Dice Tabucchi: los libros de viaje "poseen la virtud de ofrecer un doquier teórico y plausible a nuestro donde imprescindible y rotundo". Hay muchos tipos de viajes: los internos, los externos, los marginales. Este blog quiere llenarse de estos viajes, e invita a que otros sean también, con sus viajes, un doquier para mi donde.
domingo, julio 12, 2015
La vanguardia mexicana
Ahora entendemos. Los penales de Alta Seguridad en México no son un castigo para delincuentes de alta peligrosidad, sino para su seguridad, que necesariamente debe ser alta. Cuando no la necesitan, salen por la puerta o por túneles o con subterfugios legales. México a la vanguardia en la redefinición mundial de las cárceles.
sábado, julio 04, 2015
Recordando a Monsiváis
Hoy, como parte del merecido festejo por los quince años de existencia del Faro de Oriente, se realizó una mesa de homenaje a Carlos Monsiváis.
viernes, julio 03, 2015
jueves, julio 02, 2015
Que ha muerto Jacobo
Que se ha muerto Jacobo. La suya es una más que representa la muerte de toda una época en nuestro país. No por supuesto la del periodismo sometido, chantajista, parcial, que tan bien representó, fomentó y cultivó. Este periodismo sigue allí, como el dinosaurio. Como la materia, este tipo de periodismo solamente se ha transformado. Lo que no cabe duda ha muerto, lo que ya casi desaparece, es toda una época en la que la modernización mexicana iba acompañada por un noticiero cuyo locutor usaba grandes audífonos y enormes y horrendos lentes; un locutor que hacía gala de una memoria prodigiosa; un locutor que podía hacer del clima noticia sin necesidad de minifaldas y escotes, como ahora es la usanza. Un locutor que entrevistó a todas las grandes personalidades de la época, lo mismo políticos que artistas, revolucionarios que premios nobel de todas las latitudes. Evidentemente, la calidad de esas entrevistas está a discusión, pero las hizo. Ese fue Jacobo. El cronista necesario e indispensable de los terremotos. El soldado raso del PRI, el símbolo de una televisión de jodidos para jodidos, ese que en 2006, en un acto de locura, en plena campaña electoral, dijo en su programa de radio al recibir a AMLO: "me levanto ante el próximo presidente de la República". Equivocado como casi todo lo que hizo, Jacobo estuvo siempre allí, pocas veces como periodista, a menudo como locutor, muchas veces como espectador, y siempre como soldado del régimen.
jueves, mayo 14, 2015
Otra vez, votar o no votar
A diferencia de otros años, ahora son muchos más los que se preguntan si vale la pena votar o si tiene algún sentido hacerlo. En procesos electorales previos, quienes hacíamos públicas estas preguntas, no pasábamos de ser en el mejor de los casos "bichos raros". Solía verse con mejores ojos a los que argumentaban en favor del "voto útil" y otras cosas por el estilo, siempre y cuando se ejerciera el derecho al voto. En el actual proceso, como resultado de los temas de Iguala, Tlatlaya, la Casa Blanca y demás, aumenta la cantidad de ciudadanos que dudan sobre las bondades de las elecciones.
La andanada en contra de la posibilidad de no ejercer el voto como decisión política ya está en marcha. Hay quienes con buena fe argumentan que eso favorecerá al PRI, y otros, sin malicia, intentan convencernos de que votar es una obligación cuyas bondades "podrían" ser enormes, además de que las elecciones son "pagadas" con nuestros impuestos: no hacerlo supondría un gasto inútil, tirar nuestro dinero a la basura, y ¿quién gusta de eso? Sin menospreciar la buena intención de quienes así se expresan, quisiera dirigir la mirada a otro lado.
Hay que tener presente que se trata de un proceso electoral intermedio. Esto quiere decir, en general, que es previsible que la participación electoral de los ciudadanos sea menor en comparación con las elecciones presidenciales. Una considerable abstención no será pues sorpresa alguna. Sin embargo, el gobierno en turno y los intereses económicos a él asociados están preocupados porque esta abstención puede "leerse" como una acción política derivada del movimiento social que surgió a raíz del caso Iguala. Recuérdese que en su momento este movimiento llamó a no participar en las elecciones en general para después, ante el nulo eco que tuvo, concentrar su discurso de abstención en Guerrero. Para evitar la posibilidad de que una acción como ésta tenga un significado político, "inocentemente" se programó un partido de futbol de la selección mexicana para el día de las elecciones, y lo que es peor, cotidianamente se exacerba la confrontación militar con el narco con el fin de expandir el miedo entre la población. Con estas medidas, lo que quieren es "atribuir" la abstención a algo totalmente distinto de la acción política: a la desidia, al miedo, al futbol.
El gobierno y los intereses en turno cuentan, además, con la incapacidad del movimiento social que exige la presentación con vida de los 43 desaparecidos para organizarse con el fin de ejercer una abstención como acción política. En efecto, al parecer el intenso enojo no dio lugar a una organización que en esta coyuntura electoral pudiese hacer sentir su desacuerdo en legitimar un régimen a través de las elecciones. Hay no cabe duda cierta tranquilidad en las esferas de poder.
Sin embargo, es necesario señalar que en nuestro país no existe un antecedente de una abstención generalizada organizada políticamente que, precisamente, con ese acto cuestione el régimen en su conjunto. Por tanto, lo que no sabemos es si con un acto de esta naturaleza quien quede en el poder podría gobernar. Me parece que muy fácilmente se desechan las consecuencias sociales de un acto que, en lo más básico, significaría no ceder la soberanía a un "representante", como nos enseñan hasta la saciedad en las escuelas. Las consecuencias de eso son impredecibles, y no solamente en cuanto a gobernabilidad se refiere.
Pero a no pocos les molesta que se les hable de posibilidades, de especulaciones o de cosas impredecibles. Lo que no ha existido no puede existir, dicen. Dejemos a un lado lo curioso que resulta que quien precisamente cree en paraísos nunca vistos y comprobados, piense y se comporte de esta manera. Concedamos que, por ahora, es mejor hablar de lo que se sabe. ¿Qué es, por tanto, de lo que sí podemos hablar? Fundamentalmente, a este respecto, podemos afirmar que a nuestro "sistema democrático" le es indiferente el voto del ciudadano. ¿Cómo es esto posible?, ¿acaso no se cuentan los votos?, ¿acaso no hemos creado un conjunto de instituciones diseñadas para proteger el voto y la decisión que ello conlleva?
Las respuestas a estas preguntas son afirmativas. El voto cuenta y hay instituciones que dicen protegerlo. Sin embargo, la indiferencia del voto para nuestro sistema democrático no se manifiesta allí, sino en otro lado. Como es evidente en las campañas electorales actuales, para los políticos el ciudadano no pasa de ser un estúpido que se conforma con denuncias, chistes, espectáculos, sorna, despensas, televisores y golpes. El contenido de estas campañas son el índice más claro del modo como en este país se entiende al ciudadano, sin que ello tenga relación directa con el cómo se entiende el ciudadano a sí mismo. Observemos que, al igual que sucede con la televisión en nuestro país (que según uno de sus empresarios más importantes, consiste en ser un espectáculo para jodidos), la política nacional se ha convertido exactamente en eso: en una política jodida y miserable. La preeminencia de esos "productos de televisión y espectáculo" en nuestro actual proceso electoral lo que demuestra, además del fundamento económico de la política, es justamente el predominio de esta perspectiva, concebida para ciudadanos que desde ella misma se conciben como jodidos y miserables. En este país, el ciudadano no vota por proyectos, vota por máscaras y juegos de palabras vacuas, tan miserables y jodidas las unas como las otras. Y lo cierto es que el verdadero proyecto no se dice, no se expone, no se plantea.
Frente a esto, el Instituto Nacional Electoral hace una campaña en favor del voto como si en verdad este país viviera en una democracia en la que el voto no fuese indiferente para el propio sistema. Muy sabio aconseja al ciudadano investigue a los candidatos y, de una manera que no especifica porque no existe, llame a cuenta a sus elegidos si no cumplen con lo prometido. Si el ciudadano le toma la palabra al INE se sorprenderá de hallar entre los candidatos una amplia mayoría que no sólo comparte sino que fomenta la idea de que el ciudadano es un estúpido que en el mejor de los casos puede recibir regalos, levantones de falda y besos y en el peor cabezazos y balazos; protagonistas gloriosos de una política miserable y jodida.
Si el ciudadano, en un acto de contrición, pensase que en realidad está exagerando y que es necesario conceder el beneficio de la duda, lo que encontrará de nuevo no son proyectos, sino generalidades con las que no se puede estar en desacuerdo: menos corrupción, mayor salario, agua para todos, delegaciones para todos, progreso, inglés, computación, etcétera. Y sin embargo, no hallará nada sobre la explotación de la que él mismo es objeto, ni sobre este modo ofensivo como se le concibe, ni sobre la devastación humana, social y natural que el sistema en el que vive prodiga, ni mucho menos algo, por supuesto, sobre algún proyecto para enfrentar eso que no se menciona. Lo que encontrará son recomendaciones implícitas: explotación sin corrupción, adecuación a la devastación, superación personal contra la barbarie, igualdad etérea frente a desigualdad real, merecimientos contra la exclusividad sin merecimiento, etcétera, pero hasta allí.
