Dice Tabucchi: los libros de viaje "poseen la virtud de ofrecer un doquier teórico y plausible a nuestro donde imprescindible y rotundo". Hay muchos tipos de viajes: los internos, los externos, los marginales. Este blog quiere llenarse de estos viajes, e invita a que otros sean también, con sus viajes, un doquier para mi donde.
martes, mayo 03, 2016
En mi cabeza...
En mi cabeza nubes grises, la premonición de una tormenta. Cada paso un dolor, la mirada buscando los imperceptibles restos de una belleza largo tiempo relegada. Mi voz confundida con esas voces que irreales inundan todos los rincones de ese incierto lugar entre mirada e hígado. Hay un dejo de tristeza en lo que veo. Me pregunto si esas huellas que conozco desde hace tiempo pero que no son mías caminan por mis pasos. El sol, en medio de un cielo horrendo, me distrae con su color naranja: el ocaso que no sé por qué me huele a final. Si como decía el novelista todo lo que en un tiempo fue es una herida, ¿de qué tamaño es la mía, la tuya, la nuestra? El desesperante ruido de los autos empujan la posible respuesta demasiado lejos. En mi cabeza hay, además de nubes, este concierto de voces que incordian. Al lado de mí no está ya ni siquiera aquel fantasma que solía caminar conmigo. La premonición parece no ser ya tal sino umbral que sin mucho ánimo cruzo.
domingo, abril 03, 2016
Mi primo y su secreto.
Gabriel García Ruiz murió esta madrugada. Era mi primo. Un hombre bueno que fue una incógnita para mí por el secreto que sin saberlo llevaba en sí.
Enterró a dos de sus hermanos, a su padre, a su esposa. Como todos, tuvo una vida llena de altibajos, pero a diferencia de casi todos parecía saber que la felicidad y la alegría se encuentran en una esfera independiente que tiene poca relación con las avatares de la vida, no pocas veces desgraciados y aviesos. Siempre me pareció que ese era su secreto: saber que esa esfera se cultiva, se procura, se protege. Su gesto parecía ser la escultura misma de ese secreto: en una suerte de solución de continuidad combinaba la tristeza y la alegría. Así lo recuerdo ante el féretro de su padre; así, cuando hablaba de su difunta esposa.
Nunca supe cómo llegó a ese secreto; por eso para mí era una incógnita. Hacia el final de su vida parecía arañar la felicidad completa: el amor, el ser abuelo, la posibilidad de un nuevo horizonte. Quedamos de vernos y eso ya no será posible nunca más. Así son la vida y la muerte: juntan, joden, separan. La enfermedad se lo llevó; sucumbió a esa asesina serial.
De mi primo me quedo con su secreto, ese que algún día quisiera alcanzar.
miércoles, marzo 23, 2016
Pinche mamón
11:30 de la mañana, metro Villa de Cortés. Suben al vagón en que me encuentro dos jóvenes que no pasan de los 23 años. Con la marcha del convoy uno de ellos comienza a recitar un poema. Lo hace de memoria, sin matices, con algo de prisa. Esta forma desmerece un bello poema, ese que comienza con “Espero curarme de ti”.
Fuese por la forma o porque la poesía no suele calar hondo en los usuarios del metro o porque todos saben que después del arte viene el sablazo, la mayoría ignora al joven que recita. Éste, al terminar, consciente de su fracaso, remata afirmando que ese es el México del siglo XXI, un país inmerso en la tecnología, en las relaciones virtuales, incapaz de la sonrisa sincera, de atender al otro. El gélido recibimiento a sus palabras le orilla a hablar del poema apenas recitado. Afirma que lo escribió el Subcomandante Marcos. Lo dice con aire de superioridad, como si el solo nombre le concediese una legitimidad que su ignorancia ignorada no le otorga.
Mientras pide dinero o sonrisas que no llegan, le miro curioso. De alguna manera este joven sintentiza parte de lo que sucede en el país: una superioridad moral que no se corresponde con un mínimo acto consecuente sino con un error emanado de la ignorancia en el mejor de los casos o con una flagrante mentira en el peor.
