viernes, marzo 03, 2017

Carta a la Junta de Gobierno de la UNAM con motivo de la designación de director en la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM.

No estoy de acuerdo con los modos y las formas de designación de autoridades en la UNAM. Mucho menos estoy de acuerdo con el discreto cotilleo de pasillo o la lógica palaciega con que se procede en estos casos. Dado que por ahora no podemos cambiar esta forma institucional de designar directores, asumo entonces una posición abierta que me permito difundir en este medio. Aquí la carta que envié a la Junta de Gobierno de la UNAM, debidamente firmada.


Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México
Presente

Estimados integrantes de la Junta de Gobierno de la UNAM:
Ustedes saben que la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM es hoy un Titanic. Las advertencias que se hicieron hace 8 y 4 años, en los procesos correspondientes de designación de la dirección de esta facultad, no fueron escuchadas. El resultado está hoy a la vista de todos: es imposible ocultar su hundimiento. De sobra está decir que lo que se ha salvado hasta ahora se debe a la comprometida obstinación y esfuerzo individual de gran parte de sus maestros, estudiantes, trabajadores. Por desgracia, no puede afirmarse lo mismo de su autoridad en turno. Difícilmente podría encontrarse en administraciones anteriores  de nuestra facultad una distancia y ruptura tan evidentes como la que ahora existe entre comunidad y autoridad.
Por lo anterior, la designación del próximo director de nuestra facultad es tan decisiva. En ella se juega el rescate o hundimiento definitivo de la que fue la madre de nuestra universidad. Por ello mismo no puede ignorarse que con esta designación también se juega el destino de nuestra máxima casa de estudios: se dispara a sí misma en el pie, con todas sus implicaciones, o bien se rescata y fortalece uno de sus impulsos vitales para que ella, la UNAM, camine segura y exitosa en medio del doloroso paisaje en que se encuentra sumido nuestro país. Hay que decirlo con franqueza: sin las humanidades simplemente no hay humanidad que valga ni país que pueda llamarse tal.
La situación de la Facultad de Filosofía y Letras requiere que el próximo director tenga tres cualidades fundamentales para acometer el reto de salvar y repensar el barco hundido: inteligencia, capacidad de convocatoria y consenso. Inteligencia para encontrar la mejor manera de detener su hundimiento. Capacidad de convocatoria para que sus profesores, estudiantes y trabajadores se involucren en la ardua tarea de salvamento que ella demanda. Consenso en cuanto a los mecanismos y contenidos de repensarla para que, trasformada, cumpla cabalmente el papel que le es propio: el de ser el lugar privilegiado de un tipo específico de reflexión sobre lo humano y su entorno en beneficio de eso que llamamos humanidad.
Inteligencia, no cabe duda, la hay en los tres candidatos que actualmente contienden por la dirección de esta facultad. La capacidad de convocatoria y consenso reales, solamente en uno de ellos. Estas cualidades, estimados integrantes de la Junta de Gobierno, solamente se conjugan, en la dimensión y extensión exigidas por la difícil situación de nuestra facultad, en el Dr. Carlos Oliva. El entusiasmo que ha despertado su candidatura en un amplio sector de la comunidad de nuestra facultad (académicos, estudiantes, trabajadores) solamente es equiparable en tamaño, pero en sentido absolutamente contrario, a la desazón y desconcierto que hoy ésta nos provoca.
Hay que ser claros. Dicho entusiasmo no es por la persona del Dr. Oliva, sino por lo que representa: la posibilidad real de una mejor facultad; de una mayor y más atinada presencia de las humanidades en nuestra universidad y en el país; un claro énfasis en formación que en ella debe brindarse; y la muy necesaria y festiva bienvenida a una forma de gobierno propia de nuestra universidad –la del consenso y la reflexión conjunta– con la consiguiente despedida de la que ha prevalecido en los últimos años, sorda, miope, omisa.
Estimados integrantes de la Junta de Gobierno: de manera muy respetuosa, como universitario, como profesor de la Facultad de Filosofía y Letras, les invito a que, con nosotros, la rescaten y faciliten su reinvención, con inteligencia, capacidad de convocatoria y consenso reales, es decir, con el Dr. Carlos Oliva como director de nuestra facultad.