Lo que encuentra el ciudadano es un silencio absoluto sobre el proyecto real que está en marcha en nuestro país. Al dejarlo intacto, al no ser dicho ni explicitado, no requiere del voto para operar. Por eso puede afirmarse que para este proyecto el voto le es del todo indiferente. Por eso la "democracia mexicana" se juega en adornos, atuendos, arreglos. El voto por tanto, al no decidir sobre lo esencial en realidad lo que hace, su utilidad, es legitimar toda la estructura institucional que está realizando ese proyecto no dicho. El ciudadano no elige entre proyectos diferentes sino entre supuestas moralidades distintas. Y digo supuestas porque como lo demuestra el periodismo serio, nuestros políticos son, en su mayoría, la perla más perfecta de la corrupción.
El problema evidentemente no reside en la democracia, sino en el hecho de que en nuestro país ella obedece ciegamente a una lógica que le es por completo ajena. No se trata de "arreglar" la democracia sino de "acabar" con el sistema que también a ella la pervierte y la destroza. Pero paradójicamente se procede exactamente al revés: se quiere normar hasta lo indecible a la democracia dejando intacto el sistema que la pervierte. En esto gastan ríos de tinta profesores, académicos, analistas y demás. Parten del supuesto, que efectivamente se puede constatar, de que con el advenimiento de la democracia en el país han mejorado algunas cosas. Afirman que estos logros han costado tanto trabajo que no vale la pena echarlos por la borda. De manera sutil lo que exigen al ciudadano es un sacrificio permanente en la inteligencia de que si se elige bien puede que todo esto cambie en algún momento y para bien. Así, el ciudadano, desdeñado por los políticos, es conducido al sacrificio por bien intencionados pastores que ansían no sin razón el perfeccionamiento de nuestra democracia, pero solamente eso. De aquí que no resulte tan sorprendente la andanada en contra de la abstención o de la anulación del voto.
Puede decirse entonces que en la medida en que el voto no decide absolutamente nada importante con respecto a la modificación real del sistema en el que estamos inmersos, es completamente inútil. No votar, en tanto que objeción política al sistema, se queda solamente en eso en tanto que no encuentra la forma de organizarse para transformar una decisión personal en una acción política decisiva. Estamos justamente en una paradoja: votar es asumir la condición sacrificial que se nos exige; no hacerlo en las condiciones actuales es llevar a cabo una objeción de conciencia intrascendente. Ni lo uno ni lo otro nos lleva a algo distinto. Quizá a eso se refería el EZLN al afirmar que sea cual sea la decisión sobre el proceso electoral actual lo único que se puede vislumbrar es que las cosas se pondrán peor. De ser así, entonces, habría que tomar una decisión más inteligente que el sacrificio y la legitimación de lo que nos exige sacrificarnos. Quizá lo más importante sea ahora decidir no asumir esa doctrina que hoy nos invita a hacer algo para que nada cambie. Quizá como dicen los zapatistas, lo que nos queda es organizarnos pero no para tomar el poder ni para reformar la democracia, sino para efectivamente construir una alternativa distinta a sobrevivir a un mundo jodido y miserable.
La andanada en contra de la posibilidad de no ejercer el voto como decisión política ya está en marcha. Hay quienes con buena fe argumentan que eso favorecerá al PRI, y otros, sin malicia, intentan convencernos de que votar es una obligación cuyas bondades "podrían" ser enormes, además de que las elecciones son "pagadas" con nuestros impuestos: no hacerlo supondría un gasto inútil, tirar nuestro dinero a la basura, y ¿quién gusta de eso? Sin menospreciar la buena intención de quienes así se expresan, quisiera dirigir la mirada a otro lado.
Hay que tener presente que se trata de un proceso electoral intermedio. Esto quiere decir, en general, que es previsible que la participación electoral de los ciudadanos sea menor en comparación con las elecciones presidenciales. Una considerable abstención no será pues sorpresa alguna. Sin embargo, el gobierno en turno y los intereses económicos a él asociados están preocupados porque esta abstención puede "leerse" como una acción política derivada del movimiento social que surgió a raíz del caso Iguala. Recuérdese que en su momento este movimiento llamó a no participar en las elecciones en general para después, ante el nulo eco que tuvo, concentrar su discurso de abstención en Guerrero. Para evitar la posibilidad de que una acción como ésta tenga un significado político, "inocentemente" se programó un partido de futbol de la selección mexicana para el día de las elecciones, y lo que es peor, cotidianamente se exacerba la confrontación militar con el narco con el fin de expandir el miedo entre la población. Con estas medidas, lo que quieren es "atribuir" la abstención a algo totalmente distinto de la acción política: a la desidia, al miedo, al futbol.
El gobierno y los intereses en turno cuentan, además, con la incapacidad del movimiento social que exige la presentación con vida de los 43 desaparecidos para organizarse con el fin de ejercer una abstención como acción política. En efecto, al parecer el intenso enojo no dio lugar a una organización que en esta coyuntura electoral pudiese hacer sentir su desacuerdo en legitimar un régimen a través de las elecciones. Hay no cabe duda cierta tranquilidad en las esferas de poder.
Sin embargo, es necesario señalar que en nuestro país no existe un antecedente de una abstención generalizada organizada políticamente que, precisamente, con ese acto cuestione el régimen en su conjunto. Por tanto, lo que no sabemos es si con un acto de esta naturaleza quien quede en el poder podría gobernar. Me parece que muy fácilmente se desechan las consecuencias sociales de un acto que, en lo más básico, significaría no ceder la soberanía a un "representante", como nos enseñan hasta la saciedad en las escuelas. Las consecuencias de eso son impredecibles, y no solamente en cuanto a gobernabilidad se refiere.
Pero a no pocos les molesta que se les hable de posibilidades, de especulaciones o de cosas impredecibles. Lo que no ha existido no puede existir, dicen. Dejemos a un lado lo curioso que resulta que quien precisamente cree en paraísos nunca vistos y comprobados, piense y se comporte de esta manera. Concedamos que, por ahora, es mejor hablar de lo que se sabe. ¿Qué es, por tanto, de lo que sí podemos hablar? Fundamentalmente, a este respecto, podemos afirmar que a nuestro "sistema democrático" le es indiferente el voto del ciudadano. ¿Cómo es esto posible?, ¿acaso no se cuentan los votos?, ¿acaso no hemos creado un conjunto de instituciones diseñadas para proteger el voto y la decisión que ello conlleva?
Las respuestas a estas preguntas son afirmativas. El voto cuenta y hay instituciones que dicen protegerlo. Sin embargo, la indiferencia del voto para nuestro sistema democrático no se manifiesta allí, sino en otro lado. Como es evidente en las campañas electorales actuales, para los políticos el ciudadano no pasa de ser un estúpido que se conforma con denuncias, chistes, espectáculos, sorna, despensas, televisores y golpes. El contenido de estas campañas son el índice más claro del modo como en este país se entiende al ciudadano, sin que ello tenga relación directa con el cómo se entiende el ciudadano a sí mismo. Observemos que, al igual que sucede con la televisión en nuestro país (que según uno de sus empresarios más importantes, consiste en ser un espectáculo para jodidos), la política nacional se ha convertido exactamente en eso: en una política jodida y miserable. La preeminencia de esos "productos de televisión y espectáculo" en nuestro actual proceso electoral lo que demuestra, además del fundamento económico de la política, es justamente el predominio de esta perspectiva, concebida para ciudadanos que desde ella misma se conciben como jodidos y miserables. En este país, el ciudadano no vota por proyectos, vota por máscaras y juegos de palabras vacuas, tan miserables y jodidas las unas como las otras. Y lo cierto es que el verdadero proyecto no se dice, no se expone, no se plantea.
Frente a esto, el Instituto Nacional Electoral hace una campaña en favor del voto como si en verdad este país viviera en una democracia en la que el voto no fuese indiferente para el propio sistema. Muy sabio aconseja al ciudadano investigue a los candidatos y, de una manera que no especifica porque no existe, llame a cuenta a sus elegidos si no cumplen con lo prometido. Si el ciudadano le toma la palabra al INE se sorprenderá de hallar entre los candidatos una amplia mayoría que no sólo comparte sino que fomenta la idea de que el ciudadano es un estúpido que en el mejor de los casos puede recibir regalos, levantones de falda y besos y en el peor cabezazos y balazos; protagonistas gloriosos de una política miserable y jodida.
Si el ciudadano, en un acto de contrición, pensase que en realidad está exagerando y que es necesario conceder el beneficio de la duda, lo que encontrará de nuevo no son proyectos, sino generalidades con las que no se puede estar en desacuerdo: menos corrupción, mayor salario, agua para todos, delegaciones para todos, progreso, inglés, computación, etcétera. Y sin embargo, no hallará nada sobre la explotación de la que él mismo es objeto, ni sobre este modo ofensivo como se le concibe, ni sobre la devastación humana, social y natural que el sistema en el que vive prodiga, ni mucho menos algo, por supuesto, sobre algún proyecto para enfrentar eso que no se menciona. Lo que encontrará son recomendaciones implícitas: explotación sin corrupción, adecuación a la devastación, superación personal contra la barbarie, igualdad etérea frente a desigualdad real, merecimientos contra la exclusividad sin merecimiento, etcétera, pero hasta allí.