Cuando se aproxima a mí, le informo sonriente que ese poema no es del subcomandante. Por toda respuesta obtengo un iracundo “pinche mamón”. Definitivamente este es el México del siglo XXI: la ignorancia vuelta virtud; la moral, una bufanda de temporada que se usa a la moda; y la poesía una herramienta que sirve para ver por encima del hombro. No en todos por supuesto, pero sospecho que sí en muchos.
Como sea, yo llegué demasiado tarde al siglo XX y en el XXI soy un pinche mamón. Desterrado y desubicado en el metro de un país ultrarecontrarrequete moderno.
sábado, enero 23, 2016
Convalecer
Hay algo en el dolor que ata. El dolor físico, y ese otro dolor indefinido que podríamos decir se ubica en el alma. A esta hora, llevo acumulados dolores físicos muy particulares después de la operación a la que fui sometido. Y también dolores del alma. Pero lo que me sorprende es la cantidad de ondas de ternura y cariño que me llegan sea por medio de las palabras y actos, sea incluso por esas extrañas sensaciones compartidas a distancia sin mediar palabra alguna salvo para describir el suceso. Quizá sea esto lo que más me conmueve. Y estas lágrimas que de pronto y sin permiso brotan poco tienen que ver con el dolor y más con esa ternura. En esta muy voluntaria soledad, esa ternura se convierte en agradable cobija del corazón y del cuerpo que envuelve esos dolores físicos. Y así, cobijado, me sorprendo de la actitud de mi mano derecha para con mi izquierda. Recuerdo al Dalai Lama hablando sobre cómo una mano ayuda a la otra cuando está lastimada, no la castiga, no la penaliza. Así la una acarciando a la otra, hablándole con un lenguaje mudo Definitivamente muchas cosas me sorprenden, la mayoría de ellas triviales, pero así es como pasa uno la convalecencia: acostado, solo, pensando, y por fortuna sintiendo demasiado otras tantas cosas, no únicamente ese dolor físico que no cede.
jueves, diciembre 31, 2015
2015-2016
Este ir y venir; el trajín lineal que se detiene y ahoga en el ciclo; la gana de valorar, desear, suponer; la ceguera voluntaria e involuntaria; el ruido que pocas veces halla armonía alguna; las palabras, las dichas y las leídas; los silencios, los ligeros y los pesados; la permanente sensación de fracaso con el terror de saber que lo hecho “se desvanece en el aire”; la soledad, a veces liviana y alegre, otras pesada y devastadora; los muertos, los asesinados, los desaparecidos, que persiguen y corroen el tuétano; el encabronamiento y la furia; los vivos, no siempre agradables; yo, mucho menos soportable de lo que parece. Así los meses, así los días, así las horas. Y sin embargo, cuando cierro los ojos y me concentro en el silencio, hallo en mí los cariños, las sonrisas, las miradas de los que por su muy real gana han querido acompañarme en mi enrevesado vivir. A todos les agradezco; para todos (y cada uno de ustedes sabe que está en esa totalidad indefinida) un abrazo enorme; un abrazo de agradecimiento y de complicidad. Que sin ustedes mi mundo sería mucho más desértico de lo que a veces me parece. Lo mejor para lo que viene.
miércoles, noviembre 25, 2015
Arrojemos todos la primera piedra
En un mundo carente de sentido ni la moral se salva. Obsérvese cómo la moral, convertida en mero discurso sin sustento, se ha vuelto un conjunto de consignas útiles para pontificar al mismo tiempo que condenar y descalificar a los otros. Esto, que hasta cierto punto era frecuente en el ámbito religioso (ya se sabe, creyentes de una religión pero no practicantes de la misma) hoy es común en la política, la economía, la academia, la cultura y un largo etcétera. Funcionarios, políticos, empresarios, religiosos, académicos, intelectuales, etcétera, sacan su espada para cercenar la cabeza de sus enemigos, adversarios, contrincantes, competidores, santiguándose primero, bañándose en un pudor y una pureza de la que carecen en su vida cotidiana después, para luego acusar en los otros lo que en ellos es santo y seña. No todos es cierto, pero sí una creciente mayoría lo hace. Lo interesante es que hoy la moral es atractiva porque remoza el vacío y vacuna contra la pesada tarea de pensar críticamente la realidad. Arrojemos todos la primera piedra para que entre descalabrados y ciegos nadie note la bajeza del procedimiento ni tampoco lo muy mal habido. Esta y no otra es la nueva consigna de los tiempos. Y los espectadores aplauden a rabiar entre más sangre haya, porque después de todo, si no hay sentido en la vida, por lo menos que haya espectáculo.
miércoles, noviembre 11, 2015
domingo, noviembre 01, 2015
Una calaverita.
