domingo, julio 26, 2015

...ni siquiera nos hemos enterado

Me preguntan si no tengo opinión sobre la fuga del Chapo. Por supuesto que la tengo, pero no pasa de ser solamente eso, una opinión. En ella incluyo todo cuanto han dicho u opinado otros, los especialistas, los políticos, los académicos, los periodistas, la gente común y corriente. Para mí, la “pista” fundamental se encuentra en la oportunidad política de la fuga. Sucedió en un momento de lucimiento gubernamental. Eso es lo que hay que valorar en su justa dimensión. ¿La fuga del Chapo afectó severamente al gobierno de EPN, o por el contrario, la magnitud del lucimiento le abrigó de cualquier responsabilidad en una fuga que, queda claro, no pudo llevarse a cabo sin la connivencia de las altas esferas del poder? Creo que en esta pregunta se cifra el secreto de la fuga del Chapo. Por desgracia, no tengo respuesta. Por un lado, si se atiende a los resultados políticos y sobre todo económicos del viaje oficial del ejecutivo mexicano a Francia puede suponerse que esta fuga le afectó severamente. Sin embargo, ¿no es esta afectación el camino seguro para presentar al gobierno mexicano como “víctima” de un cáncer (la corrupción) del que dice no ser responsable? Y al presentarse como víctima, ¿no se distancia, al menos públicamente, de una posible responsabilidad en esta fuga? Por otro lado, puede ser que efectivamente lo que se buscó con la fuga fue afectar severamente al gobierno mexicano. Eso supondría una lectura política y un “timing” que parece estar más allá de las posibilidades mismas del narcotráfico. Lo cual nos colocaría ante la presencia de una disputa política intestina de dimensiones inconcebibles porque indicaría con toda claridad la debilidad extrema del grupo que actualmente ostenta el poder político en este país. Estaríamos ante un grupo débil y sitiado, ¿por quién? Si este fuese el caso, ¿a qué nos conduciría? A una rearticulación del poder político informal, que como se sabe, es base y fundamento del poder político formal en México. En este sentido, quizá nos hallaríamos ante un golpe de Estado del que ni siquiera nos hemos enterado.

domingo, julio 12, 2015

Comparto esta reseña que aparece en el suplemento Ojarasca de este mes.

Una querencia entre cine y antropología

La vanguardia mexicana

Ahora entendemos. Los penales de Alta Seguridad en México no son un castigo para delincuentes de alta peligrosidad, sino para su seguridad, que necesariamente debe ser alta. Cuando no la necesitan, salen por la puerta o por túneles o con subterfugios legales. México a la vanguardia en la redefinición mundial de las cárceles. 

sábado, julio 04, 2015

Recordando a Monsiváis

Hoy, como parte del merecido festejo por los quince años de existencia del Faro de Oriente, se realizó una mesa de homenaje a Carlos Monsiváis.

viernes, julio 03, 2015

Para los interesados en la antropología visual, comparto esta reseña. La revista es interesante.

jueves, julio 02, 2015

Que ha muerto Jacobo

Que se ha muerto Jacobo. La suya es una más que representa la muerte de toda una época en nuestro país. No por supuesto la del periodismo sometido, chantajista, parcial, que tan bien representó, fomentó y cultivó. Este periodismo sigue allí, como el dinosaurio. Como la materia, este tipo de periodismo solamente se ha transformado. Lo que no cabe duda ha muerto, lo que ya casi desaparece, es toda una época en la que la modernización mexicana iba acompañada por un noticiero cuyo locutor usaba grandes audífonos y enormes y horrendos lentes; un locutor que hacía gala de una memoria prodigiosa; un locutor que podía hacer del clima noticia sin necesidad de minifaldas y escotes, como ahora es la usanza. Un locutor que entrevistó a todas las grandes personalidades de la época, lo mismo políticos que artistas, revolucionarios que premios nobel de todas las latitudes. Evidentemente, la calidad de esas entrevistas está a discusión, pero las hizo. Ese fue Jacobo. El cronista necesario e indispensable de los terremotos. El soldado raso del PRI, el símbolo de una televisión de jodidos para jodidos, ese que en 2006, en un acto de locura, en plena campaña electoral, dijo en su programa de radio al recibir a AMLO: "me levanto ante el próximo presidente de la República". Equivocado como casi todo lo que hizo, Jacobo estuvo siempre allí, pocas veces como periodista, a menudo como locutor, muchas veces como espectador, y siempre como soldado del régimen.