Lo que encuentra el ciudadano es un silencio absoluto sobre el proyecto real que está en marcha en nuestro país. Al dejarlo intacto, al no ser dicho ni explicitado, no requiere del voto para operar. Por eso puede afirmarse que para este proyecto el voto le es del todo indiferente. Por eso la "democracia mexicana" se juega en adornos, atuendos, arreglos. El voto por tanto, al no decidir sobre lo esencial en realidad lo que hace, su utilidad, es legitimar toda la estructura institucional que está realizando ese proyecto no dicho. El ciudadano no elige entre proyectos diferentes sino entre supuestas moralidades distintas. Y digo supuestas porque como lo demuestra el periodismo serio, nuestros políticos son, en su mayoría, la perla más perfecta de la corrupción.
El problema evidentemente no reside en la democracia, sino en el hecho de que en nuestro país ella obedece ciegamente a una lógica que le es por completo ajena. No se trata de "arreglar" la democracia sino de "acabar" con el sistema que también a ella la pervierte y la destroza. Pero paradójicamente se procede exactamente al revés: se quiere normar hasta lo indecible a la democracia dejando intacto el sistema que la pervierte. En esto gastan ríos de tinta profesores, académicos, analistas y demás. Parten del supuesto, que efectivamente se puede constatar, de que con el advenimiento de la democracia en el país han mejorado algunas cosas. Afirman que estos logros han costado tanto trabajo que no vale la pena echarlos por la borda. De manera sutil lo que exigen al ciudadano es un sacrificio permanente en la inteligencia de que si se elige bien puede que todo esto cambie en algún momento y para bien. Así, el ciudadano, desdeñado por los políticos, es conducido al sacrificio por bien intencionados pastores que ansían no sin razón el perfeccionamiento de nuestra democracia, pero solamente eso. De aquí que no resulte tan sorprendente la andanada en contra de la abstención o de la anulación del voto.
Puede decirse entonces que en la medida en que el voto no decide absolutamente nada importante con respecto a la modificación real del sistema en el que estamos inmersos, es completamente inútil. No votar, en tanto que objeción política al sistema, se queda solamente en eso en tanto que no encuentra la forma de organizarse para transformar una decisión personal en una acción política decisiva. Estamos justamente en una paradoja: votar es asumir la condición sacrificial que se nos exige; no hacerlo en las condiciones actuales es llevar a cabo una objeción de conciencia intrascendente. Ni lo uno ni lo otro nos lleva a algo distinto. Quizá a eso se refería el EZLN al afirmar que sea cual sea la decisión sobre el proceso electoral actual lo único que se puede vislumbrar es que las cosas se pondrán peor. De ser así, entonces, habría que tomar una decisión más inteligente que el sacrificio y la legitimación de lo que nos exige sacrificarnos. Quizá lo más importante sea ahora decidir no asumir esa doctrina que hoy nos invita a hacer algo para que nada cambie. Quizá como dicen los zapatistas, lo que nos queda es organizarnos pero no para tomar el poder ni para reformar la democracia, sino para efectivamente construir una alternativa distinta a sobrevivir a un mundo jodido y miserable.
sábado, febrero 21, 2015
El resultado de una querencia: Antropovisiones
El desarrollo tecnológico en el que vivimos inmersos ha provocado cambios radicales, particularmente en lo que se refiere a la imagen. No cabe duda que actualmente presenciamos –y somos partícipes– de una realidad novedosa: el mundo de las imágenes ha dejado de ser tal (es decir, un mundo limitado por lo menos en cuanto a su producción, no tanto en cuanto a su “percepción”) para convertirse en un inconmensurable arsenal de imágenes del mundo. Las imágenes fijas y en movimiento, editadas y sin editar, pueblan nuestra vida cotidiana. Los megapixeles en dispositivos móviles, las funciones automáticas que “facilitan” y sustituyen cierto saber sobre la generación y producción de imágenes, los programas y aplicaciones que vuelven “artística” o “estética” cualquier imagen (incluso los autorretratos, llamados selfies, en los baños antes o después de la ducha), nos aproximan vertiginosamente a esa realidad virtual que termina por “embrujar” y “sustituir” a la realidad real, como lo expresó Win Wenders en su película Hasta el fin del mundo (1999). Película que se sitúa en una época en la que, como resultado de una supuesta catástrofe nuclear, algunos sobrevivientes ya no viven sino se sientan frente a las imágenes que un misterioso aparato proyecta; imágenes de sueños y recuerdos que lejos de ayudar a volver a tener presente la civilización ida, evitan el fastidio mismo de vivir incluso la propia vida.
En pocas palabras, las imágenes ya no son sobre el mundo sino del mundo: lo que se ha perdido es la distancia necesaria entre el mundo y la imagen. Hoy el mundo es la imagen que de él se capta y difunde. Mientras la distancia nos permitía saber que el mundo era algo más que la imagen (a fin de cuentas un instante fijado en un flujo continuo del tiempo), hoy pareciese ser que el mundo es lo que el cúmulo de imágenes nos dice que es. Las imágenes pues son del mundo: no sólo le pertenecen sino que son el mundo mismo: vivimos en un gran selfie del mundo. Para algunos, esta pérdida de distancia es en realidad una ganancia; para otros, es una tragedia.
Semejante circunstancia, novedosa a todas luces, afecta distintos niveles del modo en que nos aproximamos a las imágenes. Su lenguaje, su abecedario y su técnica, las más de las veces se ignora, lo cual no obsta para producir y difundir imágenes, pero incluso entre quienes les conocen parece prevalecer la senda bíblica de Babel: la especificidad del lenguaje fotográfico, cinematográfico o documental se confunde con el de la propaganda, la publicidad y la televisión. La espontaneidad y rapidez con que actualmente se puede producir y editar una imagen hace creer a una amplia mayoría, incluso dentro de los sectores académicos, que el registro y difusión, con su toque de “creatividad”, es igual a la construcción de un discurso audiovisual que documenta un segmento de la realidad. Por supuesto, esto no es así, aunque sólo sea por el hecho de que lo segundo, es decir, el documental tiende a provocar el pensar, analizar y meditar el mundo, no a consumirlo como si se tratase de una golosina dispuesta allí a ser solamente consumida, como acontece con la publicidad, la propaganda, la televisión. En suma, existe una gran distancia entre captar y difundir un hecho, por ejemplo, un asalto, una pelea, y el registro y producción de imagen con la finalidad de ayudar a reflexionar sobre la violencia misma. Lo primero es un asunto de distracción, de testimonio, de noticia; lo segundo es lo propio del documental, de una vertiente del cine, de una vertiente de la fotografía.
Lo que digo se puede constatar con la serie que hoy presentamos, ideada, pensada y dirigida por Victoria Novelo. Llamada Antropovisiones, es una serie de nueve documentales de aproximadamente media hora cada uno, salvo el más reciente que es del doble de duración, realizada entre 1999 y 2011. Como su nombre lo indica, se trata de un conjunto de visiones sobre la antropología, o mejor dicho, sobre ciertos temas que una vertiente de la antropología trabaja. Puede afirmarse, incluso, que se trata de un conjunto de visiones sobre el ser humano, ya sea inmerso en diversas problemáticas: el alcoholismo (El secreto del alcohol), la marginación (La calle de los niños), la migración (El yalalteco nunca se acaba), la vejez (Historias de gente grande); o bien realizado diversos trabajos (Artes y oficios mexicanos; Camaristas, autoretratos indígenas); sea historiando temas ricos y complejos (Lacandona, medio siglo de sueños; Mexicanerías. La construcción del México típico); o reflexionando sobre el propio hacer del antropólogo en una época signada por la barbarie (Trabajo de campo en tiempos violentos).
Al ver la serie completa, una pregunta es obligada: ¿qué razón o motivo pudo llevar a Victoria Novelo a ocuparse en esta serie durante 12 años? Sobre todo, si se tienen en cuenta las adversas condiciones en las que lo hizo, tan comunes en todas las instituciones académicas de este país que no son privadas (recorte presupuestal, gigantismo burocrático, ofensiva política, desinterés, etcétera). Parte de la respuesta se encuentra en su formidable querencia con el cine, que se le afianzó con aquel legendario documental llamado El grito. Aunque fuese de manera indirecta y un tanto lejana de la producción formal, Novelo estuvo allí, cuidando, protegiendo, a los que entre moviola y celuloide, se esforzaron porque ese testimonio de lucha estudiantil de 1968 se concretara y difundiera. Desde entonces, Novelo sigue cultivando esa querencia; Antropovisiones es uno de sus resultados.
Otra parte de la respuesta tiene que ver con su profesión: la antropología. No estoy seguro de si alguna vez lo ha dicho, pero es muy evidente la estrecha vinculación entre su cinefilia con su objeto de estudio preferido: la artesanía y el oficio de artesano. Hay que recordar que en los lejanos años sesenta del siglo pasado, no existía la facilidad tecnológica de hoy, si bien ya despuntaba. La edición lineal, propia de la producción cinematográfica y documental, exigía lo que me parece todo artesano sabe exige la artesanía: un saber, una destreza, mucha paciencia y algo de intuición. Victoria Novelo se ha distinguido como antropóloga por estudiar a fondo eso que se llama artesanía y a sus productores, los artesanos. Sucede como si en ellos, en su hacer, hubiese un reflejo de su propia querencia cinematográfica, incluida su producción. Y no es difícil concluir que su hacer antropológico también es deudor de ese vínculo entre pasión cinematográfica y artesanos y artesanías: en él hay paciencia, saber, oficio (que es un modo de llamar a la destreza) e intuición. Cuando pienso esta vinculación la única palabra que se me viene a la cabeza es cernir. La querencia y el oficio ciernen. Antropovisiones es algo que se cernió en 12 años. Y me parece que su resultado vale mucho la pena.