La Parca muy alebrestada estaba,
porque el día de muertos se aproximaba.
Muy emocionada ella bailaba,
porque pronto visitaría su república tan amada.
En la espera a que llegara el día,
la Parca vio que la Llorona por allí venía.
“Llorona de mis días, qué te pasa, que te veo más afligida”.
¡Ay Parca adorada, de esa tu república tan querida, vengo yo este día!
De esa república, Parca mía,
¡no queda ni una chirimía!
¡Ay Parca mía!,
en esa república tan querida,
¡la gente no muere un día,
sino que es desaparecida!
Mis lamentos ya no alcanzan para tanto Parca mía,
porque creo que ni tú a los miles que son hallarías.
porque creo que ni tú a los miles que son hallarías.
No vayas a tu república tan querida, Paraca mía,
que sin oficio ni beneficio ni allí te querrías.
que sin oficio ni beneficio ni allí te querrías.
Llorona de mi vida,
tremenda noticia llega de tu boca querida.
Pero Llorona mía,
sin una ofrendita vivir no podría.
Es la hora de cambiar Llorona mía.
Seré delincuente priista
en esa nueva y terrorífica monarquía.
miércoles, octubre 28, 2015
Pronunciarse no exime de asumir las consecuencias
En las actuales condiciones, pronunciarse por cualquiera de los candidatos a la rectoría de la UNAM es aceptar de hecho que la forma de esta designación, con todas sus implicaciones, es la correcta. Puede argumentarse que formalmente el mecanismo ideado hace décadas para designar un rector en la UNAM es adecuado en tanto que, por un lado, salva a la máxima casa de estudios de ser rehén de sus propios grupos políticos, particularmente de los que apelan a estrategias de presión para obtener sus prebendas, y por otro, establece un mecanismo de diálogo y negociación con su principal fuente de financiamiento, esto es, el gobierno federal. Sin embargo, esta argumentación es dolosa porque deliberadamente ignora que, de hecho, amparados en este mecanismo, varios grupos políticos se han enquistado en el poder universitario (la Junta de Gobierno es su muestra más clara), y que a menudo ese supuesto “diálogo” es en realidad un sometimiento a las directrices del gobierno en turno. De aquí que el tema de los méritos universitarios para ser rector sea lo de menos frente a un “oficio político” que pueda representar con eficacia ciertos intereses ante la comunidad universitaria y no, como cabría suponer, los intereses de la comunidad universitaria frente al resto de los intereses. Por esta razón, los universitarios (investigadores, profesores, trabajadores y estudiantes) inciden escasamente en esa designación. Después de todo, no son sus intereses los que están en juego sino los intereses de esos grupos políticos, y por sobre todas las cosas, los del gobierno federal.
Incluso, haciendo gala de una ingenuidad atroz, podría decirse que no está del todo mal que el gobierno federal tenga su incidencia dentro de la UNAM, puesto que de él proviene el dinero. Semejante argumentación incurre en el error de equiparar la lógica económica con la dinámica académica y la lógica y alcances del saber. Por debajo de este error, además, se ignora el hecho de que “el gobierno” no es una abstracción, sino que representa a su vez un conjunto de intereses que, en el caso de México, está a favor del negocio y el capital. Por esta razón, para ellos, la educación –de cualquier nivel– no es una inversión sino un gasto que es necesario justificar en función de evaluaciones, viciadas todas ellas. En este sentido, la tentación de arrojar la UNAM (la universidad más importante de este país y del continente americano) a la lógica del mercado, el negocio y la mercancía es enorme y hay muchas presiones en ese sentido. Como lo ha demostrado la educación privada, que más allá de su dudosa calidad lo que tiene de característico es la “adaptabilidad” al mercado, ella, la educación, es un negocio jugoso. La UNAM, además de ser molesta por su enorme calidad, podría ser un gran negocio, no cabe duda. Lo único que hay que hacer es minar su espíritu público con “oficio político” y con la ayuda de todas esas políticas que hasta ahora se han llevado a cabo dentro de la propia institución para minar la solidaridad entre la comunidad misma, evitando de esta manera una respuesta en conjunto a todo aquello que la pone en riesgo. El hecho de que en este proceso se hayan inscrito 16 candidatos y la Junta de Gobierno haya aceptado a 10 de ellos es evidencia de esta fragmentación, al parecer ya irreversible.
