos y experiencias sociales distintas a las que prevalecen en la universidad, coloquios, reuniones académicas, etcétera. Se vive, no sin razón, como expropiación.

6.- Y las autoridades dejaron hacer. Estuvieron dispuestas a sacrificar las “actividades universitarias” en aras de “actividades informales”. Para regresar a lo propio de la universidad no tuvieron ni prisa ni decisión ni arrojo, como sí la tuvieron para fabricarse una encuesta endeble y meter rápidamente a la policía en aquellos lejanos años de huelga estudiantil.

7.- Hoy las autoridades dan un paso más en su ya acostumbrada línea reaccionaria. Primero, de una desgracia (un asesinato), promovieron un conflicto en el que a la postre se hicieron aparecer como salvadores (macetas y piedras). Es la bondad de la autoridad. Segundo, ahora, ante el recorte presupuestal, comienzan a fabricar los escenarios de un conflicto en el que intentan oponer academia-trabajo. Los malos ahora son los trabajadores, que de pura hora extra viven, y por supuesto, en nada se parecen a los merecimientos “pilonezcos” del profesorado. Tercero, confiados en esta nueva alianza, las autoridades proceden como antaño: que el estudiantado, como víctima, recupere las instalaciones tomadas para que lo que en principio sería un “costo político”, se convierta en un “acierto por la firmeza de la actuación” de “autoridades responsables que escuchan a su comunidad” (Lección De la Fuente). El mundo está al revés: el estudiantado soluciona los desatinos de la autoridad; la autoridad actuando como “salvadora” de los intereses de “la comunidad” (maestros y burócratas); ambos contra la injusticia de los que no pueden reclamar o exigir de otra manera que actuando en el estrecho ámbito que les corresponde: marchando, haciendo paros, tomando instalaciones.

8.- Debe quedar claro para todos: la reacción ya hizo sus efectos entre el estudiantado. ¿Será por eso que alguien, muy encumbrado, dijo que estaba feliz de verlos a todos alineados a la derecha?

lunes, septiembre 21, 2009

El viento golpea mi cuerpo. No obstante estar bien abrigado ráfagas pequeñas se cuelan por diversas partes de mi ropa; una mano fría me acaricia a momentos, provocándome escalofríos. Pienso en el símil que existe con esa caricia de muerto que es el dolor tentándonos el alma.

Los autos llevan cerradas las ventanas. Mientras espero el siga observo a los conductores. Cada quien su mundo. En la esquina dos mudos platican. Utilizan ese lenguaje que siempre me ha fascinado pero que desconozco.

Al verlos entiendo la virtud implícita en su decir: se tienen que mirar al hablar. Es decir, poseen la certeza de que allí está el otro, de que hay receptor para el mensaje. Pareciera que no hay lugar entre ellos para el soliloquio. ¿Por qué no siento así cuando hablo contigo?

Súbitamente me veo rodeado de fantasmas. Poco hay que decirles. De mi boca, de mis manos, ya casi no salen palabras. Por lo visto tu elección del silencio redunda en esta permanente huida de mis palabras. Y las únicas que quedan son aquellas que dicen:

Hey you, out there in the cold
Getting lonely, getting old
Can you feel me?

Hey you, standing in the aisles
With itchy feet and fading smiles
Can you feel me?

viernes, septiembre 11, 2009

Tipos caritativos

Uno.
Lo que priva es la irremediable lógica católica. Los pobres son objeto de actos caritativos de quienes pueden realizarlos. Ser caritativo acerca a Dios en tanto que la caridad, como virtud teologal, es un hábito infundido por él en la inteligencia y voluntad humanas. Y ser caritativo supone un alguien sobre quién ejercer tal virtud teologal. De aquí que los pobres y desvalidos sean necesarios.

Dos.
Esta lógica priva en la política nacional. El señor Felipe Calderón propone la creación o aumento de una serie de impuestos para salir del “hoyo” financiero en el que se encuentra el país. Entre otros, el impuesto para los pobres es paradigmático: los pobres necesitan recursos; los impuestos los dan; esa alza de impuestos generará más pobres; pero no hay problema, allí está un impuesto para ellos. De donde se sigue: hagamos más pobres para cobrar más impuestos para tenerlos por objeto para que pueda legitimar mi gobierno.