Pero Victoria Novelo, además, como antropóloga, ha contribuido a fundar instituciones y el trabajo en las instituciones no le es ajeno. Dentro del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), del que es profesora-investigadora emérita, se ocupó del área de publicaciones y difusión. Esa experiencia le confirmó lo que en general se sabe o intuye: que a menudo el trabajo académico se queda entre sus propias paredes, convirtiendo lo que alguna vez fue diálogo en monótonos soliloquios. Para superar semejante destino, diseñó una estrategia para difundir y vincular a la institución con la sociedad: venta de bodega de libros, ciclos de cine, etcétera. Fue allí, donde gestó la idea de la serie Antropovisiones que, como reza su sello inicial, es una “serie basada en los trabajos del CIESAS”. Así, la serie puede entenderse también como el resultado de una fuerza centrípeta de tendencias que operan de manera radical en Novelo: el cine, el oficio, la antropología, la difusión. De este modo también se entiende que le haya dedicado tanto tiempo de su vida.
La serie Antropovisiones, que hoy se nos ofrece como una colección en 4 dvds, nos muestra algo fundamental: que la transformación tecnológica no debiera significar la eliminación de la distancia entre imagen y mundo, como exige la situación actual. Comparado el primer documental (El secreto del alcohol) con el más reciente de la serie (Trabajo de campo en tiempos violentos) salta a la vista la transformación tecnológica de las cámaras y el audio utilizado, sin embargo, la técnica y la estructura, puede decirse, es la misma: un tema central visto por un especialista –un investigador del CIESAS–, y un conjunto de voces que acompañan o incluso disienten de él en algún aspecto. Es claro en cada documental que Victoria Novelo estudió lo sostenido por el investigador que asesora y participa en cada documental, que ellos le abrieron las puertas de sus propios informantes o le sugirieron alguna entrevista, por ejemplo, en Mexicanerías. La construcción del México típico. También es notorio, por ejemplo en La calle de los niños, que la investigadora Elena Azaola le dio pauta sobre el lugar posible donde filmar o grabar. Lo mismo sucede en El yalateco nunca se acaba o en Historias de gente grande o en Lacandona, medio siglo de sueños, etcétera.
En ninguno de los documentales de esta serie hacen falta planos secuencias complejos, uso de fotografías, litografías, fragmentos de cine, objetos que constituyen un discurso visual pertinente y adecuado. Incluso, cuentan con secuencias dramáticas, como la de los niños de la calle o de alcohólicos tirados en la calle o siendo objeto de una auscultación médica que los enfrenta a una situación grave que les hace llorar frente a cámara. Tampoco faltan peculiares metáforas, como sucede en Trabajo de campo en tiempos violentos, cuando aparecen un conjunto de balas a manera de viñeta o ciertas tomas áreas que deliberadamente crean vértigo para hablar de la exclusión social como en La calle de los niños. Por supuesto que todo esto se debe a la mirada de los directores invitados de cada documental, con los que Novelo trabajó intensamente (y supongo que también conflictivamente), hasta que hizo una mancuerna creativa con Andrés Villa, con quien hizo los documentales más recientes.
El sello de la serie es una secuencia hermosa. Se trata de una puerta de madera tallada, pesada y dura, que franquea el paso de la Casa Chata (una casa que data del siglo XVIII). La puerta se abre de par en par, como dando la bienvenida al espectador a lo que hacen los investigadores del CIESAS. Y esto es lo importante de la serie: muestra los temas que interesan a ciertos investigadores de esta institución. Llama la atención que en los abordajes propuestos por esta serie, prevalezca la mirada de los antropólogos, de los actores sociales, y no el de las instituciones. Esto tiene su explicación. Como se sabe, la antropología mexicana ha librado una batalla enorme por sacudirse la huella con que nació: ser un brazo, una herramienta, de las instituciones del Estado mexicano. Lo que en esta serie se nos muestra con peculiar fuerza es un “momento” privilegiado de una parte de la antropología mexicana que se define por su ambición, su necesidad, y hasta su necedad podríamos decir, de observar críticamente y de ser un mediador activo entre una realidad social –problemática no cabe duda–, y las instituciones que están allí, o debieran de estarlo, para atender y acometer las soluciones que esa vida social demanda. Fue un “momento” privilegiado, digo, porque hoy en día las políticas oficiales de la antropología, y de algunas de las instituciones académicas en que ella se cultiva, es precisamente un salto mortal hacia atrás, disfrazado de sabiduría y creatividad: volver a ser brazos institucionales de gobiernos y empresas, no para atender problemáticas sociales, sino para servir de palabra prestigiosa en el convencimiento de que lo que se decide desde arriba es lo que mejor conviene a los actores sociales. Me parece que Victoria Novelo pertenece a ese “momento” privilegiado en el que la antropología se pensó en mediadora de abajo hacia arriba, y no como ahora, de arriba hacia abajo. Puede que yo esté equivocado, pero la serie Antropovisiones eso muestra: es Eduardo Menéndez afirmando que el alcoholismo es algo con lo cual se debe vivir y regular socialmente; es Ricardo Pérez Montfort argumentado cómo lo “típico” es una construcción del nacionalismo mexicano, ideología hegemónica que todo lo uniforma; es Felipe Vázquez argumentando que la etapa más larga de la vida (la vejez) es la más descuidada por las instituciones; es Jan de Vos insistiendo que la Lacandona concita un conjunto de contradicciones y expresiones culturales y políticas que no son reducibles a las políticas oficiales de los gobiernos estatales; es Carlota Duarte, mostrando que la revaloración de la cultura indígena no solamente pasa por su reconocimiento o por su instrucción sino por la transferencia de medios que supone el uso de una cámara fotográfica, etcétera. En ninguno de ellos se habla desde las instituciones, es más, lo que es claro es su ausencia, como en el documental Trabajo de campo en tiempos violentos.
Es difícil concebir que en un trabajo de 12 años, esta perspectiva implícita de la serie Antropovisiones sea un descuido o un error. Creo, por el contrario, que es la expresión consciente de una antropóloga que si bien no podía adivinar el camino por el que optaría la política oficial en la antropología, estaba felizmente consciente de aceptar “el encargo” social que se le hacía a su disciplina: y lo hizo como lo hace un artesano: con paciencia, saber, oficio e intuición. Ojalá que esta serie tenga toda la difusión que merece, y ojalá que Victoria Novelo se anime a producir y dirigir los cuatro documentales restantes que faltan para cumplir con el proyecto original de la serie. Ojalá que las puertas de la antropología no se cierren al uso de nuevos lenguajes para difundir su quehacer, y ojalá que esa puerta se siga abriendo de abajo hacia arriba, y no sola y únicamente de arriba hacia abajo. Espero, pienso, que con series como esta, los nuevos antropólogos, sobre todo los antropólogos en ciernes, puedan encontrar el arsenal para liberar una nueva batalla dentro de sus campos, y que en esta batalla no se olviden que se trata de reflexionar sobre el mundo, no hacer imágenes del mundo.
Isaac García Venegas
Laboratorio Audiovisual del CIESAS
viernes, febrero 13, 2015
El tamaño de la tristeza
Viajo en la larga serpiente naranja que me lleva a un destino incierto: la remota posibilidad de la concreción de un proyecto. En el trayecto leo con furia un texto para intentar entender por qué el discurso racional de algunos intenta volver aceptable la barbarie de Iguala. En una estación, al abrirse la puerta, entra una pareja cuya tristeza es infinita. El mundo parece ahogarlos. Aunque no lo son, parecen dos viejos que descienden de un calvario, de El Calvario. Una, dos estaciones permanecen cabizbajos, en silencio. Lágrimas corren por sus mejillas. El hombre comienza a hablar, o mejor dicho, lo intenta. Solamente balbucea. Otra estación más y logra decir algo: su hija murió. Se la entregan a las tres de la tarde. Le piden 300 pesos. “Sé que nadie nos va ayudar. Hemos pedido ayuda y nadie nos la da. Nuestro dolor es tan grande que podemos soportar muchas negativas. Pero Por favor si alguien puede, ayúdenos, y si alguien quiere, acompáñenos”, dice entre lágrimas y mocos. Saco de mi pequeña mochila un paquete de pañuelos que le extiendo. Él con un movimiento de cabeza agradece mientras la esposa solloza quedamente, como ausente. Saco de mi cartera los únicos 200 pesos que tengo. Se los doy a ella. Quiero decirles algo pero su tristeza es el poema más terrible de la vida. Me quedo mudo. Les pongo a ambos una mano sobre el hombro. Ellos lloran y agradecen. Les faltan solamente 100 pesos... y un infierno. Bajo de la serpiente naranja. A mi dolor físico se suma el dolor del mundo y esta tristeza infinita.
lunes, febrero 09, 2015
Libro recién editado en Ecuador sobre Bolívar Echeverría
Recién me encuentro en PDF este libro, recientemente editado en Ecuador, sobre Bolívar Echeverría. Contribuyo modestamente con un texto. Creo que el libro, en conjunto, es bastante interesante. Aquí se los dejo.
domingo, noviembre 23, 2014
Proyección del programa "La construcción de una institución" de la serie Palabra del CIESAS
Extiendo una cordial invitación para que asistan a la proyección del programa número 20 de la serie Palabra del CIESAS, llamado "La construcción de una institución". A través de entrevistas a cinco exdirectores de esta institución, se abordan cuarenta años de existencia, con sus dificultades y logros.