Como es evidente, desde los medios de comunicación masiva, que se sabe no son independientes, hay una orquestada y masiva estrategia de apoyo a uno de los candidatos. Dejando de lado su escaso lustre universitario, es claro que el énfasis implícito de su candidatura es su supuesto “oficio político” por haber fungido como funcionario de tercer nivel en el actual gobierno federal. Y ese es el problema: claramente su “oficio político” es el que requiere y necesita el gobierno federal ante la UNAM. Podría discutirse largamente en torno a su experiencia universitaria (director de un Instituto de 15 investigadores) y si su “oficio político” le da para una institución que es mucho más amplia y compleja incluso que cualquier subsecretaría de Relaciones Exteriores. Pero esa discusión es inútil. Porque de lo que se trata, en realidad, es de la colisión de dos intereses irreconciliables: los del gobierno federal ante la UNAM y los de la comunidad universitaria, que debieran prevalecer ante cualquier otro interés. Lo de la UNAM es el saber, la academia y su incidencia en la sociedad, en favor de la sociedad misma y no única y exclusivamente en favor del mercado y la acumulación de riquezas.
Pronunciarse, ahora, por cualquiera de los candidatos a rectoría es, con dolo o sin él, aceptar que es la forma correcta de designación, con todas sus implicaciones.
domingo, octubre 18, 2015
A escoger. Rompecabezas mexicano.
1. El Chapo logró “comprar” su impunidad total: aparecerá “muerto e irreconocible”.
2. El gobierno federal, en la intentona de salvaguardar su deteriorada imagen a raíz de la “filtración” del video de la fuga del Chapo que deja al descubierto la podredumbre de las instituciones, se inventa la inminente captura del capo.
3. Ante la filtración del video de la fuga del Chapo, el gobierno federal se ve en la necesidad política de romper su pacto con el capo y decide “sacrificarlo”.
4. Hay al interior del cártel una escisión que facilita el sacrificio del Chapo.
5. Estados Unidos presiona al gobierno federal montando un renovado acto de fuga del Chapo, esta vez herido.
miércoles, octubre 07, 2015
Una doble ofensa
La sucesión en la rectoría de la UNAM no es sencilla. A la ofensa del proceso mismo (una designación hecha por una “junta de notables” a espaldas de la comunidad universitaria) se suma en esta ocasión la caballada mediática en favor de un técnico-político que cuenta con grandes palmadas y benignas cartas con sello de la actual administración federal. De concretarse la designación de Alcocer, que al compromiso que propone de la UNAM con la iniciativa privada llama pomposa y tecnocráticamente “compromiso social”, la universidad se incendiará una vez más. En el actual contexto nacional, esta doble ofensa no podrá pasarse por alto ni la resignación logrará crear un ambiente estable. Veremos ahora de qué está hecha la trasnochada “junta de notables”.
martes, septiembre 29, 2015
No hay fe que valga.
Con algo de sorpresa escuché la entrevista que Pedro Miguel dio a pie de banqueta en la pasada marcha del 26 de septiembre. Según su decir, el régimen está cayéndose y poco importa cuándo se vaya Peña Nieto. En su sentir, el año transcurrido desde aquel infausto 26 de septiembre de 2015, ha servido para "mundializar" el tema. Para él, el "trending topic" de Ayotzinapa es indicio suficiente para detectar la caída del régimen.
La argumentación señalada es la reedición de aquella fe ciega en el inminente "fin de capitalismo" a raíz de sus crisis cíclicas. Aderezada, por supuesto, con esta nueva fe en lo virtual que viene a sustituir, en los sectores ilustrados, la fe religiosa. Y como toda fe lo que exige es creer sin más.
La pasada marcha del 26 de septiembre, realizada para conmemorar la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, demostró algunas cosas. Primero, en efecto, que al menos en un sector de la sociedad mexicana el tema no se olvida. Pese a todas las estrategias diseñadas para evitar la movilización social, ésta se llevó a cabo. Hay que decir que estuvo muy concurrida, quizá más de lo que se esperaba, si se le compara con las marchas más recientes que enarbolaban el mismo motivo.