jueves, mayo 14, 2015

Otra vez, votar o no votar

A diferencia de otros años, ahora son muchos más los que se preguntan si vale la pena votar o si tiene algún sentido hacerlo. En procesos electorales previos, quienes hacíamos públicas estas preguntas, no pasábamos de ser en el mejor de los casos "bichos raros". Solía verse con mejores ojos a los que argumentaban en favor del "voto útil" y otras cosas por el estilo, siempre y cuando se ejerciera el derecho al voto. En el actual proceso, como resultado de los temas de Iguala, Tlatlaya, la Casa Blanca y demás, aumenta la cantidad de ciudadanos que dudan sobre las bondades de las elecciones.


La andanada en contra de la posibilidad de no ejercer el voto como decisión política ya está en marcha. Hay quienes con buena fe argumentan que eso favorecerá al PRI, y otros, sin malicia, intentan convencernos de que votar es una obligación cuyas bondades "podrían" ser enormes, además de que las elecciones son "pagadas" con nuestros impuestos: no hacerlo supondría un gasto inútil, tirar nuestro dinero a la basura, y ¿quién gusta de eso? Sin menospreciar la buena intención de quienes así se expresan, quisiera dirigir la mirada a otro lado.


Hay que tener presente que se trata de un proceso electoral intermedio. Esto quiere decir, en general, que es previsible que la participación electoral de los ciudadanos sea menor en comparación con las elecciones presidenciales. Una considerable abstención no será pues sorpresa alguna. Sin embargo, el gobierno en turno y los intereses económicos a él asociados están preocupados porque esta abstención puede "leerse" como una acción política derivada del movimiento social que surgió a raíz del caso Iguala. Recuérdese que en su momento este movimiento llamó a no participar en las elecciones en general para después, ante el nulo eco que tuvo, concentrar su discurso de abstención en Guerrero. Para evitar la posibilidad de que una acción como ésta tenga un significado político, "inocentemente" se programó un partido de futbol de la selección mexicana para el día de las elecciones, y lo que es peor, cotidianamente se exacerba la confrontación militar con el narco con el fin de expandir el miedo entre la población. Con estas medidas, lo que quieren es "atribuir" la abstención a algo totalmente distinto de la acción política: a la desidia, al miedo, al futbol.


El gobierno y los intereses en turno cuentan, además, con la incapacidad del movimiento social que exige la presentación con vida de los 43 desaparecidos para organizarse con el fin de ejercer una abstención como acción política. En efecto, al parecer el intenso enojo no dio lugar a una organización que en esta coyuntura electoral pudiese hacer sentir su desacuerdo en legitimar un régimen a través de las elecciones. Hay no cabe duda cierta tranquilidad en las esferas de poder.


Sin embargo, es necesario señalar que en nuestro país no existe un antecedente de una abstención generalizada organizada políticamente que, precisamente, con ese acto cuestione el régimen en su conjunto. Por tanto, lo que no sabemos es si con un acto de esta naturaleza quien quede en el poder podría gobernar. Me parece que muy fácilmente se desechan las consecuencias sociales de un acto que, en lo más básico, significaría no ceder la soberanía a un "representante", como nos enseñan hasta la saciedad en las escuelas. Las consecuencias de eso son impredecibles, y no solamente en cuanto a gobernabilidad se refiere.


Pero a no pocos les molesta que se les hable de posibilidades, de especulaciones o de cosas impredecibles. Lo que no ha existido no puede existir, dicen. Dejemos a un lado lo curioso que resulta que quien precisamente cree en paraísos nunca vistos y comprobados, piense y se comporte de esta manera. Concedamos que, por ahora, es mejor hablar de lo que se sabe. ¿Qué es, por tanto, de lo que sí podemos hablar? Fundamentalmente, a este respecto, podemos afirmar que a nuestro "sistema democrático" le es indiferente el voto del ciudadano. ¿Cómo es esto posible?, ¿acaso no se cuentan los votos?, ¿acaso no hemos creado un conjunto de instituciones diseñadas para proteger el voto y la decisión que ello conlleva?