La cita es el miércoles 26 de noviembre del presente, a las 11:00 hrs., en el Auditorio del CIESAS, en Juárez #222.
Los esperamos.
La cita es el miércoles 26 de noviembre del presente, a las 11:00 hrs., en el Auditorio del CIESAS, en Juárez #222.
Los esperamos.
lunes, noviembre 17, 2014
Usté disculpe
La novedad es que las tragedias de este país son resultado de una serie de errores indeseados. Por esta razón, es necesario que la población afectada, inquieta y molesta con las consecuencia de esos errores acepte las disculpas que de corazón se ofrecen a diestra y siniestra.
Que hubo balazos dentro de la UNAM, se trató de un error de un integrante de la PGJ-DF que cumpliendo un deber no supo manejar la situación. Usté disculpe, dice la instancia correspondiente. El responsable ya está preso.
Que horas después, derivado de la confusión de lo sucedido anteriormente, y en la necesidad de recuperar el vehículo de la PGJ-DF, al que por cierto, unos malosos prendieron fuego, hayan llegado 500 elementos de la policía local e ingresado al territorio universitario, persiguiendo a estudiantes que por allí andaban, fue un error del mando policiaco de la zona sur. Usté disculpe, dice la instancia correspondiente. El mando policiaco ya está destituido.
Que dos actos individuales hayan violado la autonomía universitaria, es un error que asume el gobierno de la ciudad. Usté disculpe, no volverá a suceder.
Que haya habido disparos al aire dentro del territorio universitario y que hayan resultado heridos dos estudiantes, uno más que el otro, fue un error humano de un servidor público que se puso nervioso. Usté disculpe que en principio hayamos calificado el hecho de un altercado violento. Así nos lo reportaron en la Torre. Ya procedimos legalmente en contra del responsable.
Que la policía haya entrado y cercado nuestra universidad se debió a un error de un mando policiaco al que, por cierto, el gobierno de la ciudad ya destituyó. Con ello ofreció respeto a la autonomía universitaria y un “usté disculpe”, lo que es suficiente para nosotros, los de la Torre. Que no se vuelva a repetir, les dijimos. Usté disculpe, es que ya ve que en esta universidad todos hacen lo que les viene en gana.
Que la autonomía universitaria no significa extraterritorialidad es cierto. Usté disculpe que no haga público que lo que sí significa son ciertos procedimientos que, incluso, la policía debe respetar. Pero es que si lo hago público, tendré que disculparme por haber avalado la entrada de personal de la PGJ-DF al campus universitario. Usté disculpe, lo que pasa es que no sabíamos que era tan complicado encontrar un celular robado en sábado en medio de movilizaciones estudiantiles por 43 desaparecidos y algunos muertos.
Que ande yo encapuchado se debe sobre todo a la necesidad de proteger mi piel de los posibles riesgos del cáncer de piel. Usté disculpe, es que mi oficio requiere de andar mucho tiempo al sol y cerca de fogatas.
Que haya 43 normalistas desaparecidos, se debe a que tuvieron la mala suerte de llevarse un camión en el que había 35 kilos de goma de opio. Ya ve, los malos no tienen muy buen control de lo que hacen. Usté disculpe, todo se debió a una confusión. Pero ya tenemos a todos, menos a los 43.
Que haya declarado que a los 43 los calcinaron de manera terroríficamente espectacular es lo que me dijeron los especialistas. Usté disculpe que en mi equipo no haya nadie que hubiese reparado en que ese día llovió y llovió. Usté disculpe, pronto le daré otra explicación.
Que nos hayamos hecho cargo de la desaparición de los 43 normalistas 10 días después de lo sucedido, se debe a un asunto de jurisdicción. Usté disculpe, pero así es nuestra constitución, que como usted sabe es sagrada.
Que en nuestro partido propusimos como candidato a presidente municipal a alguien que desde antes de su postulación era conocido por sus vínculos con los malos fue un error administrativo. Usté disculpe, no volverá a suceder.
Que esto es terrible y que se debe a la maldad de unos cuantos corruptos es cierto. Usté disculpe, pero lo que nos hace falta es un pacto anticorrupción. Ahora que lo tengamos todo cambiará.
Que no veo por qué andan tan enojados por mis viajes y mi casa. Usté disculpe, pero es el peso de la presidencia en mis hombros. Pero eso no le da derecho de andar llevando las protestas demasiado lejos. Lo que de ustedes espero es un “usté disculpe”, si no, me veré en la penosa necesidad de usar la fuerza porque, usté disculpe, el Estado tiene el derecho de eso y más.
Y así, la nueva política del país comienza y termina en un “Usté disculpe”. Lo que mueve a México es un "Usté disculpe".
sábado, noviembre 15, 2014
Defender a los 43 es hoy, también, defender el último reducto de lo público que nos queda: la educación.
Lo dicho: el conflicto en el IPN y la agresión a los normalistas de Ayotzinapa fueron la señal para la última ofensiva de este gobierno: acabar con la educación pública, que es lo que queda con este carácter y cierto vigor en el Estado mexicano. Lo reservaron para el último, porque sabían que habría más resistencia. Lo sucedido hoy en la UNAM revela el verdadero carácter de lo que viene sucediendo en estos meses: terminar de una vez por todas con los escasos reductos de crítica y pensamiento que quedan en el país. Hoy, exigir la aparición de los 43 normalistas desaparecidos, justicia para los asesinados y arrestados arbitrariamente, significa también la defensa de la educación pública, esto es, la defensa de las normales rurales, del IPN, de la UNAM, de la UAM, de Chapingo, de todas las universidades públicas autónomas del país, a las que se acusa, insidiosamente, de ser inoperantes y no enseñar nada. Esta defensa no puede confundirse con la defensa de infiltrados y de grupos que al amparo de todo lo mejor de la educación pública hacen todo por convertirla en un foco decadente que secuestrar. Esta historia, es antigua en la UNAM. Esta historia, la conocemos. Lo novedoso es la amplitud de la ofensiva en contra de nosotros. Lo que no es tanto, es la ineptitud de sus autoridades. Pero quedamos nosotros. Por fortuna.
Exigir justicia, salvar la educación pública
Por lo visto, hay un intento de aprovechar las protestas por los normalistas desaparecidos para golpear a la educación pública en general. La balacera de hoy en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM es una clara provocación para precipitar decisiones radicales en nuestra institución. El riesgo de que de manera unilateral y débil se decida un paro indefinido es alto a partir de este momento. Una decisión así afectará severamente a la UNAM. Lo que se necesita es una decisión sostenida en una convicción de la comunidad universitaria y de sus autoridades. El tamaño de la provocación requiere una respuesta contundente.
No a la provocación.
Sí a la cabeza fría.
Sí a la lucha inteligente contra un poder que urge desaparecernos.
No a la provocación.
Sí a la cabeza fría.
Sí a la lucha inteligente contra un poder que urge desaparecernos.
martes, noviembre 11, 2014
Invitación a la exhibición del último programa de la serie Palabra del CIESAS
Estimados todos, les invitamos a otra sesión del seminario Las Ciencias Sociales en el Mundo Audiovisual. En esta ocasión, presentaremos el programa final de la serie Palabra del CIESAS, llamado "La construcción de una institución". El programa, de aproximadamente 45 minutos, expone a través de entrevistas a cinco de los ex directores de nuestra institución, la historia del CIESAS. Con este programa, concluye la serie Palabra del CIESAS, que consta de 20 videodocumentales, que el año que entra estarán a la venta.
La cita es el Miércoles 26 de noviembre, a las 11:00 hrs., en el Auditorio de Juárez #222, en Tlalpan. La entrada es libre. Ojalá puedan acompañarnos.
La cita es el Miércoles 26 de noviembre, a las 11:00 hrs., en el Auditorio de Juárez #222, en Tlalpan. La entrada es libre. Ojalá puedan acompañarnos.
domingo, noviembre 09, 2014
Lo que viene, lo que queda, lo que me duele
Al parecer, la extraordinaria capacidad teatral del PRI está de capa caída. Quizá se confiaron demasiado en que la protesta social no lograría articular absolutamente nada, basados en las experiencias de las elecciones de 2006, de 2012, y de las diversas reformas aprobadas recientemente. Pero una parte de la sociedad mexicana, cada vez más creciente, le responde con una memorable y sonora bofetada. Hoy, la preocupación central de ese partido y del gobierno de él emanado, esto es, desacreditar a los opositores políticos, como el PRD y los emblemáticos Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador, con miras a las elecciones del año próximo, se revela en realidad como una miopía mayúscula. Sus analistas y asesores se dan cuenta, demasiado tarde, que erraron el camino. Ahora, lo enmiendan de la peor manera posible. Ese es el yerro, impensable en el otrora gran actor que por momentos fue el PRI.