Lo siguiente que demostró es que las autoridades de este país no han podido desentenderse del tema. Los reclamos de justicia siguieron a Peña Nieto hasta la ONU. Incluso el hecho mismo de que éste dirigiera su discurso ante Naciones Unidas contra el fantasma del populismo, ignorando por completo el tema de los normalistas desaparecidos, habla de la necesidad de no ayudar a difundir aún más el tema en el ámbito internacional, al mismo tiempo que de la estrategia electoral para el 2018 basada en el miedo.
Sin embargo, la marcha adoleció de lo mismo que ha adolecido desde el principio de las movilizaciones: derivar el apoyo y la simpatía en acciones políticas concretas que ejerzan una presión de tal magnitud que obligue al gobierno a dar solución efectiva al problema, o en su defecto, a renunciar, y no como hasta ahora que le ayude a "administrar el conflicto".
El gobierno actual entiende perfectamente que parte de su legitimidad está en su política exterior, y no en su política interior. Para tal efecto diseñó una estrategia de apertura comercial de recursos hasta hace poco intocables en el país, como el petróleo. De esta manera, la legitimidad que solicita al exterior viene antecedida por una oferta de negocios para el capital que encuentra, además, una sociedad desarticulada, poco instruida, capacitada para ser explotada, y dispuesta a asistir felizmente al festín de su propia miseria. Desde esta perspectiva, la administración del conflicto derivado de los sucesos de Iguala le viene más que bien, pues muestra al capital que el gobierno mexicano puede cumplir con creces la encomienda que se le haga: desaparecer, decretar, reprimir, controlar, media, cooptar, imponer, ignorar, etcétera.
A los gobiernos del mundo, todos ellos sumidos en sus problemas, rehenes todos en mayor y menor medida del capital, el tema de los normalistas puede conmoverlos efectivamente. Es más, pueden condenar los sucesos en caso de ser necesario el comportamiento "políticamente correcto". No obstante, desde hace tiempo, ellos han dejado de decidir realmente sobre la realidad. Para el capital, la muerte de los normalistas le es indiferente. Los negocios no tienen nada que ver con ello.
Esta percepción se reproduce con creces al interior del país. Analistas variopintos destacan el daño que las movilizaciones y reclamos sociales hacen a la inversión en México. Según ellos, el país requiere mostrar buena salud y no hacer grandes aspavientos para que los grandes capitales vengan a invertir. De lo contrario, el país quedará fuera de los beneficios "globales" de la economía mundial.
Esos analistas variopintos, además, insisten en subrayar la inutilidad de las normales rurales, nido de guerrilleros, dicen, o revoltosos, dicen, atribuyéndoles a los estudiantes normalistas la responsabilidad de un tema con el que se encontraron, que no escogieron: el abandono de un modelo educativo por parte del Estado en favor de mano de obra barata. Algunos más, haciendo gala de una suerte de "moral superior", prefieren ver engaño en todo: en los normalistas que protestan; en la sociedad que protesta por la desaparición de 43 de ellos pero "no se movilizó por la desaparición de otros miles"; en los que se indignan por algo que no les tocó ni de cerca; en la genuina honestidad de quienes protestan, porque, según ellos, son una bola de hipócritas, incluida Pontiawoska con su cartel en la marcha del sábado pasado. Analistas que favorecen la inmovilidad, la resignación, el desdén hacia las mayorías, a las que no soportan y menos entienden.
Otros analistas, los menos, hurgan en las profundidades. Encuentran responsabilidades de la tragedia en todos lados, no únicamente en el presidente municipal ahora preso. Tienen razón cuando arguyen que la responsabilidad llega incluso hasta las organizaciones estudiantiles por no actuar acorde con el entorno con el que tienen que lidiar, dominado por la corrupción, la impunidad, el narcotráfico.