Tres.
¿Qué sería de nosotros sin un tipo tan brillante y caritativo?

miércoles, septiembre 02, 2009

Sueños para la rebelión

Nos dicen que para tapar el “hoyo financiero” que padece el país como consecuencia de la crisis mundial y de la caída de la producción petrolera, el secretario de Hacienda, junto con Felipe Calderón, estudian la posibilidad de incrementar los servicios como la electricidad, el gas y la luz. Esto, junto con una estrategia para aumentar la base de contribuyentes, que por lo visto implica gravar alimentos y medicinas (el viejo debate de cargar el impuesto al consumo para combatir la evasión fiscal), y el endeudamiento, permitirán remediar el sendo problema en que se encuentra el país.

El tema ya es objeto de debate por parte de nuestros flamantes legisladores. Lo que a mí me interesa es el hecho de subir los precios para tapar un hoyo financiero. Esto demuestra, entre otras cosas y muy a pesar de los que nos suelen decir los doctos economistas, que no es el mercado el gran legislador de la economía y la sociedad. Que los precios en México se definen por razones y motivos que poco tienen que ver con la supuesta mano oculta del mercado. Lo cual nos permite pensar que lo mismo sucede con los impuestos y sus enmarañadas razones para eximir a corporaciones internacionales como Walmart.
Me parece sensato entonces presionar socialmente para que las decisiones económicas se tomen en razón del beneficio de la mayoría y no de unos cuantos que de la avaricia han hecho profesión de fe y signo de éxito capitalista. Es interesante observar al empresariado clamar por impuestos a alimentos y medicinas pero guardar silencio en torno a la evasión de impuestos o la posición favorable en la que se encuentran empresas transnacionales.

Ayer dormí pensando todo esto y como consecuencia tuve un sueño peculiar: que la gente decidía acordonar todos los Walmart del país, y al más puro estilo de las clicas salvadoreñas, cobrarles rentas por operar, lo cual significaba 15 por ciento de la ganancia mensual de cada tienda, con lo que se procedía a pagar colectivamente los servicios de electricidad, gas y agua...

Dicen que los sueños sueños son... pero de vez en vez dan luces...

domingo, agosto 23, 2009

Para quien le interese...

Va este link. Difundir ciertos libros es importante...

http://www.letralia.com/216/ensayo01.htm

viernes, agosto 14, 2009

Respuesta al comunicado de la directora de la facultad de Filosofía y Letras

Hemos recibido un comunicado de la directora de la Facultad de Filosofía y Letras que, asumo, es un intento por salir al paso ante lo que está sucediendo en este centro de estudios, particularmente referido a macetas y piedras que “adornan” lo que antes eran jardines de la Biblioteca Central.

El comunicado parece salido de las viejas prácticas políticas de “eche la bolita” para que el conflicto no le estalle en las manos. Ahora resulta que la decisión de harta maceta y harta piedra (“obsoleta” escribieron algunos alumnos indignados, lo cual, demuestra, una vez más, que algo anda mal en la universidad, pues llegar a pensar en “piedras obsoletas” es una abstracción a cuyos linderos difícilmente algún filósofo mexicano podrá llegar nunca), correspondió ni más ni menos que a la Dirección General de Patrimonio Universitario.

A juzgar por lo que da sustento al comunicado de la directora, aquella dirección tomó la decisión sin consultar a la flamante administración de nuestra facultad ni, evidentemente, a la comunidad que resultó directamente afectada por esa decisión. Lo cual no deja de ser ofensivo después de haber convenido en que nuestra comunidad actuó con inteligencia y prudencia ante los sucesos que desencadenaron esta transformación (el asesinato de un individuo en el jardín de la Biblioteca Central), y en virtud de ello, haber recibido felicitaciones y reconocimiento por parte de las autoridades, como consta en un comunicado del Consejo Técnico de la facultad de Filosofía y Letras.

Pero además de ofensivo, hiere la inteligencia de la comunidad. Sólo hay dos explicaciones al fundamento del comunicado de la directora. La primera: a la administración universitaria central le tiene sin cuidado la facultad de Filosofía y Letras, por lo que sin el menor miramiento toma decisiones arbitrarias que le afectan. Lo cual, de ser así, sería indicativo del lugar que a las humanidades otorgan el rector y sus funcionarios. Es de suponer entonces lo que nos espera con los recortes presupuestales que se vienen durante los próximos años debido a la crisis nacional.