Atentamente


Isaac García Venegas
Profesor de asignatura interino
SUAyED-Historia
FFyL

jueves, febrero 09, 2017

Érase una vez

Esta es la historia reciente de un país que entusiastamente se dejó cachondear por un sueño que en el imaginario creado por los medios de comunicación masiva solía llamarse "americano", pero que en realidad era una pesadilla de despojo global. En este cachondeo participaron, también, los resignados cuya negativa fue volviéndose aceptación culposa. Disfrazada de sueño, la pesadilla llegó con todo lo que antes, en ese país corrputo y encerrado en sus fronteras, no había: los cafés, las grandes tiendas, los maravillosos espectáculos, los idiomas y las ganas de ser de mundo. Pero sucedió que los promotores de ese sueño, al apropiarse de todo lo necesario, esto es, los recursos básicos, las materias primas, la industria, las ideas, las instituciones, decidieron ponerle fin dejando a los cachondeados en el frío desértico de la pesadilla. Esos soñadores, los entusiastas y resignados, despertaron ateridos en un desierto en el que su desnuda indefensión era lo único que podían llamar en rigor propiedad. Molestos, enfurecidos, gritaron, señalaron al responsable de esta mutación de sueño en pesadilla, es decir, reclamaron porque la ilusión no era verdad y porque la verdad era una bien pinche y fea realidad. No se lo perdonaron. A falta de algo intentaron aliviar su condición con una gran cobija en la que bordada había un águila que al parecer en algún momento devoró algo. No se sorprendieron que debajo de ella estuviesen los promotores más aguerridos y entusiastas de ese sueño fraudulento,  los resposables de la pesadilla nacional. No se sorprendieron porque, después de todo, es mejor la ilusión comprada que la brutal realidad; es preferible el canchondeo en la ilusión que estar aterido; es mejor la sensación de flotar que de asumir la liberación no solamente de la pesadilla sino de esos sueños con los que se disfrazan las pesadillas; todo es más sencillo que la posibilidad misma de soñar otros sueños que sean realidad.

jueves, enero 05, 2017

Guía elemental para distinguir movimientos sociales de las provocaciones e infiltraciones

Los movimientos sociales genuinos entusiasman, crean solidaridad, inspiran utopías, respiran libertad. De ninguna manera provocan miedo, incertidumbre, terror. Es muy sencillo distinguir en medio de las actuales movilizaciones sociales espontáneas las corrientes provocadoras que pretenden acabarlas rápidamente, pues les urge se terminen antes de que se puedan articular en algo más complejo que en verdad ponga al borde del colapso un gobierno muy débil.


Pero esta urgencia tiene otro aspecto sumamente revelador: ella parte de un necesario desdén hacia la población que protesta, cuestiona y duda; da cuenta de una extraordinaria cerrazón similar a la fe; e indica una reducción de la idea de gobierno democrático a uno autoritario y represivo. De hecho, el mensaje presidencial reveló este proceso. En éste Peña Nieto habla de sí en tercera persona, condesciende con los mortales “entendiendo su molestia”, habla esotéricamente de que las cosas “hubieran” (velada amenaza) sido peores de no tomar semejante decisión sobre la gasolina, y por si fuera poco se pone a sí mismo como “el sacrificado” porque afirma haber tomado la decisión que nadie “hubiese querido tomar”.


De aquí que las movilizaciones sociales espontáneas de estos días, si logran distinguirse de los provocadores, si articulan su demanda, si crean los lazos de solidaridad necesariamente más complejos y trascendentes que el mero enojo, podrán enfentar a un gobierno autoritario y un presidente que cree de sí ser un tótem del siglo XXI.

sábado, diciembre 31, 2016

Pongamos por caso

Pongamos por caso que tomo la pluma para decirles lo que veo. Pongamos por caso que puedo ser claro. Pongamos por caso que lo que escribiese pudiese ser importante. Pongamos por caso que logro tocar sus corazones. Pongamos por caso. El resultado sería una mirada profunda, una sonrisa franca, un abrazo apretado, y sí, alguna ironía impertinente que sé me perdonarían. Así les ofrezco despedir y recibir el calendario.

viernes, diciembre 02, 2016

El tufillo del siglo XX

No dejan de sorprenderme los múltiples finales del siglo XX que se alegan. Leo con algo de azoro que para algunos la muerte de Fidel Castro puede entenderse como el fin del siglo pasado. Otros, en latitudes latinoamericanas, afirman que recién terminó el “largo siglo XX” con la salida de Inglaterra de la Unión Europea. Personas, hechos, muertes aisladas que por representativas, supongo, se usan para liquidar un siglo. Me parece que todas estas argumentaciones olvidan que lo siglos históricos se definen por un conjunto de fenómenos sociales y no por hechos aislados, por más significativos que a los contemporáneos les parezcan.

Pero si es muy necesario mantenerse en esto de lo significativo, puede lanzarse la pregunta de si la "simultaneidad" del triunfo de Donald Trump en las elecciones estadunidenses y la muerte de Fidel Castro en Cuba expresa algo en torno a nuestra época. Quizá en las posibles respuestas a esta pregunta se  halle algo relevante.