Frente a todo esto, si bien las marchas y las manifestaciones públicas que exigen justicia y que se platean no olvidar en México y en el mundo son valiosas, no pasan de ser actos testimoniales. Ciertamente estos actos son muestra de una sociedad que no acaba de sentirse bien en el féretro al que le condena el neoliberalismo y la globalización; cierto que ellas incitan a la organización con diversos alcances y niveles; pero por desgracia, nada de eso se traduce en acción política alguna. Cuando los normalistas y los padres de los desaparecidos plantearon la única acción política de envergadura y de coyuntura (no votar), las buenas conciencias desestimaron el hecho y prefirieron no asumir acciones políticas de esta índole en favor de seguir y seguir en el escaparate de la organización, marchando y protestando.
Los zapatistas nos han dado muchas lecciones desde 1994. Ellos insisten en que la sociedad tiene que organizarse y luchar. Para ellos, según puede constatarse en su historia, la organización supone hacerlo para llevar a cabo acciones políticas, e incluso, como en su momento lo hicieron, militares. No supone, como muchos piensan, organizarse para dar entrevistas, para cuidar a las columnas que marchan, para volver "trending topic" una marcha, para salir a las calles diciendo "marchamos, luego existimos; existimos, luego marchamos".
El régimen no está cayéndose. De hecho, está a la ofensiva. Y lo que importa no es solamente que Peña Nieto se vaya, sino que la justicia reclamada se concrete en actos que lleven a su gobierno a ser juzgado y, de ser necesario, a encarcelar a sus integrantes. Y para eso, marchar no es suficiente. Para eso, el escaparate de la organización no es suficiente. Para eso, los partidos políticos no cuentan. Para eso, no hay fe que valga.
La argumentación señalada es la reedición de aquella fe ciega en el inminente "fin de capitalismo" a raíz de sus crisis cíclicas. Aderezada, por supuesto, con esta nueva fe en lo virtual que viene a sustituir, en los sectores ilustrados, la fe religiosa. Y como toda fe lo que exige es creer sin más.
La pasada marcha del 26 de septiembre, realizada para conmemorar la desaparición de 43 normalistas de Ayotzinapa, demostró algunas cosas. Primero, en efecto, que al menos en un sector de la sociedad mexicana el tema no se olvida. Pese a todas las estrategias diseñadas para evitar la movilización social, ésta se llevó a cabo. Hay que decir que estuvo muy concurrida, quizá más de lo que se esperaba, si se le compara con las marchas más recientes que enarbolaban el mismo motivo.
Lo siguiente que demostró es que las autoridades de este país no han podido desentenderse del tema. Los reclamos de justicia siguieron a Peña Nieto hasta la ONU. Incluso el hecho mismo de que éste dirigiera su discurso ante Naciones Unidas contra el fantasma del populismo, ignorando por completo el tema de los normalistas desaparecidos, habla de la necesidad de no ayudar a difundir aún más el tema en el ámbito internacional, al mismo tiempo que de la estrategia electoral para el 2018 basada en el miedo.
Sin embargo, la marcha adoleció de lo mismo que ha adolecido desde el principio de las movilizaciones: derivar el apoyo y la simpatía en acciones políticas concretas que ejerzan una presión de tal magnitud que obligue al gobierno a dar solución efectiva al problema, o en su defecto, a renunciar, y no como hasta ahora que le ayude a "administrar el conflicto".
El gobierno actual entiende perfectamente que parte de su legitimidad está en su política exterior, y no en su política interior. Para tal efecto diseñó una estrategia de apertura comercial de recursos hasta hace poco intocables en el país, como el petróleo. De esta manera, la legitimidad que solicita al exterior viene antecedida por una oferta de negocios para el capital que encuentra, además, una sociedad desarticulada, poco instruida, capacitada para ser explotada, y dispuesta a asistir felizmente al festín de su propia miseria. Desde esta perspectiva, la administración del conflicto derivado de los sucesos de Iguala le viene más que bien, pues muestra al capital que el gobierno mexicano puede cumplir con creces la encomienda que se le haga: desaparecer, decretar, reprimir, controlar, media, cooptar, imponer, ignorar, etcétera.
A los gobiernos del mundo, todos ellos sumidos en sus problemas, rehenes todos en mayor y menor medida del capital, el tema de los normalistas puede conmoverlos efectivamente. Es más, pueden condenar los sucesos en caso de ser necesario el comportamiento "políticamente correcto". No obstante, desde hace tiempo, ellos han dejado de decidir realmente sobre la realidad. Para el capital, la muerte de los normalistas le es indiferente. Los negocios no tienen nada que ver con ello.