Las respuestas a estas preguntas son afirmativas. El voto cuenta y hay instituciones que dicen protegerlo. Sin embargo, la indiferencia del voto para nuestro sistema democrático no se manifiesta allí, sino en otro lado. Como es evidente en las campañas electorales actuales, para los políticos el ciudadano no pasa de ser un estúpido que se conforma con denuncias, chistes, espectáculos, sorna, despensas, televisores y golpes. El contenido de estas campañas son el índice más claro del modo como en este país se entiende al ciudadano, sin que ello tenga relación directa con el cómo se entiende el ciudadano a sí mismo. Observemos que, al igual que sucede con la televisión en nuestro país (que según uno de sus empresarios más importantes, consiste en ser un espectáculo para jodidos), la política nacional se ha convertido exactamente en eso: en una política jodida y miserable. La preeminencia de esos "productos de televisión y espectáculo" en nuestro actual proceso electoral lo que demuestra, además del fundamento económico de la política, es justamente el predominio de esta perspectiva, concebida para ciudadanos que desde ella misma se conciben como jodidos y miserables. En este país, el ciudadano no vota por proyectos, vota por máscaras y juegos de palabras vacuas, tan miserables y jodidas las unas como las otras. Y lo cierto es que el verdadero proyecto no se dice, no se expone, no se plantea.


Frente a esto, el Instituto Nacional Electoral hace una campaña en favor del voto como si en verdad este país viviera en una democracia en la que el voto no fuese indiferente para el propio sistema. Muy sabio aconseja al ciudadano investigue a los candidatos y, de una manera que no especifica porque no existe, llame a cuenta a sus elegidos si no cumplen con lo prometido. Si el ciudadano le toma la palabra al INE se sorprenderá de hallar entre los candidatos una amplia mayoría que no sólo comparte sino que fomenta la idea de que el ciudadano es un estúpido que en el mejor de los casos puede recibir regalos, levantones de falda y besos y en el peor cabezazos y balazos; protagonistas gloriosos de una política miserable y jodida.


Si el ciudadano, en un acto de contrición, pensase que en realidad está exagerando y que es necesario conceder el beneficio de la duda, lo que encontrará de nuevo no son proyectos, sino generalidades con las que no se puede estar en desacuerdo: menos corrupción, mayor salario, agua para todos, delegaciones para todos, progreso, inglés, computación, etcétera. Y sin embargo, no hallará nada sobre la explotación de la que él mismo es objeto, ni sobre este modo ofensivo como se le concibe, ni sobre la devastación humana, social y natural que el sistema en el que vive prodiga, ni mucho menos algo, por supuesto, sobre algún proyecto para enfrentar eso que no se menciona. Lo que encontrará son recomendaciones implícitas: explotación sin corrupción, adecuación a la devastación, superación personal contra la barbarie, igualdad etérea frente a desigualdad real, merecimientos contra la exclusividad sin merecimiento, etcétera, pero hasta allí.


Lo que encuentra el ciudadano es un silencio absoluto sobre el proyecto real que está en marcha en nuestro país. Al dejarlo intacto, al no ser dicho ni explicitado, no requiere del voto para operar. Por eso puede afirmarse que para este proyecto el voto le es del todo indiferente. Por eso la "democracia mexicana" se juega en adornos, atuendos, arreglos. El voto por tanto, al no decidir sobre lo esencial en realidad lo que hace, su utilidad, es legitimar toda la estructura institucional que está realizando ese proyecto no dicho. El ciudadano no elige entre proyectos diferentes sino entre supuestas moralidades distintas. Y digo supuestas porque como lo demuestra el periodismo serio, nuestros políticos son, en su mayoría, la perla más perfecta de la corrupción.