Los padres de los normalistas desaparecidos y los líderes estudiantiles de la normal rural de Ayotzinapa tienen razón. El teatro armado por Murillo Kram tiene como principal objetivo facilitar la salida del titular del poder ejecutivo al extranjero con el fin de contrarrestar el reclamo internacional que se ha levantado hacia su gobierno con motivo de lo acaecido en Iguala. Pero esta certeza no puede ni debe hacer caso omiso de lo que viene sucediendo desde el 27 de septiembre; no puede ignorarse el esfuerzo de la PGR por construir un discurso que culpa al narcotráfico y a políticos corruptos de los terribles sucesos de Iguala. Con ello, por supuesto, intenta salvar al gobierno de la acusación que se le hace sobre su responsabilidad en el crimen y la consigna de que se trató de un crimen de Estado. Pero también, y eso es lo que se advierte poco, lo que pretende es volver víctima al propio gobierno. En efecto, al atribuir a la “corrupción” la responsabilidad de lo sucedido, lo que pretende es afirmar que como tal, el Estado mexicano y su gobierno están fundamentalmente bien y en lo correcto, y que son también víctimas porque se encuentran bajo el acoso de la corrupción, cuya explicación no pasa de la responsabilidad individual del que se deja corromper. Este y no otro es el verdadero sentido del pacto que propone el poder ejecutivo: luchar contra los malos que desde su propia e individual maldad desean minar el esfuerzo gubernamental por modernizar a México.
Pero la burda maniobra del la PGR y su titular, cuya actuación de congoja y preocupación se vino abajo con aquello de “ya estoy cansado”, también indica otra cosa. Y es que, después de la marcha del 5 de noviembre, cuya capacidad de convocatoria mostró que la protesta va creciendo de manera constante, el gobierno, que hasta ese momento se había limitado a administrar el conflicto para golpear a los adversarios políticos, decidió pasar a la ofensiva. En efecto, lo de menos fue recuperar la narración de Solalinde poco más de 15 días después; exhibir la inutilidad de las frases “todo el peso de la ley” y “todo el Estado está buscando a los normalistas”; dar cuenta la falta de efectividad de 10 mil efectivos de las fuerzas del orden federales buscando por “cielo, mar y tierra” a los normalistas. Lo importante es precisamente lo que no dijo: que a partir de ese momento, la protesta social se tomará no como un legítimo reclamo sino como un desafío al gobierno. La salida de Peña Nieto del país no sólo se explica por el intento de contener la ofensiva de algunos sectores internacionales hacia su gobierno, sino eximirlo de la responsabilidad de la represión que, según se mira por lo acontecido con el Metrobus el 5 de noviembre y lo de la puerta del Palacio Nacional el día de ayer, 8 de noviembre, será la tónica que se seguirá con la protesta social que tenga como motivo Ayotzinapa.
Es esto último lo que no puede ocular la pésima actuación del titular de la PGR. Es evidente que con ello lo que el gobierno quiere es poner fin al asunto porque, ahora sí, todas las alarmas tecnocráticas están sonando. Apostó de manera errónea (errónea a la luz de sus resultados, aunque correcta a la luz de las experiencias precedentes) a que el “desprestigio” de la movilización social, inoculado en gran parte de la sociedad, sobre todo entre los sectores medios y pobres, limitaría el asunto al dolor de unos padres indignados. Hoy esos padres y la gente que les acompaña en la movilización han puesto de manera inesperada al gobierno mexicano entre la espada y la pared. Por desgracia, en nuestro país, como en muchos otros de la región latinoamericana, hay memoria sobre lo que suele decidirse en situaciones como ésta: la represión, la desacreditación. Lo que no deja de sorprender es que en esta ofensiva el gobierno encuentre aliados inesperados: los que repiten que la movilización social nada puede, nada logra, nada quiere.
Recientemente supe de una autoridad universitaria que se lamentó de las más de 100 actividades que durante los paros estudiantiles se habían perdido en su institución. Su ariete fue la consigna de que los paros no sirven para nada, mucho menos para presentar “con vida” a los 43 normalistas. Remató, me dijeron, con la clásica consigna de que lo propio de la universidad es el estudio. En lo personal, como universitario, no puedo objetar su lógica: precisamente por dedicarnos solamente a eso, al estudio universitario, desvinculado de todo, entre otras cosas fue posible la desaparición de los 43 normalistas y los miles de muertos que abonan con su sangre desdeñada el territorio de nuestro país. Como universitario siento pena por no haber estado ni estar a la altura de lo que nuestra realidad social y nacional demanda. Por eso, aunque no sirva para otra cosa que paliar mínimamente el dolor que me invade, ofrezco una disculpa enorme a los muertos, a los desaparecidos, y a eso que no sé si aún exista: nuestro país. Cuando escucho y veo a los familiares de los normalistas desaparecidos, a sus compañeros que han levantado a una parte de la sociedad mexicana y del mundo, añoro el mínimo acto sensato de una autoridad universitaria que, un 30 de julio de 1968, izó la bandera a media hasta, y marchó con los estudiantes en protesta por lo que había sucedido en los ocho días previos. Sí, hubo una época así. Hoy, gran parte de nuestras autoridades universitarias no atina a plantear algo que no sea incorporarse, con toga y birrete, a la corriente de la muerte y la barbarie.
sábado, noviembre 01, 2014
AYOTZINAPA (Un texto construido en escupitajos)
Horror, estupefacción, indignación por lo de Ayotzinapa. Eso es lo que impera en una parte cada vez más creciente de la sociedad mexicana, e incluso, del mundo. La exigencia de que los desaparecidos aparezcan con vida, consigna eficaz y justa que aglutina la protesta que a lo largo de los días se ha levantado en nuestro país, no logra ahuyentar la sensación de que lo allí sucedido es incomprensible e irracional. Como ya se ha indicado en varias ocasiones, lo acontecido en Guerrero rebasa por mucho el 2 de octubre de 1968, nuestro referente nacional indispensable sobre el mal puro. Reconstrucciones, testimonios, denuncias y exigencias son los primeros pasos para combatir lo que hasta hoy carece de explicación. Sin embargo, Ayotzinapa corre el riesgo que Carlos Monsiváis señaló en algún momento sobre el 68: conmemorar sin interpretar. Más allá de los hechos concretos (los balazos, la persecución, el asesinato, la desaparición), ¿sabemos qué pasó? Al formular esta pregunta no pretendo poner en duda la terrible agresión que sufrieron los normalistas ni sus testimonios al respecto ni los videos que circulan sobre el hecho. Tampoco intento hacer caso omiso de la “narrativa” –como le gusta tanto decir a los analistas– que atribuye el hecho a la locura del presidente municipal de Iguala, su esposa y el narcotráfico ni de las que insisten en señalar que se trató de un crimen de Estado. ¿Es posible en la marea que hoy vivimos atisbar lo que allí pasó?, ¿lo que está en juego? Estas son las preguntas que me parece necesario responder.
Una foto, una sola foto es elocuente. No porque diga más que mil palabras, sino porque la imagen requiere muchas palabras para intentar comprenderla. Se trata del cuerpo de un normalista sin rostro. Es difícil imaginar el terror que vivió Julio César Mondragón antes de que se ensañaran con él. Por más que cada uno de nosotros tenga conocimiento de dolores intensos, ninguno siquiera puede acercarse a lo que este joven padeció, tanto más cuanto que se dice que lo desollaron vivo. ¿Qué pudo haber hecho este estudiante para sufrir esa violencia?, ¿qué pudieron haber hecho los normalistas para padecer semejante saña? Estas preguntas son obvias y necesitan de una respuesta urgente. No obstante, esa respuesta es del todo imposible si no se hacen otras preguntas. ¿Qué es lo que lleva a un ser humano a infligir tal violencia a otro? Sobre todo, ¿qué le lleva a hacerlo cuando el contexto no es el propio de una guerra, que propicia horrores de ese calibre y peores?
Planteado desde la perspectiva que abren estas preguntas se entra a un territorio difícil y hasta fangoso, porque necesariamente nos lleva a preguntarnos si esa violencia ejercida en contra de los normalistas, y de manera específica, contra el de la foto aludida, es excepcional en nuestro país. Por poco que se piense y recuerde, queda claro que no. Desde hace algunos años, esta violencia (ejecuciones, cercenamientos, desollamientos) es bastante frecuente. Por supuesto, habrá quien piense que hasta hoy esa violencia se ejercía entre y con delincuentes e, insidiosamente, más de alguno pensará que en tal caso, esa violencia es merecida, pero no la que se ejerció contra los normalistas, y por extensión, contra los estudiantes, porque además de no ser parte de guerra alguna son a fin de cuentas el capital social de este país, su futuro. Los “memes” de las redes sociales insisten en esto (“pienso, luego me matan”, etcétera), en lo inmerecido del hecho. Este argumento, además de desnudar a quien lo emite, es falso o por lo menos inexacto. El recuento de los líderes y activistas sociales asesinados con saña a lo largo y ancho del territorio nacional puede poner los pelos de punta. De manera aleatoria se puede recordar aquí a los líderes campesinos ecologistas asesinados en Guerrero en la década de los noventa o Acteal o a Galeano en Chiapas, y un largo etcétera. Parece obligado concluir que si la violencia, este tipo de violencia, no es excepcional en nuestro país, eso quiere decir que las condiciones de este país posibilitan su existencia. ¿Cuáles son estas condiciones? Eso es lo que hay que responder.