Esta percepción se reproduce con creces al interior del país. Analistas variopintos destacan el daño que las movilizaciones y reclamos sociales hacen a la inversión en México. Según ellos, el país requiere mostrar buena salud y no hacer grandes aspavientos para que los grandes capitales vengan a invertir. De lo contrario, el país quedará fuera de los beneficios "globales" de la economía mundial.
Esos analistas variopintos, además, insisten en subrayar la inutilidad de las normales rurales, nido de guerrilleros, dicen, o revoltosos, dicen, atribuyéndoles a los estudiantes normalistas la responsabilidad de un tema con el que se encontraron, que no escogieron: el abandono de un modelo educativo por parte del Estado en favor de mano de obra barata. Algunos más, haciendo gala de una suerte de "moral superior", prefieren ver engaño en todo: en los normalistas que protestan; en la sociedad que protesta por la desaparición de 43 de ellos pero "no se movilizó por la desaparición de otros miles"; en los que se indignan por algo que no les tocó ni de cerca; en la genuina honestidad de quienes protestan, porque, según ellos, son una bola de hipócritas, incluida Pontiawoska con su cartel en la marcha del sábado pasado. Analistas que favorecen la inmovilidad, la resignación, el desdén hacia las mayorías, a las que no soportan y menos entienden.
Otros analistas, los menos, hurgan en las profundidades. Encuentran responsabilidades de la tragedia en todos lados, no únicamente en el presidente municipal ahora preso. Tienen razón cuando arguyen que la responsabilidad llega incluso hasta las organizaciones estudiantiles por no actuar acorde con el entorno con el que tienen que lidiar, dominado por la corrupción, la impunidad, el narcotráfico.
Frente a todo esto, si bien las marchas y las manifestaciones públicas que exigen justicia y que se platean no olvidar en México y en el mundo son valiosas, no pasan de ser actos testimoniales. Ciertamente estos actos son muestra de una sociedad que no acaba de sentirse bien en el féretro al que le condena el neoliberalismo y la globalización; cierto que ellas incitan a la organización con diversos alcances y niveles; pero por desgracia, nada de eso se traduce en acción política alguna. Cuando los normalistas y los padres de los desaparecidos plantearon la única acción política de envergadura y de coyuntura (no votar), las buenas conciencias desestimaron el hecho y prefirieron no asumir acciones políticas de esta índole en favor de seguir y seguir en el escaparate de la organización, marchando y protestando.
Los zapatistas nos han dado muchas lecciones desde 1994. Ellos insisten en que la sociedad tiene que organizarse y luchar. Para ellos, según puede constatarse en su historia, la organización supone hacerlo para llevar a cabo acciones políticas, e incluso, como en su momento lo hicieron, militares. No supone, como muchos piensan, organizarse para dar entrevistas, para cuidar a las columnas que marchan, para volver "trending topic" una marcha, para salir a las calles diciendo "marchamos, luego existimos; existimos, luego marchamos".
El régimen no está cayéndose. De hecho, está a la ofensiva. Y lo que importa no es solamente que Peña Nieto se vaya, sino que la justicia reclamada se concrete en actos que lleven a su gobierno a ser juzgado y, de ser necesario, a encarcelar a sus integrantes. Y para eso, marchar no es suficiente. Para eso, el escaparate de la organización no es suficiente. Para eso, los partidos políticos no cuentan. Para eso, no hay fe que valga.
jueves, septiembre 24, 2015
Los Cuadernos del Seminario de la Modernidad: Versiones y Dimensiones.
lunes, septiembre 14, 2015
País septembrino
País sombrero, país rebozo, país bigotito, país trenza. País papelito picado, país jarrito, país pozolero, tequilero, mezcalero. País tricolor. Ese país de escaparate. País de máscaras en las máscaras para ignorar que es un país devastado, herido, olvidadizo, de ánimo caliente y actitud cabizbaja. País disfrazado en cuyo interior ya sólo hay fantasmas de lo que fue y esqueletos contrahechos de lo que no es pero se le impone ser. País jodido con ropajes de moda y alta tecnología que se comunica –cuando lo hace– y comunica el desierto que es. País del "no me chingues" cuando todo él está chingado. País de papel, país de declaraciones, país de noticias que vuela sobre sangre y explotación. País democrático por fuera y autoritario por dentro. País rehén, país secuestrado, país hundido en el fango, condenado a campanas y gritos vacuos.
domingo, septiembre 13, 2015
Palabra del CIESAS. La construcción de una institución.