El problema evidentemente no reside en la democracia, sino en el hecho de que en nuestro país ella obedece ciegamente a una lógica que le es por completo ajena. No se trata de "arreglar" la democracia sino de "acabar" con el sistema que también a ella la pervierte y la destroza. Pero paradójicamente se procede exactamente al revés: se quiere normar hasta lo indecible a la democracia dejando intacto el sistema que la pervierte. En esto gastan ríos de tinta profesores, académicos, analistas y demás. Parten del supuesto, que efectivamente se puede constatar, de que con el advenimiento de la democracia en el país han mejorado algunas cosas. Afirman que estos logros han costado tanto trabajo que no vale la pena echarlos por la borda. De manera sutil lo que exigen al ciudadano es un sacrificio permanente en la inteligencia de que si se elige bien puede que todo esto cambie en algún momento y para bien. Así, el ciudadano, desdeñado por los políticos, es conducido al sacrificio por bien intencionados pastores que ansían no sin razón el perfeccionamiento de nuestra democracia, pero solamente eso. De aquí que no resulte tan sorprendente la andanada en contra de la abstención o de la anulación del voto.


Puede decirse entonces que en la medida en que el voto no decide absolutamente nada importante con respecto a la modificación real del sistema en el que estamos inmersos, es completamente inútil. No votar, en tanto que objeción política al sistema, se queda solamente en eso en tanto que no encuentra la forma de organizarse para transformar una decisión personal en una acción política decisiva. Estamos justamente en una paradoja: votar es asumir la condición sacrificial que se nos exige; no hacerlo en las condiciones actuales es llevar a cabo una objeción de conciencia intrascendente. Ni lo uno ni lo otro nos lleva a algo distinto. Quizá a eso se refería el EZLN al afirmar que sea cual sea la decisión sobre el proceso electoral actual lo único que se puede vislumbrar es que las cosas se pondrán peor. De ser así, entonces, habría que tomar una decisión más inteligente que el sacrificio y la legitimación de lo que nos exige sacrificarnos. Quizá lo más importante sea ahora decidir no asumir esa doctrina que hoy nos invita a hacer algo para que nada cambie. Quizá como dicen los zapatistas, lo que nos queda es organizarnos pero no para tomar el poder ni para reformar la democracia, sino para efectivamente construir una alternativa distinta a sobrevivir a un mundo jodido y miserable.













sábado, febrero 21, 2015

El resultado de una querencia: Antropovisiones



El desarrollo tecnológico en el que vivimos inmersos ha provocado cambios radicales, particularmente en lo que se refiere a la imagen. No cabe duda que actualmente presenciamos y somos partícipes– de una realidad novedosa: el mundo de las imágenes ha dejado de ser tal (es decir, un mundo limitado por lo menos en cuanto a su producción, no tanto en cuanto a su “percepción”) para convertirse en un inconmensurable arsenal de imágenes del mundo. Las imágenes fijas y en movimiento, editadas y sin editar, pueblan nuestra vida cotidiana. Los megapixeles en dispositivos móviles, las funciones automáticas que “facilitan” y sustituyen cierto saber sobre la generación y producción de imágenes, los programas y aplicaciones que vuelven “artística” o “estética” cualquier imagen (incluso los autorretratos, llamados selfies, en los baños antes o después de la ducha), nos aproximan vertiginosamente a esa realidad virtual que termina por “embrujar” y “sustituir” a la realidad real, como lo expresó Win Wenders en su película Hasta el fin del mundo (1999). Película que se sitúa en una época en la que, como resultado de una supuesta catástrofe nuclear, algunos sobrevivientes ya no viven sino se sientan frente a las imágenes que un misterioso aparato proyecta; imágenes de sueños y recuerdos que lejos de ayudar a volver a tener presente la civilización ida, evitan el fastidio mismo de vivir incluso la propia vida.

