jueves, enero 05, 2017

Guía elemental para distinguir movimientos sociales de las provocaciones e infiltraciones

Los movimientos sociales genuinos entusiasman, crean solidaridad, inspiran utopías, respiran libertad. De ninguna manera provocan miedo, incertidumbre, terror. Es muy sencillo distinguir en medio de las actuales movilizaciones sociales espontáneas las corrientes provocadoras que pretenden acabarlas rápidamente, pues les urge se terminen antes de que se puedan articular en algo más complejo que en verdad ponga al borde del colapso un gobierno muy débil.


Pero esta urgencia tiene otro aspecto sumamente revelador: ella parte de un necesario desdén hacia la población que protesta, cuestiona y duda; da cuenta de una extraordinaria cerrazón similar a la fe; e indica una reducción de la idea de gobierno democrático a uno autoritario y represivo. De hecho, el mensaje presidencial reveló este proceso. En éste Peña Nieto habla de sí en tercera persona, condesciende con los mortales “entendiendo su molestia”, habla esotéricamente de que las cosas “hubieran” (velada amenaza) sido peores de no tomar semejante decisión sobre la gasolina, y por si fuera poco se pone a sí mismo como “el sacrificado” porque afirma haber tomado la decisión que nadie “hubiese querido tomar”.


De aquí que las movilizaciones sociales espontáneas de estos días, si logran distinguirse de los provocadores, si articulan su demanda, si crean los lazos de solidaridad necesariamente más complejos y trascendentes que el mero enojo, podrán enfentar a un gobierno autoritario y un presidente que cree de sí ser un tótem del siglo XXI.

sábado, diciembre 31, 2016

Pongamos por caso

Pongamos por caso que tomo la pluma para decirles lo que veo. Pongamos por caso que puedo ser claro. Pongamos por caso que lo que escribiese pudiese ser importante. Pongamos por caso que logro tocar sus corazones. Pongamos por caso. El resultado sería una mirada profunda, una sonrisa franca, un abrazo apretado, y sí, alguna ironía impertinente que sé me perdonarían. Así les ofrezco despedir y recibir el calendario.

viernes, diciembre 02, 2016

El tufillo del siglo XX

No dejan de sorprenderme los múltiples finales del siglo XX que se alegan. Leo con algo de azoro que para algunos la muerte de Fidel Castro puede entenderse como el fin del siglo pasado. Otros, en latitudes latinoamericanas, afirman que recién terminó el “largo siglo XX” con la salida de Inglaterra de la Unión Europea. Personas, hechos, muertes aisladas que por representativas, supongo, se usan para liquidar un siglo. Me parece que todas estas argumentaciones olvidan que lo siglos históricos se definen por un conjunto de fenómenos sociales y no por hechos aislados, por más significativos que a los contemporáneos les parezcan.

Pero si es muy necesario mantenerse en esto de lo significativo, puede lanzarse la pregunta de si la "simultaneidad" del triunfo de Donald Trump en las elecciones estadunidenses y la muerte de Fidel Castro en Cuba expresa algo en torno a nuestra época. Quizá en las posibles respuestas a esta pregunta se  halle algo relevante.

El triunfo de Donald Trump es el de la barbarie incluso dentro de la barbarie capitalista. Su "elección democrática" (ya se está cuestionando el sistema electoral estadunidense) es la afirmación contundente de la muerte de la política. Su campaña, sus tumbos declarativos, los perfiles de su gabinete, tienen una lógica empresarial que irrita incluso a los empresarios que aún se someten a ciertas reglas del juego capitalista. En este sentido hay una sinceridad escalofriante en Trump: lo que nos dice es que la vida social debe someterse a las exigencias llanas y brutales de una lógica empresarial que “ha sabido hacerla” incluso pasando por sobre las leyes que en su ejercicio intentan limitar esa avidez de “hacerla y en grande”. Por eso Trump puede decir una cosa por la mañana y otra por la tarde: fluctúa como los mercados, como la ganancia. Lo que ofrece es precisamente eso: quitarse las molestas máscaras de la política para que reine la barbarie, sin tapujos, sin culpa, sin óbice alguno. Eso ofreció, eso hará, y eso fue precisamente lo que los votantes compraron. Esto es lo que hace ver a Brack Obama tan desconcertado: un mínimo creyente en la política no sabe qué hacer ante la ovacionada muerte de ésta en un proceso electoral.