Les comparto, el último programa de esta serie, Palabra del CIESAS.
Palabra del CIESAS. La construcción de una institución from Isaacdoquier on Vimeo.
Palabra del CIESAS. La construcción de una institución from Isaacdoquier on Vimeo.
miércoles, septiembre 09, 2015
Ya estamos demasiado viejos...
Un día tú y yo estaremos allí, en medio del más absoluto desastre, cansados y agotados. Nuestro ánimo será el de los que saben que poco o nada se puede ante lo inevitable. Será un ánimo ambiguo, algo triste. Porque muchos de nuestros sueños se forjaron en la vana y maravillosa intención de contener lo incontenible, aunque en el fondo supimos casi desde siempre que íbamos a fracasar. Ese día tú y yo tendremos conciencia del sabor definitivo de la derrota. Estaremos allí, en medio del desastre, sin ganas de remover los escombros, cansados y agotados. Y pese a todo, tendremos que tomar una decisión. Lo haremos y quizá acabemos en trincheras distintas. Pero hasta entonces, sigamos como nos enseñó el Quijote; eso somos, eso hemos sido. Estamos ya demasiado viejos para hacer votos en favor de la cordura.
miércoles, agosto 05, 2015
Velocidad sospechosa
La justicia mexicana es tan habitualmente fallida que sorprende que ya se tenga a un presunto responsable del homicidio en la colonia Narvarte. Semejante reacción veloz es sospechosa, pues previamente desde la instancia responsable de la investigación se hicieron esfuerzos notables por explicar el asesinato como resultado de la fiesta y el robo. En otras palabras, desde el principio se hizo lo que fuese por quitarle a este múltiple homicido su connotación política y represiva Y quizá se lo siga intentando.
domingo, julio 26, 2015
...ni siquiera nos hemos enterado
Me preguntan si no tengo opinión sobre la fuga del Chapo. Por supuesto que la tengo, pero no pasa de ser solamente eso, una opinión. En ella incluyo todo cuanto han dicho u opinado otros, los especialistas, los políticos, los académicos, los periodistas, la gente común y corriente. Para mí, la “pista” fundamental se encuentra en la oportunidad política de la fuga. Sucedió en un momento de lucimiento gubernamental. Eso es lo que hay que valorar en su justa dimensión. ¿La fuga del Chapo afectó severamente al gobierno de EPN, o por el contrario, la magnitud del lucimiento le abrigó de cualquier responsabilidad en una fuga que, queda claro, no pudo llevarse a cabo sin la connivencia de las altas esferas del poder? Creo que en esta pregunta se cifra el secreto de la fuga del Chapo. Por desgracia, no tengo respuesta. Por un lado, si se atiende a los resultados políticos y sobre todo económicos del viaje oficial del ejecutivo mexicano a Francia puede suponerse que esta fuga le afectó severamente. Sin embargo, ¿no es esta afectación el camino seguro para presentar al gobierno mexicano como “víctima” de un cáncer (la corrupción) del que dice no ser responsable? Y al presentarse como víctima, ¿no se distancia, al menos públicamente, de una posible responsabilidad en esta fuga? Por otro lado, puede ser que efectivamente lo que se buscó con la fuga fue afectar severamente al gobierno mexicano. Eso supondría una lectura política y un “timing” que parece estar más allá de las posibilidades mismas del narcotráfico. Lo cual nos colocaría ante la presencia de una disputa política intestina de dimensiones inconcebibles porque indicaría con toda claridad la debilidad extrema del grupo que actualmente ostenta el poder político en este país. Estaríamos ante un grupo débil y sitiado, ¿por quién? Si este fuese el caso, ¿a qué nos conduciría? A una rearticulación del poder político informal, que como se sabe, es base y fundamento del poder político formal en México. En este sentido, quizá nos hallaríamos ante un golpe de Estado del que ni siquiera nos hemos enterado.
domingo, julio 12, 2015
Comparto esta reseña que aparece en el suplemento Ojarasca de este mes.
Una querencia entre cine y antropología
Una querencia entre cine y antropología
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