En pocas palabras, las imágenes ya no son sobre el mundo sino del mundo: lo que se ha perdido es la distancia necesaria entre el mundo y la imagen. Hoy el mundo es la imagen que de él se capta y difunde. Mientras la distancia nos permitía saber que el mundo era algo más que la imagen (a fin de cuentas un  instante fijado en un flujo continuo del tiempo), hoy pareciese ser que el mundo es lo que el cúmulo de imágenes nos dice que es. Las imágenes pues son del mundo: no sólo le pertenecen sino que son el mundo mismo: vivimos en un gran selfie del mundo. Para algunos, esta pérdida de distancia es en realidad una ganancia; para otros, es una tragedia.

Semejante circunstancia, novedosa a todas luces, afecta distintos niveles del modo en que nos aproximamos a las imágenes. Su lenguaje, su abecedario y su técnica, las más de las veces se ignora, lo cual no obsta para producir y difundir imágenes, pero incluso entre quienes les conocen parece prevalecer la senda bíblica de Babel: la especificidad del lenguaje fotográfico, cinematográfico o documental se confunde con el de la propaganda, la publicidad y la televisión. La espontaneidad y rapidez con que actualmente se puede producir y editar una imagen hace creer a una amplia mayoría, incluso dentro de los sectores académicos, que el registro y difusión, con su toque de “creatividad”, es igual a la construcción de un discurso audiovisual que documenta un segmento de la realidad. Por supuesto, esto no es así, aunque sólo sea por el hecho de que lo segundo, es decir, el documental tiende a provocar el pensar, analizar y meditar el mundo, no a consumirlo como si se tratase de una golosina dispuesta allí a ser solamente consumida, como acontece con la publicidad, la propaganda, la televisión. En suma, existe una gran distancia entre captar y difundir un hecho, por ejemplo, un asalto, una pelea, y el registro y producción de imagen con la finalidad de ayudar a reflexionar sobre la violencia misma. Lo primero es un asunto de distracción, de testimonio, de noticia; lo segundo es lo propio del documental, de una vertiente del cine, de una vertiente de la fotografía.

Lo que digo se puede constatar con la serie que hoy presentamos, ideada, pensada y dirigida por Victoria Novelo. Llamada Antropovisiones, es una serie de nueve documentales de aproximadamente media hora cada uno, salvo el más reciente que es del doble de duración, realizada entre 1999 y 2011. Como su nombre lo indica, se trata de un conjunto de visiones sobre la antropología, o mejor dicho, sobre ciertos temas que una vertiente de la  antropología trabaja. Puede afirmarse, incluso, que se trata de un conjunto de visiones sobre el ser humano, ya sea inmerso en diversas problemáticas: el alcoholismo (El secreto del alcohol), la marginación (La calle de los niños), la migración (El yalalteco nunca se acaba), la vejez (Historias de gente grande); o bien realizado diversos trabajos (Artes y oficios mexicanos; Camaristas, autoretratos indígenas); sea historiando temas ricos y complejos (Lacandona, medio siglo de sueños; Mexicanerías. La construcción del México típico); o reflexionando sobre el propio hacer del antropólogo en una época signada por la barbarie (Trabajo de campo en tiempos violentos).

Al ver la serie completa, una pregunta es obligada: ¿qué razón o motivo pudo llevar a Victoria Novelo a ocuparse en esta serie durante 12 años? Sobre todo, si se tienen en cuenta las adversas condiciones en las que lo hizo, tan comunes en todas las instituciones académicas de este país que no son privadas (recorte presupuestal, gigantismo burocrático, ofensiva política, desinterés, etcétera). Parte de la respuesta se encuentra en su formidable querencia con el cine, que se le afianzó con aquel legendario documental llamado El grito. Aunque fuese de manera indirecta y un tanto lejana de la producción formal, Novelo estuvo allí, cuidando, protegiendo, a los que entre moviola y celuloide, se esforzaron porque ese testimonio de lucha estudiantil de 1968 se concretara y difundiera. Desde entonces, Novelo sigue cultivando esa querencia; Antropovisiones es uno de sus resultados.