Por supuesto, esta explicación adolece de un error fundamental: todos saben que la elección de la actual directora no fue hecha sin la consideración de esa misma administración central. Es más, las especulaciones más consistentes indican que la mano que “hizo magia” para su designación está estrechamente vinculada con esa administración central y con el poder de la universidad. Por lo tanto, cuesta trabajo creer que la decisión piedras-macetas fue hecha sin la consideración de esa mano y de la directora de la facultad de Filosofía y Letras.

La segunda explicación parte de la objeción hecha a la primera. La decisión de la Dirección General de Patrimonio Universitario, que sin lugar a dudas debió ser sancionada por el rector de la UNAM, se hizo consultando a la directora del centro afectado. Pudo ser que se le haya presentado como “decisión tomada”, pero eso no le exime de la responsabilidad ante su propia comunidad. Ni la exime ni justifica que proceda de la misma forma: presentándole todo como hechos consumados. Por eso su comunicado es fingido: pretende hacernos creer que ella nada tuvo que ver con los “nuevos aires” que circundan a la facultad, y que por una extraña razón tienen una correspondencia precisa con la remodelación y reubicación de baños y con las nuevas órdenes de sólo aceptar en clase a un alumno por banca, como si el número de alumnos, y lo que es más importante, sus intereses legítimos, permitieran a los profesores desentenderse por completo de ellos; como si el profesor fuera un simple administrador de bancas.

Lo que se desea en una facultad como la nuestra es precisamente una administración que sepa defender y proyectar a su comunidad ante el “fuego amigo” y el “fuego enemigo”. No necesitamos que se ponga a nuestras “órdenes” para “recibir” y “cuando sea el caso transmitir a las instancias correspondientes” quejas y dudas. No necesitamos una ventanilla de recepción burocrática, requerimos universitarios que sepan trabajar con universitarios para conseguir lo que nuestra facultad requiere a gritos: nuevas y mejores instalaciones; reivindicación del espíritu universitario,es decir, de la comunidad; confianza en la libertad, y promoción de la crítica como instrumento fundamental de la discrepancia que, según nos dijo hace mucho tiempo un rector digno de tal nombre, es la esencia de la universidad.

Ojalá que la presente administración encuentre el camino para ser lo que se necesita y no una burocracia que intenta "pasar la bolita" a quien sea, convirtiéndose en ventanilla de gestión.

lunes, agosto 10, 2009

Ideas pétreas

Llegar a la facultad de Filosofía y Letras provoca desconsuelo más que enojo. Tanta piedra, tanta maceta, tanto árbol en potencia, revela claramente el fin radical de lo que alguna vez fue la facultad de filosofía y letras: el espacio para la reflexión y la palabra.

Quien vivió esa facultad sabe que para reflexionar y hablar siempre se necesita al otro, a ese que con uno forma comunidad. Pero al parecer, las ideas pétreas de la presente administración van exactamente en sentido contrario de lo que alguna vez fue evidente: desean petrificar la reflexión y la palabra, encerrándola por decreto en salones a los que, además, se les ve como amenaza, pues ahora, precisamente ahora, son cuna de enfermedad e inseguridad. El miedo como recurso para "convivir" con el otro.

Y es que tener tanta gente junta no es bueno, como ya lo sabían los frailes franciscanos del siglo XVI que venían a redimir la espada. Ahora, al profesor se le exige que amortigüe la espada de la más acusada falta de talento que hoy impera, se le pide que con palabra piadosa vuelva aceptable y vivible las pétreas ideas de una administración que muy rápido quedó en evidencia: parece extensión de una política nacional que no acierta otra cosa que exaltar el temor y la renuncia a la comunidad porque el Mal siempre acecha.

viernes, julio 24, 2009

Como en Honduras...

No, no estoy seguro. Pienso, para decirlo llanamente, que el Capital busca su reproducción incesante en las condiciones que le sean propicias. Para el caso de México, del que se dice vive una crisis tremenda y sin precedentes, el Capital parece andar bastante bien: los ricos se hacen más ricos o cuando menos no ven mermados sus ingresos, y los pobres, que se sabe son fuerza de trabajo, aumentan de modo considerable. Lo propio del capitalismo es precisamente la concentración de la riqueza y la desigualdad. Argüir que el incremento de esta última es un signo irrecusable del fracaso del capitalismo me parece un tanto ingenuo. En realidad, es la evidencia más palmaria de su éxito.