La muerte de Fidel Castro es también la muerte de la política. A diferencia de Trump, Castro dirigió una revolución, perfiló un país, lo insertó en el discurso geopolítico, comandó algunos logros y también muchos hundimientos. Amado o denostado, lo que no puede negarse es su fascinación por la política: sus largos discursos, su forma de entender al Estado como una entidad que debía ocuparse de su sociedad (al extremo, es cierto, de ahogarla), su solidarizarse con procesos de liberación internacionales, su saber (que nunca fue poco), etcétera, hablan de un personaje que tuvo a lo político como razón central de su existencia y también de la existencia misma de la sociedad. No la política como la entendemos nosotros, no solamente la que se vive entre partidos (o en su caso en su partido), sino la que moldea a la sociedad en una convivencia más orgánica, colectiva. Puede discutirse mucho y largamente sobre lo que algunos llaman “falta de democracia” en Cuba durante la era de Castro, pero hay que subrayar, siempre, que esa crítica se hace desde lo que se entiende por “democracia liberal”, que se basa en el mercado y la “representación”, haciendo caso omiso de “lo político” y la democracia directa. Estudios serenos, con el tiempo, darán cuenta de todo esto. Nos ayudarán a entender lo sucedido, siempre y cuando no se hagan desde el dogma, sea para atacar o para defender.

Entonces, quizá, pueda afirmarse que la simultaneidad del triunfo de Trump y la muerte de Castro es la constatación de la muerte de la política. Pero hay que ser sinceros: ella lleva muerta décadas. En realidad, esa simultaneidad es la total desaparición del tufillo de un cadáver que por pena, nostalgia o gana arrastramos de un lado a otro. Un cadáver que al parecer, hoy, no tiene sustituto ni renace.

Desde esta perspectiva, el siglo XX terminó hace tiempo: su extenderlo hasta hoy solamente es ese tufillo que unos y otros usan para llenar páginas de opiniones ante una ausencia que parece no remediarse con nada.

viernes, septiembre 16, 2016

Invitación a presentación

El 20 de septiembre a las 19:00 hrs en Bellas Artes se presenta el libro La fiesta mexicana (2 tomos), en el que tuve la fortuna de participar. Les extiendo la presente invitación por si nos quieren acompañar. Dicen que la presentación estará muy bien.

miércoles, agosto 24, 2016

La peor lágrima

Un día, un golpe. Descubre entonces que ha girado al rededor de un portentoso centro innombrable. El descubrimiento es sorprendente a la vez que doloroso. Como sucede con todo lo que sorprende y duele, quiere desentenderse de eso. Lo que más le desconcierta es que en tanto innombrable no es comunicable. Poco puede afirmar o pensar sobre ello por tanto. Para salir al paso, quisiera considerarlo como un error, pero sabe que al carecer de nombre la experiencia en sí no puede ser equívoca. En ese girar cual hoja en un remolino de agua se da cuenta que otra persona está también girando, azorada. Quiere decirle algo pero la experiencia consume a ambos. Una lágrima silenciosa les habita porque aunque saben que lo que sigue es nombrar lo innombrable, cual han hecho los demiurgos del mundo, se sienten tentados de dejarse ir a un lugar más apacible, lejano de ese remolino. La renuncia, la huida, como anestesia para la experiencia de lo innombrable. Esa es la peor lágrima, piensas.

domingo, agosto 14, 2016

La tristeza del mar cabe en un vaso de agua. Poema de Luis García Montero

Copio este poema de Luis García Montero que alguien me lo hizo llegar por razones obvias.

La tristeza del mar cabe
en un vaso de agua
...
Los hombres tristes,
que tienen en sus ojos un café de provincias,
que no saben mentir como quien dice,
que se esconden detrás de los periódicos,
que se quedan sentados en su silla
cuando la fiesta baila,
que gastan por zapatos una tarde de lluvia,
que saludan con miedo,
que de pronto una noche se deshacen,
que cantan perseguidos por la risa,
que abrazan, que importunan hasta quedarse solos,
que retornan después a su tristeza
igual que a su pañuelo y a su vaso de agua,
que ven cómo se alejan las novias y los barcos,
esos hombres manchados por las últimas horas
de la ocasión perdida,
me recuerdan a mí.

jueves, agosto 11, 2016

Aquí

Aquí, en la esquina de piedra, veo florecer amores juveniles, pasiones bulliciosas, entusiastas pláticas sobre el hoy y el mañana. En esta esquina de piedra, con el viento jugando a ser una tímida caricia, me veo ausente, meditabundo, casi perdido. Conmigo mi sombra, conmigo palabras que se estiran y cierran como fuelle de acordeón. Desde esta esquina de piedra o una parecida, el poeta escribió De un tiempo a esta parte. En esta esquina de piedra, unos mueren un poco, y otros nacen cada vez más.