Otra parte de la respuesta tiene que ver con su profesión: la antropología. No estoy seguro de si alguna vez lo ha dicho, pero es muy evidente la estrecha vinculación entre su cinefilia con su objeto de estudio preferido: la artesanía y el oficio de artesano. Hay que recordar que en los lejanos años sesenta del siglo pasado, no existía la facilidad tecnológica de hoy, si bien ya despuntaba. La edición lineal, propia de la producción cinematográfica y documental, exigía lo que me parece todo artesano sabe exige la artesanía: un saber, una destreza, mucha paciencia y algo de intuición. Victoria Novelo se ha distinguido como antropóloga por estudiar a fondo eso que se llama artesanía y a sus productores, los artesanos. Sucede como si en ellos, en su hacer, hubiese un reflejo de su propia querencia cinematográfica, incluida su producción. Y no es difícil concluir que su hacer antropológico también es deudor de ese vínculo entre pasión cinematográfica y artesanos y artesanías: en él hay paciencia, saber, oficio (que es un modo de llamar a la destreza) e intuición. Cuando pienso esta vinculación la única palabra que se me viene a la cabeza es cernir. La querencia y el oficio ciernen. Antropovisiones es algo que se cernió en 12 años. Y me parece que su resultado vale mucho la pena.

Pero Victoria Novelo, además, como antropóloga, ha contribuido a fundar instituciones y el trabajo en las instituciones no le es ajeno. Dentro del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), del que es profesora-investigadora emérita, se ocupó del área de publicaciones y difusión. Esa experiencia le confirmó lo que en general se sabe o intuye: que a menudo el trabajo académico se queda entre sus propias paredes, convirtiendo lo que alguna vez fue diálogo en monótonos soliloquios. Para superar semejante destino, diseñó una estrategia para difundir y vincular a la institución con la sociedad: venta de bodega de libros, ciclos de cine, etcétera. Fue allí, donde gestó la idea de la serie Antropovisiones que, como reza su sello inicial, es una “serie basada en los trabajos del CIESAS”. Así, la serie puede entenderse también como el resultado de una fuerza centrípeta de tendencias que operan de manera radical en Novelo: el cine, el oficio, la antropología, la difusión. De este modo también se entiende que le haya dedicado tanto tiempo de su vida.

La serie Antropovisiones, que hoy se nos ofrece como una colección en 4 dvds, nos muestra algo fundamental: que la transformación tecnológica no debiera significar la eliminación de la distancia entre imagen y mundo, como exige la situación actual. Comparado el primer documental (El secreto del alcohol) con el más reciente de la serie (Trabajo de campo en tiempos violentos) salta a la vista la transformación tecnológica de las cámaras y el audio utilizado, sin embargo, la técnica y la estructura, puede decirse, es la misma: un tema central visto por un especialista –un investigador del CIESAS–, y un conjunto de voces que acompañan o incluso disienten de él en algún aspecto. Es claro en cada documental que Victoria Novelo estudió lo sostenido por el investigador que asesora y participa en cada documental, que ellos le abrieron las puertas de sus propios informantes o le sugirieron alguna entrevista, por ejemplo, en Mexicanerías. La construcción del México típico. También es notorio, por ejemplo en La calle de los niños, que la investigadora Elena Azaola le dio pauta sobre el lugar posible donde filmar o grabar. Lo mismo sucede en El yalateco nunca se acaba o en Historias de gente grande o en Lacandona, medio siglo de sueños, etcétera.

En ninguno de los documentales de esta serie hacen falta planos secuencias complejos, uso de fotografías, litografías, fragmentos de cine, objetos que constituyen un discurso visual pertinente y adecuado. Incluso, cuentan con secuencias dramáticas, como la de los niños de la calle o de alcohólicos tirados en la calle o siendo objeto de una auscultación médica que los enfrenta a una situación grave que les hace llorar frente a cámara. Tampoco faltan peculiares metáforas, como sucede en Trabajo de campo en tiempos violentos, cuando aparecen un conjunto de balas a manera de viñeta o ciertas tomas áreas que deliberadamente crean vértigo para hablar de la exclusión social como en La calle de los niños. Por supuesto que todo esto se debe a la mirada de los directores invitados de cada documental, con los que Novelo trabajó intensamente (y supongo que también conflictivamente), hasta que hizo una mancuerna creativa con Andrés Villa, con quien hizo los documentales más recientes.