El triunfo de Donald Trump es el de la barbarie incluso dentro de la barbarie capitalista. Su "elección democrática" (ya se está cuestionando el sistema electoral estadunidense) es la afirmación contundente de la muerte de la política. Su campaña, sus tumbos declarativos, los perfiles de su gabinete, tienen una lógica empresarial que irrita incluso a los empresarios que aún se someten a ciertas reglas del juego capitalista. En este sentido hay una sinceridad escalofriante en Trump: lo que nos dice es que la vida social debe someterse a las exigencias llanas y brutales de una lógica empresarial que “ha sabido hacerla” incluso pasando por sobre las leyes que en su ejercicio intentan limitar esa avidez de “hacerla y en grande”. Por eso Trump puede decir una cosa por la mañana y otra por la tarde: fluctúa como los mercados, como la ganancia. Lo que ofrece es precisamente eso: quitarse las molestas máscaras de la política para que reine la barbarie, sin tapujos, sin culpa, sin óbice alguno. Eso ofreció, eso hará, y eso fue precisamente lo que los votantes compraron. Esto es lo que hace ver a Brack Obama tan desconcertado: un mínimo creyente en la política no sabe qué hacer ante la ovacionada muerte de ésta en un proceso electoral.

La muerte de Fidel Castro es también la muerte de la política. A diferencia de Trump, Castro dirigió una revolución, perfiló un país, lo insertó en el discurso geopolítico, comandó algunos logros y también muchos hundimientos. Amado o denostado, lo que no puede negarse es su fascinación por la política: sus largos discursos, su forma de entender al Estado como una entidad que debía ocuparse de su sociedad (al extremo, es cierto, de ahogarla), su solidarizarse con procesos de liberación internacionales, su saber (que nunca fue poco), etcétera, hablan de un personaje que tuvo a lo político como razón central de su existencia y también de la existencia misma de la sociedad. No la política como la entendemos nosotros, no solamente la que se vive entre partidos (o en su caso en su partido), sino la que moldea a la sociedad en una convivencia más orgánica, colectiva. Puede discutirse mucho y largamente sobre lo que algunos llaman “falta de democracia” en Cuba durante la era de Castro, pero hay que subrayar, siempre, que esa crítica se hace desde lo que se entiende por “democracia liberal”, que se basa en el mercado y la “representación”, haciendo caso omiso de “lo político” y la democracia directa. Estudios serenos, con el tiempo, darán cuenta de todo esto. Nos ayudarán a entender lo sucedido, siempre y cuando no se hagan desde el dogma, sea para atacar o para defender.

Entonces, quizá, pueda afirmarse que la simultaneidad del triunfo de Trump y la muerte de Castro es la constatación de la muerte de la política. Pero hay que ser sinceros: ella lleva muerta décadas. En realidad, esa simultaneidad es la total desaparición del tufillo de un cadáver que por pena, nostalgia o gana arrastramos de un lado a otro. Un cadáver que al parecer, hoy, no tiene sustituto ni renace.

Desde esta perspectiva, el siglo XX terminó hace tiempo: su extenderlo hasta hoy solamente es ese tufillo que unos y otros usan para llenar páginas de opiniones ante una ausencia que parece no remediarse con nada.

viernes, septiembre 16, 2016

Invitación a presentación

El 20 de septiembre a las 19:00 hrs en Bellas Artes se presenta el libro La fiesta mexicana (2 tomos), en el que tuve la fortuna de participar. Les extiendo la presente invitación por si nos quieren acompañar. Dicen que la presentación estará muy bien.

miércoles, agosto 24, 2016

La peor lágrima

Un día, un golpe. Descubre entonces que ha girado al rededor de un portentoso centro innombrable. El descubrimiento es sorprendente a la vez que doloroso. Como sucede con todo lo que sorprende y duele, quiere desentenderse de eso. Lo que más le desconcierta es que en tanto innombrable no es comunicable. Poco puede afirmar o pensar sobre ello por tanto. Para salir al paso, quisiera considerarlo como un error, pero sabe que al carecer de nombre la experiencia en sí no puede ser equívoca. En ese girar cual hoja en un remolino de agua se da cuenta que otra persona está también girando, azorada. Quiere decirle algo pero la experiencia consume a ambos. Una lágrima silenciosa les habita porque aunque saben que lo que sigue es nombrar lo innombrable, cual han hecho los demiurgos del mundo, se sienten tentados de dejarse ir a un lugar más apacible, lejano de ese remolino. La renuncia, la huida, como anestesia para la experiencia de lo innombrable. Esa es la peor lágrima, piensas.