Regresemos a la foto del normalista desollado. Entre otras muchas cosas, lo que horroriza, es la perfección del hecho. Ver al desnudo parte del cráneo y sus orificios en donde alguna vez hubo piel, cabello, ojos, labios, nervios, venas, sangre, etcétera, indica un acto profesional, es decir, el resultado de un saber y un entrenamiento. No es que cualquiera sepa hacer esas cosas; lo hizo alguien dedicado a infligir daño, a matar. Las fosas que se han encontrado en Iguala, indican precisamente que desde hace tiempo en la zona hay profesionales de la muerte. ¿Dónde aprendieron?, ¿de dónde vienen?, ¿por qué existen? Como es sabido, entre las fuerzas represivas del Estado, en todos sus niveles, el entrenamiento incluye la espantosa tradición de la tortura. En las redes sociales abundan videos sobre ello: policías de varios estados (Jalisco, Guanajuato, Sinaloa, Distrito Federal) amedrentando a jóvenes y adultos mayores, a vendedores ambulantes, etcétera. En todos es posible detectar estrategias de sometimiento cercanas a la tortura que, en privado y fuera de las cámaras, seguramente aumentan. Así mismo son entrenados en el asesinato. Puede decirse que este saber si bien no es justificable en esos cuerpos es relativamente normal. También lo es entre la delincuencia organizada. El libro de Juan Carlos Reyna, Confesión de un sicario, ayuda a comprender este proceso y este entrenamiento, como también ayudan los escalofriantes testimonios de adolescentes que al incorporarse a sus filas son educados en esa ominosa práctica. Hay por supuesto otros profesionales cuyo oficio supone también este saber: carniceros, médicos, enfermeras, etcétera. Sin embargo, estos últimos, la mayoría de las veces lo único que prestan a los profesionales de la muerte es el nombre de su profesión como apodos. De aquí que no pueda concluirse otra cosa que quien participó en el asesinato y persecución de los normalistas de Ayotzinapa fueron estos profesionales de la muerte.
Los profesionales de la muerte no se dan en macetas; aún no es un oficio generalizado. En estricto sentido, son una minoría dentro del conjunto de la sociedad mexicana. En el caso de las fuerzas represivas del Estado, su ejercicio debiera permanecer latente, con una presencia ocasional cuando la situación lo amerita. En cambio, para la delincuencia organizada, este ejercicio es cotidiano puesto que de ello depende su existencia. Cuando las fuerzas represivas y la delincuencia organizada se confrontan, o peor aún, se alían, esta presencia se vuelve sumamente notoria y notable. Dejan de ser noticia ocasional para volverse objeto central de los medios de comunicación masiva. Así sucede en nuestro país aunque las instancias de gobierno de todos los niveles y la delincuencia intenten evitar que los medios digan algo sobre sus actividades. Como es de todos conocido, un día y otro también en las noticias se da cuenta de las atrocidades que estos profesionales cometen.
Para estos profesionales de la muerte las atrocidades es su modo de comunicarse, el modo como se dan mensajes. Al perseguir disidentes, rebeldes, inconformes, adversarios; al torturarlos y asesinarlos, dicen a los que con ellos vienen que desistan de su actuar. También hay en ello algo de venganza que pretende inscribir en el resto una lección. Y hay, por supuesto, la gana de obtener alguna satisfacción obscena (el placer de poder dañar al otro). Todo esto parece estar condensado en esa orden de “darles un escarmiento” a los normalistas de Ayotzinapa, proferida por María de los Ángeles Pineda Villa, esposa del ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, y que según declaraciones de Sidronio Casarrubias, connotado líder del grupo Guerreros Unidos, responsable de la desaparición de los 43 normalistas, ella es su lidereza.
Pero debajo de todo esto, la foto del normalista sin rostro nos dice algo más. Al observarla con detenimiento, lo que se puede concluir es que para quien así lo trató, lastimó y asesinó, ese estudiante normalista no era ya un ser humano, sino una objeto, o mejor dicho, una cosa. En efecto, la violencia ejercida contra Julio César Mondragón es la expresión más concisa de un modo de vida que parte del principio de que todo es un objeto y que está allí para ser dominado, comprado, vendido. Se trata del reino inanimado con el que se puede hacer cualquier cosa. Esta experiencia es la que narró Primo Levi cuando afirmó que frente a los nazis que administraban el campo de concentración en el cual estuvo recluido, él y el resto de los judíos presos eran tan sólo un número. Lo que delataba esta actitud, contó Levi, fue la mirada de esos nazis, que miraban a los presos sin verlos, como si miraran la nada a través de un cristal. Es así como el asesinó miró al normalista Mondragón; es así como un sector social de Guerrero mira a otro sector social de la entidad; es así como los gobernantes y delincuentes mira a la mayor parte de la sociedad. Que la exigencia de “escarmiento” a los “ayotzinapos” se hiciera con tal ligereza por parte de Ángeles Pineda Villa; que la renuncia de Ángel Aguirre se haya dado por una negociación cupular en el PRD; que se hagan nombramientos gubernamentales haciendo caso omiso a la sociedad indignada; todo eso lo único que demuestra es que desde las cimas del poder la naturaleza, la sociedad, los estudiantes, son parte de un vil reino inanimado. Por eso, pueden suponer que la vida de cada uno de los 43 normalistas cuesta cien mil pesos, como uno de los padres de los desaparecidos afirma ha querido proceder el gobierno de Guerrero con ellos.
Pero regresemos una vez más a la foto. Quien yace allí es un joven cuya vida se desenvolvía en el ámbito rural. Eso dice demasiado. La revista Proceso recoge el testimonio de un médico de Iguala que se negó a asistir a uno de los normalistas heridos aquel 26 de septiembre. Al dar cuenta de su proceder, es notorio el profundo desdén que siente por los “ayotzinapos”. Los considera revoltosos y mentirosos. Sin embargo, lo que en realidad desprecia es su condición rural y juvenil. Como si Iguala, por el solo hecho de ser “ciudad”, hiciese a sus habitantes necesariamente mejores que cualquiera que proceda del campo. Pese a su juramente hipocrático, el médico se regodea en su proceder desdeñoso hacia los estudiantes rurales, que en un momento de suprema urgencia requerían de su ayuda. Por supuesto, la actitud del médico no puede generalizarse. Sin embargo, es un síntoma de una realidad nacional que efectivamente desdeña al campesino y admira al empresario del campo, detesta al burro y ama la troca. Tanto más si como se deja entrever en la reforma energéticamente recientemente aprobada, que permite la expropiación de territorios comunales y campesinos por motivo de utilidad pública para las empresas privadas (así de aberrante el asunto), se concibe al campesino como un factor retardatario de la modernización económica del país.
Las crónicas de lo sucedido con los normalistas de Ayotzinapa aquel 25 y 26 de septiembre, coinciden en que en algún momento policías, militares y delincuentes les dijeron que merecían lo que les estaba sucediendo. Normalistas rurales que se educan, que protestan, que dudan, merecen el desdén, la represión, la violencia; merecen lo que merece un reino inanimado; merecen se tratados como objetos; merecen el desollamiento; lo merecen porque no entienden que su momento, como jóvenes y como normalistas, ya pasó. Y es que, el modo como actualmente vivimos, requiere menos educación y especialización que antaño. El espacio de la juventud que se inventó a mediados del siglo XX, como un momento transitorio que termina cuando el joven se vuelve productivo a través de una educación especializada, ha llegado a su fin. Actualmente, ese espacio ya no es necesario.
Así, pues, la foto del normalista desollado nos dice claramente lo siguiente: que vivimos una guerra de exterminio. Es esta condición la que posibilita la violencia que se ejerció en contra de Julio César Mondragón y el resto de los normalistas muertos y desaparecidos. Lo que nadie quiere expresar con claridad es que este exterminio es la parte perversa de las reformas emprendidas en el país. Lo que estamos viviendo es una purga brutal en medio del reino inanimado. Quizá habría que ver el fenómeno de los feminicidios en México como el laboratorio previo a una estrategia más amplia que alcanza ahora sí a todos los sectores sociales que no están en la esfera de los gestores de la muerte, esto es, el poder del capital.
Por eso la alarma, por eso la lucha. Los jóvenes que se levantan, los jóvenes que convocan a paros, a huelgas, lo tienen claro. Porque hoy se lucha, sí, por los desaparecidos; se demanda, sí, su aparición con vida; pero también y no en menor medida por la afirmación de la vida, en contra del reino inanimado que creen que somos. Su lucha es el grito de los que se saben que no son cosas ni objetos. Es la furia de los que saben que no quieren vivir en el reino inanimado. Es la afirmación trágicamente lúdica de que vivir supone una plenitud que reiteradamente se niega. No hay estrategia que pueda con esta certeza. No hay nada que pueda desviar, engañar, esta certeza que hoy tienen los que se movilizan.