El sello de la serie es una secuencia hermosa. Se trata de una puerta de madera tallada, pesada y dura, que franquea el paso de la Casa Chata (una casa que data del siglo XVIII). La puerta se abre de par en par, como dando la bienvenida al espectador a lo que hacen los investigadores del CIESAS. Y esto es lo importante de la serie: muestra los temas que interesan a ciertos investigadores de esta institución. Llama la atención que en los abordajes propuestos por esta serie, prevalezca la mirada de los antropólogos, de los actores sociales, y no el de las instituciones. Esto tiene su explicación. Como se sabe, la antropología mexicana ha librado una batalla enorme por sacudirse la huella con que nació: ser un brazo, una herramienta, de las instituciones del Estado mexicano. Lo que en esta serie se nos muestra con peculiar fuerza es un “momento” privilegiado de una parte de la antropología mexicana que se define por su ambición, su necesidad, y hasta su necedad podríamos decir, de observar críticamente y de ser un mediador activo entre una realidad social –problemática no cabe duda–, y las instituciones que están allí, o debieran de estarlo, para atender y acometer las soluciones que esa vida social demanda. Fue un “momento” privilegiado, digo, porque hoy en día las políticas oficiales de la antropología, y de algunas de las instituciones académicas en que ella se cultiva, es precisamente un salto mortal hacia atrás, disfrazado de sabiduría y creatividad: volver a ser brazos institucionales de gobiernos y empresas, no para atender problemáticas sociales, sino para servir de palabra prestigiosa en el convencimiento de que lo que se decide desde arriba es lo que mejor conviene a los actores sociales. Me parece que Victoria Novelo pertenece a ese “momento” privilegiado en el que la antropología se pensó en mediadora de abajo hacia arriba, y no como ahora, de arriba hacia abajo. Puede que yo esté equivocado, pero la serie Antropovisiones eso muestra: es Eduardo Menéndez afirmando que el alcoholismo es algo con lo cual se debe vivir y regular socialmente; es Ricardo Pérez Montfort argumentado cómo lo “típico” es una construcción del nacionalismo mexicano, ideología hegemónica que todo lo uniforma; es Felipe Vázquez argumentando que la etapa más larga de la vida (la vejez) es la más descuidada por las instituciones; es Jan de Vos insistiendo que la Lacandona concita un conjunto de contradicciones y expresiones culturales y políticas que no son reducibles a las políticas oficiales de los gobiernos estatales; es Carlota Duarte, mostrando que la revaloración de la cultura indígena no solamente pasa por su reconocimiento o por su instrucción sino por la transferencia de medios que supone el uso de una cámara fotográfica, etcétera. En ninguno de ellos se habla desde las instituciones, es más, lo que es claro es su ausencia, como en el documental Trabajo de campo en tiempos violentos.

Es difícil concebir que en un trabajo de 12 años, esta perspectiva implícita de la serie Antropovisiones sea un descuido o un error. Creo, por el contrario, que es la expresión consciente de una antropóloga que si bien no podía adivinar el camino por el que optaría la política oficial en la antropología, estaba felizmente consciente de aceptar “el encargo” social que se le hacía a su disciplina: y lo hizo como lo hace un artesano: con paciencia, saber, oficio e intuición. Ojalá que esta serie tenga toda la difusión que merece, y ojalá que Victoria Novelo se anime a producir y dirigir los cuatro documentales restantes que faltan para cumplir con el proyecto original de la serie. Ojalá que las puertas de la antropología no se cierren al uso de nuevos lenguajes para difundir su quehacer, y ojalá que esa puerta se siga abriendo de abajo hacia arriba, y no sola y únicamente de arriba hacia abajo. Espero, pienso, que con series como esta, los nuevos antropólogos, sobre todo los antropólogos en ciernes, puedan encontrar el arsenal para liberar una nueva batalla dentro de sus campos, y que en esta batalla no se olviden que se trata de reflexionar sobre el mundo, no hacer imágenes del mundo.

Isaac García Venegas
Laboratorio Audiovisual del CIESAS