El punto, pienso, es cómo se organiza el Capital para maximizar sus beneficios en este país. En tiempos recientes optó por la política, convirtiendo en presidente, senadores y diputados, a individuos dispuestos a allanarle el camino. Fue el mentado giro neoliberal. Luego, vino el “proceso democrático nacional”, que acorde con las expectativas, habría de permitir la llegada al poder de individuos convencidos del neoliberalismo, legitimados por los “votos democráticos”. Estos individuos debían de allanar aún más el camino para el Capital.

Debían, señalo, porque no pudieron hacerlo. Las reformas estructurales necesarias exigidas por el Capital encontraron resistencias sociales y políticas de envergadura. Aunado a ello, sucedió lo inesperado: los individuos escogidos para que desde el poder las llevaran a cabo demostraron una ineptitud, ésta sí sin precedentes, provocando una seria crisis de legitimidad del régimen construido desde 1982.

Hoy el Capital no tiene demasiadas dudas: puede regresar al compromiso con el Estado y desandar el camino andado en lo que recupera la iniciativa para imponerse por completo, o por el contrario, seguir la ruta trazada exigiendo lo que sea necesario para desbrozar el camino.

La decisión de combatir al narcotráfico por parte de Felipe Calderón pudo haber tenido como origen superficial, en efecto, el intento de ganar legitimidad ante el resultado electoral del 2006. Sin embargo, el evidente fracaso de esta medida (por más que aumentan arrestos y decomisos no se ve cómo esto pueda afectar al narcotráfico en sí), y los recientes acontecimientos en Honduras, me parece iluminan con claridad la razón profunda de lo hecho por Calderón: sacar al Ejército a las calles y otorgarle atribuciones extraordinarias como indica el periódico La Jornada el día de hoy, tiene por objeto hacer visible lo que el Capital quiere y necesita; esto es, un medio eficiente de imposición que a la par que intimide garantice las reformas estructurales que se necesitan para su expansión. Se trata de hacernos ver que ante la ineptitud, por un lado, y las resistencias por el otro, queda el camino hondureño.

En Honduras está claro que el Capital no duda por dónde ir: ante el panorama cierto jurídicamente consolidado en una Constitución que garantiza la permanencia de un grupo de familias poderosas a su servicio, practica un golpe de estado “civilizado” con el argumento de pretender (ni siquiera intentar) modificar su escenario ideal. Al presidente depuesto, que por cierto, llegó al poder con la venia de aquellas familias, se le acusa de acercarse peligrosamente a regímenes que afectan los pilares de la “vida hondureña”, es decir, la propiedad privada y la reproducción incesante del Capital, con su estela de desigualdad como signo de éxito.

Así las cosas, el Ejército en las calles mexicanas cumple la función de advertencia en el doble sentido de la palabra: avisar con amenaza, por un lado, y por el otro, hacernos fijar la atención en el poderío militar mexicano frente al que ni siquiera los malos del narcotráfico pueden, y que cuenta con la venia y simpatía de Estados Unidos.

Es en esto en lo que hay que fijarse.

domingo, julio 19, 2009

De tierra y cardinal

–De tierra eres, y además, cardinal –dijo la maga, después haberme echado las cartas y visto con detenimiento las palmas de mis manos–. No eres de los que sueñan –continuó tras breve pausa–, pero sí de los que caminan. Sabes claramente cuál es tu punto de partida y el de llegada. Por eso te da igual si caminas en línea recta o curva –concluyó.

Yo guardé silencio. Me dieron ganas de decirle que estaba equivocada. Y es que no lo supo, pero allí estás tú, que eres de agua. Eres esa fuente permanente en la que yo me vuelvo barro. En ti toda certeza terrestre se inunda, se ahoga; y es que sueles ser lluvia, otras huracán, las más de las veces ciclón. En ti y dentro de ti no hay referencia cardinal que valga, de la cual pueda asirme; en ti y dentro de ti floto, diluyéndome un poco más cada vez para renacer con la figura que tú imaginas, que me otorgas. Una figura que de momento no deja de mi otra cosa que un suspiro y una ligera añoranza de aquel ser de tierra y cardinal que fallidamente describió la bruja por unas cuantas monedas.

lunes, julio 13, 2009

Como caballo de carreta...