Termino con la pregunta que alguna vez me hizo un joven excluido que miraba con azoro mi vida “privilegiada”: cuando todo estalle, me dijo, ¿de qué lado vas a estar? Creo sinceramente que no se puede estar del lado de la muerte. Hay que estar del lado de la vida, que es estar en contra del sistema que hoy vivimos. Ante la disyuntiva barbarie o muerte, hay que contestar vida y libertad.
lunes, octubre 06, 2014
Una gran fosa
Este país es una gran fosa sobre la que se edifica un enorme cementerio. En el centro de éste hay un zócalo sobre el que se alza una muy alta asta en la que ondea una enorme bandera que ya no es tricolor, como antaño, sino roja. Al rededor de este zócalo se protagonizan ceremonias, se dictan leyes, se hace espectáculo, y uno que otro movimiento social aplaude a rabiar junto con partidos políticos de colores. Y mientras la fiesta sigue, la fosa lo engulle todo de manera acelerada.
martes, septiembre 30, 2014
Tufillo
Conversación en el baño de una plaza comercial entre dos empresarios: “Debes entenderlo, no podemos ni debemos pagar lo justo al trabajador porque eso afecta nuestro capital”. De pronto ya no supe de dónde emanaba el tufillo escatológico.
domingo, septiembre 28, 2014
La parte programática de la barbarie
El asesinato selectivo por parte del poder, antaño común en este país, hoy regresa con fuerza inusitada para sumarse al asesinato selectivo de la delincuencia organizada y al asesinato azaroso de la delincuencia común. Esta conjunción es una bomba de tiempo. El país de hoy, no es el de antaño. Con esto no quiero decir que haya más “conciencia”; simplemente ahora más difícil ocultar esta contemporánea “ingeniería sociall” que se practica tan descaradamente, y que tan sólo es una parte programática de la barbarie en la que vivimos.
domingo, julio 20, 2014
La serie Palabra del CIESAS en TV UNAM, a partir de mañana, 21 de julio.
El día de mañana, 21 de julio, comenzará a transmitirse la serie Palabra del CIESAS, que realizó el Laboratorio Audiovisual del CIESAS, cuando lo coordinaba Ricardo Pérez Montfort. El primer programa transmitido será el de Eduardo Menéndez. La transmisión será a las 11:00 de la mañana y se repetirá el martes a las 9:30. Pueden ver el programa en el canal 411 por Cablevisión y 255 en Sky. Es para nosotros, los que integramos el Laboratorio Audiovisual durante la realización de esta serie, motivo de orgullo y honor que esto suceda. Los invitamos a que vean esta nueva barra del CIESAS en TV UNAM los días Lunes a las 11:00 con su repetición los martes a las 9:30.
jueves, julio 17, 2014
El fin de una época y una huella indeleble. El Laboratorio Audiovisual del CIESAS en vilo.
Con estas palabras, el pasado 15 de julio el Dr. Ricardo Pérez Montfort renunció públicamente a la Coordinación del Laboratorio Audiovisual del CIESAS. De esta manera concluye una época de un proyecto interesante e importante para la institución y por supuesto para los que tuvimos la oportunidad de trabajar en un espacio que rápidamente se convirtió en un referente para otras instituciones académicas.
En tan sólo ocho años, consolidamos un espacio cuya producción es sorprendente: tres libros, dos agendas CIESAS, 21 documentales y una exposición fotográfica audiovisual, sin contar los servicios prestados a investigadores y estudiantes por igual, los talleres impartidos, las diversas y múltiples conexiones entre lo que en este espacio se hacía y la docencia universitaria, y la creación y gestión de un considerable acervo fotográfico.
Nada de este trabajo hubiese sido posible sin el saber, la disposición y el compromiso del Dr. Pérez Montfort. Ideó y fundamos un seminario de reflexión sobre la articulación compleja y conflictiva entre las Ciencias Sociales y el mundo audiovisual. Con casi 70 sesiones, paulatinamente este seminario se volvió un espacio indispensable para el mundo académico que dio como resultado la creación de seminarios similares en distintas instituciones hermanas. En este seminario se dieron cita cineastas, documentalistas, fotógrafos, antropólogos, historiadores, sociólogos, e interesados que previamente no tenían cabida en ningún espacio para discutir sus intereses, sus preocupaciones, sus ocupaciones. Con algunos materiales de este seminario el Laboratorio Audiovisual publicó un libro y otro más se quedó en el tintero.
También, bajo su batuta, produjimos y realizamos la serie Palabra del CIESAS, que si bien nació como una suerte de homenaje al propio CIESAS en su 40 aniversario y a sus investigadores destacados-fundadores, poco a poco, se transformó en la documentación audiovisual de una parte de la historia de la antropología mexicana que permanecía soterrada en los recuerdos personales y en las conversaciones grupales que difícilmente iban más allá del pequeño círculo de simpatizantes. Ahora, gracias al reconocimiento del Dr. Pérez Montfort y la confianza que en diversos ámbitos existe hacia su trabajo, esta serie será transmitida por TvUNAM junto con la serie Antropovisiones y otros trabajos del Laboratorio Audiovisual. He aquí una huella indeleble: por primera vez el CIESAS tendrá una barra dentro de una señal de televisión universitaria, que comenzará a transmitirse este 21 de julio, los días Lunes a las 11:00, con una repetición los mates a las 9:30.
Es necesario subrayar otra capacidad del Dr. Pérez Montfort, sin la cual difícilmente podría explicarse lo hecho a lo largo de estos años. Es un académico que gusta de trabajar en equipo, y para tal efecto, tiene un sobrado talento para formarlos. Así sucedió en la revista Universidad de México, y así sucedió en el Laboratorio Audiovisual. Reclutó un equipo de jóvenes a los que enseñó y formó sobre el discurso de la imagen y sus implicaciones al mismo tiempo que potenció su creatividad: por momentos, parecía que no había límites para crear, experimentar, proponer. Quizá es esto lo que intensificó una relación que fue mucho más allá de lo laboral y que es el sustento del compromiso que estos jóvenes, contra viento y marea, contra dificultades administrativas y contra una que otra incomprensión, han mostrado con el espacio, con el proyecto, con quien lo dirigió hasta este momento. Hay que subrayar que el Laboratorio Audiovisual del CIESAS es inconcebible sin el trabajo de Patricia Balderas, de Eric Moncada, de Martín Díaz, y de manera más reciente de Emiliano García, que son los que ahora, en este momento final, constituyen el personal de este espacio.
Por razones económicas y administrativas, este espacio que ha proyectado al CIESAS de manera tal que acrecienta su prestigio, está en vilo. Para el Dr. Pérez Montfort como para el resto de los que integramos el Laboratorio Audiovisual nuestra tarea es producir, realizar, investigar y promover la discusión audiovisual, y no, como parece ser el proyecto de la nueva administración del CIESAS, ser gestores y cazadores de presupuestos para la institución. En efecto, como lo ha señalado de manera reiterada el Dr. Pérez Montfort, para eso hay un área especial y la institución misma debe responsabilizarse de conseguir los recursos necesarios para que la investigación y proyectos como el Laboratorio Audiovisual puedan recorrer exitosamente el camino hasta ahora trazado. La divergencia de concepciones sobre lo que debe o no realizar un investigador, es el motivo principal que ha llevado al Dr. Pérez Montfort a renunciar a la Coordinación del Laboratorio Audiovisual.
Hasta el momento no sabemos si este espacio siquiera sobrevivirá. Más allá de las decisiones actuales de la administración, que nos afectan personalmente, en realidad lo que se pone en juego es la existencia de un espacio indispensable para el CIESAS, sobre todo si se considera que la antropología visual es actualmente en varias partes del mundo un ámbito de gran desarrollo académico. No cobijar este espacio es echar por la borda una posibilidad, un material y equipo de calidad que ha costado mucho esfuerzo adquirir, pero sobre todo, es dejar ir gente capacitada, entrenada y comprometida que ha dado muestras de sobra de la pertinencia, eficacia, y me atrevo a decir, contundencia de su trabajo.
Hacemos votos porque las autoridades encuentren el modo para que el Laboratorio Audiovisual subsista. Pensamos que si esto sucede, quien llegue a dirigirlo y a trabajar en él, tendrá a su disposición un espacio consolidado que le permitirá llevarlo por derroteros creativos y significativos, como hasta ahora ha sucedido. Lo hecho estos años no es la bandera de la competencia, es algo más modesto: la base de la experiencia sobre la que hay que seguir construyendo con nuevos sesgos.
En lo personal, ha sido toda una experiencia trabajar tan de cerca con Ricardo Pérez Montfort y con el resto de los integrantes del equipo. Estoy muy agradecido por la oportunidad y por todo lo aprendido a lo largo de estos años. Para mi maestro y amigo, tan sólo tengo un infinito agradecimiento por los años que he caminado a su lado, que vienen desde que fui su alumno en la carrera de historia, pasando por la revista Universidad de México, siguiendo en el Laboratorio Audiovisual, y que llegó incluso hasta el haberme tenido la confianza de dejarme a cargo en incontables ocasiones varias de sus materias. Para eso no tengo palabras, o por lo menos, me llevaría demasiados renglones.
Sea pues, como él mismo suele decir: hay que rebasar por la izquierda y trabajando. Ya nos encontraremos en otros espacios.
Salud.
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