Después del 5 de julio numerosas y sesudas reflexiones se han hecho sobre las elecciones de ese día. Así mismo, los partidos políticos han hecho mea culpa o festinado los resultados. Unos “ya se vieron” en Los Pinos, otros ya se ven más lejos que antes de la casona del poder.

Las valoraciones hechas básicamente son cuatro: los ganadores son el PRI y el voto anulado; los grandes perdedores son tanto el PAN como el PRD; el consuelo: pese a todo el PAN se mantiene (la debacle pudo ser mayor); y por último: el voto anulado creció considerablemente, lo que constituye un “llamado de atención”. Con respecto a esto último destaca la interpretación de Alejandra Barrales que lo atribuye a un hartazgo de la ciudadanía con respecto al clima y discurso de confrontación, protagonizado sobre todo por el PAN (se sabe que la inteligencia de la susodicha es equiparable a su belleza, que como es de conocimiento general es superlativa; considérese sus muy tibias campañas electorales, sus licencias “oportunas”, sus mejores capacidades para ser fotografiada).

En lo personal me desconcierta la aparición de “nuevos actores” políticos. Al parecer el “llamado de atención” se convertirá en la puerta de entrada para “ciudadanos hartos” como Martí y Wallace. También será la puerta de entrada para nuevas organizaciones que reclamarán una reforma “verdaderamente democrática”, como los que se organizaron en torno a la anulación del voto. Ahora las consignas políticas se llenarán la boca de ciudadanía, arrepentimiento y no sé cuánta cosa más (basta con ver al tal Calderón, al PAN y al PRD). De hecho ya lo están haciendo. Tanta premura tiene límite: 2012.

¿Pero de algo servirá todo esto? Me parece que no. Como lo dice Arnaldo Córdova: ganaron los mismos de siempre. Con nuevo rostro, para 2012, ganarán los mismos de siempre. Y es que a los ciudadanos nos pasa como a los caballos de carreta: traemos bloqueados los ojos para ver solamente el camino que el conductor de carreta quiere...

jueves, julio 02, 2009

Por fin...

Por fin el silencio. Los escarceos electorales llegan a su fin. La radio, la televisión, los cines, regresan a su calma habitual. Ya no hay que escuchar a los candidatos, a los actores de telenovelas exitosas, a los que musicalmente nos dicen que son los buenos, a la directora de anuncios del sol amarillo.

Muchas cosas han pasado: el voto en blanco ya se convirtió en movimiento, dicen. La agenda propuesta abunda en temas que habrán de beneficiar a la democracia nacional. Al menos eso afirman. Las encuestas anuncian un incierto porcentaje de votos anulados y hoy un periódico de circulación nacional dice que los indecisos crecen. No-me-lo-puedo-creer.

Yo sigo pensando en la anulación de mi voto. No comparto las expectativas de encuestas ni asambleas ni agendas. Salirse de la lógica partidaria es la única opción que hoy parece relevante. Lo demás es, otra vez, jugar el juego de la fe. Fe cívica evidentemente; pero al fin y al cabo fe. No soy creyente. Ni tampoco me cobijo en las sesudas palabras de Zaid que mañosamente habla de una violencia asesina cuando no se juega el juego cívico y harto democrático de este país.

El silencio nocturno me arrulla. Pienso en ya no tener que escuchar, contra mi voluntad, tanto ir y venir de postulantes a la burocracia política. Miro el cielo. Pronto otras voces que no serán del silencio retumbarán en lo más íntimo de nosotros. Y entonces...

domingo, junio 28, 2009

Católico...

No, no soy católico ni cristiano. Repito lo que digo a menudo: si Dios existe, convencido estoy de que la única prueba que nos puso son sus creyentes aglutinados en iglesias diversas. Eso sí es un castigo. No me imagino otro modo de expiar alguna culpa originaria que convivir con ellos.

Leer la Biblia no hace daño a nadie. Es una compilación de escritos como lo es cualquier otra compilación. La única diferencia es que ahora he releído algunos pasajes de la mano de Harold Bloom. Un experimento que vale la pena realizar y que en modo alguno va en detrimento de la inteligencia; al contrario.

jueves, junio 25, 2009

Vida

Eres don que mengua, como dice en algún lugar en la Biblia. Creo así mismo lo que otro sabio escribió en los linderos de la muerte: de este don lo único que podemos dejar como herencia es el regocijo que no vive de "atrapar vientos" (escribe otro más en aquel libro sagrado).